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El concepto de productividad ha sido ampliamente desarrollado por distintos autores (Céspedes et al., 2016; Syverson, 2011; OECD, 2001; Solow, 1957). Existen muchas defi niciones de productividad; aquí se la entiende como una medida de la efi ciencia en el uso de los factores en el proceso productivo (Céspedes et al., 201653). La relación

entre la productividad de las empresas y el empleo decente se sustenta en que las empresas menos productivas son menos capaces de absorber fuerza laboral y de ofrecer condiciones salariales (y otros benefi cios) decentes. De la misma manera, el acceso al empleo en empresas más productivas es heterogéneo entre sectores, tamaño de empresa y regiones. Y el Perú es un país con heterogeneidad estructural severa: en términos de productividad, las diferencias entre sus estratos son marcadas y son los sectores de mínima productividad los que concentran la mayor parte de población empleada (Pérez Rivera & Rodríguez Ochoa, 2014). Como consecuencia, los países que poseen heterogeneidad estructural severa presentan bajos niveles de PBI per cápita y de productividad; en ellos la situación del empleo es débil y se agravan los problemas de desigualdad de ingreso y pobreza (Infante, 2009). Este último autor explica que, a mayor heterogeneidad, mayor parte de las ocupadas y ocupados pertenecerán al estrato que menos aporta al producto, en tanto el estrato alto, que contribuye signifi cativamente al producto, cuenta con una fracción reducida de trabajadoras y trabajadores.

Antes de seguir con el análisis de la productividad, se debe tener en cuenta que los cálculos sobre ella solo pueden ser obtenidos para empresas formales. De acuerdo con la literatura que se presenta a continuación, los estudios de productividad se concentran en el sector de empresas formales registradas en la SUNAT (formalidad tributaria), debido a la disponibilidad de información producida por encuestas como la Encuesta Nacional de Empresas o la Encuesta Económica Anual. Por ello, medir la productividad de empresas informales no será posible directamente. La alternativa para aproximarnos a ella es mediante la estimación del ingreso que perciben sus trabajadores y trabajadoras. Con tal fi n, a partir de datos de la ENAHO 2018 se estimó el porcentaje de trabajadores y trabajadoras que declaran que su empresa se encuentra registrada en la SUNAT. Como se puede apreciar en el siguiente gráfi co, el 64% de la PEA ocupada declara que el negocio o empresa en el que labora (ocupación principal) no se encuentra registrado en la SUNAT.

53 En cuanto a su medición, Céspedes et al. (2016) presentan las dos metodologías tradicionales para medir productividad. Si una economía produce con un único factor —el trabajo, por ejemplo—, la productividad puede entenderse como la cantidad de producto por unidad de trabajo (productividad laboral). Cuando la economía considera más de un factor productivo, se utiliza un indicador denominado productividad total de factores (PTF), término que hace referencia a la capacidad de los factores para producir bienes y servicios de manera conjunta. Por la simplicidad de su cálculo, la productividad laboral se ha convertido en uno de los principales indicadores de la productividad en las últimas décadas, aunque debe interpretarse como un indicador de productividad parcial.

Gráfi co 43. Porcentaje de trabajadores según condición de registro del negocio o empresa donde trabaja registrado en SUNAT, 2018





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Fuente: ENAHO 2018.

Se estimó el nivel de ingresos de las y los trabajadores y se comparó el promedio de estos entre aquellos que laboran en empresas registradas en la SUNAT y los que no. Así mismo, se calculó el porcentaje de trabajadores y trabajadoras que ganan igual o más que una RMV. Los resultados muestran que, en promedio, las y los trabajadores de empresas formales ganan 170% más que los de empresas informales. En soles, esto implica que un trabajador informal, en promedio, gana S/692, y uno formal, S/1868. Si se establece la diferencia por tamaño de empresa, se observa que las mayores brechas son aquellas entre las y los trabajadores de empresas de un trabajador y las de dos a diez. Del mismo modo, se puede apreciar que hay una diferencia de 47 puntos porcentuales entre el porcentaje de trabajadores y trabajadoras que ganan tanto o más que una RMV a favor de las y los trabajadores de empresas formales. Mientras que en el caso de los informales solo el 27 % gana más de una RMV, en las empresas formales esta cifra alcanza el 74 %. En este sentido, existe una brecha salarial entre las y los trabajadores informales y los formales, a favor de estos últimos. Como se indicó al principio, se utilizan los ingresos de las y los trabajadores en empresas informales como una manera de aproximar la productividad general de estas empresas; del mismo modo, no será posible hacer análisis más detallados de su productividad, ya que los registros o información de estas es inexistente, dada precisamente su condición de informalidad. Puesto en evidencia este punto, toca ahora mostrar las brechas existentes entre las propias empresas formales.

Gráfi co 44. Diferencias en los ingresos entre trabajadores y trabajadoras de empresas/negocios formales e informales (registrados en SUNAT), 2018

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El Perú presenta importantes brechas de productividad por tamaño de empresa formal. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Empresa 2017, el valor agregado por trabajadora o trabajador en la gran empresa es más de seis veces el de las microempresas. Esto es consistente con la evidencia de que la productividad laboral es creciente a mayor tamaño de la empresa, sea este medido según el número de trabajadores y trabajadoras, según las ventas o según el capital (Céspedes, Aquije, Sánchez & Vera Tudela, 2016). Si se asume que la productividad de las empresas grandes en el Perú es de 100, la productividad laboral relativa de las micro, pequeñas y medianas empresas es de 6, 16 y 50, respectivamente (Castillo, 2018). El rezago de la productividad de la micro, pequeña y mediana empresa (MIPYME) en el Perú es mucho mayor que en los países de la OECD, así como el de países similares en la región, como Colombia (BID, 2018; Isaza et al., 2015; CEPAL, 2017).

Gráfi co 45. Brecha de productividad laboral por tamaño de empresa (productividad de empresas grandes = 100)



Fuente: BID (2018), Isaza et al. (2015) (Colombia), variables del directorio empresarial (Ecuador), datos de CEPAL (2017) (Perú y los países selectos de la OECD) y OIT-2009 (Chile).

* Promedio simple de productividades relativas de Alemania, España, Francia e Italia. Elaboración propia.

En la economía peruana existe además una alta heterogeneidad de la productividad entre sectores; en 2017, la minería y la manufactura eran los de mayor productividad, y el sector agropecuario, el comercio y los servicios, los de menor productividad. El siguiente gráfi co ilustra esta relación entre la productividad, medida como valor agregado por trabajador del sector, y la concentración de empleo para 2007 y 2017.

Gráfi co 46. Productividad laboral 2007 y 2017, por sectores económicos

Fuente: INEI-ENAHO 2007 y 2017. Elaboración: OEE-PRODUCE.

Estos sectores más productivos son los que menos fuerza laboral concentran; en contraste, los sectores menos productivos —como el agropecuario, el de servicios y el comercio— son los que requieren de más fuerza laboral.

Tabla 16. Proporción de la PEA ocupada según sector económico, 2018

Sector económico Porcentaje (%)

Agricultura, ganadería, pesca y silvicultura 24.74

Minería 1.14

Industria de bienes de consumo 6.84

Industria de bienes intermedios 1.12

Industria de bienes de capital 1.01

Electricidad, gas y saneamiento 0.51

Construcción 5.98

Comercio al por mayor 2.69

Comercio al por menor 16.16

Restaurantes y hoteles 7.84

Transportes, almacenamiento y comunicaciones 8.45

Servicios a empresas 5.9

Servicios comunitarios y recreativos 13.12

Servicios personales 2.23

Hogares 2.27

Fuente: ENAHO-INEI. Elaboración propia.

Esta heterogeneidad también se manifi esta entre regiones, especialmente por la diferencia entre los departamentos de la costa y los de sierra y selva. Por ejemplo, Puno permanece como la región menos productiva en 2016 (S/11 788 por trabajador), mientras que entre las nueve regiones con mayor productividad aparecen Moquegua (S/84 114), Arequipa (S/45 412) y Lima-Callao (S/39 286), que se encuentran en la costa. Las brechas de productividad no solo se presentan entre regiones con características disímiles, sino también entre regiones que pertenecen a una misma zona geográfi ca; así, por ejemplo, Madre de Dios es la única región de la Amazonía con un nivel productividad por encima del promedio, mientras que sus pares se ubicaron entre las 12 regiones menos productivas (ENAHO, 2016).

Gráfi co 47. Productividad laboral 2016, por departamentos



Fuente: INEI 2017. Elaboración: PRODUCE – Ofi cina de Estudios Económicos (OEE).

Finalmente, es importante mencionar la situación particular de los emprendimientos en el Perú. El ciclo de vida de una empresa consiste en tres partes: entrada, crecimiento y salida (Crespi et al., 2014). En el Perú, alrededor del 6% de los emprendimientos son descontinuados en menos de un año, y si bien esta cifra parece pequeña, es mayor que el promedio de economías comparables (Serida et al., 2017). En el caso de los Estados Unidos, Brown y Medoff (2003) analizan la dinámica del empleo a lo largo del ciclo de vida de las empresas y encuentran que a medida que estas se consolidan en el tiempo aumentan los benefi cios laborales que proveen. Por esta razón, es importante extender el tiempo de vida de los emprendimientos, de tal manera que se consoliden y generen empleos de calidad.

La baja productividad de las unidades productivas son resultado de diferentes causas indirectas que principalmente se pueden listar a continuación.

Las unidades productivas tienen difi cultades de fi nanciamiento

Existe una amplia literatura que prueba la relación positiva entre fi nanciamiento y crecimiento económico o productividad (Heil, 2017; Butler & Cornaggia, 2011). En otras palabras, la falta de fi nanciamiento en la obtención de factores y tecnología afecta la productividad (Heil, 2017). De los obstáculos al crecimiento que enfrentan las empresas, el más recurrente es el acceso a fi nanciamiento (36%) para las empresas con ventas superiores a 150 UIT, según la ENHAT 2017-2018. Lo mismo ocurre con las pequeñas y medianas empresas – PYME (36.2%). De acuerdo con Chorro (2010), un aspecto que se identifi ca de manera sistemática como difi cultades que enfrentan las PYME son las restricciones para acceder a fi nanciamiento. Así mismo, en un estudio llevado a cabo en México (Haar, Leroy-Beltrán & Beltrán, 2004), se les preguntó a las PYME qué clase de apoyos requerían, y destacaron, junto con la asistencia y apoyo gubernamental, el acceso a un mayor número de instituciones fi nancieras, y en condiciones más razonables. Los emprendimientos iniciales no cuentan con el acceso a los requerimientos de capital que les permitan hacerse sostenibles.

Aun así, el 48.1% de las MIPYME accede al sistema fi nanciero regulado y, de ellas, solo el 3% de sus conductores y conductoras no ha tenido acceso al fi nanciamiento que solicitan, siendo la principal alternativa de fi nanciamiento conocida el crédito para capital de trabajo. A diciembre de 2017, solo el 4.5% de microempresas formales contaba con crédito en el sistema fi nanciero (con ventas anuales menores o iguales que 13 UIT = 2.7%; con ventas mayores = 13.5%), mientras el porcentaje de pequeñas, medianas y grandes empresas con acceso al crédito fue de 45.1%, 61.6% y 68.3%, respectivamente (PRODUCE, 2018).

Para analizar el acceso al fi nanciamiento por departamento se observan las preguntas de la ENE 2017 relacionadas con las instituciones donde la MIPYME solicitó y obtuvo el fi nanciamiento, el uso o destino que se le dio y la conformidad de este. El 51.0% de las MIPYME ha solicitado fi nanciamiento. A nivel de departamental, se observan los porcentajes de solicitud siguientes: Ayacucho (78.3%), Huancavelica (74.4%), Tumbes (71.1%), Junín (62.7%), Huánuco (60.6%), Áncash (58.2%), Apurímac (57.5%). Además, el 48.1 % de las micro y pequeñas empresas han tenido acceso al fi nanciamiento solicitado. Por ciudad, se observan los porcentajes de solicitud siguientes: Ayacucho (76.9%), Huancavelica (74.4%), Tumbes (69.0%), Junín (60.8%), Huánuco (57.9%), Áncash (55.9%), Apurímac (55.6%), Chiclayo (56.0%), Cajamarca (52.4%). Por último, los bancos son las instituciones que predominan en el fi nanciamiento a las MIPYME, con un 73.3%; le siguen las cajas municipales con el 18.5%, y el resto de las entidades fi nancieras concentran por debajo del 2.1%. Por departamentos, los bancos son los que registran mayor frecuencia de otorgamiento de fi nanciamiento; así, en Lima-Callao y La Libertad este tipo de instituciones alcanzan el 94.1% y 92.7%, respectivamente; en el resto de las ciudades, las cajas municipales tienen una participación importante, como en Huancavelica (60.0%), Madre de Dios (44.8%) y Apurímac (41.4%). En tanto, las Empresas de Desarrollo de Pequeña y Microempresa (EDPYME) registran una participación destacada en Tacna, con el 12.1%.

Una de las causas que difi cultan el fi nanciamiento es el escaso conocimiento de las alternativas que ofrece. Además de los instrumentos convencionales del sistema fi nanciero, existen otros como inversionistas ángeles, incubadoras, aceleradoras, préstamos participativos, fondos competitivos, crowdfunding, crowdlending, sociedades de garantía recíproca, etcétera. Sin embargo, estas herramientas siguen siendo desconocidas por las y los empresarios de micro y pequeñas empresas. Según la ENE 2016, solo el 1.3% de las y los conductores de las MIPYME ha participado en algún evento de capacitación en el que pudieron acceder a información relacionada con temas referidos a instrumentos fi nancieros. En promedio, el 73.3% de las y los conductores de las micro y pequeñas empresas a nivel nacional identifi caron a los bancos como las instituciones fi nancieras que prestan estos servicios en sus ciudades. Les siguen en importancia las cajas municipales, con 18.5%; las EDPYME, con 2.3%; y las cajas rurales, con 1.3%. Por ciudad, se observa un comportamiento similar al recién descrito, con excepción de Huancavelica, donde se identifi có a la caja municipal como una de las instituciones más importantes (60.0%), seguida por los bancos con 25.4%.

Escasas capacidades de gestión, innovación y absorción tecnológica en las unidades productivas En primer lugar, las escasas capacidades de gestión54 de una empresa afectan sus posibilidades de mejorar su productividad

y competitividad a través del uso de conocimientos y herramientas que refuercen el proceso de toma de decisiones para movilizar los recursos de la empresa hacia la entrega de productos y servicios de valor para sus mercados. Según Dini y Stumpo (2018), la baja productividad de las micro, pequeñas y medianas empresas se explica por la débil gestión de las empresas y la baja profesionalización de su dirección. Es decir, existe una correlación positiva entre prácticas de gestión empresarial y productividad. Más aún: Bloom et al. (2013) desarrollan un experimento de campo sobre la gestión de empresas textileras indias grandes; la intervención consistió en brindar aleatoriamente asesoría gratuita en prácticas de gestión empresarial. Los autores encontraron que la productividad del grupo que recibió la asesoría fue 17 % mayor en el primer año y se tradujo en mayor calidad, efi ciencia y reducción de inventario; el impacto creció hacia el tercer año. Según los resultados de la ENE 2017, existe una brecha de capacidades de gestión: solo el 35.8% de las empresas con ventas superiores a 13 UIT cuenta con un plan de negocios, y el 52.5% con un control de inventarios. Para el caso de las microempresas, estas cifras son mucho menores. Además, podemos identifi car que las y los conductores de las micro y pequeñas empresas señalaron que los cursos con mayor demanda fueron los de comercialización y marketing, instrumentos fi nancieros, planes de negocio, gestión de recursos humanos, exportaciones y calidad.

Así mismo, se considera que el desarrollo de una empresa es el resultado de que las y los encargados de la gestión empresarial obtengan, renueven o actualicen su manejo de prácticas de gestión y de que estas prácticas sean pertinentes para el tamaño de su empresa y el giro de su actividad. La obtención de conocimiento de prácticas de administración moderna se logra mediante la participación del conductor o conductora de la empresa en cursos de capacitación presenciales, cursos de capacitación, asesorías o tutorías. Según los resultados de la ENE 2015, solo el 20% de las y los conductores de las MIPYME han seguido una capacitación en cursos o eventos sobre gestión empresarial, aunque el 93% de estas y estos empresarios aplican en sus empresas las herramientas e instrumentos de gestión aprendidos en los eventos de capacitación.

En segundo lugar, las MIPYME tienen un escaso conocimiento en el uso y manejo de herramientas de gestión de la calidad, lo cual se asocia a pérdidas enormes de recursos debido a defi ciencias en materia de calidad de procesos,

54 Entre las actividades de gestión se consideran la dirección estratégica (análisis, elección e implementación de la estrategia), marketing, gestión fi nanciera, gestión de las operaciones y de la logística, y de otros procesos de la cadena de valor de la empresa, de acuerdo con el rubro del negocio.

servicios y productos. En Bendell et al. (1995) se describen los aportes en la teoría de la calidad de gurús como Derming, Juran, Feigenbaum, Ishikama y Crosby, quienes argumentan cómo los desperdicios debidos a la falta de calidad pueden representar valores altos con respecto al total facturado por la empresa. La falta de calidad es uno de los principales motivos generadores de otros numerosos tipos de desperdicios, producidos estos por la necesidad de cubrir o superar las falencias relacionadas con fallas y errores. Es así como se nota el enorme potencial de mejora que, en materia de benefi cios y rentabilidad, tiene para la empresa mejorar sus niveles de calidad.

En la actualidad, el Perú cuenta con un marco legal en el que diversas normas buscan garantizar la calidad de los bienes y servicios que se producen en el mercado. Sin embargo, estas normas están desarticuladas y no protegen efi cientemente a quien consume; además, la certifi cación tiene un elevado costo, ya que la mayoría de las empresas debe acudir a certifi cadoras del exterior, pues las 13 empresas certifi cadoras acreditadas por INDECOPI en el Perú no son sufi cientes. Según INDECOPI (2016) y PRODUCE (2018), no existe en el Perú un Sistema Nacional de la Calidad propiamente tal, y si existiera el país se benefi ciaría con ingresos que podrían oscilar entre los US$80 millones y los US$96 millones durante un período de diez años (AENOR, 2011). Conviene indicar que, en países del mundo como el Reino Unido, la implementación de un Sistema Nacional de la Calidad tuvo un impacto de 0.3% en su PBI. En el caso del Perú, se estimó que este será de 0.065 % y 0.075 %.

Según la Fundación para el Análisis Estratégico y Desarrollo de la Pequeña y Mediana Empresa (FAEDPYME), el pequeño tamaño de las MIPYME les impide aprovechar los benefi cios de las economías de escala y afrontar problemas como la falta de certifi caciones de calidad. A pesar de esto, los resultados de la EMYPE 2013 arrojan que solo el 6.5% de las y los conductores de las MIPYME asistieron a eventos de capacitación en temas de gestión de la calidad y manejo de nuevas tecnologías, entre los que destacan las siguientes temáticas: sistemas de gestión de calidad (41.5%), buenas prácticas de manufactura y gestión (20.1%), certifi cación de procesos de gestión – ISO 9000 / ISO 9001 (14.6%), sistemas de gestión de la calidad: incluye 5 S de la calidad (12.2%), otros instrumentos de desarrollo de capacidades en materia de calidad (6.4%) y mejoramiento continuo Kaizen (5.2%).

En tercer lugar, la productividad y el desempeño de las empresas, sobre todo las de menor tamaño, son afectados por la escasa innovación y adopción tecnológica en las unidades productivas. De acuerdo con Isaksson (2007), la innovación pertenece a un grupo de factores relacionados con la creación, transmisión y absorción de conocimiento. La innovación es considerada uno de los principales determinantes del crecimiento económico y de la productividad, siendo este último un canal directo para el incremento de la competitividad y para el desarrollo económico sostenible. Tiene un rol importante como determinante del incremento de la productividad de las empresas a través de la adopción de tecnologías (bienes de capital, software, licencias, entre otros), así como de los esfuerzos innovativos aplicados en procesos de mejora (Hall, 2011). A ello se suma la posibilidad de que las vinculaciones establecidas por las fi rmas (distribuidores, consumidores, casas matrices, universidades, institutos de ciencia y tecnología, entre otros) puedan también incrementar tanto su productividad como su capacidad innovativa (Cassiman & Veugelers, 2002). Por último, como se señala en el informe de la OECD (2019), es necesario comprometer a las empresas pequeñas y emergentes con la transformación digital ya que esta ofrece una oportunidad para fortalecer la productividad de los países en Latinoamérica y superar algunas trampas de desarrollo que están afectando a la región.

De acuerdo con la literatura, el gasto en investigación y desarrollo (I+D) es el insumo principal para innovar o producir un bien innovador (que se puede traducir en patentes), según los hallazgos de Pakes y Griliches (1980). Por ello, los modelos teóricos asignan un papel importante a la inversión en I+D como un motor de incremento de la productividad y del crecimiento económico (Romer, 1990; Grossman & Helpman, 1991). Para Griliches (1995), las actividades relacionadas con la I+D pueden explicar hasta un 75% de las tasas de crecimiento de la productividad total de factores (PTF) una vez