3.6 Methods
4.4.6 Application: Effects of short-term plasticity on working memory function
En 1941 se inicia una nueva etapa en el pensamiento de Horkheimer, cuando se traslada a California desde Nueva York.
La realidad histórica del tiempo que le toca vivir a nuestra autor siempre condiciona su producción filosófica; y en este caso también: el nazismo y toda su perversión sigue un ritmo, hasta el momento, imparable; el estalinismo se había convertido en un movimiento equiparable al nazismo a lo que a barbarie nos referimos; y la sociedad capitalista norteamericana, en la que ahora vivía Horkheimer, se caracterizaba por su manipulación de la sociedad a través de la publicidad y de los eslóganes simplistas. Con todo ello, la idea que nuestro autor defendía sobre la llegada de una sociedad más justa se desvanece, al igual que las condiciones históricas sobre la que se apoya la Teoría Crítica. La historia estaba avanzando con rumbo fijo hacia la barbarie.1
Horkheimer perfila dos conceptos de Razón que permanecerán enfrentados, se trata de la “Razón Objetiva” y la “Razón Subjetiva”.2 Horkheimer
identifica el fracaso de la Ilustración con el triunfo de la Razón Subjetiva o Instrumental. En Dialéctica de la Ilustración se ve claramente como tanto Horkheimer como Adorno pretenden analizar el proceso de triunfo de la Razón Subjetiva.
Estos dos conceptos de Razón, que nacen a la vez de un mismo espíritu, terminan separándose y contraponiéndose. La Razón Subjetiva tiende a la auto- conservación del individuo o de la sociedad, y contempla el exterior porque es un medio para el fin que se propone. Para que la Razón Subjetiva presente un interés
1 Rolf Wiggershaus a este respecto dijo que Horkheimer pasa de creer en una “revolución fallida” a tomar la
filosofía de una “civilización fallida”.
2 La Razón Subjetiva para Adorno sería “Razón Subjetiva o Identificadora”; para Marcuse “Razón
147 hacia algo ha de ser porque esto beneficie de algún modo al sujeto individual o social. Sin embargo, la Razón Objetiva intenta hacerse cargo del bien supremo y del destino humano, alejándose del mero interés egoísta al que pretende la Razón Subjetiva. Así puede verse que según el grado de integración del Hombre en la sociedad en la que vive así también será el grado de racionalidad de este mismo Hombre.
En la Razón Subjetiva está marcada la Razón Técnica, la cual prepara medios para esos fines que la Naturaleza da; a su vez la Razón Objetiva une las tareas de la Razón Teórica con las de la Razón Práctica; lo cual determina la conducta que un ser racional ha de tener, es decir, “ser razonable”, y esto es atenerse al orden descubierto por la Razón; pretensión mantenida anteriormente por los estoicos.
“Ser razonable” tiene el mismo significado para la Razón Objetiva como para la Razón Subjetiva. Mientras que la primera pretende una integración armónica de la sociedad, la segunda quisiera que el Hombre se adapte a la realidad. De ella se pude ver que la raíz tanto de la Razón Objetiva como de la Subjetiva es el mismo. La Razón Objetiva pretende mostrar a la Subjetiva que la única manera de conseguir la auto-conservación es saliendo de sí misma y apuntar al Todo. Hay que salir del propio individuo a través de la solidaridad social para conseguir la auto-conservación que pretende la Razón Subjetiva.
El motivo por el que parece ser que la Razón quiso abandonar toda tutela ajena y buscar la Ilustración fue el afán por acabar con el sufrimiento y alcanzar la felicidad concreta. Cualquier tendencia a uno de los dos tipos de Razón sin reparar en la otra sería del todo irracional. Cualquier intento de llegar a la totalidad ha de contar con la auto-conservación y felicidad del Hombre, si esto no sucede así, y además no tiende a llegar a valores más elevados, entonces quedaría inválido. Pero también toda Razón ha de abogar por los fines y valores últimos.
148 La filosofía busca que estos dos tipos de Razón coexistan.1 La crítica al modelo
de Razón de la Ilustración es también la crítica entre los dos conceptos de Razón, debido a sus respectivas consecuencias negativas.
Así, Adela Cortina afirma:
“En efecto, si la razón objetiva ejerce el monopolio de la racionalidad, es inevitable el riesgo de ideología y fraude, porque los afanes de totalidad llevan aparejada el riesgo de totalitarismo, que descuida al individuo y se justifica con toda suerte de invenciones. Pero si la razón objetiva propende al romanticismo y la ideología, la razón subjetiva tiende a conformarse con lo que hay, a adaptarse a lo dado, temerosa de sobrepasar el marco de lo inmediato y de aspirar a la totalidad. Para ella, ser racional significa adaptarse a los hechos, sin transcenderlos ni transformarlos, degenerando a conformismo acrítico, materialismo vulgar, nihilismo cínico”.2
Esta razón es el modelo de razón que se ha instalado en el mundo industrializado, lo cual hace que toda revolución sea imposible, ya que, con ella, los hombres pierden las riendas de su propia historia, ya no la controlan y se convierten ellos en mero medios. En este mundo es en el que ha triunfado la Razón Subjetiva-Instrumental, es decir, la razón formal, la razón sustancial, ha sido derrotada. La capacidad de clasificar, deducir y concluir se ha impuesto a la capacidad de valorar.
La ambición por obtener conocimientos racionales y universales, manteniéndose fuera de todo mito o superstición, es la génesis de lo que se llamaría la “Razón Burguesa”. Pero, como ya he mencionado, ese afán por alcanzar la universalidad hace que la Razón Burguesa se vea envuelta en una
1 Esta necesidad de coexistencia de los dos tipos de Razón se ve también en la Segunda Generación de la Escuela
de Frankfurt, al afirmar que la “racionalidad comunicativa” tiene que ser mediada por la “estratégica” para no caer en la irresponsabilidad.
149 dinámica que aboca al fracaso. Ella misma mantiene una crítica a todo pensamiento que no se ajusta dentro de sus parámetros. Es evidente que esta razón moderna carece de juicio y la racionalidad que tanto se esfuerza por promover; el Hombre renuncia a su propio pensamiento para entrar en el de la sociedad en general, de la cual depende. El Hombre ha de ir en contra de su propio juicio en numerosas ocasionas para sentir que pertenece a la sociedad en la que vive. Los ricos eligen su pensamiento, pasando antes por el filtro de la censura, y los pobres se ven obligados a renunciar al suyo y acatar el modelo de razón impuesto.1
Horkheimer asocia la Razón Burguesa con la Razón Subjetiva, ya que esta no se ocupa de ser “objetivamente razonable”, y sólo le interesa serlo para el que la utiliza, pasando a ser mera Razón Instrumental.
La Razón Burguesa se autoafirma a la vez que niega y suprime al que no se somete a ella. Horkheimer no pretende decir que haya una razón universal fuera de la Razón Burguesa, tan solo afirma que hay una Razón Objetiva en el pensamiento occidental que está fuera del instrumentalismo de la Razón Burguesa, y la labor de nuestro autor es sacar a la luz los errores de este modelo de razón ya viciado desde su mismo origen.2
1 Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, afirma en Modernidad y Ambivalencia (Barcelona, Ed. Anthropos, 2005)
que el pensamiento moderno tiende a eliminar lo que no encaja dentro de las categorías que él mismo estableció.
2 El sociólogo británico Anthony Giddens afirma, en Más Allá de la Izquierda y la Derecha. El Futuro de las Políticas
Radicales (Madrid, Ed. Cátedra, 2000), que la sociedad tiene una multitud de razones, y la lógica burguesa o
instrumental es una parte más de ella. Para él, en la Modernidad, hay un aspecto ideológico, en el que está el “tradicionalismo” y el “cosmopolitismo”; el primero está asociado al conservadurismo y el segundo a la tolerancia.
A su vez Karl Mannheim afirma, en Ideología y Utopía (México, Ed. Fondo de Cultura Económica, 1987), que esta multitud de razones están presentes en el Hombre con su “pensamiento fragmentario”.
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