Advanced tubulin inhibitors Duocarmycins
3.6. DNA Damage and Replication Response
3.6.1. ATR – Key Kinase in Replication Stress Response
Uno de los problemas fundamentales en el estudio de las representaciones zoomorfas de la gráfica rupestre precolombina de las Antillas es la selección correcta de los candidatos faunísticos a estar representados, sin ignorar el registro paleontológico del área. Después de ser evaluados por el modelo matemático de similitud, algunos de los diseños estudiados parecen no corresponderse con la representación de un cánido; por ello otro candidato para responder al significante de muchos de los cuadrúpedos terrestres de nuestra área geográfica, tendría que ser buscado dentro de la fauna autóctona de las Antillas.
La mayoría de los investigadores concuerdan en que los aborígenes antillanos casi no introdujeron vertebrados exóticos y es el perro (Canis lupus familiares) el único hasta hoy bien documentado (Ver Tabla No. 1). Cronológicamente desde el 7000 AP se podría comenzar a considerar, en cierto grado, el inicio de la relación entre las comunidades aborígenes establecidas y la fauna de nuestra región e inicialmente pueden ser considerados los órdenes Pilosa, Soricomorpha y Rodentia.
Debemos tener presente que el candidato para ser asociado a los diseños que nos ocupan debe cumplir varios requisitos como: ser un vertebrado terrestre cuadrúpedo, de talla mediana a grande, con extremidades relativamente grandes y robustas y tener orejas y hocico prominentes; en este sentido consideremos que los órdenes Rodentia -el
mejor representado en el registro paleontológico del área- y Soricomorpha no se ajustan
a los rasgos morfológicos estudiados, quedando entonces como posibles candidatos los grandes mamíferos del orden Pilosa: Megalocnus rodens, Parocnus browni, Acratocnus
antillensis, Neocnus major y Neocnus gliriformis.
Como bien señala Díaz-Franco (2004:1187) el análisis crítico de la literatura, en muchos casos, no permite visualizar con claridad la asociación estratigráfica entre los elementos que componen los niveles de ocupación aborigen y el registro paleontológico, debido a evidentes problemas en el reconocimiento de los agentes causales de formación (antrópicos y naturales) de los diferentes depósitos. Básicamente, aceptar la convivencia de ambos y admitir que éstos formaran parte de su psicología y mitología y
quedaran plasmados en la gráfica rupestre, está en dependencia de la fuente de información utilizada, unas favorecidas por los fechados colagénicos -obtenidos de
forma directa o indirecta sobre la fauna- y otra cuestionada por los radiocarbónicos - obtenidos de cenizas de diversos sitios arqueológicos y material óseo de perezosos- (Díaz-Franco, 2004:1189).
En este sentido, el primer punto a discutir, es la coincidencia espacio-temporal
(convivencia) para luego pasar a la reconstrucción histórica de su papel en la vida
cotidiana de los aborígenes de las Antillas; aproximarse a esta definición es de suma importancia ya que la falta de coincidencia espacial y temporal (donde la segunda no
condiciona la primera) pudiera eliminar la posibilidad de considerarlos como candidatos
del modelo de las representaciones de cuadrúpedos “indeterminados” o, reafirmarlo. Es llamativo el hecho que de la fauna extinta de perezosos sólo el Megalocnus rodens aparece en circunstancias que hacen inferir su convivencia con las comunidades precolombinas -al menos en el ámbito cubano ha sido descrito en más de una ocasión
compartiendo espacio con evidencias arqueológicas- (Izquierdo, G., Sanpedro, R. & R. Villavicencio, 2003); pero también debemos admitir que es indudable que sus
características de locomoción con lentitud de movimientos en contraposición a otros miembros del Pillosa lo convertían en un individuo mucho mas accesible al hombre.
De los únicos 13 fechados C14 AMS disponibles del orden Pilosa correspondientes al Holoceno y no al Pleistoceno, en el registro paleontológico de las Antillas, ocho pertenecen a Cuba y Haití; según Steadman et. al. (2005) los más significativos son:
Megalocnus rodens Cueva Beruvides, Cuba. 6,330 ± 50 a. AP
Parocnus brownii Las Breas de San Felipe, Cuba
4,960 ± 280 a. AP
Neocnus comes Trouing Ismays. Haití 4,391 ± 42 a. AP
Neocnus comes Trouing Deron, Haití 4,486 ± 39 a. AP
Neocnus comes Trouing Attie, Haití 6,161± 45 a. AP
Neocnus comes Trouing Jeremie, Haití 6,875 ± 47 a. AP
De ser admitida la interacción de Megalocnus rodens, Parocnus brownii y Neocnus
comes con los amerindios según los fechados, la presencia de éstos como
donde estos taxones serían los de más tardía extinción para los perezosos, lo cual ya fue propuesto para el Megalocnus rodens por otros investigadores (MacPhee et al. 1999
y Díaz-Franco, 2004); entonces es posible aceptar, al menos en principio, a algunos
miembros del orden Pilosa como candidatos a modelo para algunas de las grafías que hemos estado estudiando. Sin embargo hay que decir que la mayoría de las estaciones rupestres estudiadas en este trabajo se han asociado a los grupos agricultores de las Antillas (De Boyre 1955; Oliver 1998 y Pagan 1978), lo que introduce un modelo difícil de reconciliar con los datos anteriores, pues los fechados mas tempranos con que se cuentan en la actualidad para comunidades Saladoides (agricultores tempranos) no superan los 2700 a AP, como son los casos de Sorce, Vieques, Puerto Rico, con una antigüedad de 2590 + 90 a AP; Fond Brule, Martinica, con 2480 + 140 a AP; Trants, Monserrate, con 2430 + 80 a AP; Hope Estate, San Martín, de 2510 + 40 a AP y Tecla, Guayanilla, Puerto Rico, donde se han obtenido fechados de 2380+-80 BP a AP.
Esta cronología para los agricultores tempranos de la Antillas posee una implicación importante pues, si estos son los autores de las grafías estudiadas, entonces hay que recordar que en la actualidad las investigaciones más recientes no ubican a ningún miembro del orden Pilosa dentro de las taxas con fechados de extinción menores a los 1500 a AP (MacPhee y Flemming 1999); para este techo cronológico sólo han sido considerados miembros de la fauna pleistocénica como: Boromys offella, Nesophontes
micrus y Geocapromys columbianus (MacPhee y Flemming 1999), que por demás,
ninguno cumple con las características morfológicas que lo incluya como modelo del registro rupestre analizado. Es sumamente difícil admitir entonces, que en épocas tan tardías existieran aún ejemplares vivos del orden Pilosa, pues el piso de los fechados radiocarbónicos conocido para el Neocnus comes en Trouing Ismays, Haití, es como vimos de 4,391 ± 42 a. AP, además de cómo bien plantea Díaz-Franco (2004: 1191) hasta hoy las evidencias presentadas de la posible interacción entre los perezosos antillanos y los amerindios no son concluyentes, y necesitan de mayor y mejor documentación.
Por todo lo anteriormente expuesto, consideramos que en la fauna de las Antillas no existe otro candidato que no sea el perro (Canis lupus familiares), para ser admitido como modelo de las representaciones estudiadas por las numerosas evidencias
arqueológicas (Tabla No. 1) e históricas (crónicas de Indias), como un importante protagonista en la vida de los grupos humanos que poblaron las islas antes de la llegada de los europeos.
EL PAPEL MITOLOGICO DEL PERRO EN LA COSMOVISION DE LOS ABORIGENES