CHAPTER 4: ARTICLE 1 ESTIMATING OXYGEN CONSUMPTION FROM
4.5 Discussion
Si bien desde 2005 la movilización saharaui ha ido superando el miedo a la represión que atenazaba a la gente durante treinta años de ocupación, el temor por las consecuencias en los hijos sigue estando presente especialmente entre quienes tienen un papel de liderazgo o mayor protagonismo social.
Claro que tengo miedo por mis hijos y en ocasiones deseo no haberlos tenido para que no sufran ningún tipo de tortura o humillación, ni sufran por mí. Sé que han sufrido mucho por mí en cada detención, en cada día que me torturan o al verme enferma. Dahba Elyamaii.
Este temor no es infundado. Proviene de las experiencias que durante décadas los saha-
rauis han sufrido y de los nuevos incidentes, detenciones o conflictos que tratan de cerrar
el espacio para las organizaciones de derechos humanos o el apoyo internacional con que cuentan. Las visitas de observadores de derechos humanos, periodistas o diputados en otros casos, a las casas de defensores en diferentes momentos han estado teñidas de situaciones de tensión orientadas a tratar de disminuir este apoyo.
A veces la policía viene a mi casa. Por ejemplo, cuando Aminatou estaba en huelga de hambre, una diputada llegó a El Aaiún para sostener a sus niños y verlos. Vino a mi casa. Las autoridades montaron un lío diciendo que Rosa quería llevarse a los hijos de Aminatou y avisaron a la madre de ésta que se puso furiosa. Lo que preten- dían era montar un lío entre saharauis y españoles. En diez minutos llegaron unos treinta coches de la policía y me pidieron que echara a la extranjera de mi casa; le pidieron que se fuera al hotel. A mis hijos siempre les causan sufrimiento. Siempre tienen miedo cuando salgo y piensan que me van a arrestar. El Ghalia Djimi. Las sucesivas situaciones de control, allanamientos o amenazas a defensores tienen tam- bién un impacto en sus hijos menores, aunque estas se hayan ido integrando en algo que forma ya un modo de vida.
El 6 de septiembre de 2007, la policía entró en mi casa buscando banderas. Yo no
estaba solo, estaban mi mujer y mis tres hijos. Desde ese año tengo más vigilancia. Para ellos fueron momentos horribles. Primero, en el tiempo de la Intifada todo el mundo participaba, se acostumbra uno a estas cosas. Ahora no tienen miedo de que yo esté detenido, secuestrado o torturado, eso es una cosa normal para ellos. También mi casa está abierta todo el día para los militantes que entran y salen, para los que están heridos que vienen a casa para cuidarles; viven día a día con los observadores y con los militantes, con esto ya están integrados. Hassena Duihi.
Sin embargo, para otras defensoras, el cambio que se ha dado en la población saharaui desde la llamada Intifada de 2005 también ha generado un cambio hacia mayor activismo y movilización. El mantenimiento de las condiciones de militarización y vigilancia, o la continua presión a que son sometidos numerosos saharauis más activos políticamente tiene efectos ambivalentes. Por una parte, produce más miedo entre los niños y jóvenes. Pero, por otra, también una visión de que la represión forma parte de sus vidas, y un me- nor temor a sus consecuencias.
Ellos son los primeros que cantan, no entienden los lemas pero ellos los cantan. Cuando ven la televisión saharaui me preguntan por todo. Yaddassi Mohameddou. La actitud pedagógica de numerosos defensores y líderes saharauis respecto a la dife- rencia entre el Estado y la población marroquí es parte también de su contribución a un desarrollo personal de sus hijos más acorde con su propio proyecto de vida, a la vez que a la convivencia en el Sahara Occidental, a pesar de las condiciones de violencia que sigue sufriendo una parte muy importante de la población saharaui.
En las generaciones, después de 2005 ha habido un cambio. Porque ahora mismo
mis niños pequeños hablan de cosas de las que yo intento no hablar, por ejemplo: ¿Qué son estos marroquíes? No les aman, no. Y, yo les digo: “Tenemos un pro- blema con el Estado marroquí, no con los marroquíes que son pueblo”, pero los pequeños solo tienen la imagen de la tortura que han visto y de la sangre. Por eso, cuando hablo y lo cuento, esta época es muy mala para Marruecos. Sobre todo por los jóvenes. Malak Khekh Ameidan.
Sin embargo, el papel de las nuevas generaciones también es fuente de preocupación entre los defensores de derechos humanos. Los niños y niñas saharauis han venido creciendo durante generaciones entre la represión y el miedo, con el conocimiento de la existencia de desaparecidos y centros clandestinos. Teniendo la experiencia directa de numerosos familiares o amigos que han sufrido detenciones arbitrarias y torturas. Creciendo en un país dividido y sin oportunidades para ellos. En la última década también viendo cómo la respuesta no violenta que ha sido masivamente seguida por la población saharaui en sus acciones de oposición a la ocupación marroquí y a favor de la realización del referén- dum de autodeterminación tantas veces negado, se encuentra con la misma respuesta de negación de sus derechos o la represión violenta de sus manifestaciones, como la última
referencia simbólica del campamento de Gdeim Izik. Las preocupaciones que manifiesta
en el siguiente testimonio Aminatou Haidar muestran el impacto de la violencia en las nuevas generaciones, y señalan la responsabilidad internacional en la evolución de la
situación y el futuro de la infancia y del pueblo saharaui en que sus hijos tengan al fin un
futuro diferente en libertad.
Tenemos la preocupación de que nuestra resistencia pacífica va a fracasar por-
que esta nueva generación, la de los hijos, ya no cree en la resistencia pacífica.
Están ejerciendo presión sobre nosotros diciendo que la resistencia sin violencia no va lleva a nada. Estamos dedicando mucho tiempo para que siga siendo la
resistencia pacífica, pero ¿hasta cuándo? Por ejemplo, a mi hijo siempre le estoy
enseñando que nosotros no tenemos nada en contra de los marroquíes como pue- blo, que tenemos problemas contra el régimen, no contra el pueblo. Yo saludo a la policía que me ha torturado. Hay una justicia internacional que estamos buscan-
do, pero él dice que nadie nos escucha. Es hijo de dos desaparecidos. En el 2005, que él tenía nueve años, estaba esperando un regalo de mí para fin de curso, pero se lo pasó llorando porque me detuvieron. Ese es un caso que refleja el caso de
todos los niños. Esta es una preocupación como activistas. Estamos reivindicando que la MINURSO amplíe sus competencias para proteger, vigilar y controlar el respeto de los derechos humanos de nuestros hijos que son nuestro futuro y para prevenir una resistencia violenta. Aminatou Haidar.
Las violaciones de derechos humanos contra la infancia: responsabilidades del Estado de Marruecos
De acuerdo con el Derecho Internacional, se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad. Los niños y niñas son titulares de todos los de- rechos, libertades y garantías que le corresponden por su calidad de ser humano, incluidos aquellos que por su condición peculiar y la necesidad de atender a sus requerimientos -en razón de la gran importancia que tiene esta etapa en la vida
humana- han dado origen a la conceptualización de los derechos específicos. Así
los Estados, más allá de las obligaciones internacionales que asumen hacia el con- junto de las personas que se encuentran bajo su jurisdicción, tienen obligaciones
específicas hacia los niños y las niñas y una responsabilidad agravada por las vio- laciones cometidas en su contra.
• En un contexto de conflicto armado no internacional, el niño goza de las
garantías fundamentales y de la protección general otorgada en favor de las personas que no participan, o han dejado de hacerlo, directamente de las hos- tilidades, tal como se encuentra estipulado en el artículo tercero de los cuatro Convenios de Ginebra de 1949.
• El 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de Naciones Unidas me- diante resolución 1386 (XIV) adoptó la Declaración de los Derechos del Niño.
• El 14 de diciembre de 1974 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó mediante resolución 3318 (XXIX) la Declaración sobre la Protección de la
Mujer y el Niño en Estados de emergencia o de conflicto armado.
• Son aplicables las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para la adminis- tración de la justicia de menores de 1985 (adoptadas por la Asamblea General mediante resolución 40/33 del 28 de noviembre de 1985)
• Reglas de las Naciones Unidas para la protección de los menores privados de libertad (adoptadas por la Asamblea General mediante resolución 45/113 del
14 de diciembre de 1990), las cuales establecen en detalle las obligaciones de los Estados.
• El instrumento jurídico internacional de naturaleza vinculante que detalla cabalmente las obligaciones de los Estados hacia los niños y las niñas, es la
Convención sobre los Derechos del Niño (1989). Marruecos ha ratificado
este tratado el 21 de junio de 1993.49 Sin embargo, el Estado había firmado
el tratado el 26 de enero de 1990, lo cual significa que, desde esa fecha, se
había comprometido a abstenerse de actos en virtud de los cuales se frustren
el objeto y el fin del tratado.
49 El 22 de mayo de 2002 Marruecos ratificó el Protocolo Facultativo a la Convención relativo a la participa-
La razón como base de la resistencia 183
La convicción de la legitimidad 183
La dimensión colectiva del sufrimiento 186
Resistencia en los centros clandestinos de detención 189
La comunicación entre la precariedad y la creatividad 190
Escuela de estudio y formación 192
Estar al día 193
Relación con los captores 194
Buscando las formas de salir 197
Organizando la vida en cautiverio 198
El tiempo propio contra el otro tiempo 202
Literatura oral, juego y celebración 203
Teatro en un centro clandestino 204
Religión como resistencia y sentido 205
Afrontando el exilio en los campamentos 208
Entre la adversidad del desierto y el olvido 209
El papel de la ayuda mutua 213
Huelgas de hambre en la cárcel 215
En los centros clandestinos 215
En las cárceles 218
Búsqueda de los desaparecidos 221
La búsqueda entre el miedo 221
La defensa de los derechos humanos 226
Los nuevos caminos para la esperanza 226
Movilización social y superación del aislamiento 234
La lucha contra la impunidad 237
Resistimos para ser un ejemplo para nuestros hijos, resistimos para que ellos no lo vivan, y si les toca vivirlo que resistan. Seguimos así, cada generación lo pasa a la siguiente, hasta que venga una generación que viva en paz. Bazeid Salek. En este capítulo se recoge la experiencia de resistencia y las formas de afrontamiento de las víctimas de violaciones de derechos humanos saharauis. ¿Cómo sobrevivieron en los centros clandestinos de detención? ¿Qué han hecho los familiares para la búsqueda de los desapareci- dos? ¿O para adaptarse a las condiciones del refugio? ¿Cuál es la base para dar sentido a sus experiencias de tanto sufrimiento y horror? ¿Cuáles son sus esperanzas y aprendizajes? Entendemos por afrontamiento la manera en cómo las personas hacen frente tanto a las causas como a las consecuencias de la violaciones de derechos humanos y hechos trau- máticos. Es decir, las formas de reaccionar, de dar sentido, de adaptarse a situaciones
estresantes o desafiantes como la represión o la tortura; el manejo de las reacciones emo- cionales, el impacto del dolor o las injusticias sufridas. Las víctimas entrevistadas no son pasivas, han hecho muchas cosas para tratar de enfrentar la violencia, proteger su identidad o manejar las consecuencias emocionales y sociales de las violaciones. Dichas formas de resistencia incluyen también aprendizajes y desafíos para el futuro.
Aprendimos varias lecciones, como por ejemplo la diferencia de mentalidades; la
barbaridad que puede hacer el ser humano; qué significa la dignidad de la perso- na. Entendí también que los regímenes son los responsables, alejan a los pueblos y crean problemas que no son ciertos, ni tienen por qué. A pesar de la crueldad que hemos vivido no tenemos rencor, ni siquiera deseamos la venganza, pero nunca vamos a olvidar eso. Mohamed Fadel Masaaud Boujemaa Fraites.
Dicha convicción es parte de lo que ha ido transmitiéndose en estos treinta y siete años
de conflicto entre las al menos tres generaciones que han vivido la ocupación y el exilio.