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CHAPTER 1: INTRODUCTION

1.5 Research methods

Muchos niños y niñas fueron detenidos en los centros clandestinos, sufriendo el mismo trato que sus familiares entre 1975 y 1991. La mayor parte de estas detenciones de niños y niñas nunca han sido reconocidas por el régimen marroquí. Los listados de la IER contie- nen los casos de diecinueve menores de edad (cuatro niñas y quince niños) desaparecidos

que refiere que murieron en dichos centros, pero ningún listado oficial ni reconocimiento

se ha dado a las decenas o centenares de niños que fueron ilegalmente detenidos en condi- ciones deplorables y sufriendo malos tratos y torturas. Muchas veces dichas acciones eran parte de operativos para detener desaparecer a alguno de sus padres, como en el siguiente caso de Smara, o para interrogarlos buscando información.

A menudo venían de noche y se llevaban a hombres, mujeres e incluso a niños. Se llevaron a dos, a mi hijo y sobrino. Secuestraron primero a los niños que tenían cuatro y cinco años. Se llama Buchama y el sobrino Hamudi. Una semana antes a mi marido lo secuestraron junto con los niños, lo interrogaron y lo devolvieron,

pero se quedaron con los niños tres noches. Los soltaron y dos días después re- gresaron, pero esta vez solo se llevaron a mi marido. A los niños les preguntaban dónde estaba el POLISARIO, pero ellos no sabían nada. Los amenazaban con ametralladoras pidiendo información. Neitu Sidahmed.

En este caso, en unas instalaciones que operaban como centro clandestino en Lemsayed, una mujer con sus hijos permaneció detenida durante semanas, donde fueron objeto de malos tratos y testigos de torturas, mientras otro niño fue asesinado y desaparecido45.

Se levantó, se sentó, vimos que en su parte trasera le habían quitado un trozo de carne, trajeron un camión para llevarnos. Las mujeres, niños y hombres, estaban atados y les tiraban al camión. La mujer tenía cuatro hijos y dos chicas. Uno era un poquito mayor. Mustafa Ahmed Baba.

Al niño le llevaron para morir en la otra fosa, porque a la gente que mandan allí es para morir. El Batal Lehbib.

El jeep del terror

Al día siguiente de la detención de mi padre, el 16 de marzo de 1976, me llevaron a mí que tenía once años para interrogarme. Como a mi padre se le acusaba de posesión de armas, comenzaron a preguntarme acerca de una pistola, me pidie- ron que se la diera aunque yo no tenía ninguna pistola. Me mantuvieron detenido durante cuarenta y ocho horas, permanentemente esposado y amenazándome con un perro de la policía. El lugar donde me tuvieron era un campamento militar que tenían las fuerzas auxiliares del ejército, a las afueras de Smara. Testigos de mi detención fueron mi madre y el tío de mi madre, antiguo jefe tribal, actualmente fallecido. Nadie más pudo presenciar mi detención porque cuando la gente veía entrar el “jeep del terror”, conocido por este nombre entre la población, todo el mundo se escondía en sus casas, pues la gente lo relacionaba con todas las bar- baridades que habían visto hacer cuando la Marcha Verde entró en Smara. Said Elhufud Hama Embarek.

Las detenciones de menores de edad fueron muy frecuentes en el caso del Sáhara Occi- dental. Los niños y niñas fueron detenidos con sus familiares, la mayor parte de las veces con sus madres, pero en otras con varios miembros de sus familias.

Fui detenida en Lebuerat en la casa de mi familia el día 3 de abril de 1979 por las fuerzas militares y especialmente por Limami y Zalmat unos días antes fue 45 Hamdi Brahim Salem Moulay El Hanani (Hamdi Brahim-Salem Mulay), nacido en 1961 en Tan Tan, dete-

nido en enero de 1976 en Ydeiria, según AFAPREDESA. Sin embargo, el Consejo Consultivo de Derechos Humanos señala que fue detenido el 12 de junio de 1975, fue detenido en el cuartel militar de El Msayed cerca de Tan Tan donde fue secuestrado y falleció a causa de las condiciones.

detenida mi hermana mayor, concretamente el 1 de abril de 1979. Me pregunto: “¿Cuál puede ser la relación que puede tener una chica de catorce años, menor e ignorante con la política?” Me enviaron un señor de la asamblea general para

acompañarme hacía la oficina de la gendarmería, donde nos interrogaron y des- pués nos llevaron a un cuartel militar donde nos sometieron a la tortura por medio de descargas eléctricas. Estaban conmigo mi hermana Jadiyetu, Monina Abada- lahi Hseina, Azeiza Mannu Deilal, Rahma Deilal, Fuetma Abadelfatah, Fatma Mayara y su hermana la difunta Jweidej, Sluh Mannu, Salek Mannu, Embarek Yusef, Mohamed Barkan, el difunto Mohamed Chej, Mohamed Salem Bujari. Éra- mos doce personas. Minetu Mohamed Hseina Mansur.

Muchos niños y niñas fueron detenidos desaparecidos entre unas semanas y dos años; otros estuvieron en centros clandestinos hasta quince años, y varios de ellos permanecen aún desaparecidos 37 años después.

El 14 de agosto de 1981 he sido por primera vez víctima de una operación de secuestro y detención política. Era menor y tenía solamente dieciséis años. Me secuestraron junto a un grupo de jóvenes saharauis, dentro de los cuales cinco eran menores, de mi edad más o menos. Eran Laadeili y Omar Bumrah que eran hermanos, Yarba Eslamu, Mohamed Benu y Erih Enaymi. Los demás eran jóvenes mayores de edad. Mahjub Awlad Cheij.

Incluso niños de muy corta edad, como en este caso, que aún se encuentran desaparecidos. La niña tenía dos años cuando entró a la cárcel con su madre que estaba em- barazada y dio la luz en la cárcel. El niño murió a los cuarenta y dos días de su nacimiento. Durante dos años y ocho meses, la niña estuvo con ella, mi madre estuvo con ella pero luego la apartaron. Tenían dos sobrinos que desaparecie- ron en aquel entonces, no sabemos donde están hasta este momento. Uno tenía cuatro años y el otro seis, fueron detenidos con la familia. Su madre no fue detenida. Cuando les llevaron a Goulimim les separaron del resto de la familia, y desde entonces no se sabe nada de ellos. Uno se llama Abderrahman Bara de seis años y el otro Mohamed Bara de cuatro años. Su padre se llama Bara Salma Ahmed Lehsen.A las dos mujeres y sus hijos los liberaron después de dos años y medio. Elghali Ahmed Lehsen46.

En los años 1976/77 numerosos niños fueron detenidos en las campañas de detenciones masivas llevadas a cabo por el ejército y las fuerzas de seguridad marroquíes. Muchos otros detenidos fueron testigos de su detención y las condiciones en que se encontraban. Algunos de ellos fueron llevados a los centros clandestinos de detención que operaban 46 Ambos niños se encuentran en la lista de las personas fallecidas en los centros de detención publicada por el Consejo Consultivo de Derechos Humanos: Bara Uld Salma Abderrahman fue detenido en octubre de 1975 y falleció en el cuartel de las fuerzas auxiliares de Teglit cerca de Goulimin sin fecha precisa. Los mismos hechos se mencionan en el caso de Mohamed Barra uld Salma.

como centros de torturas y exterminio en esa época, como el PCCMI, Derb Moulay Ché- rif o Agdez, donde más detenidos murieron como consecuencia del hambre, enfermeda- des y malos tratos.

Yo tenía dieciséis años y he sido detenido en marzo. Entonces nos han llevado a todos a la misma cárcel con otros familiares. De allí me han traslado a Casa- blanca a Derb Moulay Chérif, una cárcel clandestina donde he pasado tres meses y medio con los ojos vendados y las manos esposadas y vestido de un uniforme militar lleno de pulgas.... Mohamed Fadel Leili.

Los niños detenidos desaparecidos sufrieron el mismo trato que el resto de los detenidos. Y en muchos casos fueron testigos de las torturas de sus padres detenidos con ellos.

Al día siguiente a las 8h me llevaron otra vez a la comisaría de Agadir y allí me he encontrado con el grupo grande, el sufrimiento fue enorme, porque había mujeres con sus hijos. Siempre recordaré que había una mujer colgada y le han puesto electricidad en los pechos y su hijo estaba cerca, un niño muy pequeño. No conozco la mujer, pero un anciano que se llama El Habib Ould Ahmed Lassan estaba también. Los estaban torturando, su barba era blanca y tenía una venda en los ojos. El Batal Hama.

Fui detenido el 15 de enero de 1976, al mediodía. Nos llevaron de aquí al centro de Marruecos, no sabíamos dónde estábamos. Éramos un grupo. En esa época desaparecían gente de día y especialmente de noche. Entre la madrugada había un grupo conmigo de entre cien y ciento cincuenta personas, estaba aislado. Ha- bía hombres, mujeres y niños. Baschir Azman Hussein.

Era 1993. Cuando nos metieron adentro, nos pusieron en fila y empezaron a

abofetearnos uno tras otro, se oía sat sat sat, hemos pasado toda la noche de pie, frente a la pared, con las manos esposadas y los ojos vendados, recibiendo bofetadas y palizas. No entendía nada en estos momentos, había gritos de hom- bres, mujeres, niños y ancianos, todos llorando. No veía nada, ni sabía quien es- taba…En las torturas, éramos todos iguales, por ejemplo la bofetada la recibe la mujer igual que el hombre, igual que el niño. Nos torturaban todos iguales. Bazeid Salek.

La propia lista de desaparecidos considerados fallecidos en el listado del Consejo Con- sultivo de Derechos Humanos señala la muerte de diecinueve infantes. Ello supone que probablemente un grupo de al menos varias decenas de niños estuvieron desaparecidos en esos años y cientos fueron detenidos en operativos masivos en esa época. Es probable que algunos de estos niños murieran como consecuencia de la desnutrición o la deprivación y enfermedades, en medio de enormes sufrimientos, pero otros murieron directamente por la violencia de la tortura.

Venían unos y me preguntaban ¿Sabes dónde estás ahora? Yo decía que no. Éra- mos catorce personas, entre ellos un niño que tenía doce años con el nombre de Tangi Abdelmagid… Durante tres meses nos torturaron. En las noches cuando todo mundo estaba dormido venían de repente a torturarnos. No importaba que estuvieras herido o colgado, venían y te comenzaban a torturar. El niño se quedó con nosotros hasta 1991. Naama Eluali.

El siguiente testimonio de un ex detenido desaparecido en 1980 señala el dolor de la tor- tura delante de niños a su vez detenidos en el cuartel de Dajla47, y de cómo estos fueron a

su vez torturados en dichas instalaciones. Algunos niños menores de doce años estuvieron una semana detenidos, mientras que los niños de catorce a dieciséis años estuvieron seis meses en dicho centro clandestino.

El día 14 fueron detenidas alrededor de sesenta personas. Desde los primeros momentos escuché muchos gritos y pude distinguir entre quienes estaban siendo torturados, si eran mujeres, viejos o niños. En ese momento no supe que eran se- senta sino hasta que fui liberado en 1991. Lo que más me torturó psíquicamente fue escuchar los gritos de niños, mujeres y viejos. En el momento, cuando me sa- caron de la casa antes de llegar al cuartel, hemos pasado a otra casa de donde la policía detuvo a un niño de entre diez y doce años. En los primeros días de tortura cogieron al niño con otros cuatro y los metieron donde yo estaba, los guardias comenzaron a pegarles en la cabeza y a abofetearlos. Pero lo que más me dolió es que los niños me vieron desnudo y que esa tortura la fueran a sufrir ellos. El abuelo de uno de ellos, se llama Ould Berhi Ahmed. Los más pequeños pedían ir con sus madres. Brahim Sabbar.

Según los testimonios de distintos detenidos de esa época, los niños estuvieron detenidos largos periodos de tiempo. En algunos casos las madres con los que estaban fueron libe- radas al cabo de unos meses o un año, en otros fueron liberados dos o más años después de sus capturas.

En enero de 1978 salí de ahí. Me trasladaron al cuartel de la policía de la 1ª. Compañía de España que ahora es el cuartel de la Gendarmería de El Aaiún. Allí estuve durante seis meses. Había mucha gente presa, mujeres, niños, jóvenes. Unas ciento dieciocho personas estaban ahí detenidas. Mohamed Daddach. 47 Según los testigos consultados, estos son los nombres de los menores de entre ocho y doce años, que fueron

liberados después de ser detenidos una semana o más: Sidahmed Sidi Salem, Elatu Hamudi Bennu, Efdili Burhi Ahmed Lebrahum, Elmahyub Beida Awlad Chej (fue detenido de nuevo y llevado a prisión después de los últimos hechos de Dajla en 2011). Listado de los menores (entre catorce y dieciséis años) que pasaron seis meses detenidos desaparecidos y después fueron liberados: Ahmed Eduwa Ekmach, Itawalemru Eble- yel, Muhamed Muhamed Elkawri Chej Taher. Estos niños, como otros muchos que permanecieron deteni-

dos semanas o meses, no aparecen en ningún listado oficial de detenidos desaparecidos durante su tiempo

de captura. Según declara Brahim Sabbar, los nombres de algunos de los responsables de la detención y

tortura fueron: el comisario Muhamed Bechri, Dwaib Abdelhamid (oficial principal), Yousef Rachid (ofi-

cial), Ali Lehena (inspector principal), Hafid Alhaarbi (inspector principal), Mustafa Elyakidi (inspector), Aldelatif Takafi (agente de policía) y Bakar Salama (sub oficial).

Niñas desaparecidas y muerte en centros clandestinos

Mamia y Fatma Salek, de catorce y diecisiete años respectivamente, fueron detenidas en Tarfaya en 1976 por fuerzas policiales y de inteligencia marroquí (DST). Su padre Salek Abdessamed fue detenido primero y después lo fueron su madre y las dos hijas. Eran familiares de Mohamed Salem, ministro de asuntos exteriores de la RASD.

Aterrorizadas y con vendas en los ojos, fuimos conducidas hasta la comisaría central de policía en la ciudad marroquí de Agadir en donde fuimos sometidas a interrogatorios y torturas de forma continuada. Junto a mi madre y mi hermana nos torturaron física y psicológicamente, despojadas de nuestras ropas y sin reci- bir alimento alguno. Pudimos percibir que nuestro padre también se encontraba allí, porque reconocimos su voz, junto a otros hombres y mujeres saharauis que rezaban y demandaban auxilio, entre quejidos, pidiendo que se les dejara ir al aseo. Mamia Salek Abdessamed.

Las niñas sufrieron aislamiento, fueron despojadas de sus ropas y golpeadas, estando con los ojos vendados y esposadas durante el tiempo de interrogatorios en Agadir. El 15 de abril, fueron trasladadas a la cárcel de Adgez junto a otros detenidos, donde permanecieron encarceladas durante cinco años sometidas a todo tipo de malos tra- tos, golpes, falta de alimentos y de higiene. Las niñas fueron también testigos de la tortura a su madre con la que estaban detenidas.

Mi madre se puso como loca de verme a mí allí, se sintió muy mal al verme en- carcelada con ella. Yo era una niña, tenía catorce años. Después de estar un mes más allí se quedó un poco anormal, como que no estaba en este mundo. Aunque le sonreía para demostrarle que estaba bien, ella no reaccionaba hasta un largo tiempo después. Mamia Salek Abdessamed.

Su madre, Batul Sidi, murió el día 17 de junio de 1977 a consecuencia de las torturas sufridas y las duras condiciones del encarcelamiento, sin recibir auxilio, ni tratamien- to alguno, permaneciendo su cuerpo toda la noche en la celda con ellas.

Cada quien piensa que igual es el siguiente que va a morir. No podíamos hacer nada, todo lo más a veces guardar un poco de agua para darle. Todo está cerra- do en la celda. No teníamos ni luz ni velas. Cuando ella murió le acariciamos la mano y llamamos a la puerta. Nos dijo el guardia que hasta que no hubiese muerto que no llamáramos. Yo lloraba, gritaba, pero no se podía tocar la puerta hasta morir, no se puede morir así… Fatma Salek Abdessamed.

En octubre de 1980, Mamia y Fatma Salek fueron trasladadas junto con el resto de los presos y presas a Kalaat M’gouna. El 27 de mayo de 1983 en Kalaat M’gouna murió también su padre Salek Abdessamed, debido al maltrato y enfermedades sin ser aten- dido. Fueron liberadas en junio de 1991 con el resto de los detenidos saharauis que habían sobrevivido a los centros clandestinos de detención.

Pero entonces nos dimos cuenta de que era una cárcel más grande. Te dicen que sales de la cárcel pero psicológicamente es más difícil porque no estás en la cárcel, pero estás en otra cárcel. La calle estaba llena de policías. Mamia Salek. Después de salir de la prisión sufrieron numerosas amenazas, lo que les llevó a huir en patera a pesar de que no sabían nadar. Huyeron con un grupo de trece personas llegando a las costas de Canarias después de dos días de viaje. No habían avisado a su familia de que huían, pero habían dejado un mensaje que resume su dolor y su esperanza: “aquí no se pue- de vivir; si se puede vivir, será en España”. El 21 de diciembre de 2000 se les concedió el asilo político. Presentaron su testimonio, el 31 de junio de 2008, ante la Audiencia Nacional por la demanda de genocidio contra las autoridades militares y policiales de Marruecos.

Cruzar el muro

Como forma de protección frente a ataques del Frente POLISARIO, en 1982 el régimen de Marruecos construyó un muro de más de 2.720 kilómetros de norte a sur del Sáhara Occi-

dental. Dicho muro ha seguido existiendo y divide el territorio saharaui después de la firma

del alto el fuego en 1991. Sin embargo, el muro ya no tiene una función para la guerra. En la actualidad tiene la función de controlar el territorio bajo dominio marroquí y después de esa fecha ha sido lugar de heridos por minas, detenciones arbitrarias y hasta desapariciones forza- das. Muchos de estos casos han involucrado a niños y niñas, menores de edad que trataban de huir del control militar o policial y de la falta de oportunidades del Sáhara Occidental.

El 19 de febrero de 1989 una vez más, me secuestraron en la ciudad marroquí de Ouajda, precisamente en la frontera marroquí-argelina. En aquel momento yo era funcionario en la ciudad marroquí de Fez, junto a un grupo de jóvenes saharauis que Marruecos deportó al interior de Marruecos bajo el pretexto de ofrecerles empleo, conocido como los “cachorros” de Hasan II. Este secuestro fue tras mi intento de escapar hacia el Frente POLISARIO, a través de una zona que se llama Elouad Elwaar. Me detuvieron las Fuerzas Auxiliares, que me entregaron a las Fuerzas Armadas. Pasé quince días en un cuartel militar en la ciudad de Ouajda y luego me entregaron a la D.S.T., que me interrogaron y de allí me llevaron a una de las comisarías de Oujda junto a los presos comunes, criminales, asesinos,

traficantes de drogas. Mahjub Awlad Cheij. Los cachorros de Hassan

En 1988 el rey Hassan II decidió que todos los jóvenes saharauis tenían que conse- guir un trabajo; por eso, toda una generación está perdida. Dejaron las universida- des, los colegios y se fueron a trabajar de funcionarios, dispersados a otras ciudades marroquíes. Decimos a la fuerza porque nos decían: tienes que trabajar sino tendrás el destino de los otros y nadie quiere tener ese destino. Recuerdo que un amigo en la facultad no quería ir, pero la policía vino a decirle que tenía que ir al trabajo.

Éramos más de siete mil jóvenes a quienes se nos denominó los “pequeños leo- nes de Hassan”. Yo fui uno de ellos. Trabajé de funcionario en el ministerio de

Educación en la ciudad de Guilmin, al sur de Marruecos, a finales de octubre de

1988. En diciembre de 1989, a todos estos jóvenes nos agruparon en Rabat con el ministro del Interior, Driss Basri y con Omar Hadrami, Jalihanna weld Rachid