Chapter 4: Methods and Materials
6.8 Atlantic Cod Discussion
Aunque, como decimos, la argumentación de Grodzinsky resulta clara, falla, a nuestro entender, en el nivel de los presupuestos asumidos. Nos vamos a detener aquí en dos de ellos, que condicionan de forma muy básica el tipo de conclusiones del modelo:
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1. Los déficits referidos para el afásico no se observan también en sujetos normales para determinadas condiciones experimentales.
2. El s ber heurís ico o es r égico ge er l se po e e m rch ‘por defec o’ de u s ber lingüístico específico de naturaleza formal.
Sobre el primero de los presupuestos referidos, diremos que estudios como los de Dick y otros 2001 han mostrado experimentalmente que una sintomatología parecida a la del afásico en tareas de comprensión sintáctica puede ser inducida en sujetos normales sometidos a condiciones de «stress psicobiológico», por ejemplo, en un procesamiento de la señal lingüística sometida a condiciones de ruido ambiental o con modificaciones acústicas artificiales que la degradan. Al no existir en este caso daño neurológico, un parecido déficit de comprensión solo puede explicarse a partir de causas genéricas o, al menos, no propiamente específicas del procesamiento sintáctico. Lo esperable es entender que son limitaciones de la memoria de trabajo o de la actividad atencional las que causan el déficit de comprensión, en particular para las oraciones (2), anteriormente consignadas. Existiendo, así pues, una sintomatología parecida derivada de daño neurológico en afásicos y de causa genérica en normales, cabe al menos plantearse la hipótesis de que el daño neurológico afecte justamente también a estas causas genéricas, lo que explicaría un déficit de comprensión en los afásicos similar al de sujetos normales en las condiciones experimentales referidas.
Hay una razón adicional para pensar que este último sea justamente el caso. Grodzinsky, y la tradición que representa, nos plantea, en realidad, un caso de disociación cognitiva simple, y no de doble disociación. Contamos con dos tipos genéricos de tarea, A y B. Llamemos A a la tarea de comprensión asociada a modelos oracionales (1), y B a la tarea de comprensión asociada a modelos oracionales (2). Pues bien, lo que las pruebas experimentales probarían es que, tras daño neurológico, la tarea B resulta inaccesible, mientras la tarea A se preserva. Para asegurar finalmente la especificidad cognitiva de la tarea B, se requeriría, sin embargo, probar también que otro tipo de daño neurológico hiciera inaccesible la tarea A, preservándose, de manera inversa, la tarea B. Pero es obvio que carece de sentido plantear una situación en la que se preservara, por ejemplo, la comprensión de oraciones pasivas, con pérdida de capacidad de comprensión para las oraciones activas correspondientes.
Yendo ahora al segundo de los presupuestos que sometemos a crítica, nada impediría considerar que el sujeto normal resolviera también la asignación temática de las oraciones de tipo (1) por procedimientos heurísticos, dado que el procesamiento de las mismas no parece requerir la puesta en juego del saber lingüístico específico. Por simples razones de economía el hablante normal haría uso de este último tipo de saber tan solo cuando es estrictamente requerido, esto es, para el procesamiento de oraciones (2). Pero en este caso lo correcto –y contradictorio- serí pe s r que es u s ber li güís ico específico el que se po e e juego ‘por defec o’ (‘i suficie ci ’) de u s ber heurís ico o es r égico e el uso del le gu je.
Lo fundamental, sin embargo, no es que nos pronunciemos sobre la alternativa que acabamos de plantear: si es el saber heurístico genérico o el lingüístico específico el que se manifiesta por defecto. El tema es si esta dicotomía, tal como se plantea, puede realmente mantenerse. Merece la pena someter a consideración el hecho de que el saber lingüístico específico, tal como Grodzinsky lo plantea, se manifieste de manera crucial y discriminatoria con productos raramente documentables en la práctica oral del lenguaje, o claramente dependientes de una técnica de la escritura. Sucedería, dicho a la inversa, que este tipo de saber lingüístico resulta tanto menos relevante cuanto más representativo de lo oral es un producto sintáctico. Pero diremos que, en general, resulta tanto menos relevante cuanto más canónica y frecuente resulta ser una construcción sintáctica. Si pensamos con Haiman 1985 en términos de naturalidad, sucedería entonces que cuanto más natural (o menos marcada) es una construcción sintáctica, menos relevante resulta ser el saber lingüístico para el procesamiento de la misma.
Lo que conviene aquí plantear es si el saber heurístico o estratégico, que permite el procesamiento de expresiones canónicas, manifiesta, como tal, propiedades de un saber lingüístico o resulta, de hecho, caracterizable como saber lingüístico. A favor de esto último se
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pronuncia Piñango 2000, p.48 en su valoración crítica de la propuesta de Grodzinsky. Su reflexión sobre el tema merece ser citada por extenso:
The notion that canonicity in syntactic representation, not syntactic displacement, is central to the problem of Broc ’s comprehe sio is, of course, o ew. I c be fou d hroughou he li er ure in different guises (e.g. Caplan y Futter 1986; Caramazza y Zurif 1976; Grodzinsky (this issue); Hagiwara y Caplan 1990; Linebarger y otros 1983). However those proposals differ from the present instantiation of that insight, in that they consistently attribute sensitivity to canonical order to a heuristic, and in doing so, they fail to see the import that such regularity has for the linguistic system. That is, they fail to see that rather than being just a reflection of extra-linguistic k owledge, se si ivi y o c o ic l order of hem ic roles by Broc ’s p ie s is reflec io of preserved linguistic construct.
Pensamos que esta consideración de Piñango es fundamental para entender el alcance y significado del tipo de datos manejados muy comúnmente en la evaluación de las afasias. Parece claro que una teoría de la sintaxis, o del saber en el que se fundamenta la técnica sintáctica, debe tomar a las expresio es ‘c ó ic s’ como obje o ce r l de reflexió , como u punto de anclaje imprescindible y no, a la inversa, esto es, como aquellas expresiones para cuya comprensión (o producción) un saber lingüístico específico resultaría prescindible. El error de partida que lleva a la inconsecuencia de defender esto último, deriva del supuesto que identifica sintaxis con procedimiento formal digitalizado, y no reconoce suficientemente el papel construccional, por otra parte también formal, que desempeñan procedimientos analógicos como orden de palabras y gestualidad fónica (Veyrat 2001, Hernández Sacristán 2006). En último término, es nuevamente el sesgo escriturario en la aproximación al lenguaje (Fernández Pérez 2006) el que condiciona –y distorsiona- nuestra visión de los hechos.
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