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La situación en el Sudán nos recuerda de manera sombría cómo la naturaleza y la complejidad de los conflictos han cambiado en los últimos tiempos. Durante los 14 años

en conflictos

Los niños y las niñas son siempre las primeras víctimas de los conflictos armados. Incluso cuando no mueren o sufren muti- laciones, pueden quedar huérfanos, ser secuestrados o padecer complicaciones psicológicas y psicosociales debido a una exposición directa a la violencia, el desplazamiento, la pobreza o la pérdida de seres queridos. Aquellos que sobreviven se encuentran a menudo sometidos a una batalla diferente por la supervivencia: contra la enfermedad, las viviendas inadecuadas, la falta de servicios básicos y una nutrición deficiente. Hay veces en que la violencia afecta a las escuelas, a menudo con consecuencias trágicas.

En ocasiones, los niños y las niñas son sometidos por la fuerza al reclutamiento y la servidumbre, son víctimas de la violencia o la explotación sexual, o se encuentran expuestos a restos de explosivos de guerra que matan y mutilan a miles todos los años. Las niñas son especialmente vulnerables a la violencia sexual, al abuso, la explotación y la estigmatización durante las situaciones de conflicto y después de las guerras. Muchas niñas sufren los efectos de la guerra en el frente de batalla.

Resumen

Para proteger a los niños y las niñas contra los conflictos armados, es preciso tomar una serie de medidas: l Considerar a los niños primero, antes y después del conflicto.Antes de

involucrarse en un conflicto o imponer sancoines, los países deben tener en cuenta sus consecuencias sobre la infancia y deben permitir a los organis- mos humanitarios la posibilidad de proteger a los niños, las niñas y las mujeres durante los conflictos.

l Poner fin al reclutamiento de niños y niñas soldados. Es preciso acelerar la adopción y puesta en vigor del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de los niños en conflictos armados.

l Fortalecer el entorno protector para la infancia en todos los planos. Alentar a los países a que ratifiquen y apliquen –sin reservas– los tratados diseñados para proteger a los niños y las niñas contra los efectos perniciosos del conflicto. l Eliminar la cultura de la impunidad y fortalecer la rendición de cuentas. Es

importante llevar ante la justicia a los culpables de genocidio, de crímenes de guerra –entre ellos el reclutamiento de niños menores de 15 años– y de crímenes contra la humanidad.

l Mejorar la supervisión y la presentación de informes sobre las violaciones a los derechos de la infancia durante los conflictos. Esto debe convertirse en una prioridad, especialmente la recopilación de datos fiables sobre los niños y las niñas afectados por los conflictos armados, o que participen en ellos. l Ampliar las campañas de desmovilización y concienciación sobre el peligro

de las minas. La reintegración sensible en la sociedad civil de los niños y niñas combatientes por medio de un amplio programa de apoyo es funda- mental. Es preciso prestar una mayor atención a la reintegración de las niñas combatientes. La educación sobre los peligros de las minas debe incluirse en el programa de estudios y los programas de salud pública. l Reiniciar la educación para los niños y las niñas atrapados en conflictos

armados tan pronto como sea posible puede aportar una dosis de estabilidad y normalidad en sus vidas.

l Evitar el conflicto, abordando las causas subyacentes de la violencia y la pobreza, e invirtiendo más en la mediación y en la resolución de conflictos.

ACCIÓN:

TEMA:

ESTADO MUNDIAL DE LA INFANCIA 2005

que siguieron al fin de la guerra fría, desde 1990 hasta 2003, estallaron 59 conflictos arma- dos diferentes en 48 lugares, y solamente cua- tro pueden calificarse como una guerra entre países2. Cada vez se reconoce más el aumento

en la incidencia de los conflictos de origen étnico, una consecuencia inevitable debido a que las guerras entre los países han sido sustituidas por otras formas internas de hostilidad en un ámbito más reducido.

La amenaza que suponen los conflictos para los civiles ha aumentado de manera considerable. Se estima que un 90% de las muertes relacio- nadas con conflictos en todo el mundo desde 1990 han sido de civiles, y un 80% de las vícti- mas han sido mujeres y niños3. En algunos

casos, los civiles son el blanco directo; en otros, son víctimas indirectas, de balas perdidas o de restos de explosivos de guerra. La naturaleza de la guerra civil exige que la lucha se entable donde vive la gente, y no en un campo de batalla. Y si las raíces de un conflicto residen en el odio o el resentimiento étnico, todos los miembros del grupo “desdeñado” son vulnera-

bles, y no solamente los combatientes que los representan.

No siempre las víctimas de la guerra mueren a causa de las balas o de las bombas; muchas sufren a causa de las repercusiones catastró- ficas del conflicto sobre la salud de toda una sociedad. En una guerra típica de cinco años, la mortalidad de menores de un año aumenta en un 13% y la mortalidad de los adultos aumenta aún más. Incluso después de que el conflicto ha terminado, sus consecuencias ponen en peligro la supervivencia infantil. Las últimas investigaciones han demostrado que durante los primeros cinco años de paz, el promedio de la tasa de mortalidad en la infancia sigue siendo un 11% más elevado que antes del conflicto4.

Muchos países en desarrollo se encuentran sometidos a un ciclo vicioso según el cual la pobreza genera la desesperación, el temor y la lucha por los recursos que podrían desenca- denar un conflicto, lo que su vez agrava la pobreza. De los 20 países más pobres del

internos entre estados 0 5 10 15 20 25 30 35 40 Número de conflictos 1945 1947 1949 1951 1953 1955 1957 1959 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 1975 1977 1979 1981 1983 1985 1987 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003

Gráfico 3.1 Conflictos de alta intensidad, 1945–2003

mundo, 16 han sufrido una grave guerra civil en los últimos 15 años5. La guerra civil provoca

por lo general un retroceso del desarrollo eco- nómico y social que a menudo perpetúa la pobreza de una generación a la siguiente.

Las repercusiones de los conflictos