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5.7 Recommendations for Network and System Management

5.7.2 Limitations of NSM Solution

mundo, de su diversidad, de sus historias. Si, además, he tenido tiempo estos días para pensar un poco en los otros lejanos, en esas otras situaciones distantes, en ocasiones rotas, quizás he llegado a intuir que mi vida es como un nudo más en una red grande, una red de interrelaciones, donde fluyen las palabras, los abrazos, los bienes, la comunicación y las oportunidades.

Y si he pensado antes en metas personales, tratando de ponerle nombre y dirección a la marcha de la propia vida, es importante dar otro paso, aunque sea un poco más indefinible. Pensar en las metas-deseos que uno tiene para el mundo. Evidentemente, esto puede sonar a pretencioso o a demasiado lírico. ¿Qué voy a hacer yo? Casi, siendo un poco sarcásticos, podría convertirse en un himno a lo políticamente correcto, deseando el amor, la paz y la justicia para todos. Y, sin embargo, sigue siendo necesario aspirar a mucho. Dejar que tomen cuerpo los deseos. Fijarse alguna meta colectiva. Desear ser parte de algo mayor. Tener deseos para el mundo. Quizás esos deseos sean valores, sean derechos, sean palabras tan repetidas que suenen un poco a gastadas. Y, sin embargo, es imprescindible no perderlas de vista.

Porque, en la propia vida, como que uno ha de tener grandes horizontes (¿valores?, ¿principios?, ¿logros?...) con los que comprometerse.

Es necesario tener alguna causa con la que luchar, más allá de la propia cotidianeidad. Algo que te vincule con el mundo amplio, y a veces lejano. Algún

proyecto. Y es necesario optar por algo, pues, si no, querer todo el bien para todo el mundo termina siendo un poco como cantarle a las estrellas.

¿De qué depende el que aspires a lo que aspiras? De la educación recibida, de lo vivido, del carácter, del contexto en que te toque desenvolverte, de la propia sensibilidad para conmoverte con unas causas y no con otras...

Y así, habrá quien sufra por la discriminación de determinados grupos o géneros; quien experimente la pobreza y la desigualdad como una lacra; quien pelee por la libertad

de expresión o de pensamiento; quien sienta la solidaridad como un proyecto necesario; quien sea más sensible a los dramas de la inmigración; quien perciba la amenaza ecológica como una herida tremenda ante la que hay que hacer algo... Y al hilo de esas sensibilidades y carencias surgen muchas causas, muchas metas, muchos proyectos: pelear contra el machismo, contra la pobreza, contra el hambre, por el medio ambiente, por la integración y contra la xenofobia, por la educación para todos, por el comercio justo...

Quizá todo esto es muy genérico. Pero es necesario. Comprometerse con algo. Plantar los pies en este mundo amplio.

– Hoy es un día para pensar también en estas otras metas vitales. Las que tienen más que ver con una sensibilidad común, con proyectos colectivos, con heridas de otros.

– Es un día para preguntarte si hay algo de todo esto con lo que vibras de una manera especial.

– Y, por último, es un día para tratar de pensar si cabe, en tu vida, entender alguno de estos problemas como algo para lo que tú puedes ser especialmente sensible y a lo que puedes dedicar tus capacidades, tu tiempo, tu persona... de manera especial. – ¿Qué puedo hacer yo, en este mundo amplio, por vivir de una manera que esté

construyendo algo para el bien de todos?

Si puedo

Si puedo hacer, hoy, alguna cosa, si puedo realizar algún servicio, si puedo decir algo bien dicho, dime cómo hacerlo, Señor.

Si puedo arreglar un fallo humano, si puedo dar fuerzas a mi prójimo, si puedo alegrarlo con mi canto, dime cómo hacerlo, Señor.

Si puedo ayudar a un desgraciado, si puedo aliviar alguna carga, si puedo irradiar más alegría, dime cómo hacerlo, Señor.

26. LA VIDA COMO PEREGRINACIÓN

«Aspirad a los carismas mejores. Y ahora os indicaré un camino mucho mejor: Aunque hable todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy un metal estridente o un platillo estruendoso. Aunque posea el don de profecía y conozca todos los misterios y la ciencia, aunque tenga fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque reparta todos mis bienes y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, es amable, el amor no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado, no busca su interés, no se irrita, no apunta las ofensas, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no acabará nunca» (1 Co 12-31 – 13,8).

Q

UIZÁS estos días lo haya podido formular de modo más o menos explícito: esto del

camino es como la vida misma. Es una preciosa metáfora, porque aquí, a pequeña escala y concentrado en unos días, está todo. Hay un punto de partida y un punto de llegada (como nacer y morir). Pero se recorre en muchas y muy diferentes etapas (como pasar por tu infancia, tu adolescencia, tu juventud, tu vida adulta, la vejez...). Hay días buenos y días malos; el clima en ocasiones acompaña, y otras veces es un incordio; hay etapas más llanas, en las que el camino se hace fácil, y de vez en cuándo una cuesta que parece interminable te rompe las piernas (y la paciencia y la moral). Pero también, de vez en cuando hay un paraje magnífico, donde puedes parar y descansar, dormir una siesta o, si eres suficientemente lanzado, hasta darte un baño. Hay encuentros y desencuentros. En la convivencia hay personas con las que vas a gusto y otras a las que alguna vez querrías dejar atrás. Hay situaciones imprevistas, por más que uno quiera tenerlo todo bien atado. Hay gente muy diferente, en carácter, en manera de afrontar las cosas, en historias... Hay sufrimiento y alegría. A veces, entre los mejores recuerdos del camino estarán largos ratos de risas, de buen humor, de canción o de broma. Pero también estarán esos momentos más duros, de ampollas o desánimo, de abatimiento o tensión. Hay etapas sorprendentes por la novedad, por la belleza, por lo que vas encontrando. Pero también hay etapas en las que la rutina es la que manda. Si vas con los ojos abiertos, verás una gran diversidad de lugares, de personas, y te hablarán de la historia, de mil historias...: las de quienes construyeron las iglesias y catedrales que jalonan la ruta; las de miles de peregrinos que te han precedido; las de gentes que viven en los pueblos por los que pasas (como la vida misma, en la que vas abriendo los ojos y descubriendo lugares y gentes e intuyendo las historias que hay detrás).

– Mi vida es un camino. Es bonito verlo así. Y acaso estos días he tenido ocasión de pensar en la manera en que reacciono en las distintas circunstancias, en cómo me relaciono con las distintas personas, en hacia dónde voy... Hoy, al ir llegando al final, es ocasión de dar el salto de este camino-peregrinación actual a ese otro camino más grande que van siendo mis años. Y preguntarme: ¿en qué punto del camino estoy? ¿Cómo lo llevo? ¿Qué he aprendido hasta aquí? ¿Qué me queda por recorrer (supongo que aquí hay tanto de intuición, de deseo... y depende mucho de la edad y las circunstancias)? ¿Adónde voy y a qué?

– Saber leer mi vida como historia, y mis pasos como camino hacia algún sitio, es muy importante, porque le da sentido a lo que puedo hacer.