3. Spectral Characteristics of Green-Attacked and Non-Attacked Ponderosa Pine Needles Using Needle-Level Hyperspectral Measurements
3.2. Methodology 1 Needle Collection
3.3.2 Statistical Analysis and Best Band Selection 1 Group Differences and Effect Size
3.3.2.2 Discrimination Analysis
Cr e t a
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La tradición de una Creta magnifícente había quedado enraizada en la conciencia griega y de ella no habían podido escapar historiadores como Tucídides y Herodoto. La tradición mítica del rey Minos estaba pro fundamente viva en la saga griega. Sin embargo, la verdadera historia de Creta no se conoce sino hasta después de las excavaciones de Arthur Evans, realizadas entre 1893 y 1931. De esos estudios contemporá neos podemos tener la certidumbre de la existencia de una civilización cretense que se remonta al año 3000 antes de nuestra era. Esa primera sociedad cretense, como señala Struve, tiene rasgos del desarrollo del régimen comunal, en ella aparecen aún muy vividos los elementos del matriarcado; sin embargo, se advierten asimismo los primeros ele mentos acusadores de la descomposición de esa comunidad primiti va. Sin duda existían allí las primeras estratificaciones sociales entre ricos y pobres, como consecuencia de las primeras manifestaciones de un excedente de producción. Como indica Struve, es fácil notar
embargo, no cabe duda de que la filosofía griega nace en contacto con el Oriente, especialmente Egipto y Babilonia. En efecto, de Mileto eran Tales, Anaximandro, Anaxímenes; de Efeso Heráclito, de Samos Pitágoras, entre otros.
que incluso las tribus que vivían en la parte oriental de la isla habían alcanzado mayor riqueza que las de la parte occidental.
Struve dice que “Ya a principios del II milenio antes de nuestra era, el proceso de descomposición de la sociedad comunista primitiva de formación de clases alcanzó en Creta un considerable desarrollo”.4 Efec tivamente, los testimonios arqueológicos abundan en la demostración de esta afirmación. Basta una simple ojeada sobre las excavaciones de los suntuosos palacios de Cnossos y Festos, para corroborar la desigual dad social existente en Creta; sobre todo si los comparamos con el
standard de vida observable en otras habitaciones de la isla.
A principios de ese segundo milenio, las fuerzas productivas habían alcanzado en Creta un sensible desarrollo y se habían ampliado sus relaciones con el mundo que le rodeaba. Asimismo, su influencia cul tural llegaba muy lejos. En esta etapa es evidente la formación de una minoría aristocrática elevada sobre la explotación de grandes masas de población agrícola y artesana. Estamos ya en presencia de una sociedad dividida en clases sociales.
Como indica Struve, el carácter de las fuentes disponibles hace muy difícil, sino imposible, precisar exactamente cuál fue el grado y el tipo de explotación en Creta, pero resulta presumible que esa explotación, bastante desarrollada, no había superado plenamente la etapa del modo de producción asiático. Sin duda enfrentamos ya aquí la existencia de un aparato de Estado centralizado, de tipo monárquico primitivo.
Herodoto deja constancia de la leyenda antigua que trata de la lucha entre los dos hijos de Zeus y Europa, Minos y Sarpedón, por la hege monía cretense. Evidentemente, esta leyenda quizás refleja en un or den ideal una verdadera lucha que comportaba nada menos que la elevación de la monarquía a su etapa hereditaria, y Minos, legendario y mítico, puede ser el exponente de ese salto hacia una forma vigorosa de organización estatal.
Como pone de manifiesto Struve, durante mucho tiempo —y aún hoy— la historiografía burguesa se ha empeñado en ocultar el carácter de sociedad de clases de la monarquía cretense. Incluso historiadores soviéticos como V. I. Bogaievski se sumaron a la confusión asegurando que en Creta no existía a la sazón una sociedad esclavista o de explota ción. Realmente,^ aunque resulta conjeturable y especulativa la deter minación del carácter de aquella organización política, sin duda que en gran medida es asimilable a las formas de monarquía centralizadas, pri mitivas, despóticas, que hemos analizado en el Antiguo Oriente.5
4 V. V. Struve: Historia de Grecia, Editorial Fu tu ro S.R.L., Buenos Aires, 1964 t 1 p. 20.
La semejanza de estructura política entre Creta y el Oriente Antiguo ha sido puesta de relieve por los más modernos historiadores. Thomson sigue esa identidad entre ambos
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Sin embargo, es posible también conjeturar que, como quiera que la base de la economía cretense era precisamente la explotación agraria, pronto se trabaron fuertes luchas por la apropiación de la tierra de esa “Creta feraz” como la llamara Homero. Lo cierto es que ya en el siglo xvn y xv antes de nuestra era advertimos que junto al rey absoluto se ha desarrollado una extensa nobleza que posiblemente se asienta en el dominio latifundiario de la tierra. Además, la fuerza de Creta se basa a la sazón en su expansión exterior. De de igual modo, se había desarro llado en Creta una fuerte artesanía y un intenso comercio marítimo que tenían que ser naturalmente elementos socavadores del carácter despótico y absoluto de esa monarquía, elementos que la elevaban cons tantemente hacia una forma superior a las orientales analizadas. Sin embargo, poco es posible aún decir sobre su forma primitiva de Esta do y su desarrollo posterior. Sin duda que en la medida en que se vayan descifrando las escrituras cretenses estaremos en mejores condi ciones de caracterizar ese Estado primitivo y seguir su evolución. Po demos si, afirmar que, cual lo pone de manifiesto Struve: “el proceso de formación del Estado cretense se extendió, por lo visto, durante algunas centurias”.6 Podríamos agregar que siguió un incesante desarro llo, y se elevó cada vez más de las formas de despotismo oriental a más organizadas y perfectas estructuras.
Tr o y a
Troya fue, sin duda, otro de los antiquísimos focos de cultura griega existente desde el III milenio antes de nuestra era. Se encontraba esa
E s t a d o y d e r e c h o e n g r e c i a 1 b ->
pueblos en la esfera de la cultura y la filosofía y cita a arqueólogos com o Schaffer, en su informe de las excavaciones en U garit, en 1939: “Estamos convencidos de que excavaciones posteriores en los sitios protohistóricos de Siria y de las regiones vecinas, arrojarán más luz sobre los orígenes de la civilización en las tierras del Mediterráneo oriental. En particular, por lo que se refiere al Egeo, parece necesario reducir la influen cia que hasta ahora se ha conferido al Egipto predinástico y protodinástico, para inves tigar más bien en la dirección de Asia. N o se debe olvidar que entre Creta y Egipto los marinos de aquellos días tenían que superar una de las más largas distancias de mar abierto en el Mediterráneo. Por otro lado, las numerosas islas del Mar Egeo, la costa meridional de Asia Menor y de Chipre, todo servía com o vínculo entre Creta y Siria y su inmediato hinterland mesopotámico. Esta era la ruta más antigua y más importante entre el Oriente y el Occidente, y Ugarit fue uno de sus principales lugares de escala desde el cuarto milenio en adelante”. En igual sentido cita Thomson al arqueólogo Woolley y, además, no debemos olvidar las tesis sostenidas por Kramer —y ya mencio nadas— sobre el origen sumerio de la llamada civilización occidental.
Ju l i o Fe r n á n d e z Bu l t é
ciudad-Estado en la costa noroeste del Asia Menor, cerca de la entrada del Bosforo, sobre la colina denominada Ilion, elevándose sobre la pla nicie dél río Escamandro.
La historia de Troya está íntimamente vinculada con la de los pue blos vecinos y asperjada por la tradición poética que nos legara Homero en sus famosas obras L a ¡liada y L a Odisea.
En el siglo XIX las excavaciones de Schlieman pusieron de manifiesto
la existencia de siete troyas superpuestas y que son el resultado de suce sivas reconstrucciones efectuadas sobre otras tantas destrucciones que tuvieron por agentes, en algunos casos presumiblemente, a fenómenos naturales; y en otros, invasiones extranjeras. Lamentablemente en una obra como esta no es posible seguir la secuencia de esas sucesivas devastaciones y reedificaciones de Troya. Sin embargo, debemos seña lar que en la segunda mitad del III milenio antes de nuestra era se pro duce la segunda construcción de Troya sobre las ruinas de la primera, posiblemente desaparecida por un incendio, y ya en esta segunda Troya se advierte la utilización del cobre, el oro y la plata y los indicios vivos de ciertos rasgos de descomposición de la comunidad primitiva. Como señala Struve, una prueba evidente de ello son los innumerables depó sitos hallados en las excavaciones, como el que encontrara Schlieman y que llamara “el tesoro de Príamo”. Estos almacenes de riquezas hablan elocuentemente de la existencia de plusproducto, que a su vez, como hemos reiterado, presupone la división o al menos la estratificación de la sociedad. Desde entonces se advierte en esta Troya una especial dis posición arquitectónica para la defensa militar, pues aparece rodeada de gruesos muros y se prodigan las construcciones militares defensivas.
Asimismo, los descubrimientos arqueológicos de la sexta y séptima Troyas que datan de los siglos xvn a xn antes de nuestra era evidencian un mayor desarrollo de la estratificación social y, como afirma Struve, “responde plenamente al cuadro de la sociedad troyana reflejada en luí
litada: el pueblo vivía aún en comunidad, gobernado por los basileus,
poseía numerosos rebaños. La esclavitud tenía un carácter patriarcal y era la fuente complementaria de la riqueza del basileusconstituida tam bién por diferentes y ricos utensilios, armas, piedras preciosas, etc.”.7
Estos basileus no eran verdaderamente jefes de Estado. Como indica Engels en E l origen de la fam ilia, la propiedad privada y el Estado, estos reyes eran muy distintos de los modelos que conocemos en'la Edad Media. Engels analiza en esa obra el contenido gentilicio de esas socie dades griegas primitivas y pone de manifiesto que el basileus, dentro del contexto patriarcal, debió ser el cabeza de familia que dirigía las
Ibídem, p. 44.
Es t a d oyd e r e c h oe ng r e c ia 167
gens. Y agregaba que era probable que entre los griegos este debiera ser electo por el pueblo o confirmado por los órganos reconocidos por él, consejo o el ágora, como se practicaba con respecto al rey (rex) roma no. Asimismo deja descubierto como en luí litada,el jefe de los hom bres, Agamenón, aparece no como el rey supremo de los griegos, sino como el general en jefe de un ejército confederado ante una ciudad sitiada. Y ese debió ser el caso dentro de esa misma ciudad sitiada: el basileusno podía ser todavía de ninguna manera un monarca con atri buciones de absolutez, sino solamente un jefe gentilicio y militar, con rango quizás un tanto elevado por las contingencias bélicas. Engels concluye, al hacer el análisis de esa situación social: “Así, pues, en la constitución griega de la época heroica vemos aun llena de vigor la anti gua organización de la gens, pero también observamos el comienzo de su decadencia”.8
Esta sexta ciudad troyana que venimos describiendo fue posiblemente destruida por un terremoto en los alrededores del siglo xiv antes de nuestra era y sobre sus ruinas se elevó la conocida —desde el punto de vista arqueológico— como séptima Troya, precisamente el escenario de la lucha contra los aqueos que quizás describiera Homero en sus poemas épicos. En esta última Troya todavía no podemos hablar del desarrollo total del Estado, pero sí, como dijera Engels, de fuertes ele mentos de descomposición de la comunidad gentilicia. El desarrollo natural de Troya, si no hubiese sido destruida en el siglo xm antes de nuestra era, hubiera dado lugar a la aparición de la organización estatal.
M lC E N A S
Micenas se encontraba en el Peloponeso, en la Argolida, y ocupaba una zona seca, rodeada de montañas; principalmente bañada por el rio Inaco. La riqueza natural de Micenas parece haber sido proverbial, pues Homero la llama en La litada abundante en oro .
En Micenas, como afirma Struve, se desarrolló uno de los más gran des centros de elevada cultura griega entre los siglos xvn al xn antes de nuestra era.
Pocos son los datos que nos permiten afirmaciones absolutas en re lación con el surgimiento y forma del Estado micenico. Sin embargo, es cierto que podemos afirmar la existencia de una sociedad de clases. “De acuerdo con todos los indicios, Micenas estaba dirigida por reyes. De las características del poder de esos reyes, solo podemos formamos
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una idea aproximada. En diversos trechos de la epopeya homérica se describe, como se sabe, diferentes estadios del desarrollo de la sociedad antigua, con sus particularidades características en su régimen político, el poder de los reyes y los basileus. Si en algunos casos los basileus
aparecen en calidad de jefes de tribus que comparten su poder con el Consejo de Ancianos y el Consejo Popular, en otros, por el contrario, se subraya su poder absoluto”.9 Y, ciertamente, los rasgos de la estruc tura social de Micenas se asemejan mucho más a esa última forma. Allí ya existía una sociedad estratificada, que avanzaba hacia la división en clases, y el Estado comenzaba a delinearse sobre las ruinas de la antigua comunidad gentilicia.
Struve ha intentado juzgar el carácter del Estado y la sociedad micénica por analogía con Pilos, contemporánea y radicada en la Mesania. So bre la situación social de Pilos se han expresado conjeturalmente S. L. Lurie y I. A. Lenzman. Parten de la interpretación de las escrituras halladas en esa ciudad. Se supone entonces que el territorio pertene ciente a Pilos formaba grandes latifundios, que el Estado se encontraba encabezado por el rey (vanaca) y el jefe militar (ravaqueta), los cuales teman el llamado tememos, esto es, la posesión de grandes cantidades de terrenos que incluso han sido tentativamente mensurados. En las ins cripciones aparece que esas tierras constitutivas del tememos constan como “recibidas del pueblo”, lo cual evidencia el cercano estadio de la comunidad gentilicia. Asimismo se constata que grandes extensiones de terrenos del pueblo, es decir, todavía comunitarios, así como de los templos, se entregaban en arriendo fundamentalmente a grandes lati fundistas, pero también a pequeños arrendatarios. Se advierte de igual manera el desarrollo de los oficios artesanales y un fuerte incremento de las actividades comerciales. En síntesis, Lurie puede concluir, con respecto a Pilos, que estaba dirigida por un gobierno centralizado y un fuerte aparato de administración. Suponiendo, como hemos di- . cho, una relativa identidad entre el régimen de Pilos y la organiza ción política de Micenas, Struve dice: “En su conjunto, el régimen político-social de Micenas y de otros estados aqueos debería ser ca racterizado, al parecer, como esclavista primitivo, cercano en su es tructura al cretense. Tenía muchos rasgos comunes con los estados esclavistas primitivos del Antiguo Oriente. Es también posible que la sociedad micénica, por su carácter, según lo expresan algunos cientí ficos, se asemejara en mucho a la sociedad de los hititas, con los cuales guerrearon los aqueos”.10
9 V. V. Struve: ob. cit., p. 66. 10 Ibídem, p. 213.
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