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Chapter 4. Results of the Data Analysis

4.3 Analysis of Different Groups

4.3.2 Analysis of the R&D-Intensive and Knowledge-Intensive Groups

Como se narró anteriormente en el espectáculo que se presentó en Guadalajara en el año 2009, en el tiempo de espera antes de entrar a la función se llevaba a cabo una propuesta de liminalidad en la que una señora tejía silenciosamente en una de las bancas del vestíbulo. Una de las señales que pudieron haber dado un indicio a los espectadores observadores de que esta era una imagen “construida” eran las bolas de estambre, perfectamente redondas, de un tamaño considerable (entre 15 y 30 centímentros de diámetro) y colocadas en el piso. Una vez entrando al recinto notamos que se había cancelado el espacio de las butacas y en su lugar tenían instaladas unas tarimas en el escenario (algo que se hace a veces en el Experimental) de manera que estábamos todos (actores, espectadores y varios más a los que no veíamos) más cerca de lo acostumbrado.

En este escenario, desde antes de que entráramos, estaba El Hombre de blanco tejiendo a dos agujas una especie de bufanda de la cual salían estambres que iban a dar hasta la cama en donde estaba sentada Esther.

Es necesario hacer un paréntesis para hacer mención de la superstición que dicta no tejer en el teatro, y más puntualmente: “No tejer en el área de las piernas” (Nield, 2011). Posiblemente el origen de esta creencia está en la relación que se hace entre las “Tres brujas” de la tragedia escocesa Macbeth, en inglés llamadas “The Three Witches” o “The Weird Sisters” la palabra en inglés antiguo, Wyrd (Tolman, 1896), con la cual se nombra a una de las Nornas, tejedoras del destino en las mitologías nórdica y anglo-sajona, a las cuales se les ha relacionado con las Parcas romanas.

Cabe señalar que cuando se le preguntó a Ruiz si conocía de esta superstición, él dijo que no estaba enterado de ella y que por otro lado, a ellos la obra “les trajo buena fortuna, ya que él repuso la obra en 2012 con tres temporadas (Ruiz, Alberto. Entrevista vía Internet. 05 jun. 2015, 56).

La primera escena de la obra es un buen ejemplo de cómo los creadores jugaron con los diálogos de la obra rearmándola de una manera muy precisa:

Esther está sentada sobre la cama, haciendo ruido para llamar la atención del Hombre de blanco, quien está tejiendo y parece no inmutarse, ella se levanta de la cama e intenta irse con movimientos sigilosos, justo en ese momento, él da un par de golpes en su

silla con la pluma y le hace un gesto indicándole que no está autorizada para ponerse de pie, que tiene que quedarse en la cama. El diálogo a continuación revela al mismo tiempo el motivo y la contradicción de que el personaje esté postrado en ese lecho:

Esther.- ¿Por qué no? (el hombre apunta hacia la cama) Esther.- (con voz más fuerte) ¿Por qué no?

Esther se sienta en la cama recargada en la cabecera y pregunta ¿Por qué no puedo levantarme aún?

El Hombre de blanco se pone la aguja en la boca con gesto inocente y señala un reloj imaginario en su muñeca. Después guarda su tejido en un cajón y se dirige hacia Esther apartando los hilos con sus dedos de una manera estilizada, cuando él llega a la cama, Esther vuelve a gritar.- ¿Por qué no puedo levantarme? (Después en voz baja) no estoy enferma

La puesta en escena comienza entonces planteando una contradicción. Este primer diálogo en la obra, aparece hasta la página 276 en la novela, es además este personaje apenas circunstancial que en el sanatorio le toma la temperatura a la protagonista en la novela, el que sería el punto de partida para construir al personaje del Hombre de blanco. La cuestión que constituye el hecho de que una persona cuyos signos vitales son completamente normales, esté confinada en un sanatorio debido a que su mente se encuentra en un verdadero caos representa una contradicción que se establece en la segunda frase de Esther: “no estoy enferma”.

Sobre el espectáculo es pertinente añadir algunas apreciaciones la primera de ellas es que si bien la actriz tenía un acento extranjero que de entrada llamaba la atención y que podría representar un distractor, conforme transcurría la obra el carácter juguetón del personaje y lo que se alcanzaba a leer de su historia personal, se iba ganando la simpatía y quizás hasta la identificación de los espectadores, ella era en toda la extensión de la palabra: humana.

Mientras tanto, El Hombre de blanco era un personaje alegórico (mucho tiempo después, gracias a esta investigación, Ruiz me revelaría que este personaje era la representación de la enfermedad) en el momento yo pensé que era una especie de caricaturización de todas las personas y situaciones que hacían sufrir a Esther.

Los movimientos de este hombre no eran realistas, tampoco su voz, ni siquiera cuando representaba a alguno de los personajes que interactuaban con la protagonista. Su

desenvolvimiento en el escenario se hacía mediante técnicas de mímica y de teatro oriental. El peso de sus acciones era corporal y solamente tenía diálogos con Esther cuando encarnaba a algún otro personaje.

Los personajes encarnados por El Hombre de blanco hacían alusión a la disonancia de las expectativas de Esther con su realidad. Éstos eran: su jefe en la revista (en la novela es una mujer, pero en la obra de teatro no aparece caracterizado como tal), su doctor y aquel hombre con quien ella tiene un idilio en la ciudad de Chicago.

Para representarlos, Ruiz se valía de pequeños elementos de vestuario y utilería como unos anteojos (para el doctor), un cigarro (para el jefe) y una boina, así como los resortes/hilos del escenario utilizados como remos (para el galán), además de cambios en la voz y en la gestualidad.

El resto del tiempo el Hombre de blanco se dedicaba a tomarle la temperatura, darle pastillas y en general confrontarla con sus acciones, no obstante él sufriría el mismo tormento que la protagonista al momento de los electrochoques.

Ruiz además tenía la capacidad de llevar a su personaje a los extremos físicos dada su excelente condición y su formación como bailarín. Al finalizar la obra de teatro surgió la preguntaba de si en “algún momento, en algún lugar, volverá a descender la campana de cristal” y aparecía El Hombre de blanco pendiendo de una tela (un trapecio de los utilizados para danza aérea). Mientras Esther canta una canción de cuna polaca: Z popielnika na Wojtusia iskiereczka mruga41.

En el momento que mi personaje enfermero/enfermedad deja de estar cerca de Esther y queda colgado ese momento “la enfermedad” como una campana de cristal deja de encerrarla. Ella, solo hace la reflexión sobre el temor de que esa campana vuelva a bajar sobre ella. En la novela es un comité en el hospital, nosotros lo referimos por lo que dice la protagonista, quien además la hicimos que cantara un canción de cuna, cosa que no pasa en la novela. (Ruiz, Alberto. Entrevista vía Internet. 05 jun. 2015, 55)

Como espectadora yo tenía una secuencia mental del teatro, esa imagen fuerte de Ruiz pendiendo en la tela sobre la actriz y esa frase me parecieron la conclusión, pensé que los actores cerrarían así, lo cual para mí no era ninguna novedad, estaba bien, pero simplemente bien.

                                                                                                                         

41 La canción habla sobre la chispa de una brasa que le platica cuentos de hadas a un pequeño niño sentado

Al salir al vestíbulo éste había sido invadido por telarañas gigantes, pareciera que con los hilos de la señora, ella o alguien más habían tejido esas redes que nos ponían a nosotros como espectadores en cierto conflicto físico para salir del teatro e ir finalmente a nuestros destinos. Este cuerpo en conflicto del espectador es aún parte del ente poético y por lo tanto tiene una cualidad especial, al no tratarse de un elemento de la vida cotidiana (obras de reparación del teatro, un puesto de vendedores, etc.). Los creadores con esta acción, establecieron un vínculo entre el cronotopo teatral y el tiempo y el espacio cotidianos.