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3. Spectral Characteristics of Green-Attacked and Non-Attacked Ponderosa Pine Needles Using Needle-Level Hyperspectral Measurements

3.5 Implications for Remote Sensing and Management

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tin to s cu lto s ren d id o s a Zeus. Struve señala sintéticamente'las principa­ les facultades y atribuciones de la gerusia, dice: “En conjunto con los

basileus que formaban parte de ella, la gerusiaintervenía en los asuntos

de la comunidad espartana. Constituía el juzgado supremo y el conse­

jo militar. E n este último papel, la gerusiaera solo un órgano de con­ su lta. Según el concepto de los historiadores griegos posteriores, la

"erusia era una pane integrante e inseparable del régimen espartano

c re a d o por el legendario Licurgo, lo cual indica la antigüedad de su p ro ce d e n c ia ”.-10

El tercer elemento de la trilogía gobernante en Esparta, a semejanza dé las demás polis-estados griegas, era la Asamblea Popular, el apela. Sin embargo, en Esparta, por las razones que hemos indicado, desem­ peñó un papel mucho menos relevante que en otras polis-estados; y particularmente, que en Atenas, por ejemplo. Esa asamblea, limitadísima en sí misma como veremos más adelante,' carecía de la posibilidad de promover leyes y tenían el derecho exclusivo de usar la palabra en ellas solo el basileusy altos funcionarios, frente a los cuales, el pueblo inte­ grante del apela, se reducía únicamente a brindar su asentimiento o contrariedad mediante gritos y exclamaciones, que hicieron decir a Aristóteles que esas reuniones eran “pueriles”.

Pero el régimen estatal espartano se separa un tanto del modelo clá­ sico de las polis griegas, con su trilogía gobernante, por la existencia del llamado “Colegio de los Cinco Eforos”. El Colegio de los Cinco Éforos evidentemente tuvo relevantísimas facultades de inspección y control estatal en Esparta, incluso podía constituir un elemento de limitación del poder de los basileusy la gerusia.

Sobre la naturaleza social del eforado se han trabado múltiples polé­ micas y se han ofrecido diversas y contrapuestas opiniones. Ese orga­ nismo, que Hegel llegó a comparar con el Directorio de Francia, ha sido explicado con verdadera ingenuidad por algunos autores e incluso resulta forzoso reconocer que el mismo Struve lo trata con cierta su­ perficialidad al atribuir su origen a “representantes de las cinco aldeas en las cuales se hallaba dividida Esparta”. Aunque más adelante destaca su importancia al decir: “Al lado de sus funciones de control, el pro­ blema principal del eforado residía en mantener en obediencia para con la comunidad espartana, a la masa sujeta a ella y a los periecos que no gozaban de plenos derechos”.21 No obstante lo cual deja subsistente el problema.fundamental: ¿Por qué fue preciso atribuir esas facultades a un organo especial cuando las mismas podían ser desempeñadas por los órganos tradicionales como los basileusy la gerusia? Indudablemente

Ibídem, p. 112. ídem.

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que la más plausible explicación la brindan Maisch y Pohlhammer cuan­ do afirman que representaban la desconfianza de la aristocracia hacia la realeza y, paralelamente, de los dorios hacia los aqueos. Sin duda que si no olvidamos que el Estado espartano es el resultante de una unidad hegemónica de la aristocracia doria y aquea, es fácil entender que las contradicciones sociales y políticas allí se entremezclaran diabólicamente. Junto al temor natural de la aristocracia militar contra el poder perso­ nal de los basileus, debió siempre estar subsistente el de los sectores dorios, preponderantes, contra los sectores aristocráticos aqueos. La dualidad de los basileus, de los cuales uno podía ser de origen aqueo, podía agudizar esa desconfianza y hacer sentir la necesidad de instrumentar un órgano de poder que garantizara la hegemonía dórica.

Pero la explicación final de la estructura de gobierno del Estado espartano es preciso encontrarla no solo en su apuntado carácter mili­ tar y el atraso económico, sino también en la estructura social interna de ese Estado, en su correlación de fuerzas y clases sociales. Por tal razón, debemos decir aunque solo sean dos palabras sobre esa base social de la Laconia en general y de Esparta en particular

El atraso del conjunto de relaciones sociales de producción espartanas se evidencia en el centro nodal de esas relaciones, es decir, el. grado alcanzado por la esclavitud y la forma de explotación y propiedad de las tierras. El Estado espartano, emergido con gran antigüedad, se asen­ taba en bases de escasísimo desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, de una fase patriarcal y primitiva de la esclavitud. No es posible, en análisis como el que hacemos, dejar de tener presente la constelación de las influencias ideológicas y las tradiciones sociales. Estas últimas, muy impregnadas en Laconia de las concepciones que imprimiera la época del desarrollo de una fuerte civilización contemporánea con Creta y asentada sobre bases muy semejantes al despotismo oriental, no deja­ ba de tener importancia. Si además, consideramos que se conjugó con situaciones materiales muy semejantes, entenderemos que todo en Esparta tendía a conducir a una estructura social embrionaria de la esclavitud y con fuertes rezagos de esa viejísima estructura social del Antiguo Oriente. Así vemos como los dominadores dorios efectuaron distribuciones de tierras, denominadas sus parcelas-cleros, y que, como dice Struve, “la población agrícola conquistada y subyugada por los espartanos y que había tomado la denominación de «ilotas», fue fijada a los cleros, cuyas tierras debían trabajar y hacer producir, bajo el control de personas especialmente designadas por el Estado. A los mis­ mos espartanos les estaba prohibido permanecer largo tiempo en los cleros”.22 Aquí vemos fácilmente una forma rudimentaria de dominio

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eminente del Estado sobre las tierras, cuyo dominio útil ha sido entrega­ do, para su explotación, a una población inferiorizada, lo cual rememora grandemente las formas del llamado “modo de producción asiático”.

En cuanto a los mismos ilotas, asignados a los cleros como hemos indicado, es preciso reiterar con Struve que conocemos muy poco. Posiblemente no fueron solo aqueos, como algunos historiógrafos su­ perficiales han querido hacer ver, sino campesinos desposeídos ya por los aqueos, comuneros arruinados en las primeras manifestaciones de descomposición de la comunidad primitiva. Esa masa de labradores se vio sometida a una situación muy semejante a la de los campesinos del Antiguo Oriente. El mismo Struve, quien no llega a formular esa iden­ tidad y no afirma la estructura espartana semejante al modo de pro­ ducción asiático, llega a señalar que “Solo el Estado tenía derechos sobre la vida y la muerte de los ilotas”. Pero además, reconoce que no eran esclavos propiamente, sino campesinos situados en una posición de in­ ferioridad, de explotación general, como estrato intermedio entre los esclavos y los libres. Pólux (Julio) historiador de la Grecia tardía afir­ ma: “Una posición intermedia entre esclavos y ciudadanos libres, ocu­ paban los ilotas lacedemonios”. En efecto, su situación era semejante a la de esos campesinos del Oriente a los que Marx identificó como so­ metidos a una forma de “esclavitud general”.

Por último, debemos referirnos a los llamados periecos “que consti­ tuían comunidades autónomas. Estas habitaban en los grandes pobla­ dos, parcialmente de carácter artesanal y comercial en el litoral marítimo, en las estribaciones occidentales del Parnón y en la región de la Escirítida, en la parte septentrional del valle lacónico”.23 Sobre el origen de los periecos también se han suscitado fuertes discusiones en­ tre los historiadores de Grecia. Algunos afirman que eran simplemen­ te tribus o poblaciones aqueas sometidas por los dorios a un estado de merma de facultades ciudadanas. Sin embargo, Eforo dice que no eran los aqueos los que se habían convertido en periecos, sino los forasteros que se habían instalado en los sitios abandonados por los aqueos. Evi­ dentemente que esta explicación, recogida por Estrabón, parece mu­ cho más racional, pero lo que está de cualquier forma fuera de discusión es que los periecos constituían capas de población que si bien no esta­ ban sometidos a la degradación general que sufrían los campesinos ilotas, tampoco gozaban de derechos ciudadanos equiparables a los aqueos y dorios dominantes.

Struve señala que sobre esa base económica que hemos someramente esbozado y en medio de las luchas por el asentamiento y dominio defi­ nitivo de los dorios, así como la de estos no solo contra los aqueos

21 ídem.

Es t a d oyd e r e c h oe ng r e c i a

habitantes de la Laconia sino de las regiones circundantes, especialmen­ te Mecenia, “se compuso definitivamente el régimen político social espartano”. No solo la lucha contra Mecenia, sino la amenaza de Ar­ gos, Tegea y otras ciudades del Peloponeso obligaron a la económica­ mente débil Esparta a adoptar una estructura económica artificial, que se imputa al sedicente legislador Licurgo y que significó en el fondo una desesperada intención de cerrar cualquier vía de desarrollo mer­ cantil y de clases en Esparta. Es entonces que se produce la distribución igualitaria de los bienes entre los espartanos, para lo cual fue preciso liberar a Esparta de todo peligro de desarrollo mercantil y pecuniario. Para ello se recurrió a la prohibición de guardar metales preciosos y de entrar forasteros en la ciudad, así como el establecimiento del uso de la moneda de hierro, un sistema uniforme de pesos y medidas y la divi­ sión de la tierra en cleros. Estas fueron conocidas como “reformas de Licurgo” y han sido idealizadas por los historiadores burgueses, que la han presentado como un modelo de organización economica de igual­ dad y sobriedad. Esta tendencia laconófila, que está cercanamente emparentada con el fascismo contemporáneo, tiene sus últimas raíces históricas en la misma Grecia. En realidad, es preciso poner de relieve que esa distribución igualitaria no significó ni mucho menos la supre­ sión de la explotación, sino su formulación dentro de una variante atrasada. La distribución de los cleros suponía el dominio eminente del Estado sobre la tierra en general, y ese Estado era un firme represen­ tante de la aristocracia dórico-aquea. En realidad, la igualdad de bienes nunca alcanzó a dicha aristocracia de tipo oriental ni eliminó la existen­ cia de la esclavitud, que cada vez más se separaba de su etapa patriarcal. Además, en términos generales, las llamadas reformas de Licurgo te­ nían un profundo contenido reaccionario, por cuanto estaban dirigi­ das a cerrar el paso a formas superiores del desarrollo de las relaciones de producción.

Además, conjuntamente con esas reformas que constituyen ni más ni menos que la consagración y tipificación de la primera organización política espartana, se comenzó a desarrollar esa organización de base militar, brutal, en que la individualidad se perdía dentro de una disci­ plina y enajenación absolutas. El hombre espartano era un autómata militarizado, enajenado, inculto, en quien se habían exacerbado los más brutales instintos bélicos y que gozaba con las bestiales criptias.24

24 Las criptias eran una práctica social espartana, brutal e infrahumana, que consistía en

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