Una niña adolescente a las puertas de un centro de formación profesional dirigido por los Hermanos Cristianos que ofrece atención a niños y niñas no acompañados o maltratados, niños y niñas que viven o trabajan en las calles y niños excombatientes, en la ciudad de Bo, al sur de Sierra Leona.
de las niñas, por lo general más precaria, las hace más vulnera- bles a los ataques que los mucha- chos, y la violación suele ser un suceso frecuente que conduce a menudo a la transmisión de enfermedades sexuales. En Sierra Leona, por ejemplo, los trabajadores de la salud estiman que entre el 70% y el 90% de las supervivientes a los secuestros han dado resultado positivo en los exámenes para detectar las enfermedades de transmisión sexual. Las niñas secuestradas corren un riesgo especial debido a los repetidos incidentes de violencia sexual que deben sufrir.
La reintegración: falta de intervenciones adecuadas para las niñas
Una vez finalizados los conflictos, puede que los programas de des- arme, desmovilización y reinte- gración pasen a veces por alto la situación de las niñas. El número de niñas que se benefician de dichos programas es relativa- mente bajo. En cambio, muchas de ellas regresan espontánea- mente a sus comunidades sin recibir en ningún momento asis- tencia formal, lo que las deja abandonadas ante una serie de problemas psicosociales y físicos sin resolver. Las necesidades específicas de las niñas soldados durante los procesos de desar- me, desmovilización y reinte- gración no se suelen abordar, principalmente debido a que:
l se subestima sistemáticamente el número de niñas soldados;
l las mujeres y las jóvenes que ingresan en las fuerzas arma- das o que son secuestradas por éstas no se consideran “auténticos soldados”;
l muchas de estas muchachas se clasifican erróneamente como mujeres, bien porque tengan más de 17 años en el momento de desarme, desmovilización y reintegración, bien porque tengan hijos;
l se suele dar prioridad a la conducción de varones arma- dos a las zonas de desarme y desmovilización.
Además, las mujeres jóvenes que eran niñas en el momento de ser secuestradas o reclutadas a la fuerza y que regresan con “niños de la guerra” suelen sufrir el estigma y el rechazo de sus fami- lias y sus comunidades debido a la vergüenza que acompaña a la violación y al nacimiento de niños engendrados por los capto- res de las niñas. A pocas jóvenes se les somete a exámenes o tratamientos relacionados con las infecciones de transmisión sexual, con lo que se incrementa el riesgo de infección por VIH y de transmisión de este virus a las familias y las comunidadesj.
El marco jurídico internacional existente –entre otros, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discrimi- nación contra la mujer y la reso- lución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas relativa a la mujer y la paz y la seguridad– insta a los Estados signatarios a condenar y eliminar toda violencia contra la mujer. Además, la Convención sobre los Derechos del Niño y su Protocolo Facultativo relativo a la participación de niños en los con- flictos armados constituyen nor- mas jurídicas internacionales de primera magnitud destinadas a poner fin al reclutamiento y al secuestro de niñas y niños en los conflictos armados. Sin
embargo, la protección y el apoyo a las supervivientes de la violencia debida a situaciones de conflicto armado en general y de las niñas soldados en particular siguen siendo lamentablemente inadecuados.
Como medida inicial, es preciso alcanzar un mayor reconocimiento de que la gran mayoría de niñas soldados han sufrido violaciones graves de sus derechos humanos y han sido testigos y en algunos casos han participado en actos de extrema violencia. A pesar de esto, estas muchachas muestran una tremenda capacidad para hacer frente a su situación. Esta resistencia no debería confundirse con la potenciación del papel de la mujer. Cuando manifiestan sus deseos de potenciación personal, las muchachas citan en la mayor parte de los casos el acceso a la educación, que para ellas supone un futuro más abierto y brillante, y la capacitación que les permita ganar su sustento y el de sus familias. Es fundamental abordar de forma integral este problema, implicando en ello a los líderes, los padres, los familiares y los vecinos. Las niñas y las jóvenes que regresan a sus comunidades necesitan el apoyo de los adultos que van a tener una influencia positiva sobre ellas. Necesitan estar seguras de que, aunque han cambiado, siguen teniendo un lugar, un futuro y una contri- bución significativa que hacer a sus comunidades.
ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005
conflictos como combatientes, pero es muy probable que alcance la cifra de cientos de miles7. Los niños y las niñas son víctimas del
reclutamiento, el secuestro o la incorporación por la fuerza a los grupos armados. No todos ellos participan en los combates, aunque la proliferación de armas ligeras ha facilitado que incluso un niño menor de 10 años se transforme en un asesino efectivo. A los niños y las niñas se les obliga también a someterse a la esclavitud sexual y convertirse en trabajadores, cocineros o sirvientes, mensajeros o espías. Las niñas corren un mayor peligro de ser víctimas de la explotación sexual, ya sea por un comandante o por toda la tropa. Muchas participan también con los muchachos en el frente de batalla (ver recuadro Niñas combatientes, la historia no contada, página 42).
Los grupos armados y, en algunos casos, las fuerzas gubernamentales, utilizan a los niños y las niñas debido a que suele ser mucho más fácil obligarles a cometer asesinatos y some- terse a una obediencia ciega que en el caso de los adultos. Todos estos niños, tanto cuando
les reclutan por la fuerza, cuando ellos mismos se unen a fin de escapar de la pobreza o el hambre, o cuando se alistan para apoyar de manera activa una causa, lo primero que pierden es su infancia.
En África y en Asia se encuentra el mayor número de niños y niñas que participan como combatientes en los conflictos. Y la tendencia de utilizar a los niños y las niñas en los conflic- tos no ha disminuido: en 2003 se produjo un aumento en el reclutamiento de niños y niñas en Côte d’Ivoire, Liberia y la República Democrática del Congo. En la República Democrática del Congo, en concreto, ha habido numerosos informes sobre atrocidades, viola- ciones y palizas en las que las víctimas eran niños y niñas. Miles de niños y niñas del norte de Uganda han sido secuestrados por el grupo rebelde Ejército de Resistencia del Señor y obligados a combatir en una situación de servi- dumbre. Miles más tuvieron que huir de sus hogares y sus poblados todas las noches para buscar refugio en las ciudades donde pueden evitar los ataques y los secuestros. En Myanmar, Por el hombre (principalmente conflictos) Naturales (principalmente la sequía) Mixtas 1986–1991 1992–2003 Porcentaje 0 20 40 60 80