La tercera clase de exceso se da en el plano ético-político cuando conmemoración se une con rememoración. Se trata de una «memoria manipulada», fundada en una hermenéutica histórica, que va más allá de una fenomenología de la memoria o una epistemología de la historia. La interpretación de la historia no es sólo fenomenológica, como ocurre en el binomio duelo-melancolía. En estos casos el uso de la memoria exige tiempo y su tarea es asignada exclusivamente al psicoanalista. La reconciliación entre paciente y objeto abandonado es una actividad inacabada, exige que quien realice dicho proceso este dotado de virtudes casi extraordinarias. La comprensión de la historia tampoco es epistemológica, pues en este evento la memoria se limita a conocer hechos aparentemente relevantes, ubicando todos los demás en posición de subordinación. Al parecer, para entender la historia se debe acudir a una labor hermenéutica mediante la cual se interprete la realidad histórica del mundo. Se pasa así de una memoria impedida (plano patológico) a una memoria manipulada (plano histórico), hasta llegar a una memoria obligada (plano ético-político).
La memoria obligada surge como respuesta a esa obsesión conmemorativa que caracteriza el proceso histórico, acontecimientos como el bicentenario de la revolución francesa o mayo de 1968 son un ejemplo de ello. Para los franceses el acontecimiento
merece llamarse histórico porque a partir del 14 de julio de 1789 se empiezan a liquidar los restos del Sacro Imperio Romano Germánico, se fomenta la difusión de un pensamiento jurídico más liberal, se promueve la idea de una constitución escrita y se produce la declaración universal de los derechos del hombre. Entonces ¿en que momento se confunde lo histórico con lo conmemorativo? Cuando la memoria se ve forzada a recordar la historia. La memoria se convierte en guardián del pasado y sigue la máxima: “Decirte acordarás es afirmar también no olvidarás”44. La memoria se reduce a una técnica de memorización de hechos pasados en beneficio de la rememoración.
Pese al propósito de la hermenéutica por tratar de interpretar la realidad histórica, lo que ha ocurrido es una limitación de la historia a la explicación de ciertos acontecimientos. La comprensión de las disciplinas históricas fracasa cuando la historia se convierte en historiografía. En la historiografía el conocimiento histórico es «selectivo», el historiador escoge entre una infinitud de hechos pasados, los cuales desde su punto de vista señalan acontecimientos importantes o relevantes. Pero sólo en la medida que un hecho es exitoso, es susceptible de selección por el historiador. 2. En la historiografía el conocimiento histórico es «individualizante», pues los acontecimientos objeto de estudio casi siempre son valorados por su carácter particular. Sin embargo, predicar la unicidad e irrepetibilidad respecto de todo acontecimiento histórico lleva a la imposibilidad de concebir la historia como totalidad. 3. En la historiografía el conocimiento histórico no se dirige a una explicación causal, sino a una «explicación condicional», eliminando con esto la posibilidad de conocer los verdaderos motivos que originaron el acontecimiento histórico. Asumir la historiografía como historia conduce a que la memoria sea considerada como «memoria verificada», esto es, la memoria se limita exclusivamente a recuperar fragmentos de tradiciones muertas.
Ricoeur cree que el deber de la memoria consiste en someterse al imperativo de la justicia. Para lograr este objetivo se deben tener en cuenta los siguientes presupuestos: En primer lugar es necesario recordar que la «justicia» es la «mayor de todas las
virtudes», debido a su excelencia y constitución siempre se dirige hacia otro: “Es la
virtud en el más cabal sentido, porque es la práctica de la virtud perfecta, y es perfecta, porque el que la posee puede hacer uso de la virtud con los otros y no sólo consigo
mismo”45. La justicia es la única de las virtudes que se refiere al bien ajeno, pues mediante ella se hace lo conveniente para otros. Así como la justicia es parte de la virtud, la injusticia es parte del vicio, y quién practica el vicio es considerado injusto. Frente a cada acción injusta se predica una forma de vicio, al adulterio corresponde la licencia, abandonar a un compañero en batalla la cobardía, golpear a alguien sin justificación la ira. El mejor hombre no es el que usa la virtud para con él mismo, sino para con los demás y es precisamente aquí donde reside la tarea de la memoria, pues el deber de la memoria consiste en hacer justicia mediante el recuerdo con otro distinto de mí46. En segundo lugar no se debe confundir el concepto de «deuda» con el de «culpabilidad». Deuda es la obligación contraída con un tercero y se entiende cumplida una vez es satisfecha. Desde el punto de vista histórico, la deuda es inseparable de la herencia. La herencia es el conjunto de derechos y obligaciones transmitidos por la historia y a los cuales el hombre no puede renunciar. El deber de la memoria no se limita a conservar la huella de acontecimientos pasados, sino que fomenta el recuerdo respecto a otros que más tarde no estarán. La culpabilidad, comprendida como responsabilidad, es el resultado de una operación mental donde intervienen las esferas volitiva, intelectiva y afectiva de la personalidad. Debido al principio de culpabilidad se puede reprochar determinada conducta a un individuo.
Luego, la obligación que tiene el hombre con la historia y por ende con la memoria es una deuda, entendiendo por deuda una obligación con el pasado, no una relación de culpabilidad. En tercer lugar se debe tener en cuenta la «prioridad moral» que corresponde a las «víctimas».Víctima es aquel que no está dentro de mi discurso sino fuera de él. El derecho internacional humanitario se refiere a dos clases de víctimas: 1. Los combatientes que por herida, enfermedad, naufragio, quedan fuera de combate y en
45 Cfr. ARISTÓTELES, Ética, op.cit., (1130a). 46 RICOEUR, Paul, La memoria,op.cit., p. 120.
tal situación no se pueden defender ni atacar. 2. La población civil que no toma parte de las hostilidades. La reparación de las víctimas puede hacerse de manera individual o colectiva, la primera se refiere a situaciones donde el resarcimiento del daño obedece a eventos de carácter particular, la segunda busca restablecer el orden público y la armonía social dentro del Estado. Reparar es indemnizar el daño material y moral ocasionado por el sujeto activo de un hecho punible. En consecuencia, los abusos en el manejo de la justicia producen memorias incrédulas, memorias heridas, memorias olvidadas, que hacen del proceso de recordación un ejercicio nulo, carente de objetividad y consumido por el dolor, la memoria ha pasado de ser usada a ser abusada.