2.3 IEC 61850: Standard for the Digital Substation
2.3.3 Application Protocols and Specific Communication Service Mapping
zados6 y, por otro, el de los no especializados, cuya utilidad se reduce a la fuerza corporal.) Una tercera forma de crematística, intermedia entre ésta y la prim era (ya que participa de la natural y de la de cam bio), es la que se refiere a los productos de la tierra que, sin frutos, son útiles; por ejemplo, la explotación de los bosques y toda clase de minería. Esta comprende muchas clases, pues hay muchos tipos de metales extraídos de la tierra.
Sobre cada una de estas crematísticas se ha hablado ahora en general; el estudio minucioso por partes sería útil para las diversas actividades, pero sería pesado insistir en ello.
De estas actividades, las más técnicas son aquellas en las que hay un m ínim o de azar; las más rudas son aquellas que dañan más el cuerpo, y las más innobles, las que menos necesitan de cualidades personales.
Puesto que algunos han escrito sobre estos temas, como Cares de Paros y Apolodoro de Lem nos [1259 a] sobre la labranza y las plan taciones, e igualmente otros autores sobre temas diferentes, cual quiera que esté interesado en ellos puede examinarlos en estas obras. A dem ás, también habría que reunir lo que se ha dicho esporádi camente de los medios con que algunos lograron enriquecerse, pues todas estas cosas son útiles para quienes estiman la crematística. Por ejemplo, lo que se le ocurrió a T ales de Mileto. Esto es una idea cre matística que se atribuye a él por su fama de sabio, pero que es en realidad una aplicación de un principio general.
Com o se le reprochaba por su pobreza lo inútil que era su amor a la sabiduría,cuentan que previendo, gracias a sus conocimientos de astronomía, que habría una buena cosecha de aceitunas cuando to davía era invierno, entregó fianzas con el poco dinero que tenía para arrendar todos los molinos de aceite de Mileto y de Quíos, alquilán-
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6. Es banausos cualquier artista que trabaja con el fuego (baunos, «fogón»; cf. H. Frisk, Grieschische Etymologische Wórterbuch, Heidelberg, 1960,1, pág. 218). De ahí, el vocablo pasó a designar a todos los que desempeñan oficios especializa dos.
¡M fam ilia lóy dolos por muy poco porque no tenía ningún competidor. Cuando llegó el momento oportuno, muchos los buscaban a la vez y apresu radamente, y él los realquiló en las condiciones que quiso, y, habien do reunido mucho dinero, demostró que es fácil para los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no es eso por lo que se afanan.
A sí se dice que de esta manera Tales dio pruebas de su sabiduría. Pero hay en ello, como hemos dicho, un principio general de crem a tística: asegurarse, siempre que uno pueda, el monopolio. Por eso también algunas ciudades recurren a este m edio, cuando están en apuros de dinero, y establecen un monopolio de las mercancías.
E n Sicilia, un hombre, con el dinero que se le había confiado en depósito, compró todo el hierro de las minas, y después, cuando llega ron los comerciantes de los mercados, era el único que lo vendía, sin hacer una subida excesiva del precio; pero, no obstante, sobre sus cin cuenta talentos obtuvo cien. Cuando Dionisio se enteró de esto, dio órdenes de que se llevara el dinero, pero que no permaneciera más tiempo en Siracusa, por haber descubierto una fuente de recursos perjudicial a sus intereses. Sin embargo, la idea de T ales y ésta son la misma. Am bos se las ingeniaron para hacerse con el monopolio.
Es útil también para los políticos conocer estas cosas, pues m u chas ciudades tienen necesidad de recursos financieros y de tales m e dios de procurárselos, como una casa, o más aún. Por eso algunos gobernantes dirigen su política solo hacia esas cosas.
MUJERES Y NIÑOS
Aristóteles dedica los últimos dos capítulos del L ibro I de la Política a ilus trar brevem ente cóm o debe ser el gobierno de los cabezas de fam ilia sobre su esposa y sus hijos. E l gobierno sobre la m ujer es de tipo «político», sim i lar al gobierno de la ciudad, porque se ejerce entre iguales, aunque en este no se produce la alternancia típica del gobierno político, porque, según el Estagirita, el hom bre está «más dotado para m andar» que la m ujer. En cam bio, el gobierno sobre los hijos es de tipo regio, porque se ejerce entre
Antología de texto> desiguales. Por otra parte, Aristóteles se pregunta cuál es la virtud, o extr lencia, o perfección, de los distintos componentes de la familia, y concluye que es distinta para cada uno. De este modo, establece que la virtud del es clavo es inferior a la del amo y similar a la virtud de los artesanos manuales.
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El texto que sigue procede de Política,op. cit., Libro I, caps. 12 -13, págs. 78-85.
12. L as partes de la adm inistración doméstica eran tres: una, la del dominio del amo, de la que antes se ha hablado; otra, la paterna; la tercera, la conyugal. Pues también hay que gobernar a la m ujer y a los hijos, como a seres libres en ambos casos, pero no con el mismo tipo de gobierno, [1259 b| sino a la m ujer como a un ciudadano, y a los hijos monárquicamente. E n efecto, el hombre es por naturaleza más apto para m andar que la m ujer — a no ser que se dé una situa ción antinatural— , y el de más edad y m aduro más que el más joven e inm aduro. E n la m ayoría de los regímenes de ciudadanos, alternan los gobernantes y los gobernados (pues se pretende por su naturaleza que estén en pie de igualdad y no difieran en nada). Sin embargo, cuando uno manda y otro obedece, se busca establecer una diferen cia en los atavíos, en los tratamientos y honores, como ya lo dijo A m asis en la anécdota sobre el lavapiés.7
L a relación del hombre con la m ujer es siempre de esta manera. E n cambio, la autoridad sobre los hijos es regia. Pues el que los en gendró ejerce el m ando por afecto y por su m ayor edad, lo cual es precisamente lo específico del poder real. Por eso H om ero invocó con razón a Zeus al decir:
Padre de hombres y de Dioses,8
7. Heródoto, II 172. 8. C f. Homero, litada, I 544.
Im
familia
a él que es rey de todos ellos. Pues el rey debe diferenciarse por na turaleza, aunque sea igual por su raza. Eso precisamente le ocurre al más viejo respecto del más joven, y al padre respecto del hijo.
13. A sí pues, está claro que el cuidado de la adm inistración de la casa debe atender más a los hombres que a la posesión de cosas in animadas, y a las virtudes de aquellos más que a la posesión de la llam ada riqueza, y más a las de los libres que a las de los esclavos. En prim er lugar, pues, uno podría preguntarse sobre los esclavos si existe alguna otra virtud propia del esclavo, además de las instru mentales y serviles, más valiosa que estas, como la prudencia, la for taleza, la justicia, y dem ás hábitos tales, o no tiene ninguna aparte de los servicios corporales. C on ambas respuestas se plantea una d ifi cultad. Pues si las tienen, ¿en qué se diferenciarían de los libres? Y si no las tienen, siendo hombres y participando de la razón, es absur do. Aproxim adam ente lo mismo se plantea también sobre la m ujer y sobre el niño. ¿Tienen también sus virtudes propias? ¿L a m ujer debe ser prudente, valerosa y justa? ¿ Y el niño, intemperante y tam bién prudente, o no? Y en general hay que exam inar esto respecto del que obedece por naturaleza y del que m anda, y si su virtud es una m isma o es otra diferente. Porque si ambos deben participar de la perfección hum ana,9 ¿por qué uno debe m andar siem pre y el otro obedecer? Y no es posible que la diferencia sea en el más y en el me nos, porque el obedecer y el m andar difieren específicamente, y no en el más y en el menos. Por otra parte, que uno deba participar y el otro no, parece extraño. Pues si el que manda no es prudente y justo, ¿cómo va a m andar bien? Si no lo es el que obedece, ¿cómo obede cerá bien? [1260 a] El que es intemperante y cobarde no hará nada de lo que debe. Es evidente, por consiguiente, que ambos necesaria
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9. KaX.OKáyauía, como perfección conjunta del cuerpo y el alma, es el ideal de la educación humanística griega; cf. H. I. Marrou, Storia dell’educazione greca, trad. it., Roma, 1950, págs. 72 ss. IHay trad. cast.: Historia de la educación en la
Antología de textos
mente deben participar de la virtud, pero hay diferencias en ella, como las hay también entre los que por naturaleza deben obedecer.
T am bién esta idea nos ha guiado siem pre al tratar del alm a: en ésta existe por naturaleza lo que dirige y lo dirigido. D e los cuales afirm am os que tienen una virtud diferente, com o de lo dotado de razón y de lo irracional. E s evidente, por tanto, que ocurre tam bién lo m ism o en los dem ás casos. D e modo que por naturaleza la m ayoría de las cosas tienen elementos regentes y elementos regi dos. D e diversa m anera manda el libre al esclavo, y el varón a la m ujer, y el hom bre al niño. Y en todos ellos existen las partes del alm a, pero existen de diferente m anera: el esclavo no tiene en ab soluto la facultad deliberativa; la m ujer la tiene, pero sin autori dad; y el niño la tiene, pero im perfecta. A sí pues, hay que suponer que necesariamente ocurre algo sem ejante con las virtudes m ora les: todos deben participar de ellas, pero no de la m ism a m anera, sino solo en la m edida en que es preciso a cada uno para su fun ción. Por eso el que m anda debe poseer perfecta la virtud ética (pues su función es sencillam ente la del que dirige la acción, y la razón es como el que dirige la acción); y cada uno de los dem ás, en la m edida en que le corresponde. D e modo que está claro que la virtud moral es propia de todos los que hemos dicho, pero no es la m isma la prudencia del hombre que la de la m ujer, ni tampoco la fortaleza ni la justicia, com o creía Sócrates.10 11 Sino que hay una fo r taleza para m andar y otra para servir, y lo m ism o sucede también con las dem ás virtudes.
Esto es más claro aún si lo exam inam os por partes, pues se enga ñan a sí mismos los que dicen en términos generales que la virtud es la buena disposición del alma, o la rectitud de conducta, o algo seme jante. Mucho m ejor hablan los que enumeran las virtudes, como G o rgias," que los que las definen así. Por eso se ha de creer que lo que el poeta ha dicho sobre la m ujer se puede aplicar a todos:
10. Platón, Menón, 71-73 c. 11. Platón, Menón, j i t - ji .