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Working memory in prefrontal cortex

1.3 Models of working memory in simplified neuronal networks

1.3.1 Working memory in prefrontal cortex

El nacimiento de los llamados panmovimientos es anterior al imperialismo, pero el paneslavismo, al que el bolchevismo debe mucho, y el pangermanismo, del que el nazismo también es deudor, terminaron de formarse como movimientos y llegaron a un sector más amplio de la población tras la expansión imperialista. Diferentes países de Europa central y oriental tomaron la determinación de que si no podían expandirse por ultramar lo harían a costa de otros países europeos, es lo que hoy conocemos como imperialismo continental; su cercanía territorial con las naciones a las que pretendía extenderse hacía que los métodos e instituciones de ambos -el paneslavismo y el pangermanismo- fueran iguales. Este imperialismo continental compartía con el colonial el deseo de expandirse fuera de los límites del Estado-nación, pero se diferenciaba de él por el hecho de querer unir pueblos con un origen semejante, independientemente de otros muchos factores. El concepto de raza cobró mucha fuerza en este tipo de imperialismo, llegando a convertirse en una potente arma política.

El imperialismo continental no tuvo apoyo capitalista; además pretendía romper con las ya anticuadas formas de gobierno, y lo único que tenía que ofrecer era tan sólo una ideología y un movimiento, que resultó ser muy atrayente, tanto que estos panmovimientos sobrevivieron a cambios constantes en sus programas. El populacho era el cuerpo y los intelectuales la cabeza de estos movimientos.

Entró en escena un tipo nuevo de nacionalismo tribal en Europa central y oriental, el cual afirmaba que daba igual donde se naciera realmente, siempre que las cualidades del cuerpo y del alma pertenecieran al pueblo de origen. Este tipo de nacionalismo pasó también a entrar dentro de la vida privada de cada individuo; no importaba la existencia, tradición, instituciones y cultura de un pueblo, ya que lo que interesaba a los individuos era una serie de características internas; además, se asumía la idea de que todos estaban en contra del propio pueblo, y de que no existía una humanidad común. Este nacionalismo era el resultado de combinar nacionalidad y Estado. El nacionalismo tribal era el

47 correspondiente a aquellos pueblos que no se habían emancipado nacionalmente y, por ello, no tenían una Nación-estado propio; el punto de enfoque de todos estos panmovimientos estaba en Austria-Hungría.

En los países donde ser patriota era identificado como oposición al Estado, el antisemitismo cobro más fuerza, ya que los judíos eran identificados tanto con el Estado como con los países extranjeros. El odio a los judíos resultó ser sólo una parte de las especulaciones de los panmovimientos, que fueron alejándose cada vez más de la realidad. El Estado-nación se encargaba de salvaguardar los derechos de todos los habitantes que morasen en su territorio, con independencia de su origen, por lo que los nacionalistas estaban en contra de este régimen.

Había un ambiente de desarraigo del cual nació este nacionalismo tribal y todo ello era el resultado de la convivencia en un mismo territorio de varios tipos de población. Para los panmovimientos era indiferente el que los miembros de un grupo en cuestión estuvieran dispersos por todo el mundo; lo que importaba es que perteneciesen a dicho grupo, es decir, todos los miembros de un mismo pueblo resultaban ser los “elegidos”, impregnándose así de un aura de religiosidad, algo que les vino muy bien a los movimientos totalitarios. El individuo era partícipe de ese origen divino siempre y cuando perteneciese a ese pueblo “elegido”, y perdía tal condición si cortaba sus raíces cambiándose de nacionalidad, lo que hacía que la nacionalidad del individuo se convirtiese en una cualidad permanente; además, todos los miembros del pueblo pasaban a ser iguales, es decir, sus diferencias sociales, económicas o psicológicas desaparecían; de ahí se pasó a la idea de poder aplicar las reglas del reino animal a lo político. Semejantes presupuestos alejan a los panmovimientos del liberalismo, ya que desprecian el ideal de Humanidad y la dignidad del Hombre que este implica. Es más fácil así abolir la responsabilidad ante los crímenes cometidos a través del tribalismo o el racismo. Así:

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“[…] una Administración fuertemente centralizada que monopolizara todos los instrumentos de violencia y las posibilidades del poder podría contrarrestar las fuerzas centrífugas constantemente producidas en una sociedad manejada por las clases. El nacionalismo, de esta manera, se convirtió en el precioso cemento que unía a un estado centralizado y a una sociedad atomizada, y el que realmente demostró ser la única conexión activa entre los individuos de la nación- estado”.1

Georg von Schönerer2 fue el fundador del pangermanismo, siendo apoyado

por estudiantes germano-austriacos. Fue, así mismo, el primero en darse cuenta del éxito que podría traerle elaborar un discurso antisemita. Sin embargo, el paneslavismo optó por el antisemitismo sólo a finales del siglo XIX, y esta postura cobró aún mayor importancia tras el asesinato del zar en 1881, ya que el gobierno situó la cuestión judía en el centro de atención de los problemas políticos, “[…] los judíos eran un perfecto modelo de una nación sin un estado y sin instituciones visibles”,3 por lo que ellos encontraron, en tal situación, la horma

de su zapato como pueblo elegido al no pertenecer a ninguna Nación, colocándose consecuentemente en el centro de la polémica. Esta idea de pueblo elegido recogida por los panmovimientos acabó siendo un intento de destrucción de la humanidad común.

Los panmovimientos mantenían un gran desprecio por la ley y todas sus instituciones, no cumplían con todas las fases necesarias para la toma de la ley.

“El gobierno por decreto presenta señaladas ventajas para la dominación de territorios diseminados, con poblaciones heterogéneas y para una política de opresión. Su eficiencia es superior simplemente porque ignora todas las fases intermedias entre la formulación y la aplicación y porque impide el razonamiento político del pueblo retirándole toda la información. Puede fácilmente superar la variedad de costumbres locales y no precisa apoyarse en el proceso necesariamente lento de desarrollo de la ley general. Resulta de gran ayuda en el establecimiento de una administración centralizada”.4

1Ibíd., p. 342.

2 (1842-1921) Fue un terrateniente y político austriaco. Era uno de los mayores exponentes del pangermanismo

y el nacionalismo alemán en Austria, se le considera como una de las mayores influencias que Hitler tuvo durante su juventud.

3 Ibíd., p. 353. 4 Ibíd., p. 358.

49 Los panmovimentos manifestaban, además, odio hacia todo lo occidental, lo que sirvió de base también a los totalitarismos. Estos movimientos vieron en los regímenes burocráticos una forma nueva de organización. Los movimientos totalitarios realizaron una desintegración del sistema de partidos, pero los panmovimentos fueron sus precursores en este proceso. El sistema anglosajón de partidos es bipartidista, es decir, un partido representa al Estado y gobierna el país y el otro ocupa el segundo lugar en las preferencias de voto, pasando a ser la oposición oficial al gobierno. Mientras que el sistema continental es multipartidista, es decir, cada partido es una parte del todo y hay un Estado que está por encima de los partidos. La diferencia principal entre ambos sistemas es que el anglosajón consiste en una organización política de ciudadanos que actúan de común acuerdo, y en el continental se trata de individuos particulares que aspiran a que sus intereses sean salvaguardados de la intervención de los estamentos públicos.

Por otra parte, Arendt hace una interesante distinción entre fascismo y totalitarismo; el fascismo, con su lema un “partido por encima de los partidos”, intenta que todo el pueblo sea una parte más del Estado; pretenden sus dirigentes llevar el partido al poder a través del movimiento, y el partido les sirve para impulsar el movimiento que, por su parte, no debe tener objetivos prefijados. Además, los fascistas se identifican con el ejército, al igual que lo habían hecho también con el Estado; es decir, querían un ejército y un Estado fascistas, pero en los regímenes totalitarios el ejército y el Estado pasaron a estar subordinados al movimiento. La dominación unipartidista del dictador fascista estaba para Arendt íntimamente conectada con el sistema multipartidista. Pero el nexo en común de todos estos movimientos era el odio al Estado.

“La hostilidad de los movimientos al sistema de partidos adquirió significado práctico cuando, tras la Primera Guerra Mundial, el sistema de partidos dejó de ser un instrumento útil y el sistema de clases de la sociedad europea se quebró bajo el peso de los acontecimientos. Lo que ahora surgía ya no eran simples panmovimentos, sino sus

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totalitarios sucesores, que en unos pocos años determinaron la política de todos los demás partidos hasta tal grado que estos se convirtieron o bien en antifascistas, o bien en antibolcheviques, o en ambos casos a la vez”.1

El nazismo y el bolchevismo superaron al nacionalismo tribal. La crisis del Estado-nación partió también del hecho del declive del sistema continental de partidos; el Estado-nación no supo afrontar los nuevos problemas que estaban por llegar, como en el caso de la inmigración en Francia, por ejemplo; pero no sólo era el tema de la inmigración lo que hizo tambalear los cimientos del Estado- nación, sino también la inflación y el desempleo. Todos estos factores provocaron que los movimientos fueran más fuertes que los partidos en la Europa de entreguerras. Con la subida de Hitler y Stalin al poder el sistema de partidos se quebró.

“El ‘estado totalitario’ es un estado solo en apariencia, y el movimiento ya no se identifica verdaderamente ni siquiera con las necesidades del pueblo. El movimiento, para entonces, se halla sobre el estado y sobre el pueblo, dispuesto a sacrificar a ambos en aras de la ideología”.2

Para acabar con este capítulo es interesante citar las siguientes palabras de Arendt:

“El nazismo y el bolchevismo deben más al pangermanismo y al paneslavismo (respectivamente) que a cualquier otra ideología o movimiento político y ello es más evidente en política exterior, donde las estrategias de la Alemania nazi y de la Rusia soviética han seguido tan de cerca los bien conocidos programas de conquista trazados por los panmovimientos, antes de y durante la Primera Guerra Mundial, que los objetivos totalitarios han sido a menudo confundidos con la prosecución de determinados intereses permanentes alemanes o rusos. Aunque ni Hitler ni Stalin reconocieron nunca su deuda con el imperialismo en el desarrollo de sus métodos de dominación, ninguno dudó en admitir lo que debía a la ideología de los panmovimientos o en imitar sus eslóganes”.3

1 Ibíd., p. 377.

2 Ibíd., p. 383. 3 Ibíd., p. 331.

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