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Conclusions and Recommendations

A la entidad general llamada grupo o sociedad se le atribuye la memoria colectiva. Se entiende por memoria colectiva la «conciencia general» propia de toda sociedad que no retiene el pasado sino lo revive; no es una memoria artificial, es una memoria natural, inmanente a cada grupo social. La historia apoya, critica y corrige sus instituciones mediante la memoria colectiva. Reconocer que existe una memoria colectiva implica dejar de percibir la historia como «mundo histórico» o como «historia universal» y aceptar el conocimiento histórico como una realidad dotada de sentido. Ricoeur siguiendo al sociólogo francés Maurice Halbwachs considera la familia, la religión y la clase social como los marcos sociales más representativos de la memoria colectiva. La «familia» es la primera organización social reconocida por el hombre. En la familia el marco colectivo se determina siguiendo un criterio genealógico que permite la reconstrucción de la memoria familiar y la del individuo. El elemento mnemotécnico representativo es el nombre de pila, que por un lado remite a los progenitores y ascendientes del individuo y, por otro, permite crear la imagen de una persona en particular.

La «religión» es el conjunto de creencias que rinde culto a una divinidad, fomenta sentimientos y normas morales alrededor de ella. Crea en el marco de la memoria un dogma o conjunto de dogmas, que identifican al individuo con ciertos principios, diferenciándolo de la colectividad no religiosa. El dogma religioso unifica un conjunto de pensamientos, bajo la enseñanza de doctrinas y creencias fundadas en la fe y en verdades irrefutables. La «clase social» es el grupo de individuos que comparten características y costumbres comunes. Por lo general, en cada comunidad siempre ha existido un grupo social dominante que constituye el soporte de la memoria colectiva. La rivalidad entre monarquía y burguesía a lo largo de la historia es un ejemplo de ello. La familia, la religión y la clase social constituyen los referentes mnemotécnicos más significativos de la colectividad, pues para recordar el hombre necesita de otros, el hombre no recuerda sólo. Siguiendo a Ricoeur, en La memoria, la historia y el olvido,

accedemos a hechos reconstruidos para nosotros por otros distintos de nosotros”.

Ahora bien, la memoria colectiva cobra sentido partiendo de la experiencia individual, esto es, mediante el «testimonio». Testimonio es la narración que una persona hace de los hechos por ella conocidos, para dar conocimiento de los mismos a

“otros”. Desde el punto de vista jurídico, el testimonio es un medio de prueba,

consistente en el relato que un tercero hace ante el juez sobre el conocimiento de un grupo de hechos. Para la filosofía hermenéutica testimonio no es una percepción, es la narración de un acontecimiento. El testimonio lleva consigo la acción de relatar lo que se ha visto u oído; implica una relación dual entre una persona que ofrece el testimonio y otro que la recibe. El primero es el testigo, quien ha visto, escuchado o ha tenido acceso al acontecimiento; el segundo es el receptor del relato, sólo accede al hecho por la narración del testigo. El testimonio remite a la acción de la justicia para resolver la contención entre las partes. El testimonio se encuentra al servicio del juicio:

No se llama testimonio toda relación sobre un hecho, un acontecimiento, o una persona; la acción de testimoniar tiene una relación íntima con una institución: la justicia; un lugar: el tribunal; una función social: el abogado, el juez; una acción: litigar, es decir, ser demandante o

defensor de un proceso. El testimonio es una de las pruebas que la acusación o la defensa expone con el propósito de influenciar la sentencia del juez51.

El testimonio es el instrumento mediante el cual se pasa de la rememoración al reconocimiento. La declaración hecha por otros (rememoración) permite pasar de los recuerdos individuales a los recuerdos colectivos, esto es, a una memoria común que almacena y revive acontecimientos representativos para el conglomerado social. Cuando alguien recuerda, lo hace acudiendo a claves específicas propias del contexto donde nació y se desarrolló. Estas claves se transportan mediante el testimonio y su manifestación pública le recuerda a la víctima que no está sola. El testimonio conduce a

los recuerdos comunes. Luego, mientras el «testimonio» de “otros” le recuerda al

hombre que no está solo, el «recuerdo» lo obliga a luchar contra el olvido.

La memoria individual es una condición necesaria y suficiente para la rememoración y el reconocimiento del recuerdo. La memoria como capacidad se pronuncia en singular, mientras los recuerdos se expresan en plural. Para recordar, el hombre acude a diversos puntos de vista asociándolos con diferentes sucesos, no se recuerdan hechos aislados, sino acontecimientos entrelazados. Si el individuo ya no forma parte del grupo o del marco colectivo en cuya memoria se conserva el recuerdo, la memoria individual se debilita por falta de apoyos exteriores. Cuando el hombre recuerda no sólo acude a claves especificas propias de los grupos a los cuales pertenece (familia, religión, clase social) también recurre a referentes más amplios y comunes de la colectividad. El espacio, el tiempo, el lenguaje son algunos de ellos, referentes de los cuales se vale la memoria para construir el recuerdo. El «espacio» y el «tiempo»

orientan los recuerdos, distinguiéndolos de las imágenes del sueño, las cuales carecen de referencia espacio-temporal. Espacio y tiempo son construcciones sociales que unifican la sociedad. El «lenguaje» es el conjunto de convenciones adoptadas por la colectividad con las que se identifica la sociedad, el lenguaje configura la realidad social. La

51 RICOEUR, Paul, Texto, testimonio y narración. trad. castellana de Victoria Undurraga, Chile, Andrés

memoria tiene un carácter social, y por muy personal que sea, los marcos colectivos de los que ella parte, se fundan en las relaciones del individuo con la vida material y moral de la sociedad a la cual pertenece.

Reconocer que existe una memoria absolutamente individual despojada de elementos comunes resulta inaceptable. Este es precisamente el desafió propuesto por la hermenéutica contemporánea, para la cual el éxito de la memoria reside en poder expresar la conciencia del «sí» en el «otro». La adherencia del sí al otro implica reconocer que acordarse de otros, es acordarse de sí. La conciencia individual debe envejecer acompañada de la conciencia colectiva, la relación entre ellas es indivisible. Por consiguiente, memoria no es el producto de una actividad orgánica individual, memoria es la herramienta que permanece constante en el tiempo aun cuando las piezas que la conforman cambien progresivamente. La memoria configura el código genético del individuo y de la sociedad.

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