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B3.22 PRE-ACTION SYSTEM

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B3.22 PRE-ACTION SYSTEM

El nuevo trazado del espacio público ha transformado decisivamente los géne­ ros autobiográficos canónicos, aquellos que esbozaran las formas modernas de enunciación del yo. El avance de la mediatización y sus tecnologías del directo han hecho que la palabra biográfica íntima, privada, lejos de circunscribirse a los diarios secretos, cartas, borradores, escrituras elípticas, testigos privilegia­ dos, esté disponible, hasta la saturación, en formatos y soportes a escala global. En este horizonte, una forma peculiar parece concentrar en sí misma las fun­ ciones, tonalidades y valores —biográficos— reconocibles aquí y allí, en los di­ versos géneros: la entrevista, que podrá devenir indistintamente biografía, au­ tobiografía, historia de vida, confesión, diario íntimo, memoria, testimonio.

En efecto, desde su incierto nacimiento, probablemente en la segunda mitad del siglo xix, a modo de resguardo y autentificación de palabras dichas en la prensa, la entrevista se reveló como un medio inestimable para el conocimiento de personas, personalidades e historias de vidas ilustres y comunes.1 Menos fantasiosa quizá que la biografía, anclada a la palabra dicha en una relación casi sacralizada, su afirmación como género derivó justamente de la mostración de la proximidad, de su poder de brindar un “retrato fiel" -en tanto atestiguado por

1 S i bien la pregunta por el origen de un género es siempre hipotética, la datación oficial de su introducción sistemática en la prensa diaria en Francia, es, según las fuentes consultadas por Philippe Lejeune, de 1884. Utilizada primariamente en relación con la crónica policial o política y luego para amenizar el rubro de noticias de actualidad, la entrevista {interview) respondió al poco tiempo al interés en ta vida de los grandes escritores que había primado durante la primera mitad del siglo xix a través de otras formas discursivas, y en este ejercicio se afirmó como género altamente estructurado, con objetivos y regulaciones específicos (Lejeune, 1980: 104 y ss.).

En los Estados Unidos fue más bien la entrevista a políticos la que dio solidez al género, como procedimiento estandarizado. Hay cierto consenso en considerar que el “origen” del mismo po­ dría fecharse en 1859, con la aparición en el Tribune de una conversación extensa y organizada con el dirigente mormón Brigham Young. Los periodistas norteamericanos también fueron pione­ ros en cuanto al asedio de la vida privada. En 1886 acamparon en un prado frente a la casa donde el-presidente Grover Cleveland pasaba la noche de bodas. Según el imaginario de la prensa de la época, la entrevista servía, principalmente, para “permitir y también controlar la visibilidad pú­ blica de tos miembros de la eíite de la sociedad, deí gobierno y de las organizaciones privadas" (Graber, {1984] 1986: 27-28).

la voz- y al mismo tiempo no concluido —como, de alguna manera, el pictórico o la descripción literaria-, sino ofrecido a la deriva de la interacción, a la intui­ ción, a la astucia semiótica de la mirada, a lo sugerido en el aspecto, el gesto, la fisonomía, el ámbito físico, escenográfico, del encuentro.

La posibilidad de franquear el umbral de lo público hacia et mundo priva­ do, quizá en una travesía inversa a la del surgimiento de los géneros autobio­ gráficos —mientras que en estos últimos la interioridad se “creaba” pública­ mente, en la entrevista se accedía a quienes ya habían conquistado por otros medios una posición de notoriedad— hace que esta forma dialógica pueda ser considerada, con pleno derecho, como la más moderna dentro de la constela- ción autobiográfica consagrada. Moderna en una doble acepción, primero como la más reciente en una genealogía y también como contemporánea de la mo- dernidad/modemización, uno de cuyos motores era justamente el despliegue acelerado de la prensa, la ampliación de los públicos lectores y el surgimiento de nuevos registros y estilos en la comunicación de masas.2

La entrevista está así indisolublemente ligada al afianzamiento del capita­ lismo, la lógica del mercado y la legitimación del espacio público —a través de sus palabras autorizadas— en su doble vertiente de lo social y lo político. Pieza clave de la visibilidad democrática, lo es también de la uniformidad, esa ten­ dencia constante a la modelización de las conductas que es uno de los funda­ mentos del orden social. Pero este despliegue de lo público, que abarca toda una gama de posiciones sociales, lo es también, como no podría ser de otro modo, de lo privado, en las múltiples tonalidades que puede ofrecer la interlo­ cución. Así, tanto en el retrato de los “grandes nombres”, como en otras incumbencias coextensivas, que fueron ampliándose a través de las décadas —la consulta política, la construcción de la noticia de actualidad, el hecho “por boca de sus protagonistas", el testimonio, los entretelones, las reglas del arte, las historias de vida de gente común, etc.— se expresará siempre, en mayor o menor medida, la impronta de la subjetividad, esa notación diferencial de la

persona que habilita el discurso de la (propia) experiencia.

Como género biográfico —aun cuando no se la considere habitualmente entre los “canónicos”— que presenta vidas diversamente ejemplarizadoras, por excelencia o por defecto, lo es también de educación, aspecto modélico por anto­ nomasia. El “retrato” que brinda la entrevista irá entonces más allá de sí mis­ mo, de los detalles admirativos e identificatorios, hacia una conclusión sus­ ceptible de ser apropiada en términos de aprendúaje. Hablando de la vida o

2 En la Argentina fue Crítica, el diario moderno por excelencia, el que introdujo en los años treinta la entrevista como rubro valorado en la composición general de la plana de las noticias (Véase Silvia Saítta, 1999).

mostrándose vivir, el entrevistado, en el juego dialéctico con su entrevistador, aportará siempre, aun sin proponérselo, al “acervo” común.

Si los inicios del género estuvieron signados por el interés en grandes per­ sonalidades políticas, literarias, científicas, d efecto de proximidad se fue trans­ formando con el tiempo también en efecto de .celebridad, es decir, en ritual obli­ gado de consagración de todo tipo de figuras. La celebridad, fenómeno de masas que surge hacia fines del siglo XIX, es, al decir de Ludmer (1999: 187), una de las “industrias culturales del periodismo, la industria del deseo”.3 En efecto, su aparición hace particularmente manifiesta la relación mutuamente implicada entre ley de mercado y modelización, como deseo identificatorio —y consumís- tico—, donde las personas investidas de ese valor pasan a adquirir categoría de símbolos. Casi no es necesario agregar que, en una espiral ascendente, la cele­ bridad es hoy un valor predominante en la escena mediática.4

Pese a la diversidad de los personajes ofrecidos a la curiosidad pública, y de los tipos de intercambio posibles -hasta ¡os que transcurren en “teleconferen-

ciaM—, la entrevista mantiene sin embargo vigentes los rasgos que quizá fueron

la clave de su éxito inicial: la ilusión de la presencia, la inmediatez del sujeto en su corporeidad -aun en la distancia de la palabra gráfica-, la vibración de una réplica marcada por la afectividad -la sorpresa, la ira, el entusiasmo—, el acceso a la vivencia aun cuando no se hable de la vida. “El género teatral de ‘la entrevista’ —dirá Derrida— sucumbe, al menos ficticiamente, a esa idolatría de la presencia ‘inmediata’, en directo. Un diario prefiere siempre publicar una entrevista con un autor fotografiado, antes que un artículo que asuma la res­ ponsabilidad de la lectura, la evaluación, la pedagogía” {Derrida, Stiegler et

al., 1996: 13). Proximidad que supone no solamente el “cara a cara” del entre­

vistador y el entrevistado, sino, sobre todo, la inclusión imaginaria de un terce­

ro en el diálogo, el destinatario/receptor, para quien en verdad se construirá la 3 Según la autora, los “cuentos de celebridades” internacionales, aparecen en la cultura ar- gentina con el salto modemizador de fin del siglo XIX. U n temprano antecedente son las crónicas- entrevistas a celebridades en Caras y Caretas, que aparecieran seriadas en los años 1907 y 1908 e hicieran a su vez famoso al entrevistador, el periodista escritor Juan José Soiza Reilty. En 1909 fueran reunidas en un libro con pie editorial de la Casa Maucci, de Barcelona, bajo el título Cien

hombres célebres (Confesiones literarias) , cuya primera edición, de 5.000 ejemplares, fue un verda­

dero best-seller. Ludmer comenta que en algunos párrafos el autor se refiere a su estética respecto de esa “intimidad de la fama”, donde no importan tanto las palabras sino lo no dicho, la escena, el “alma" que se pueda inventar al personaje. La autora cita uno de ellos: “yo creé ese sistema de la

intimidad con el retrato físico, el ambiente, los gestos, las sonrisas, para saber lo que realmente

quiere decir ‘el célebre™ (Ludmer, 1994: 187-191).

* Et filme de Woody Alien Celetrrity destaca esa notación peculiar de la cultura contemporá­ nea, atentada por el peso desmedido de la maquinaria mediática, donde ta celebridad está cada vez menos ligada a los viejos valores de excelencia o merecimiento, para convertirse en una combinación de audacia, oportunismo y relaciones públicas.

figura del héroe o heroína en cuestión, entre las muy diversas opciones del escenario contemporáneo.

En su teoría de los géneros discursivos, Bajtín acentuaba la potencialidad transformadora de los mismos en la vida de la sociedad, la influencia de ciertos estilos —sobre todo los cotidianos, conversacionales— en el cambio y la flexibi- lización de costumbres, léxicos, mentalidades, y postulaba la existencia de gé­

neros predominantes según la época, que aportan un “tono” particular a lá co­

municación discursiva. Sin pretensión totalizadora, podríamos decir que la entrevista, por su constante expansión temática, estilística y de audiencias, por la diversidad de usos y registros y el imaginario de inmediatez y autentici­ dad que conlleva, es hoy uno de esos géneros.

Y es precisamente esta ubicuidad, el hecho de presentar un abanico inago­

table de identidades y posiciones de sujeto -y, coextensivámente, de vidas posibles-, y más aún, el hecho de que estas vidas ofrecidas a la lectura en el espacio público lo sean en función de su éxito, autoridad, celebridad, virtud, lo que toma a la entrevista, según mi opinión, en un terreno de constante afir­ mación del valor biográfico. Quizá difícilmente se exprese mejor que en esta noción bajtiniana la tendencia —y la pasión— que lleva a consumir hasta el exceso vidas ajenas en el fast-food de la instantaneidad mediática. Exitos efí­ meros, encuentros faticos, biografías de un trazo en el vaivén del diálogo, pero también retratos que se despliegan en la larga duración, que acompañan —y construyen— una trayectoria de vida cuya actualización en reiteradas entrevis­ tas a través de los años abre sucesivos capítulos en la memoria pública. Noé Jitrik decía —precisamente en una entrevista- que este género había ocupado el lugar de las memorias en la sociedad contemporánea, sociedad siempre dis­ puesta al olvido y atenaceada por el flujo de la “desaparición” (Virilio), donde sólo algunos elegidos logran sobrevivir, a cambio del don infinito de sí mismos.

Pese a su posición hegemónica en el concierto mediático, que la ha trans­ formado en una matriz de acuñación de sentidos en cuanto a las “vidas ejem­ plares” de la época, la entrevista no ha merecido, al menos dentro del mapa bibliográfico consultado, un estudio pormenorizado que atendiera a tal condi­ ción.5 Es esa carencia la qué quiero colmar en alguna medida, eligiéndola como objeto particular de análisis dentro del espacio biográfico. En esta doble figura -e l exceso de sentido por un lado y la escasez de trabajos de indagación acadé­

5 Lejeune (1980) incluye la entrevista entre ios modos posibles de producción de relatos de vida, pero acentuando sobre todo en el uso de la historia oral, y en ta recuperación de las historias de gente común. En un capítulo de su libro Je est un autre analiza una entrevista autobiográfica de Sartre, y a partir de allí extrae algunas conclusiones sobre la entrevista radiofónica. También pueden registrarse menciones a la presentación de sí en la entrevista en el marco de indagaciones de tipo lingüístico/pragmático/comunicacional.

mica por el otro— también se cifra un interés investigativo anterior, que me llevara al estudio de la entrevista como género en una perspectiva multidisci- plinaria (Arfuch, 1992, 1995) y a partir de allí, a la intuición de algo nrns a desarrollar, que encontró su lugar en el presente capítulo.