4.6 Small Conclusion
5.1.9 XSS: Reflected XSS
Veinte años después de haber publicado Renan su Caliban, es decir, en 1898, los Estados Unidos de América intervinieron en la guerra de Cuba contra España, y sometieron a Cuba bajo su tutelaje. Este hecho dio lugar al primer destino del mito de Calibán en tierras latinoamericanas. Un claro ejemplo de cómo recibieron el hecho los intelectuales de este continente lo tenemos en un discurso pronunciado por Paul Groussac, un emigrado francés que vivía en Buenos Aires, el 2 de mayo de 1898:
He aquí, ahora que el umbral del siglo XX mira erguirse un enemigo más formidable y temible que las hordas bárbaras, a cuyo empuje sucumbió la civilización antigua. Es el yankismo democrático, ateo de todo ideal, que invade el mundo. En menos de cien años, pues tenían muy otro carácter las colonias de Nueva Inglaterra nacido y desarrolladose entre sus dos océanos, desde el círculo polar hasta el trópico, un monstruoso organismo colectivo: pueblo de aluvión, crecido artificialmente y a toda prisa con los derrames de otros pueblos, sin darse tiempo para la asimilación, y cuyo rasgo saliente y característico no es otro que el apuntado: la ausencia absoluta de todo ideal. Aquello no es una nación, aunque ostente las formas exteriores de las naciones, ni se parece a pueblo alguno de estructura compacta y homogénea, divergiendo más y más del inglés, de quien solo desciende el núcleo del Este, que está hoy diluido en la masa adventicia. Agrupamiento fortuito y colosal, lo repito, establecido
191 Sobre el pensamiento de Renan puede verse Giuliano Campioni, “Introducción” a Renan, Ernst, Scritti Filosofici, 2008, también del mismo autor: Nietzsche y el espíritu latino, 2004; Edward Said, Orientalismo, 2003; Maurice Olender, Las lenguas del Paraíso. Arios y semitas una pareja providencial, 2001.
en un semi-continente de fabulosas riquezas naturales, sin raíces históricas, sin tradiciones, sin resistencias sin temas ni obstáculos exteriores, se ha desenvuelto desmedidamente con la plena exuberancia de los organismos elementales. Y los admiradores adocenados le han admirado por su grandeza material, solo nacida de las circunstancias, o por su concepción del gobierno libre, que ha heredado de la madre patria, y solo ha modificado para malearlo. Aquel núcleo primitivo de la Nueva Inglaterra preponderó hasta mediados de este siglo, bastando para mantener ilesos en apariencia, si bien ya desmedrados, todos los órganos indispensables de la sociabilidad; así han podido los Estados Unidos aparecer a la distancia con simulacro de pensamiento propio, cuando solo reflejaban el pensamiento europeo en las producciones de sus más ilustres medianías. Pero, desde la guerra de Secesión y la brutal invasión del Oeste, se ha desprendido libremente el espíritu yanqui del cuerpo informe y “calibanesco”; y el ciego mundo ha contemplado con inquietud y terror a la novísima civilización que pretende suplantar a la nuestra, declarada caduca. Esta civilización, embrionaria e incompleta en su deformidad, quiere sustituir la razón con la fuerza, la aspiración generosa con la satisfacción egoísta, la calidad con la cantidad. Confunde el progreso histórico con el desarrollo material, cree que la democracia consiste en la igualdad de todos por la común vulgaridad, eliminando de su seno las aristocracias de la moralidad y del talento (Paul Groussac, 2001, pp. 20-21).
Al poco tiempo, este discurso, que tuvo mucho éxito en la prensa de Argentina, fue reseñado por el poeta Rubén Darío en un artículo titulado El triunfo de Calibán publicado el 20 de mayo de 1898 en El Tiempo de Buenos Aires. Como es bien sabido los modernistas latinoamericanos consagraron la cultura francesa como modelo y puente con la civilización europea. Por eso, la interpretación del poeta se encontraba muy cercana al Calibán de Renan, pues este personaje era visto ante todo como el peligro de un materialismo exacerbado. De ese modo Darío, al igual que Renan, alertaba de la amenaza del industrialismo masificador sobre los valores de la alta cultura. Por ello, Ariel, en tanto representante de la aristocracia de espíritu, debía vencer a Calibán, que era la representación de la civilización norteamericana.
No, no puedo, -escribe Darío- no quiero estar de parte de esos búfalos de dientes de plata. Son enemigos míos, son los aborrecedores de la sangre latina, son los bárbaros. Y los he visto a esos Yankees, en sus abrumadoras ciudades de hierro y piedra y las horas que entre ellos he vivido las he pasado con una vaga angustia (…). El ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y la fábrica. Comen, comen, calculan, beben whisky y hacen millones (Rubén Darío, 1898).
Como queda bien de manifiesto, en esta interpretación Darío confunde “bárbaro” con “salvaje” para referirse a Calibán. No obstante, podemos entender que para el poeta los norteamericanos y su pragmatismo representa a los nuevos “salvajes”, lo que significa una reinterpretación del mito del hombre salvaje en tierras americanas. En cambio, los latinoamericanos, herederos de la cultura latina, representan a Ariel y su espiritualismo. Rubén Darío concluye su escrito diciendo que «Miranda preferirá siempre a Ariel; Miranda es la gracia del espíritu; y todas las montañas de piedra, de hierros, de oros y de tocinos, no bastarán para que mi alma latina se prostituya a Calibán» (Rubén Darío, 1898).