La influencia ejercida por Nietzsche en España en el período que estamos estudiando fue muy relevante, ya que es un hecho que las obras de este autor han enriquecido intelectualmente a varios jóvenes de la generación de 1898 y de la siguiente, como Unamuno, Maeztu, Baroja, Azorín, Ortega y Gasset83. Importa saber que Nietzsche ingresó en este país en una época de crisis histórica, que coincide culturalmente con la fecha que da nombre a esa célebre generación. En pocas palabras se puede decir que hacia 1889 la situación cultural de España se encontraba dividida en dos movimientos que, en lo esencial, representaban dos mentalidades, dos formas de mirar la realidad nacional y social. Por un lado, la España memorativa que se recordaba a sí misma, cuya conducta consistía en conservar el pasado, y por otro lado estaba la España que proyectaba, buscando ejemplos fuera y dentro de ella, y que seguía la evolución europea. La obra de Nietzsche en este país comenzó a ser leída como parte de este proceso de europeización.
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Para empezar este recorrido por la historia efectiva de la obra de Nietzsche en España, conviene recodar que fue en Barcelona el lugar donde por primera vez se habló de este autor. Este hecho ocurrió en 1893, fecha en que sólo existían en Francia dos versiones de las obras del filósofo alemán, la Cuarta intempestiva y El caso Wagner, y algunos artículos en la revista Le Banquet. Todo ello, sumado a la interpretación positiva de George Brandes, contribuyó a que el poeta Joan Maragall publicase un artículo acerca de Nietzsche en la revista L’Avenç, en febrero de 1893. Este escrito, firmado con el pseudónimo “Panphilos”, proponía una imagen positiva del filósofo alemán, en donde vinculaba su pensamiento con el modernismo literario84. También en Barcelona el positivista Pompeyo Gener publicó un volumen titulado Inducciones (1901) que recoge artículos de filosofía de diversas fechas que oscilan entre 1874 y 1900. El ensayo que aparece en penúltimo lugar del volumen citado se titula Federico Nietzsche y sus tendencias (pp. 267-325). El comentarista catalán señala como principal y discutible tendencia su aristocratismo85. Casi por las misma fecha apareció en Madrid un escrito sobre Nietzsche firmado por Ricardo Becerro de Bengoa, republicano alavés, periodista y catedrático de geografía e historia. En este artículo su autor relacionaba la doctrina del filósofo alemán con el egoísmo de Stirner. En consecuencia, las notas de Becerro se enmarcaban en una línea negativa, debido a que tildaba el pensamiento de Nietzsche como el de un “ultraegoísta”86.
Los dos ensayos sobre el filósofo alemán que más incidieron en los lectores españoles fueron, el de Max Nordau que en su libro Degeneración, traducido en 1902 por Nicolás Salmeron García en la editorial Fernando Fe, de Madrid, presentó a Nietzsche como la expresión máxima de una psicopatología sádica; y el de Henri Lichtenberger87 que expuso la filosofía de Nietzsche de forma positiva. Esta dualidad de fuentes explica los primeros juicios contradictorios del joven Pío Baroja, quien condenaba a Nietzsche poniendo de relieve su sadismo y egotismo, pero por otro lado no dejaba de mencionar las opiniones favorables de Lichtenberger acerca del filósofo alemán88.
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Cf. Joan Maragall, 1893.
85 Véase Gonzalo Sobejano, 2004, pp. 43-46. 86 Cf. Ricardo Becerro de Bengoa, 1893. 87 Véase epígrafe anterior.
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La muerte de Nietzsche el 25 de agosto de 1900 reavivó el interés por su pensamiento. Por tal motivo se publicaron en periódicos y revistas algunos escritos necrológicos, de entre los cuales cabe resaltar el del ya citado Joan Maragall. Unos cuantos años después, en 1908, ya se habían traducido al castellano la mayoría de sus obras89, su nombre venía siendo comentado en revistas y en las tribunas del Ateneo de Madrid. De los escritores y filósofos de ese momento, resaltaba el nombre de Miguel de Unamuno. La relación del pensador vasco con Nietzsche, no obstante, plantea muchos problemas para su abordaje. En primer lugar, esto se debe a que el mismo Unamuno manifestó en muchas ocasiones un continuo desapego con el filósofo. En segundo lugar, el escritor español quería hacer creer a todos que había leído mal y tarde a Nietzsche. A pesar de estas opiniones negativas, es muy fácil encontrar reflejos nietzscheanos ya en sus primeros escritos. En 1900 el escritor vasco publicó su obra Tres ensayos. El titulado ¡Adentro!, coincidía con el lema nietzscheano “llegar a ser lo que se es”. En cambio, el ensayo La ideocracia representa su crítica de la razón en nombre de la fe, y el último titulado La fe, defendía la creación y el amor90. En escritos posteriores la presencia de Nietzsche tiende a ser mucho más ambigua, mediada por el rechazo que le producen la idea del superhombre y el egoísmo aristocrático, pero sobre todo los seguidores de las ideas inmorales de Nietzsche. En su novela Amor y pedagogía de 1902 toma partido por los débiles, satiriza la pedagogía sistematizada y critica el ideal del superhombre91. En 1904 en su ensayo Intelectualidad y espiritualidad y también en su otro ensayo Los naturales y los espirituales de 1905, Unamuno se hace eco de la crítica de Nietzsche contra los filisteos de la formación (Bildungsphilister) que aparece en las Intempestivas. Sobre la base de esta división de hombres en naturales, intelectuales y espirituales formará su interpretación de Don Quijote, que publicará en un comentario sobre Cervantes, que luego dará lugar a Vida de Don Quijote y Sancho, libro que tiene muchas huellas de Nietzsche92. Por lo demás, la influencia más fecunda resalta en su importante libro Del sentimiento trágico de la vida de 191393.
Precisamente, esta experiencia unamuniana, reflejada en el citado libro, de claras resonancias nietzscheanas, fue uno de los puntos de la filosofía del pensador
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Véase el primer capítulo de este trabajo.
90 Cf. Miguel de Unamuno, 1900. 91 Cf. Miguel de Unamuno, 1999. 92 Véase G. Sobejano, 2004, pp. 293-298. 93
vasco más criticados por el otro gran filósofo español de esa época, José Ortega y Gasset. El escritor de La rebelión de las masas en los primeros años del siglo XX manifestó su interés por Nietzsche94, incorporando a su filosofía el aspecto jovial y dionisíaco, al contrario de Unamuno que se inspiró en el aspecto trágico del germano. Podríamos señalar que la influencia de Nietzsche en Ortega además de ser muy fecunda es muy extensa, pues la razón vital, el perspectivismo y el aristocratismo ético- social tienen evidentes huellas del filósofo alemán. De todo ello convendría resaltar el trasfondo nietzscheano de la “razón vital”, en la medida en que el intento de establecer una vinculación entre razón y vida fue uno de los mayores aportes de Ortega a la filosofía española del siglo veinte95.
En resumen, cabe decir que la incidencia de Nietzsche en los años indicados fue realmente muy importante para el devenir de la cultura española96. En relación a la filosofía conviene señalar que justamente los dos filósofos mas relevantes de esa época incorporaron aspectos del pensamiento de Nietzsche, y que la asimilación de su ideario dio como resultado la práctica de una filosofía más literaria, es decir, más enraizada en la dimensión poética del pensar.