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CHAPTER 3: ARTIFICIAL INTELLIGENCE AND SOFT COMPUTING

3.3 Artificial neural networks

Fadah Aghala fue detenida desaparecida durante seis meses, a partir del 16 de octubre

de 1992 cuando tenía apenas dieciséis años, tras participar en una manifestación pacífica

con motivo del primer aniversario de la MINURSO en El Aaiún y para mostrar la oposi- ción a la celebración de las elecciones marroquíes en territorio saharaui. La manifestación fue convocada por grupos clandestinos que pertenecían al Frente POLISARIO. La deten- ción de Fadah y otras personas notuvo lugar en la manifestación sino posteriormente en sus casas, de madrugada.

Fue un grupo de la policía que se llama Dirección de Seguridad Territorial (DST). A mí me arrestaron a las 6h de la mañana, soy la última en esta noche. Llegaron a casa, tocaron la puerta de manera muy fuerte. Sabía que era la policía, no quería abrir la puerta no era porque tenía miedo sino que no quería que me detuvieran delante de mi madre. Me quedé en mi habitación, mi madre abrió, le dijeron: “¿Fadah está en casa?”. Dijeron que solo iban a hacer unas preguntas. Me co- gieron y me metieron en un coche de policía y en el interior había siete jóvenes, tres chicas y cuatro chicos. Desde el primer minuto en el coche comenzó la tortura hasta el PCCMI, un cuartel secreto. Fadah Aghala.

Los muchachos detenidos fueron Dahi Mohamed Salem, Lefires Mustafa, Afudach Ab- dati, Elwarwar Muhamed, y las chicas Bushola Ezahra, Adi Maimuna, Brixin Jamila, varios de ellos menores de edad. Durante su detención Fadah permaneció en una celda sin puertas con otras tres muchachas, con los ojos vendados, sobre el suelo y aisladas en las esquinas durante una semana. Al día siguiente de su captura fue sacada de la celda para interrogatorios donde fue objeto de torturas.

La primera pregunta que me hace es: “¿Quién era el señor del coche que ha dado banderas y gasolina?. Yo respondí que no sabía nada de esto. Luego me golpeó mucho sin parar, sobre todo el cuerpo, la cabeza, la espalda, el más fuerte fue el golpe detrás de la cabeza. Me gritó mucho. La parte donde me golpeó comenzó a

inflamarse. Cada vez que decía que no sabía nada, me golpeaba. Después de que

termina el interrogatorio, tras una media hora, me devolvió a la habitación con las chicas. Allí pasé una semana. A veces me preguntaban el nombre de mi padre, de mi madre, si tenía familiares en los campamentos, si tenía relaciones con el Frente POLISARIO o si tenía familiares en el Frente. Fadah Aghala.

Una semana después fueron llevadas a la misma celda una mujer adulta y otra joven, Sukeina Yed Ahlu Sid y Kalthoum Luanat. Desde el primer hasta el último día de captura Fadah y las otras mujeres detenidas estuvieron en la celda, sentadas contra la pared, las manos detrás de la espalda, a veces con mantas y otras sin ellas, sometidas de forma ar- bitraria a golpes y amenazas por sucesivos turnos de policías que custodiaban el PCCMI.

Escribieron una declaración y fueron fichadas por la policía. En numerosas ocasiones

Esto le ocurrió a una de las chicas que estuvo conmigo, antes de que viniera. No hubo una violación, pero hubo agresiones sexuales. Si uno de los guardias agre- día de manera sexual nosotras no le dejábamos, gritábamos y lo empujábamos. Entonces éste nos golpeaba y cuando le preguntaban por qué nos torturaba él decía que nos queríamos quitar las vendas. Al menos eran dos los que hacían eso. Fadah Aghala.

Durante los seis meses que Fadah estuvo detenida, dos muchachos fueron torturados y posteriormente desaparecidos en el PCCMI Said El Kairawani y El Koteb El Hafed48.

Ni la familia de Fadah ni de los otros detenidos sabían donde se encontraban. Los dete- nidos permanecieron con la misma ropa durante cuatro meses sin poder ducharse o tener mínimas condiciones de higiene. La familia fue informada de su captura el día antes de su liberación el 10 de abril de 1993. Debido a que Fadah era menor de edad, su familia vino

a firmar los papeles en el momento de su liberación.

Fadah tuvo graves problemas de salud como consecuencia de los golpes que recibió, especialmente una tumoración en la parte inferior de la nuca. Tuvo que ser operada ocho años después, y muestra secuelas como pérdida de fuerza y parestesias en una mano y dolor de espalda crónico. También tiene problemas de vista desde entonces como conse- cuencia de haber estado con los ojos vendados durante seis meses. Algunos de los respon- sables de su captura son conocidos, y uno de ellos vivía en su misma calle.

El verdugo está conmigo en la misma calle, con este verdugo en libertad no puedo acudir a un juez para decirle que esta persona está en la calle. Mi salud no es

buena desde que salí de esta cárcel o lugar secreto, me refiero a la operación, y

con la venda he perdido mucha vista. Sé del grupo que participó en la desapari- ción, conozco el nombre de tres. El primero se llama El Arbi Hariz, el segundo

se llama Brahim Bensami y el tercero se llama Ettaifi. Este está en El Aaiún, el primero está en Dajla y el segundo en Casablanca. Son miembros de la Policía Judicial. Fadah Aghala.

Los casos de niñez desaparecida u objeto de detenciones arbitrarias han generado también un enorme impacto en las familias. La madre de Fadah enfermó y tuvo que ser hospita- lizada y su hermano dejó de estudiar para poder hacer frente a la situación creada con la detención.

48 Said El Kairawani que en las listas publicadas por el Consejo Consultivo de Derechos Humanos aparece bajo el nombre El Kairaoun Said Mohamed Ahmed. Se menciona que fue detenido por la policía en El Aaiún, el 18 de octubre de 1992, fue secuestrado en el cuartel de las fuerzas de intervención rápida de El Aaiún, donde se degradó su salud, por lo que fue llevado al hospital donde falleció en noviembre de 1992. El Koteb El Hafed aparece en la lista de la IER bajo el nombre El Kotb El Hafed uld Yadih Ahmed Salek; en la misma lista se dice que fue detenido por la policía en El Aaiún, el 7 de noviembre de 1992, fue secuestrado en el cuartel de las fuerzas de intervención rápida, en El Aaiún. Después de la degradación de su estado de salud, fue desplazado al hospital donde falleció. No se precisa la fecha.

Desapareciendo oportunidades de estudio

A partir de su liberación, Fadah quiso retomar sus estudios, a pesar del miedo que aún sentía y las secuelas físicas de la tortura. Pero la complicidad de diversas autoridades conllevó en la práctica su expulsión de la escuela, y la pérdida de sus oportunidades de estudio y desarrollo profesional.

Después de volver quería ir al colegio pero la dirección de la escuela no me dejó, cuando pregunté por qué, me dijeron que tenía que ver con la delegación del Ministerio de Educación. Allí me dijeron que no era su ámbito, me enviaron al gobierno de la provincia y cuando fui a este lugar me dijeron que ellos eran del Ministerio del Interior y que no tenían relaciones con el de Educación. Fui a tres

direcciones, al final me quedé sin nada. En este momento sé que ya no puedo ir

más a la escuela. Quería integrarme en la sociedad pero no tenía medios para ir a colegios privados. Intenté conseguir un diploma de informática y otros, pero es- tos diplomas no sirven de nada si no tienes un diploma escolar. Cuando buscaba un trabajo me decían que no tenía diploma escolar. Fadah Aghala.

Cuando Fadah se dirigió de nuevo a la dirección de la escuela para pedir un certifica- do de escolaridad se encontró con que tenía notas puestas en la época en que estuvo desaparecida y que su registro escolar estaba alterado con suspensos a exámenes o materias a las que no pudo siquiera presentarse.

Fui a la escuela donde estudié para conseguir un certificado de escolaridad y pedí

al director mi dossier, me sorprendí porque obtuve las notas del 1993 en la época que estuve desaparecida. Cogí copias de las notas, sé que el que metió las notas no es un miembro de la escuela, porque me dieron notas de algo que no existe, me

dan notas de 2 sobre 20, la más alta es 4 sobre 20, cosa que no se da en la escuela.

Alguien en el Ministerio de Educación es cómplice con la policía. Fadah Aghala. El caso de Fadah no es el único. Otros muchos niños y niñas saharauis que han sido de- tenidos y sufrido agresiones y torturas, han perdido después las oportunidades de estudio

y han quedado en la cuneta de su propio desarrollo y formación. En ello han influido las dificultades de una escuela que les niega como personas, que en algunos casos ha sido

parte del sistema de exclusión o escenario de acciones de violencia y detenciones, y el impacto psicológico que supone para los niños y niñas la vivencia de violaciones de de-

rechos humanos como la detención arbitraria o la tortura. El siguiente caso se refiere a

Mariam Lahmadi quien estuvo detenida-desaparecida durante casi ocho meses en 1993. Mariam perdió sus oportunidades de desarrollo, condiciones de salud y estudio de las que son responsables las autoridades marroquíes.

El año después, en otoño, cuando quise volver a la escuela, no pude durante dos

o tres meses. Cuando quise ir necesité un certificado médico para justificar esos

no pude continuar con el instituto. Lo abandoné, como consecuencia de esto, a causa del padecimiento y la afectación por la desaparición de mi hermana. Ma- riam Lahmadi.