2. Literature Review 1 Introduction
2.4 Mitigation, Detection, and Remote Sensing of MPB Infestations 1 Mitigation and Detection
2.4.4 Mountain Pine Beetle Detection and Mapping 1 Red Attack Detection
2.4.4.2 Green Attack Detection and Mapping
El Indostán es una Italia de proporciones asiáticas, con el Himalaya por los Alpes, los valles de Bengala por los valles de Lombardía, la cordillera del Decan por los Apeninos y la Isla de Ceilán por la de Sicilia. La misma riqueza y diversidad de productos del suelo e igual desmembración en su estructura política”.39
Y esa tierra que cuelga del centro del Asia y avanza en punta sobre el
océano de su nombre es sin duda uno de los más antiguos asientos humanos. Debemos recordar la nota sobre los descubrimientos de fo cos de civilización indostanica que, por lo menos, nos hacen pensar en una simultaneidad con el surgimiento de las primeras civilizaciones urbanas del Egipto y la Mesopotamia. Los mismos hindúes remontan su existencia hasta los alrededores del año 3000 antes de nuestra era y tal vez no sean capaces de entender toda su antigüedad.
Carlos Marx: “La dominación Británica en la India”, en Obras escogidas de M arx y Engels, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1960.
Los ANTIGUOS ESTADOS ORIENTALES
La India entra en la historia, como hecho económico “cuando doce años después de haber descubierto Bartolomé Díaz el cabo de Buena Esperanza, y seis años después del descubrimiento de lo que se creyó ser el extremo oriental de la India, es decir, la America, los buques portugueses, al cabo de diez meses de navegación, conducidos por Vas co de Gama, entraron en el puerto de Calcuta, en la costa malabar . Esto sin perjuicio de las vicisitudes de la Antigüedad y la Edad Media y el entroncamiento indio con las civilizaciones helena, persa, asiría, ara- be, egipcia, etc. Pero, no cabe duda que la dominación portuguesa, como hemos indicado, significa la entrada de la India en el sordido mundo del capitalismo ascendente. El mismo J. Lefmann dice: Desde entonces el comercio europeo podría proveerse directamente de los preciosos productos de la India en los mercados del mismo país, sin temor de vérselos arrebatados, junto con la vida de los mercaderes, por los mamelucos, turcos, beduinos ni otras hordas salvajes. 41 ^
Posteriormente, con el siglo xvm, comienza la era de las compañías mercantiles y de sus factorías permanentes en la India. La primera lúe “La Compañía de los Comerciantes de Londres que trafica con las In dias Orientales” fundada en 1600; posteriormente es la avalancha de las compañías no solo inglesas sino danesas y holandesas.
Pero sin duda la entrada de la India en la historia, como asiento de un derecho antiquísimo, se hace mucho después. En realidad, el mentó del primigenio análisis de ese viejo derecho se debe a William Jones. Jones detuvo la atención del mundo europeo sobre la existencia de esa vieja tradición jurídica en la India y, a partir de la publicación en 1795, un año después de su muerte, del Código del Manu, esos estudios adquirieron un vuelo especial.
Las incidencias, con ciertos elementos de belleza anecdótica, de ese trabajo de Jones, nos son relatadas por Henry Sumner Maine4 que, además, fue uno de los eruditos más afanados en la continuación de la obra de Jones.
41 J . Lefmann: “H istoria de la India antigua”, en Guillermo de Oncken: Historia Lni-
versal, Barcelona, 1917, t. III. P .
42 H e n ry S um ner M aine: E l antiguo derecho y ¡a costumbre prim itiva, L a ts p a n ,
Moderna, Madrid, 1908. . . ,
“Pero en esto aceptó un puesto de juez en un tribunal nuevamente instalado en Bengala por acta del parlamento, en cuyo tribunal habían de aplicarse a los litigantes del país sus propias leyes y usos en materia de herencias y contratos. De mucho tiempo atrás todos los tribunales indios acostumbraban a dirigirse a los mullías y pandaos, es decir, a los profesores indígenas de derecho musulmán y de derecho indio, para ilustrarse con su opinión sobre la legalidad de las reglas de que estos peritos pretendían pasar com o depositarios. En la correspondencia de Sir William Jones se renueva con
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Los descubrimientos arqueológicos de 1924 demostraron y colocaron ante la reflexión de la historiografía contemporánea la posibilidad de una antiquísima civilización indostánica, anterior a la aria, conocida como prearica. Como señala Turner, esos vestigios arqueológicos hacen pensar en la existencia de una cierta cultura urbana ya en torno al año 2500 antes de nuestra era, y que tiene entronque con la cultura llevada a Mesopotamia por los sumerios. John Marshall, que iniciara estas especu laciones con base arqueológica, fue rápidamente seguido, incluso en al gunos casos con la puerilidad de un A. H. Sayce y, en realidad, aunque mucho se ha avanzado en el camino de la elucidación del carácter social de esa civilización prearica, poco se ha podido determinar con exactitud.
A esto contribuye la situación puesta de relieve por P. Masson Oursell cuando dice “la India no tiene casi una historia (...) En ese magma de razas y de lenguas disimiles, las tradiciones más heteróclitas se institu yeron y duraron, sin que les fuese impuesta ninguna unidad. Solo tie nen historia los pueblos unificados. En la India, la Historia se reduce a genealogías, a filiaciones aisladas (...) Se encuentra, pues, en la India, una multitud de anales, no los elementos de una historia, puesto que solamente de tiempo en tiempo se impuso sobre alguna vasta parte del mundo índico una unificación religiosa, política o social. Pero hay mas: en este país, al pensamiento parece que le repugna la historia (...) Faltos de una nocion de la objetividad histórica comparable a la nues tra, los indios mezclan la imaginación a la realidad; sus historiadores fueron ordinariamente poetas...”43
En verdad, esta características descrita magistralmente por Masson obedece a una situación religiosa e intelectual que no es este el lugar para explicar, pero que tiene evidente veracidad. Además, la arqueolo gía no^ ha podido concluir aun sus estudios sobre esa presunta cultura urbanística preárica.
frecuencia la sospecha, quizás muchas veces injusta, sobre la sinceridad y la honradez de esos consejeros de los tribunales. «Ya no puedo aguantar más, escribía en septiem bre de 1785, esto de estar a merced de nuestros panditas, que tratan el derecho indio com o bien les parece, fabricándole en dosis razonables cuando no lo tienen hecho a su disposición». Se resolvió pues a adquirir personalmente el conocimiento de las fuentes de donde aseguraban sacar sus opiniones (...) pero para dominar el lenguaje, en cieno modo desconocido, bajo el cual se ocultaba el derecho indio, tuvo que visitar, durante sus vacaciones, centros de erudición decadente, si es que ya no estaba apagada, donde se ensenaban todavía esos conocimientos, y organizó un pequeño estado mayor de sabios indios para que le auxiliaran en sus estudios sancritistas y apuntar sus resulta dos . Sumner Mame sigue relatando las incidencias posteriores de la labor de William Jones y com o ella condujo al desciframiento del conocido com o Código de Manú que 43 entonces se entendió com o el más antiguo documento del derecho indostático.
Masson-Oursell: L a India antigua j su civilización, U teha, M éxico, 1957, t. 31.
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En términos generales, a esa heteroclítica mezcla de razas disímiles, se las ha unificado bajo el término “grávidas”. No vamos a exponer las tesis dadas para explicar el origen de los drávidas. Lo cierto es que se ha demostrado la existencia de asientos quizás un poco peyorativamente llamados urbanísticos en el Chandu-Daro. Además, como advierte Turner, se notan contactos entre esos grupos asentados en el Sind y el Penjab (nombres respectivos de los valles inferior y superior del Indo y Mesopotamia). Del mismo modo, se ha señalado la existencia de ciu dades geométricamente edificadas en Mohenjo-Daro, Harappa y Chandhu-Daro. Queda evidenciada la existencia de una relativa indus tria artesanal, pero ello no desdice que la base material de subsistencia de aquellos grupos humanos seguía siendo la agricultura. Quizás esta etapa corresponde a una variante de quiebra de la comunidad aldeana, por su desarrollo hacia una forma más amplia de comunidad urbanística.
Sin embargo, a nuestros fines, lo más importante sería elucidar qué tipo de sociedad abrigaban aquellas comunidades aldeanas preurbanas. Poco se ha podido definir acerca de esto, pues para ello solo se cuenta con los Vedas, libros que a fortiori, como dijera Masson, constituyen la fuente de esos conocimientos y adolecen del defecto de antihistoricidad que ya hemos consignado.
Todo parece indicar que la comunidad aldeana descansaba en la co munidad familiar, la cual implica asiento de habitación, de comida, de religión y de propiedad. Como indica Masson, no existen elementos sólidos para afirmar visible la existencia de una plena comunidad de propiedad. Los datos que se poseen ya hablan de una etapa de comuni dad familiar.
En fin, lo cierto es que hacia el año 1500 antes de nuestra era, el valle del Indo fue invadido, en sucesivas oleadas, por un pueblo que se llamó asimismo “ario” (noble, dominador, en contraposición con el pueblo sometido al que llamó “dosario” esclavo).
Como señala Turner, esas invasiones arias ni fueron de una sola oleada ni dejaron de afrontar dificultades. “Cuando los arios ocuparon la lí nea divisoria de las aguas del Indo y el Ganges, tropezaron por vez primera con una resistencia que les hizo difícil avanzar. A causa de ello, las tribus se vieron obligadas a unirse. Se ha planteado que esa unión se hizo más pronta y eficaz entre las tribus que penetraron en el valle del Ganges y sobre todo en el “Doab” de este río y el Jumna; los cuales muy pronto se dieron una organización política, monárquica. Después avanzando hacia el sur, se mezclaron profusamente con los pueblos drávidas y el grupo norteño y sureño (de raza más mezclada este último) y comenzaron a luchar encarnizadamente (siglo vm antes de nuestra era) por el dominio del Doab del Ganges. Mientras, posi
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blemente otras tribus arias avanzaron a través de las estribaciones del Himalaya y cruzaron el río Gandak, para ocupar territorios en las llanuras del Ganges inferior. Turner llega a afirmar que los drávidas, más numerosos que los arios, nunca se dejaron dominar plenamente por ellos, y que el establecimiento social definitivo solo se obtuvo en una reorganización total que tuvo por escenario las nuevas ciudades en desarrollo.
Independientemente de lo conjeturable que resulta si los arios ven cieron por completo o no a los drávidas, no caben dudas que sus inva siones y la imposición, o mejor la fusión de sus culturas, contribuiría fundamentalmente a la fisonomía posterior del pueblo indo y, en par ticular, al signo tipificante y diferenciador en su antigüedad política: el régimen de castas.
Marx pone de manifiesto en su obra citada y en varios pasajes de E l capital\ el carácter central y definidor de la base económica de estos llamados “regímenes despóticos orientales”: el trabajo en cooperación simple y bajo centralización por la irrigación del terreno. Lo que antes dijimos al respecto de Egipto y su Nilo y Mesopotamia con sus Tigris y Eufrates, es aplicable con igual intensidad a los territorios del Indostán con sus Ganges e Indo. “Desde tiempos inmemoriales, en Asia no exis tían, por regla general, más que tres ramas de la administración: el de las finanzas o del pillaje interior; el de la guerra, o del pillaje exterior y, por último, el de obras públicas”, ha dicho Marx, quien ha agregado: “Aquí la cosecha depende tanto de un buen gobierno, como en Europa de un buen tiempo”.
El mismo Marx, en su obra citada, sintentiza los rasgos definidores de la estructura social indostánica de la siguiente manera: “Estas dos circunstancias —de una parte, el que los habitantes de la India, al igual que todos los pueblos orientales, dejasen en manos del gobierno cen tral el cuidado de las grandes obras públicas, condición básica de su agricultura y de su comercio, y de otra, el que los hindúes, disemina dos por todo el territorio del país se concentrasen a la vez en pequeños centros en virtud de la unión patriarcal entre la agricultura y la arte sanía— originaron desde tiempos muy remotos un sistema social de características muy particulares: el llamado village system”.
Más adelante aún dice: “Por importantes que hubiesen sido los cam bios políticos experimentados en el pasado por la India, sus condicio nes sociales permanecieron intactas desde los tiempos más remotos hasta el primer decenio del siglo xix”.
, Y es cierto que si bien la estructura política de la India ha sido varia ble, en el fondo de su movilidad se encuentra un punto central de identificación, de inmutabilidad: los caracteres comunes de todos los regímenes orientales ya vistos.
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En cuanto a las variantes formas políticas de la India, no vamos a extendernos innecesariamente. Bastará indicar que los arios, vencedo res o fusionados sobre la base de una evidente dominación económica y política, constituyeron en distintos puntos del Indostán varios rei nos pequeños, a la cabeza de los cuales se encontraba un reyezuelo, llamado rajah.
Masson reconoce la existencia de efímeras unidades estatales autocráticas en el Indostán. Dice al respecto: “Nada más lejos de las costumbres arias que la soberanía hereditaria y las vastas monarquías (...) Frente a las invasiones que sin interrupción hubo de sufrir la India, agrupaciones de clases o alianzas de pueblos autónomos opusieron una resistencia más frágil que un reino vasto y unificado. El Imperio de Alejandro —a la vez un peligro y un ejemplo— y después las monar quías griegas se erigieron en herederos del Gran Rey de los persas: este fue el arquetipo de los más importantes marajahes, de los que preten dían ser los dueños del mundo”.44
Sin duda que esos factores, constituidos por las luchas, no solo ex ternas sino también internas, contribuyeron, junto a los factores eco nómicos mencionados, a la formación esporádica de reinos más o menos vastos, dirigidos por un rey, que se titulaba señor de todo el mundo y que era conocido como marajah.
La estructura política de esos reinos unificados no dista 'en lo exte rior fundamentalmente de los otros regímenes orientales estudiados; pero ya aquí se impone el análisis del elemento diferenciador y tipificador de la estructura sociopolítica del indostán: las castas.
La división de la sociedad en castas45 es una noción y una categoría puramente índica y, como señala Masson, este hecho ha sido objeto de teorías que lo justifican más bien que lo explican. Por otro lado, cuan do los europeos y en general los occidentales se han dado a la tarea de interpretar este fenómeno, han padecido de males extremos: en algu nos casos se han atenido únicamente a los elementos espirituales pro pios del Indostán y, en otros casos, se han asentado las explicaciones solo en elementos materiales groseros.
Ante todo sería bueno precisar el alcance del término casta: es un grupo de personas entregadas tradicionalmente a las mismas ocupacio nes, que deben su origen a un mismo antepasado, humano o divino, y ligadas a un mismo tronco por derechos, deberes y opiniones determi nadas, tomados por tradición.
44 Ibídem.
45 Casta es vocablo procedente del portugués y este lo tom o del latín. Denota pureza de ascendencia.
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La casta es completamente cerrada; no es posible la trasmisión o paso de una a otra. La endogamia de la casta garantiza esa estratifica ción e incomunicación. El sistema de castas supone e implica una divi sión social, de riquezas, posiciones sociales, derechos, deberes, cultura, participación en los ritos religiosos, disfrute de los productos del tra bajo e incluso lugar ante el trabajo mismo, que reviste además caracte res de estratificación en compartimentos estancos, de incomunicación absoluta, de consagración mística. En ninguno de los otros reinos orien tales encontramos esa estratificación social que vemos en la India.
Paul Janet46 señala que la consagración del régimen de castas en el Código de Manú, da a estas una entidad divina. “La desigualdad de castas no es solamente política sino también moral”.
Según la religión brahmánica (conjunto teogónico de los viejos ele mentos anímistas y semitotémicos de los drávidas con la religión tam bién animista de los arios), tal cual queda expresado en el Código de Manú, Brahma (máximo dios) dio origen a las castas, pues la primera estaba integrada por los sacerdotes o brahmanes que salieron de la boca de Brahma; los guerreros, segunda casta, los kchatryas, salieron del brazo de Brahma; la tercera clase, vaisyas, artesanos, labradores o mer caderes, salieron del muslo de Brahma y, por fin, de su pie salieron los
sudras o esclavos, condenados al desprecio, obediencia absoluta, a to dos los trabajos manuales, a la adoración y veneración a los brahmanes, a los cuales incluso “no podían nombrar”.
Pretendiendo dar respuesta al sistema de castas, Janet indica como se han multiplicado las tesis y hace mención a la de Ad Frank, que quiere encontrar su origen en el dogma panteista que se halla en el fondo de la religión india. Sin embargo, el panteísmo índico no se justifica en las leyendas míticas que explican el surgimiento de las castas, pues en ellas no se hace emerger cada grupo social de distintas deidades, sino todas brotan de un mismo origen o substancia: el dios Brahma, aunque cada clase lo haga por lugares más o menos privilegiados del cuerpo del dios. En este caso estamos ante una de esas explicaciones idealistas, refe ridas únicamente a los elementos espirituales de la vida índica.
Con igual ingenuidad y unilateralidad encontramos la explicación de otros autores, que atribuyen la casta únicamente a diferencias racia les. Alguno llega a decir que apenas constituye una exageración estable cer como una ley de la organización de las castas en la India oriental que el rango de un hombre varía en razón inversa de la longitud de su nariz. Por otro lado existen las tesis puramente funcionalistas, materia listas vulgares, atenidas con igual simplicidad y unilateralidad a la exis
46 Paul Janet: H istoria de la Ciencia Política ert sus relaciones con la moral, ed. cit., t. 1.
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tencia material, como la de Nesfield, que sostuvo que la especialización profesional ha sido el factor decisivo. Estas tesis fueron replicadas por algunos, pero en general ninguna explicación de autores idealistas bur gueses ha podido ser satisfactoria. Masson y Janet se han acercado (es pecialmente el último) a una explicación científica.
Janet exponía que la doctrina de las castas nos conducía a la política de la India y esta política era por completo sacerdotal: la teocracia más absoluta de que se puede tener idea. Según todas las apariencias, la institución de las castas no se derivaba de un dogma filosofico, sino que debía tener un origen histórico. Representaba conquistas sucesivas y superpuestas.
Sin embargo, la cuestión cobra su mayor complejidad cuando se observa que en la pirámide política y social de la India la casta superior, privilegiada, con acceso a la cultura y los ritos divinos, con dominio absoluto, la única poseedora de riqueza propia, era la casta de los brahmanes, que incluso, según el texto de Manú, se imponía sobre la