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La relación entre acción y agente se remonta a los orígenes de la antigua Grecia, cuando poetas trágicos, sofistas y oradores de la época, buscaban someter la acción y su agente a un juicio moral. Aristóteles fue uno de los principales exponentes de esta postura, según la cual el agente es principio (arché) de sus acciones, pero a la vez, las acciones dependen del mismo agente que las produce: “En cuanto a lo que se hace por

temor a mayores males o por alguna causa noble, es dudoso si este acto es voluntario o involuntario. Tales acciones son, pues mixtas, pero se parecen más a las voluntarias, ya que cuando se realizan son objeto de elección, y el fin de la acción depende del

momento”29. El estagirita cree que el vínculo entre acción y agente obedece a la conjunción entre un principio genérico (arché), fuente de todo conocimiento y la acción desplegada por el agente (autos).

Después de examinar la noción de acciones voluntarias e involuntarias, el filósofo

griego analiza las “acciones forzosas”. Se pregunta: ¿No son en sentido absoluto

aquellas cuya causa es externa y el agente no participa en nada? Las acciones forzosas se ejecutan por la fuerza y contra la voluntad humana. Por sí mismas son involuntarias, pero en ciertas ocasiones, con la finalidad de evitar determinadas consecuencias, se consideran voluntarias. En este sentido, las acciones forzosas se parecen más a las

28El uso adverbial del término intención se representa bajo la expresión “X ha hecho (a)

intencionadamente”. Tratar la intención como adverbio de la acción, implica subordinarla a una mera descripción, situación que se expresaría “A tiene intención de hacer (x) en las circunstancias de Y”.

29ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, trad. castellana de Julio Pallí Bonet, Madrid, Gredos, 1985. (1110a

voluntarias que a las involuntarias, pues lo voluntario versa sobre casos particulares y su principio reside en el mismo agente que ejecuta la acción. Pese a esta descripción, Ricoeur cree que la noción de principio, por sí mismo, no es suficiente para explicar la relación entre acción y agente. Fundamenta su explicación en el siguiente postulado: Si se acepta que «principio» es un concepto común a todas las causas primeras, se puede admitir que se encuentra tanto en la física como en la ética; entonces principio sólo es devenir o movimiento. Principio es lo que los modernos llaman acontecimiento30. Y puesto que la filosofía moderna, opone la noción de acción a la de acontecimiento, el concepto de principio no basta por sí mismo para especificar el vínculo entre acción y agente.

Siguiendo con el análisis gramatical, el autor francés señala dos metáforas que muestran el carácter enigmático de la relación acción - agenteen la ética aristotélica. La primera de ellas realiza una comparación entre principio y paternidad. Ricoeur estudia el

proverbio ético según el cual “Nadie es voluntariamente malvado ni venturoso sin querer”. Aristóteles cree que esta proposición en parte es verdadera y en parte falsa, pues

tanto la virtud como el vicio están dentro del poder humano. Bajo el dominio del hombre se encuentra el hacer y el no hacer. Pero reconocer la idea común según la cual el hombre no es principio, ni generador de sus acciones, como lo es de sus hijos, implica aceptar algo falso31.

La segunda metáfora es de “carácter político”. Continúa el filósofo griego: Las virtudes y los vicios son voluntarios pues el hombre es causante de sus modos de ser. Las virtudes son términos medios y modos de ser, que por sí mismos practican las acciones que los producen. Sin embargo, las acciones no son voluntarias del mismo modo que lo son los modos de ser, pues de nuestras acciones somos dueños desde el principio hasta el fin, pero de los modos de ser sólo somos dueños del principio. Entonces, puesto que está en poder del hombre actuar de una u otra manera, los modos

30 RICOEUR, Paul, op.cit., Sí mismo, p. 79.

de ser son voluntarios32. Ricoeur cree que la intención de Aristóteles es extender la responsabilidad de los actos humanos a los modos de ser, de ahí que la responsabilidad moral lleve consigo una responsabilidad parcial.

Otro problema ético examinado por Ricoeur es la noción de deliberación en Aristóteles. La deliberación versa sobre actos que suceden con frecuencia, pero cuyo desenlace no es claro, es decir, recae sobre sucesos indeterminados. No se delibera sobre los fines, sino sobre los medios que conducen a los fines:

Pues ni el médico delibera sobre si curará, ni el orador sobre si persuadirá, ni el político sobre si legislará bien, ni ninguno de los demás sobre el fin. Y si parece que el fin puede ser

alcanzado por varios medios, examinan cuál es el más fácil y mejor33.

El hombre es principio de las acciones y la deliberación versa sobre lo que él puede hacer. El objeto de la deliberación no es el fin sino los medios que conducen al fin. Se delibera sobre lo que está en nuestro poder, es decir, sobre lo que es realizable. En este orden de ideas, tanto en las metáforas de paternidad y dominio, como en la noción de deliberación, prevalecen los postulados éticos sobre los principios físicos. Se llega así a un núcleo esencialmente humano que adscribe o atribuye la acción a un agente, pues el poder de decisión versa sobre actos humanos -no sobre actos físicos, biológicos o naturales- los cuales son susceptibles de alabanza o reprobación.

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