3.7 Actions
4.1.3 Data Used in the Model
Uno de los temas más discutidos en los últimos tiempos por la crítica cultural, y que en efecto permite entender mejor la recepción de Nietzsche en el modernismo, es la idea de “escritor periférico” y de “culturas periféricas” en relación al primer modernismo literario139. En concreto, la idea de escritor periférico se refiere al papel de
137 Véase el primer capítulo de este trabajo. 138
En el modernismo uruguayo el único autor que leyó a Nietzsche a través de D´Annunzio fue el dramaturgo Florencio Sánchez. No obstante, esta relación no está bien documentada, sino tan sólo insinuada. Véase Eduardo Acevedo Díaz, 1935.
139 Según Sonia Mattalía, con el modernismo entra en escena un nuevo tipo de intelectual, «cuya mirada
los intelectuales de los países no desarrollados (periféricos) en su experiencia de la modernidad. Si bien cuando se habla de “modernidad periférica” casi siempre se alude a la escritora argentina Beatriz Sarlo140, lo cierto es que esta era una idea que ya estaba presente en el libro La ciudad letrada (1984)141 del escritor y crítico Ángel Rama142. Publicada de forma póstuma, esta obra tiene gran resonancia en el campo de los estudios culturales y postcoloniales143, aunque lo cierto es que en las últimas décadas no se ha tenido muy en cuenta. En este libro Ángel Rama reflexiona sobre la complicidad del hombre de letras con el poder desde la época de la Colonia hasta mediados del siglo XX en América Latina. Tomando como marco teórico Las palabras y las cosas de Foucault, Rama argumenta que ese poder se fundamenta en el ejercicio mismo de la escritura, en la medida en que ésta es vista como herramienta de poder de la administración colonial sobre poblaciones ágrafas y rurales. En apretada síntesis se puede decir que la novedad de este estudio consiste en que, si bien la ciudad letrada es la ciudad ordenada, regulada, este poder escriturario a fines del siglo XIX es esquivado por los modernistas, quienes establecen un contacto más fluido con la “ciudad real”144, ese espacio que escapa a la hermenéutica de la ciudad letrada. Los modernistas ocupan los márgenes de la ciudad letrada, oscilan entre ambas ciudades pero resisten, eso sí, al poder del letrado. Frente a ello, éstos llevan consigo los rasgos de la oralidad de esos otros lugares urbanos que, desde luego, no pueden ser totalmente normalizados por el poder de los letrados.
Los escritores periféricos intentan, por tanto, subvertir la realidad, detectando las huellas de su verdad oculta en los detalles que la verdad oficial desprende. Y para
«al tiempo que asiste y celebra el auge modernizador, atisba entre los fastos urbanos las dificultades de un desarrollo sostenido desde la periferia» (Sonia Mattalía, 1997, p. 25).
140
Véase Beatriz Sarlo, 2003.
141 Cf. Ángel Rama, 2004.
142 Ángel Rama (1926-1983) fue un destacado escritor y crítico uruguayo, miembro de la “generación
crítica del 45”. Fue también un importante teórico de la cultura latinoamericana, cuya labor repercutió en los estudios postcoloniales.
143 Cf. Beverly, John, 1999.
144 Según Adela Pineda Franco: «Es claro que ciudad real se vincula con oralidad, otro concepto
problemático en el pensamiento de Rama. Según algunos críticos, en su libro Transculturación narrativa
en América Latina (1982), Rama asocia oralidad con lo autóctono y lo endógeno de la cultura
latinoamericana; es decir, con aquellos elementos originarios que se enfrentan a culturas exógenas dado el proceso modernizador. A partir de la operación transculturadora, los elementos endógenos superarían tanto el rezago tradicional que los caracteriza, como la alienación de la aculturación exógena. Esta interpretación de la noción de transculturación en Rama es debatible, pero aun si la aceptáramos de lleno, no es posible llegar a conclusiones similares en La ciudad letrada, porque en este libro, Rama interpreta la oralidad no como una presencia originaria (en el sentido derrideano), sino como un sistema de significación histórico, en el que confluyen diversos tiempos y que está sujeto al movimiento de interminables transculturaciones» (Adela Pineda Franco, 2009).
ello el escritor modernista se sitúa no en el centro, sino en los márgenes, en las fronteras del sentido, ya que la verdad “está en la calle”. El gran reto de los modernistas consistía en encontrar un lenguaje nuevo, moderno, que fuera capaz de resolver los nuevos síntomas. Este nuevo lenguaje tendría que acercarnos nuevamente a lo real, entendiendo esto como aquello que siempre está allí, pero que siempre queda oculto en la verdad “oficial”, lo real es la “cosa horrible y obscena”, lo que permanece una vez que la fantasía se desintegra, lo Real es unheimlich. Lo real aparece entonces en el lenguaje como confusiones, misterios, enigmas, deslices y equivocaciones145.
La idea del escritor periférico como crítico de la modernidad, problematizando las convenciones sociales, las reglas, las jerarquías, en suma, haciendo frente a los problemas de la “ciudad letrada”, permite comprender mejor el influjo y la recepción de Nietzsche en los pensadores modernistas. En primer lugar, como es patente y ya se advirtió a través de Sobejano, éstos se sentirán atraídos por la exaltación dionisíaca de la vida. Además, frente a la civilización moderna, caracterizada por el dominio de la ciencia y sus efectos sobre todos los aspectos de la cultura, (piénsese en la educación científica defendida por Spencer y asumida por Varela en la reforma educativa uruguaya)146, la filosofía crítica de Nietzsche les ofrecía herramientas hermenéuticas no sólo para hacer frente a la cultura científico-economicista, sino también para repensar una nueva formación para los individuos, en suma, para pensar un nuevo concepto de cultura.
Si bien los escritores modernistas no conocieron las conferencias Sobre el
futuro de nuestras instituciones educativas, en donde se crítica el moldeo científico-
utilitario educativo y se propone una educación pensada a partir de la cultura clásica, sí fueron lectores de las Intempestivas, al menos de forma indirecta a través del estudio de Lichtenberger, en donde Nietzsche retoma su crítica sobre la Bildung que estructuraba las instituciones formativas alemanas147. Recuérdese que el filósofo alemán analizaba en Ecce homo a las Intempestivas en función de un concepto superior de cultura, en un proyecto encaminado hacia la restauración del concepto de “cultura”
145 Para un estudio psicoanalítico del modernismo véase Zavala, 2001. 146
Véase capítulo III epígrafe 2.1.1. de este trabajo.
147 Es importante señalar que el libro de Henri Lichtenberger fue fundamental para comprender las Intempestivas, debido a que, si bien la cuarta Richard Wagner en Bayreuth había sido traducida al
francés en 1877, las otras tres no fueron traducidas hasta 1907 por Henri Albert, traductor de Mercure de
(EH, 2006, p. 94). Es preciso matizar, sin embargo, que si bien los escritores modernistas fueron conscientes de la distinción de las diferentes etapas del pensamiento de Nietzsche que hizo Lichtenberger, la valoración del artista como educador la hacían, por ejemplo, tomando el conjunto de la obra del filósofo alemán. Aunque la crítica de la cultura moderna y el intento de articular un nuevo concepto de cultura permiten conectar las obras de juventud de Nietzsche con sus tesis de madurez, el tratamiento, la forma de argumentar de éste es diferente en cada etapa, como han explicado los especialistas148.
A pesar de estos matices interpretativos, habría que preguntarse, tomando como hipótesis principal de lectura la defensa de una minoría crítica, ¿en qué medida la filosofía del escritor de Zaratustra ofreció una nueva base para repensar el denotado estado cultural de esa hora?, o ¿siguieron los escritores modernistas no sólo el magnífico diagnóstico nietzscheano, sino también el objetivo de sus tesis de madurez, a saber, la “transvaloración de todos los valores”? Ante esta última pregunta, caben distintas respuestas pero, en esencia, es posible que casi ninguno de los escritores modernistas haya llegado tan lejos como aspiraba el filósofo alemán. En el capítulo
148
Es conveniente insistir sobre las diferentes etapas del pensamiento de Nietzsche para deshacer posibles malentendidos. Aunque el tema de la educación permite articular la obra de Nietzsche, ya que en conjunto aparece a lo largo de toda su producción, su forma de abordarlo es diferente en cada etapa. Por ejemplo, no es lo mismo lo que el filósofo alemán escribe en las conferencias Sobre el futuro de
nuestras instituciones educativas o en las Intempestivas sobre la formación, que lo que éste pensaba
sobre el tema en sus obras del período intermedio, en donde la admiración de la música wagneriana y la metafísica de Schopenhauer son puestas en cuestión. Asimismo, en sus obras de madurez Nietzsche crítica la utilización instrumental de la cultura (Cf. CI, 1996, “Lo que los alemanes están perdiendo”; MBM “Sección sexta: Nosotros los doctos”; Za II, Del país de la cultura), la cultura decorativa, diciendo que para exista una educación superior son precisos educadores, espíritus superiores, aristocráticos, demostrando así la persistencia de sus escritos de juventud, pero el registro, el tono que utiliza en éstas es diferente, pues podría decirse que es más radical que en las citadas conferencias y las
Intempestivas. Sin embargo, tampoco se quiere forzar una tesis estática sobre sus diferentes períodos, ya
que hay ciertos elementos, problemas y temas que permiten sostener, con los matices correspondientes, una tesis evolutiva del pensamiento de Nietzsche, tales como su crítica a la civilización moderna y la necesidad de verdaderos educadores y no doctos de Universidad (MBM, 1994, “De los prejuicios de los filósofos”). A pesar de que a lo largo de este trabajo se utilizarán nociones tales como “el primer Nietzsche” o “textos de juventud”, “obras intermedias” y “textos de madurez”, en todo caso esto no significará una interpretación estática de cada etapa, sin conexiones entre ellas. Por tanto, para interpretar el pensamiento de Nietzsche se adoptará la noción de “camino”, propuesta por Paolo D´Iorio. Según este autor: «Nous pensons que la notion de ‘chemin’, génétique, chronologique ou thématique, pourra mieux répondre à la volonté de comprendre et d´analyser une philosophie en devenir (...). La possibilité de rassembler et de disposer côte à côte les notes qui s´insèrent dans une ligne thématique déterminée favoriserait grandement l´étude philosophie de la pensée dans un ordre thématique donné une fois pour toutes, comme cela arrive souvent dans des montagnes arbitraires de notes posthumes qui (...) finissent trop souvent par passer pour de véritables œuvres de Nietzsche» (D´Iorio, 2004, pp. 35-36).
siguiente se seguirán los rastros de algunos de los problemas señalados en relación a la recepción de Nietzsche en Uruguay de principios de siglo.
Capítulo IV. Primeras referencias de Nietzsche en Uruguay, 1900-1920
El impacto nietzscheano no se limitó al reclamo del superhombre. Su voluntad de poderío, su conmovido énfasis sobre la vida, desencadenaron una difundida reacción contra el intelectualismo idealista que afirmó fervorosamente las nociones de voluntad, energía, fuerza, trabajo y salud (Carlos Real de Azúa,
Ambiente espiritual del 900, 1984, 11).
Si tuviéramos que hacer balance del desarrollo y las aportaciones expuestas en los capítulos anteriores, debería observarse, al menos, que tanto la recepción europea de Nietzsche desde 1889 hasta 1914 y la argentina desde 1900 hasta 1920, así como el marco cultural de Uruguay de esa época, el espiritualismo ecléctico francés, el positivismo evolucionista, el modernismo literario y la idea del escritor periférico, representan, hablando en términos de la teoría estética de la recepción, el horizonte de expectativas de los intelectuales uruguayos de esa hora a partir del cual será recibida y valorada la obra de Nietzsche. Por tanto, luego de haber reconstruido el marco histórico en lo que sigue se abordarán las primeras apreciaciones del filósofo alemán por parte de los integrantes de la generación del novecientos, directas e indirectas, de poetas, escritores, dramaturgos y filósofos.
Sirviéndonos del libro de Ángel Rama, La ciudad letrada, y en concreto de la idea de escritor periférico, mostraremos cómo la primera recepción de Nietzsche tuvo lugar en los márgenes, en las fronteras de la ciudad letrada, resaltando de ese modo las lecturas y las menciones sobre el filósofo en varios de los integrantes de la generación del novecientos. Para tal fin, enseñaremos las primeras traducciones de su obra que llegaron a Uruguay y las incipientes pero importantes consideraciones que se hicieron sobre su persona y su obra en las revistas de entonces. A continuación subrayaremos los estudios y la huella de Nietzsche en Víctor Pérez Petit, Roberto de las Carreras, Horacio Quiroga, Julio Herrea y Reissig, Florencio Sánchez y Delmira Agustini. Luego, en la segunda parte este trabajo, abordaremos de manera más específica y detallada las lecturas nietzscheanas más esenciales de entonces, a saber, la de José Enrique Rodó, Carlos Reyles y Carlos Vaz Ferreira.