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l Movilizar las respuestas basadas en la comu- nidad y prestarles asistencia para proporcio- nar apoyo inmediato y a largo plazo a las familias vulnerables.

l Asegurar que los huérfanos y otros niños y niñas vulnerables tengan acceso a servicios esenciales, entre ellos la educación, la atención de la salud y la inscripción del nacimiento. l Asegurar que los gobiernos protejan a los

niños y niñas más vulnerables por medio de

una mejora en las políticas y la legislación y canalizando recursos a las comunidades. l Aumentar la concienciación a todos los niveles

por medio de la promoción y la movilización social a fin de crear un entorno protector para todos los niños y niñas afectados por el VIH/SIDA.

Fortalecer a las familias

La familia ampliada es, y debe seguir siendo, la fuente fundamental de apoyo para los niños y

muerte. Los medicamentos combaten el estigma y la discriminación al hacer posible que las personas con el virus trabajen, sostengan relaciones sociales y participen. La Iniciativa 3 por 5 se sus- tenta en esta oportunidad, al alentar el apoyo de la comunidad y el compromi- so de las personas más beneficiadas.

Al reconocer, por ejemplo, que muchas instalaciones de atención de la salud en África son administradas por organi- zaciones de orientación religiosa, el Rvdmo. Nyansanko Ni-Nku, presidente de la Conferencia de Iglesias de Toda África, se comprometió en junio de 2004 a combatir el estigma del VIH/SIDA y a apoyar la Iniciativa 3 por 5. “Haremos que el tratamiento se encuentre disponi- ble en los hospitales de misiones, las clí- nicas, los dispensarios y los puestos de salud”, prometió. “Haremos de nuestras congregaciones e instalaciones sanita- rias asilos de compasióne”.

La campaña para ofrecer acceso univer- sal a los antirretrovirales se basa en pruebas concretas. Un estudio reciente llevado a cabo en Camerún reveló que una combinación simplificada de antirre- trovirales de dosis fija que cuesta sólo 20 dólares por mes resulta muy eficaz. Algunos estudios muestran que las tasas de cumplimiento en las naciones más pobres pueden ser incluso mayores que las de los países desarrollados: el expe- rimento en Camerún, por ejemplo, reveló

niveles de cumplimiento del 99%f. En

el Brasil, uno de los países en desarrollo donde los medicamentos antirretrovira- les son más ampliamente accesibles, el promedio de supervivencia de los pacientes del SIDA solía ser de menos de 6 meses, y ahora está cercano a los cinco añosg. El Banco Mundial ha dicho

que no hay pruebas que demuestren que la resistencia o el incumplimiento de los regímenes de tratamiento consti- tuyan un problema mayor en los países en vías de desarrollo que en los industrializadosh.

Si el empeño resulta exitoso, un trata- miento antirretroviral más amplio hará mucho más que simplemente mantener vivos a los pacientes. A diferencia de muchas enfermedades, el VIH/SIDA tiende a atacar a jóvenes adultos, al ani- quilar lo que se conoce como “capital humano” –las experiencias, destrezas, saber y discernimiento que un adulto adquiere a lo largo de toda su vida– y cercenar la transmisión del conocimiento de una generación a la siguiente. El tratamiento antirretroviral renueva la capacidad de los pacientes de cuidar a sus allegados y de contribuir a sus comunidades, reuniendo a las familias rotas y sanando a los individuos.

La comunidad internacional ha mostrado un compromiso sin precedentes con las víctimas del VIH/SIDA al proporcionar más de 20.000 millones de dólares para

la lucha contra la epidemia. Los acuer- dos iniciales entre el Fondo Mundial para Combatir el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo, el Banco Mundial, el UNICEF y la Fundación Clinton hacen posible en la actualidad que los países en desarrollo adquieran medicinas y pruebas de alta calidad a precios muy reducidos. No obstante, muchas necesi- dades de fondos siguen insatisfechas, y el progreso no ha sido lo suficientemente rápido. Mientras la marcha del reloj nos aproxima a 2005, sólo han recibido tra- tamiento 400.000 de los 6 millones de personas que necesitan medicamentos.

Los medicamentos antirretrovirales no son la cura definitiva del SIDA. La resis- tencia de los pacientes al medicamento, los efectos secundarios y los sistemas de distribución adecuados siguen siendo una preocupación, tanto como lo son en el mundo industrializado. Pero sin trata- miento, más de 5 millones de personas no tardarán en morir: prematura y dolo- rosamente y a un gran costo para sus familias, comunidades y para el desa- rrollo humano en todo el mundo.

ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005

las niñas huérfanos a causa del VIH/SIDA. Cuando se les priva de la oportunidad de crecer en un entorno familiar acogedor, los niños y las niñas reciben menos estímulos, atención individual y cariño y se encuentran mal preparados para la vida y para una interacción social sana. Los niños y niñas que crecen fuera de un ambiente fami- liar, ya sea porque viven en las calles o en las instituciones, sufren a menudo discriminación y pueden sentirse poco queridos o excluidos. En el peor de los casos, los niños y las niñas que pierden contacto con sus familias pueden ser víctimas de malos tratos físicos o psicológicos. Entre los distintos enfoques que se pueden adoptar para fortalecer la capacidad de las familias y las comunidades de cuidar a los niños y niñas huérfanos se encuentran:

l Fomentar el bienestar económico de los hogares que se ocupan de huérfanos, asegurando por ejemplo que tengan acceso a redes de seguridad social y a iniciativas para la reducción de la pobreza, inclusive la financiación inicial para establecer pequeñas empresas y métodos para mejorar la eficiencia de la agricultura.

l Ofrecer a los niños y a sus cuidadores orientación y apoyo psicosocial.

l Mejorar la capacidad de los cuidadores para ocuparse de los niños, especialmente en la esfera del desarrollo en la primera infancia y promover la atención infantil basada en la comunidad.

Celina* posee calma y dignidad. Sostiene la cabeza en alto y lleva el cabello trenzado con esmero; y al hablarte, sus grandes ojos te miran directamente. Rara vez sonríe, pero al hacerlo muestra una hermosa sonrisa.

Los seis miembros de su familia llevan dos días sin comer, pero cuando uno de los trabajadores que presta ayuda le da dinero para que vaya al mercado a com- prar algunos alimentos básicos, su tía se asusta.

Celina, una niña de 12 años, cuida de su tía, Margarida Araujo, y de Paulo, su primo de tres años. Los otros tres hermanos de Celina no están en casa esa tarde.

Los ojos hundidos de la tía miran asus- tados y su respiración se agita. El rostro se le contrae de dolor. Una manta sucia le cubre el cuerpo enflaquecido. Se encuentra demasiado débil para hablar. Tan sólo puede estar tendida allí sobre una vieja estera, frente a la ruinosa choza de barro de la familia, y observar como Celina desaparece a través de los crecidos matorrales.

Su tía no es la única que se inquieta. Paulo, que ha estado sentado en el

breve regazo de Celina, empieza a gritar histéricamente cuando ella lo deja.

Pero Celina no tiene otra opción: el alimento es ahora decisivo para que la familia sobreviva. Todos los niños están hambrientos y Margarida se está muriendo de enfermedades relaciona- das con el SIDA, incluida la tuberculosis, y de una grave desnutrición. “No he tomado mis tabletas para la tuberculosis en cinco días, porque tengo demasiada hambre”, dice con voz desfallecida. “Las píldoras tienen efectos secundarios muy fuertes si se toman sin comida”, agrega mientras le corren lágrimas por las mejillas.

Margarida sólo tiene 20 años, pero no ha disfrutado mucho de su juventud. Dejó la escuela a los 15 años para cuidar a sus padres, que dice que estuvieron enfermos durante mucho tiempo antes de morir. Se casó, pero no tuvo hijos. Los niños que viven con ella son los hijos de sus tres hermanas, todas las cuales murieron de SIDA. Hace tres años, cuando la propia Margarida se enfermó, su marido la abandonó.

Margarida y los niños viven en una cho- cita de barro, a 15 minutos a pie de la carretera principal y adonde sólo se

puede llegar andando por senderos cubiertos de vegetación. El interior está desierto y húmedo, y cuando llueve el agua se filtra del techo. Las únicas per- tenencias de la familia son algunas ollas herrumbrosas y unos pocos harapos.

La familia recibe visitas semanales de activistas que pertenecen a KEWA (que en chuabo, la lengua local, significa “escuchar”), una asociación sin fines de lucro de personas que viven con VIH/SIDA en Zambézia, la provincia cen- tral de Mozambique. Esto forma parte de un proyecto que recibe apoyo del UNICEF en el que participan organizaciones de personas que viven con VIH/SIDA. Su objetivo es garantizar que se protejan los derechos de todos los huérfanos en los 15 distritos de cinco provincias que el UNICEF ha identificado como priorita- rias, entre ellos el derecho a la educa- ción, a tener acceso al cuidado de la salud y a la inscripción de nacimiento.

Los activistas de KEWA visitan a Margarida y su familia y a otros niños huérfanos. En la actualidad atienden a unos 2.400 niños en la provincia de Zambézia, que en una época se conocía como el granero de Mozambique; pero 16 años de guerra civil han deteriorado la infraestructura y han aumentado la