Al constituir este un trabajo que analiza la internacionalización de un espacio local, es fundamental abordar las concepciones teóricas que entienden a la relación global-local como una fuente de oportunidades de acción para lo local, en este caso materializada en la implementación de una Política Internacional Subnacional.
Granato y Odonne (2008) consideran que, hoy en día, lo local es el ámbito donde vive lo global; y es de aquí donde adquiere sentido el término “Glocalización”; es el resultado de la combinación globalización-descentralización. En otras palabras, las dinámicas e inercias globales (“lo global”) encontraban un espacio concreto por dentro del Estado donde asentarse (“lo local”), generando casi directamente que las unidades político- administrativas locales tuvieran la facultad de manejar su estrategia de vinculación con ese mundo que se metía más allá de sus fronteras. Este nuevo contexto aumentaba no solo las oportunidades de ampliar el margen de maniobra de los actores subnacionales, sino también
24 el grado de vulnerabilidad si no se posicionaban estratégicamente ante la exposición a las dinámicas sistémicas.
El nuevo espacio generado por la confluencia de lo “glocal” ofrece a las ciudades una realidad institucional en la cual pueden llevar a cabo diferentes estrategias de lobbying6 a los efectos de poder captar múltiples recursos para satisfacer las necesidades internas. Este proceso “induce un realineamiento en las relaciones entre el Estado, el capital (tanto doméstico como global) y los sitios territoriales de reestructuración económica” (Rhodes, 1996).
Por su parte, Romero (2004) sostiene que, si bien es cierto que algunas ciudades y regiones han desempeñado en el pasado un papel importante en la escena mundial, o tienen una trayectoria en este sentido, la proyección internacional como concepto de la gestión local (con contenido, metas y espacio institucional propio) es un fenómeno que ha tendido a generalizarse recién en los últimos años.
Hasta la actualidad, las ciudades por sí mismas no habían desempeñado un papel relevante en la arena internacional debido a que habían estado monopolizadas por las decisiones de los Estados y de sus Cancillerías. “En los últimos años la mayor complejidad de las Relaciones Internacionales ante la emergencia de nuevos y más plurales actores, la generalización de procesos democráticos y descentralizadores en el mundo, el renacimiento de las dinámicas políticas y sociales de base territorial, y la generación de nuevas visiones sobre el desarrollo, llevaron a replantear los esquemas clásicos de cooperación internacional” (Romero, 2004).
Desde la perspectiva del Desarrollo Local el tema aquí tratado es abordado por autores como Borja y Castells y Saskia Sassen. Con los textos de Castells (1989) y Sassen (1991), lo que había sido una hipótesis a comienzos de los ochenta se transformó en una teorización y especificación empírica a cabalidad. Estos tres autores agregan proposiciones importantes al marco general: la de Castells (1989) en el sentido de que la globalización, así conformada hoy día, ha engendrado un espacio de corrientes que reconfiguran el poder económico y político; la proposición de Sassen (1991) en términos de que no es simplemente un asunto de coordinación global, sino de producción de capacidades de
6 El lobbying es entendido como la acción de ejercer presión por parte de un grupo para influir sobre una
25 control global y que las indagaciones a través de esta línea permiten entender el papel de las ciudades globales.
Estos autores se centran en el análisis de las grandes ciudades (que se aplica al caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), denominadas por Borja y Castells (1997:297) como megaciudades a las cuales definen de la siguiente manera: “Las megaciudades son
algo más que meras aglomeraciones territoriales de seres humanos. Son nodos en la economía global y de las naciones más poderosas. En su territorio se concentran las funciones superiores de dirección, producción y gestión del planeta; los centros de poder político, el control de los medios de comunicación, la capacidad simbólica de creación y difusión de los mensajes dominantes” estos mismos autores, sostienen a su vez, que la internacionalización de las ciudades se puede dar de tres maneras: a través de la participación en las asociaciones de ciudades, de la inserción en Redes y del desarrollo del city marketing (Borja y Castells, 2004).
Por su parte, la autora Sassen (2007) define a este tipo de ciudades como “ciudades globales” en las cuales “la riqueza y los procesos económicos nacionales se articulan con una multiplicación de circuitos globales para el mercado de capitales, las inversiones y el comercio”. Se puede mencionar, que las ciudades globales son aquéllas que han logrado adaptarse a la economía globalizada, y donde se sitúan los principales actores del poder que actúan en el capitalismo global. A su vez la autora resalta que, como ya se marcó anteriormente, la ampliación de la mundialización y el contexto internacional de los años 90 explican la emergencia de otras entidades y escalas espaciales las cuales desplazan, aunque no totalmente, al Estado nacional de su rol de actor único. Estas nuevas entidades pasan a encontrarse localizadas, a nivel infranacional, en las ciudades y las regiones y, a un nivel supranacional, en los mercados electrónicos globales y en las zonas de libre intercambio surgiendo así lo que ella denomina ciudades globales.
A su vez, Castells (1989) y Sassen (1991) han desarrollado diversas técnicas de análisis que van desde métodos para comprender el lugar que corresponde a las ciudades en los mercados globales, hasta ampliar la representación de lo global. En la Ciudad Informacional7 y La Ciudad Global8, los autores buscaron establecer con bastante amplitud
7 Es “una forma social y espacial: es la ciudad de nuestra sociedad, como la ciudad industrial fue la forma
26 cuál es el orden de los conjuntos de datos que pueden incorporarse al análisis de este tema, desde los flujos internacionales de capital e información hasta los efectos sociales muy localizados. Este fue un esfuerzo para oponerse a la simplificación de las estimaciones principales que subrayan la dispersión global de actividades y telecomunicaciones, y excluyen a la mayoría de los aspectos sociales.
Actualmente, se puede ver un escenario en el cual las autoridades locales actúan en forma más independiente que en el pasado respecto del poder central, pero buscando coincidencias y complementariedad con otras autoridades locales en respuesta a los problemas comunes. Borja y Castells (1997) entienden este nuevo accionar de los gobiernos locales como la adquisición de un papel político revitalizado por parte de los mismos en consonancia con la crisis estructural de competencias y poder con que se encuentran los Estados Nacionales en el nuevo sistema global.
Una de las propiedades claves de la actual fase en la larga historia de la economía mundial es la influencia de las tecnologías de información, el asociado aumento de la movilidad y la liquidez del capital y la resultante declinación de las capacidades regulatorias de los Estados nacionales sobre los sectores claves de sus economías.
Como resultado, una de las características de la actual fase es la reafirmación de la importancia de las unidades subnacionales, sean éstas las ciudades globales o las regiones estratégicas. Esto indica la posibilidad de que el impacto de la globalización no puede simplemente reducirse a la noción del significado declinante de Estado nacional, como a menudo se afirma; más bien es una triangulación de Estado nacional, economía global y
nuestra capacidad de destrucción, de nuestras proezas tecnológicas y de nuestras miserias sociales, de nuestros sueños y de nuestras pesadillas. La ciudad informacional es nuestra circunstancia” (Castells, 1989:19).
8 La globalización de la economía ha inducido un intenso proceso de concentración del poder económico en
unas cuantas áreas metropolitanas desde las que se ejerce el control y la dirección de la economía mundial. Esas áreas conforman lo que Saskia Sassen (1991) dio en llamar las Ciudades Globales. En ellas convergen los nodos de las principales redes de telecomunicaciones; en ellas están las sedes de las principales instituciones financieras; y en ellas se ubican los principales centros del poder mundial, lugares en los que se genera una información privilegiada que es vital para la toma de decisiones de alto nivel. Las Ciudades Globales, por tanto, son la médula espinal del sistema económico
27 localidades estratégicas -típicamente centros internacionales principales financieros y de negocios-. La relación estratégica no es más la díada Estado nacional-economía global.
Por su parte, Alburquerque (1996:13), resalta el carácter “endógeno” del Desarrollo Local, entendido como potenciación de los recursos locales, y define el desarrollo económico local como “aquel proceso reactivador de la economía y dinamizador de la sociedad local que, mediante el aprovechamiento eficiente de los recursos endógenos existentes en una determinada zona, es capaz de estimular su crecimiento económico, crear empleo y mejorar la calidad de vida de la comunidad local”.
Por su parte, Arocena (1995) relaciona la dimensión de las políticas sociales con el Desarrollo Local, partiendo de la premisa del fracaso o insuficiencia de las políticas sociales impulsadas desde el Estado de Bienestar9 y de la necesidad de nuevos instrumentos de acción social para el logro de la eficiencia y equidad desde una perspectiva local integral. Insiste en señalar la insuficiencia de una noción de desarrollo reducida a su dimensión económica-productiva. El desarrollo es un hecho complejo, que engloba una pluralidad de dimensiones y que no puede ser medido sólo cuantitativamente. Las políticas sociales “nacen, se formulan y se aplican en el marco de las acciones orientadas al
desarrollo de la comunidad. No se trata de dos procesos separados: el desarrollo económico y la distribución de la riqueza” (Arocena; 1995:41).
El estado actual del Sistema Internacional señala que las opciones de política económica internacional son más realizables sobre bases integradas. La integración se presenta como el nuevo cimiento para la toma de decisiones para lograr el desarrollo en un mundo globalizado. Los procesos de integración implican nuevas realidades que se construyen desde una mirada regional-local.
Las ciudades, como actores subnacionales, encuentran así, una nueva realidad integrativa en la cual pueden desarrollar sus potencialidades, estableciendo a partir de la participación y asociación en Redes la posibilidad de alcanzar nuevos objetivos y dar respuesta a problemáticas específicas dadas.
9 El Estado de Bienestar consiste en un conjunto de instituciones públicas destinadas a elevar el nivel de vida
de la fuerza de trabajo o de la población en general, promoviendo beneficios sociales a través de la generación de recursos y de la distribución de bienes y servicios hacia los ciudadanos.
28 El espacio generado por el proceso de integración regional ofrece a los municipios una nueva realidad institucional en la cual se puede realizar nuevas y diferentes estrategias de lobbying a los efectos de poder captar ciertos recursos para satisfacer las necesidades internas de cada unidad subestatal.
Quienes se inscriben en la perspectiva de Multi Level Governance, entienden que la unión es el resultado de la interacción de múltiples actores en distintos niveles – supranacional, nacional, subnacional- diluyéndose de este modo la separación entre política doméstica y política internacional y produciéndose una dispersión de autoridad -que implica que ninguno de ellos centraliza la autoridad y el poder pero aumentando los requerimientos de coordinación-. De esta forma el proceso de integración pasa a ser analizado como una entidad política en la que las competencias de la toma de decisiones y la capacidad de influencia en la elaboración de políticas es compartida entre diversos niveles de responsabilidad. A partir de lo mencionado, la posibilidad de las autoridades centrales de ejercer un control unilateral sobre las políticas no solo se ve limitado, sino que varía a lo largo del tiempo y de las distintas áreas temáticas. Actores y escenarios no están ordenados jerárquicamente como sucedía en las relaciones intergubernamentales tradicionales, en su lugar se presentan diseños institucionales no jerárquicos (Loughlin, 2001).
Por su parte, Castells (1998:11) define esta nueva realidad que se está viviendo como “Estado en Red”. Con este concepto hace alusión a un Estado que se caracteriza por “compartir la autoridad (o sea la capacidad institucional de imponer una decisión) a lo largo de una red de instituciones. Una red, por definición, no tiene centro, sino nodos, de diferentes dimensiones y con relaciones internodales que son frecuentemente asimétricas. Pero, en último término, todos los nodos son necesarios para la existencia de la red. (…) El Estado red es el Estado de la era de la información, la forma política que permite la gestión cotidiana de la tensión entre lo local y lo global”.
La visión del desarrollo endógeno señala la necesidad de delinear una política de creación de recursos específicos en el nivel territorial. Las “proximidades”, no solo geográficas sino también políticas, institucionales, organizacionales, son las que dan lugar a dinámicas específicas determinantes de la capacidad de las localidades y regiones para dirigir su propio desarrollo. Esto supone un cambio de perspectiva desde una visión
29 funcional del territorio hacia una visión territorial de cada lugar, desde una visión del desarrollo como proceso inducido solo por factores exógenos (capital, inversión, infraestructura, tecnología), adaptados a cada realidad, hacia una visión del desarrollo como conjunto de capacidades ligadas a la calidad de los recursos humanos y a la capacidad organizativa y factores exógenos, que tornen dinámicas las potencialidades de cada sociedad local. Así, el territorio no es visto solo como lugar de identidad sino también como construcción política no exenta de conflictos y realidades de poder. Advierte que el desarrollo no es un fenómeno de carácter local sino un proceso complejo que requiere una nueva geografía de responsabilidades públicas, de un Estado activo en todas sus escalas (nacional, provincial, local), de la conformación de Redes de ciudades y de la compensación y equilibrio entre ciudades y regiones ya que el contexto general no afecta a todos los territorios de la misma manera (Madoery, 2003).