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Step 4: Assessment of the level of burden on volunteers in Taiwan

3.6 Data statistical and analysis

3.6.1 Analysis of focus group data

La mirada amplia a la saciedad está construida sobre un horizonte definido y personal, a saber, en Jesús, manifiesto en la fórmula "Yo soy". De allí que la comprensión de su significado esté en dos pronombres "a mí" y "en mí" que darán la pauta para evitar ambigüedades. Esta fórmula "Yo soy" es a la vez una autopresentación e invitación de Jesús ya que

es la primera de las siete expresiones «Yo soy» con predicado que hay en el evangelio. Esas expresiones tienen una fuerza especial de autopresentación de Jesús y la vez de invitación. En nuestro caso de 6,35 y en algunos otros casos se trata de formulaciones de «autopresentación sapiencial invitatoria», es decir, es una forma de presentar a Jesús a la manera de la Sabiduría divina de AT y que contienen una invitación a venir a él. La fórmula de 6,35 identifica a Jesús como el pan de vida cuyo signo era el maná del AT y el pan dado en la multiplicación de los panes.94

Se explicará brevemente qué significa la fórmula "Yo soy" desde la comprensión veterotestamentaria, para darle un significado más concreto a como se presenta Jesús con las mismas palabras.

El hebreo puede traducirse literalmente: «Yo soy lo que yo soy», y esto querría decir que Dios no quiere revelar su nombre; pero precisamente Dios da aquí su nombre que, según la mentalidad semítica, parece definirlo de alguna manera. Pero el hebreo también puede traducirse literalmente «Yo soy el que soy», y según las reglas de la sintaxis hebrea, esto corresponde a «Yo soy el que es», «Yo soy el existente»; así lo entendieron los traductores de los Setenta: Ego eimi ho ôn. Dios es el

único verdaderamente existente. Ello significa que es trascendente y sigue siendo un misterio para el hombre, y también que actúa en la historia de su pueblo y en la historia humana a las que él dirige hacia un fin.95

Se retoma nuevamente el pan, porque "ahora, el término "pan" se usa para calificar una persona, al pronombre personal: "Yo", puesto en labios de Jesús. Nada de extraño que el término "pan" pueda indicar una persona".96 El "pan" no se detiene en algo material sino que es el vínculo con alguien concreto que llega a generar sentido y eficacia y "además se trata de un "pan de vida" en cuanto que comunica a otros la vida que tiene en sí, al igual que después se hablará de "palabras de vida" porque la produce y participa"97. Esta fórmula ofrece una riqueza sin igual porque

la fórmula «yo soy» sin predicado apareció ya en 4,26; 6,20. Esta última, que no es exclusiva de Jn, es la fórmula revelatoria del AT (Ex 3,6.14; 20,2; Dt 32,29; Is 43,10; 46,4; 51,12, etc.) e indudablemente encaja en la pretensión consciente que Jesús tiene de ejercer poderes revelatorios

94Comentario bíblico latinoamericano, Nuevo Testamento, 633.

95 Cfr. Biblia de Jerusalén, nota a pie de página del libro del Éxodo 3,13. 96 Caba, José, Cristo pan de vida, 262.

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en la nueva alianza, aunque históricamente en algunos casos él mismo quisiera dar a entender algo de menor alcance.98

Así, se comprende que Jesús asume cabalmente una notoria actitud divina, actualiza la fórmula "Yo soy" en su misma persona, revelándose en actitudes mesiánicas por esos signos que lo demuestran como tal.

De otro lado la saciedad mencionada anteriormente, se ubica de esta forma:

En el paralelismo sinonímico establecido hay además dos proposiciones negativas que se corresponden: "no tendrá hambre" y "no tendrá sed nunca más"; con dos imágenes distintas se expresa el mismo sentido de saciedad que produce este pan, Jesús mismo, todo aquel que viene a él, es decir, que cree en él. Con la doble imagen del hambre y de la sed calmadas, se alude a una misma temática de saciedad producida por este pan de vida; de este modo se establece un contraste con las saciedad, que incitó a los judíos a buscar a Jesús por haber comido los panes, incluso les estimuló a pedir el nuevo pan. Mientras que el pan buscado por la muchedumbre no quita el hambre, el pan que se identifica con Jesús es el que la sacia; el que venga a Jesús, el que crea en él, tampoco tendrá más sed.99

Se mencionó antes que los pronombres "a mí" y "en mí", son contenedoras de una promesa: la vida, materializada en las correspondencias "…no tendrá hambre" y "…no tendrá sed nunca más" que se atribuye Jesús, pues, invita a acercársele y a recorrer ese camino de saciedad tan anhelada sólo en "El que viene a mí…" y en "el que cree en mí…". Eso significa que "«El que viene a

mí…, el que cree en mí…» son sinónimas y contienen una invitación con la promesa de la vida y

la forma de llegar a ella. En efecto, la promesa (no tener hambre y no tener sed) implica el bien de la vida. La forma de alcanzar esa promesa es venir a Jesús, que es lo mismo que creer en Él."100 En pocas palabras, Jesús dice: es "en mí" en quien la saciedad prometida se resuelve, y el camino es recorrerme, "El que viene a mí…", o ir a él para satisfacer el hambre no resuelta. 2.12. La referencia al Padre:

Todo lo expresado conduce a la realidad del Padre y la tradición sostiene bellamente que el rûaj101 y dābār102 son los que activos de la creación que nacen de la dinámica paterna, para

realizar su proyecto creador. No debe ser extraño que se escuche que en Dios Padre se encuentren

98Comentario bíblico san Jerónimo, tomo IV, Nuevo Testamento II, 455. 99 Caba, José, Cristo pan de vida, 264.

100Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento, 633.

101 rûaj: la identidad fenoménica entre el viento y el aliento se traduce en hebreo por el equivalente rûaj, que evoca a ambos.

102 dābār: sustantivo hebreo. Significa unas veces «palabra, discurso» y otras «cosa, objeto, acontecimiento». Así, en las culturas orientales, lo mismo que en los pueblos primitivos, la palabras no es sólo la expresión de un pensamiento o querer, sino la realidad misma que designa. Cfr. Diccionario Enciclopédico de la Biblia, 1993.

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actitudes maternales porque se está hablando de vida, creación, en definitiva, producción de amor. De esto se obtiene que

Ruaj es la fuerza cósmica, originaria, que todo lo llena y anima. Es creadora y ordenadora. Por eso el ruaj-espíritu es colocado en la primera página del Génesis que relata la creación del universo. No deja de tener su razón el que ruaj en hebreo sea femenino y conserve una reminiscencia de su función maternal, finalmente Dios mismo se presenta como espíritu pues él se revela como la energía primordial y fontal, el verdadero medio vital, la ruajesfera en hebreo o la pneumatosfera e griego. Es importante retener esta constatación: el espíritu está presente desde el comienzo del universo, lo impregna, conoce distintas formas de emergencia, hasta culminar en la suprema expresión que el Espíritu divino.103

De esto se puede conseguir una instrucción realmente valiosa para estas madres, pues, ellas como tales e identificadas con las actitudes divinas del Padre Dios son sensibles a las mismas ya que el ser madre trae consigo el tejer vida, alimentar a seres humanos carentes, consolidar vínculos y seguir generando relación como Dios lo hace, es decir, que toda acción humana que implique producir vida, amor, vinculación de seres humanos es lo más parecido a lo que hace Dios en la creación. Por lo tanto, la dependencia de la vida y del alimento de parte de Dios es a la vez concomitante con la salud espiritual, pues, a mayor y mejor alimentación personal con Dios, mejor salud espiritual con Él, que a la vez es recíproca con quienes rodean al sujeto en las relaciones que entabla cotidianamente. De allí que en dicha prueba de vitalidad que faculta a Jesús para nominarse como Pan verdadero, hace falta el actor principal que actúa en el fondo de los textos. Dicho personaje es el Padre-Dios.

2.13. Vida eterna: creer en el Hijo

El Padre es el referente principal de las palabras de Cristo a lo largo de todo el discurso. El Padre es el que da el verdadero pan del cielo (6,32). El Padre da la gracia para venir a Cristo (6,37). La voluntad del Padre es la salvación y la donación de la vida eterna a los que crean en el Hijo (6,39- 40). El Padre es el que atrae, el que enseña, es decir, el que concede la gracia de la fe (6,44-45). El Padre es el viviente por excelencia y fuente de la vida divina (6,57). El Padre es el que ha enviado a Jesucristo: la expresión «El que me ha enviado» es muy frecuente y aparece como otra forma de llamar al Padre.104

La paternidad, por lo tanto, está enmarcada como figura presente, vigente en el desarrollo del ser humano y desde allí ofreciendo compañía, calor, cobijo y refugio al mismo hombre. Esto, teológicamente es también sostenible porque en la experiencia bíblica Dios no es únicamente el Ser que genera vida y construye toda una realidad salvífica, sino que es el Padre del hombre al

103 Boff, Leonardo. Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Madrid: Editorial Trotta, 1996. 104Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento, 630.

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que ha llamado a ser parte de la familia divina llamándolo su Hijo. Esto significa que el hombre no es huérfano ni está abandonado a una suerte de abandono. Esta filiación se encuentra bien expresada en el Nuevo Testamento: "Dios «nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo (...) a ser sus hijos»."105 Esto quiere decir que todos los hombres son hijos en el Hijo, aunque su origen y alcance es más limitado que el poseído por Jesús y por ello se incorpora mediante la fe y los sacramentos a tal pretensión de Dios al considerarlos sus hijos.

Pasando ahora de la mirada paterna como contenedora de sentido, vínculo, fundadora de estructura personal y generadora de autoridad se llega a la expresión del Hijo como el sujeto activo por medio del cual se obtiene la vida eterna. Esta vida eterna consiste en creer en el Hijo como garante pleno de ella, pues, así lo expresa el evangelio de Juan 6, 40: "Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día". Entonces, si se atan los eslabones que se han venido tratando a lo largo de este capítulo se observará que hay una estrecha relación entre Hijo, "Yo soy", vida eterna, maná y codornices y Pan de vida, pues, todos y cada uno de estos conceptos tienen como actor implícito al Padre aunque no se describa en persona, es como decir que si la voluntad del Padre es que crean en el Hijo, inmediatamente se remite a Dios Padre que da la vida eterna por ser el Creador, el autor de la existencia.

Por tanto, si la voluntad de Dios es que todos los seres humanos tengan vida eterna, se deben acercar a la realidad de filiación que la fe brinda y es la que permite adjuntarse en la hermandad divina sin exclusión incluso histórica o de cualquier otra forma. En el evangelio de Juan, es un tema importante, sobre todo en Jn 11,52b: "…sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estabas dispersos". Véase de qué forma:

Se podría argumentar que el participio atributivo σ ορπ σ έ α [dieskorpismena], que modifica a los hijos de Dios en 11,52, no indica necesariamente que los únicos hijos de Dios sean los dispersos, pues σ ορπ σ έ α no agota la categoría "hijos de Dios". Esto significaría que hay otros hijos de Dios que no están en estado de dispersión. Esta es una posible interpretación, y si es correcta, Jn 11, 52b estaría indicando un interés particular por la reunión de los "hijos de Dios" en el presente, en la diáspora, sin excluir que haya hijos de Dios que no están en la diáspora.106

105 Efesios 1, 4-5.

106 Sarasa, Luis Guillermo. La filiación de los creyentes en el evangelio de Juan. Bogotá: Edición Facultad de Teología, Pontificia Universidad Javeriana, 2010.

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Esta realidad filial es capital para estas mujeres como sujetos de esta investigación, porque se está encontrando el sentido teológico del alimento y ¡qué aspecto más dignificante que considerarme hijo de tan gran Padre!, ser hijo real, verdadero, consentido y nutrido por Él mismo. En definitiva el mensaje para estas mujeres es que ellas son hijas dignas y necesitadas de tan gran escenario espiritual. No hay diferencia alguna entre la necesidad que tienen ellas y las que presenten mujeres u hombres de otro lugar diferente, porque poseen la misma dignidad: hijos e hijas de Dios y por lo mismo su saciedad será colmada por él, ya que es el Padre que prodiga su abundancia.

Así las cosas, el significado de "hijos de Dios" se transforma del sentido técnico de hijos de Dios dispersos, es decir, los judíos de la diáspora, al nuevo sentido expandido que le da el evangelista: el nuevo pueblo de Dios, los creyentes, judíos y gentiles. De esta manera "hijos de Dios" y "pueblo", en 11, 52, se refieren a la misma entidad.107

En resumen, la dignidad de estas madres de ser hijas de Dios es ya comenzar a fortalecer la práctica de la vida eterna que se les muestra en Jesús, Hijo de Dios. Después, cuando se nutran de esa realidad, podrán con mayor fuerza entregar lo mejor de ellas a sus hijos y demás personas que las rodean. Es abrir sus vidas como un manjar suculento que ha sido nutrido por el amor de Dios y que ahora se brinda a otros. "Este intercambio se refleja ya, en un plano elemental, cuando quien bebe dice a los demás: «¡A la salud!». El lazo que une a los comensales es tal, que el bien percibido por uno al beber aporta la salud a los otros."108

Se percibe así la unión de argumentos que desde el primer capítulo se expresaba en cuanto a que el primer alimento necesario debe ser lo que ella como madre la haga vivir, la sacie y luego pueda ofrecerlo a sus hijos, para luego tejerlo a este segundo capítulo en la fortaleza que brinda el comer el "Pan de vida" representado en Jesús y que se constituye en alimento integral porque alcanza todas las dimensiones del ser y las nutre con la vida eterna.

Esta perspectiva bíblica se complementará con la reflexión espiritual de tres santos carmelitas, a saber, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz y Sor Isabel de la Trinidad y permitirán que este trabajo de grado aporte unos elementos sencillos para el crecimiento de estas mujeres lactantes de la Localidad de Ciudad Bolívar. Se usará la ayuda pedagógica que brinda la imagen de Sieger Köder en una magnífica pintura llamada Last Supper -`La última cena´- para complementar el tercer capítulo de la presente investigación. Además, con los aportes de Erick Fromm y de la

107 Ibid.,264.

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Carta a los artistas del Papa Juan Pablo II se enriquecerá esta reflexión trabajada en este último apartado, pues, cada texto de manera particular brinda expresiones que permiten complementar las otras miradas y conformar un esquema claro y sencillo de lo que significa el ser humano en la unión de todas sus dimensiones.

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3. LA MÍSTICA DEL ALIMENTO, SIGNO DEL ARTE HUMANO Y ESPIRITUAL DE