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B3.23 RECYCLING SYSTEM
Los usos de la entrevista -que exceden ampliamente los marcos de la informa- ción-, son casi contemporáneos de los que conquistaran el fervor académico, habilitando la palabra del “actor social”. Sus intereses comprenden un univer so de protagonistas, temáticas, modalidades, aspectos. También son múltiples los tipos de entrevistadores, sus objetivos, los soportes y las lógicas de mercado en que se inscriben. En un vano intento clasificador podrían proponerse dife rentes taxonomías en simultáneo, siempre en cuadros de múltiple entrada. Pero esas variaciones no llegarían a desdecir las cualidades generales que he mos esbozado, y que podrían, a su vez, resumirse en un aforismo de inspiración socrática: el imaginario que sustenta el diálogo con un otro, más allá de su finalidad específica, es siempre el de un atisbo posible a la interioridad y por ende, a una verdad no aprehensible por otros medios. Y esa peculiar inscrip ción veridictiva no tiene que ver con lo que efectivamente se diga. Podemos no creer lo que alguien dice, pero asistimos al acontecimiento de su enuncia ción: alguien dice -y, podríamos agregar, más allá de un querer decir-. Es sobre esta valoración de la presencia6 y los ecos que ella despierta en una época marcada quizá por la ausencia, que nos proponemos desplegar nuestro análisis de la entrevista en tanto forma paradigmática en la configuración contempo ránea del espacio biográfico.
Nuestra indagación abordó un corpus múltiple de entrevistas, centrando la atención en las compilaciones en libro de uno o varios entrevistadores, con entrevistados argentinos o de otras latitudes, producidas en el país o traduci das.7 La decisión de trabajar principalmente con textos consagrados por una
6 Agradezco a Beatriz Sarlo la observación de que la entrevista, pensada desde la óptica de Benjamín, tiende a restituir lo aurático - la cercanía, la presencia, el “original", lo irrepetible-, en un mundo ya mediatizado.
7 El corpus con el que hemos trabajado que se recorta sobre el trasfondo de otro, muy amplio, originado en una investigación anterior— incluye, además de diarios, revistas y audiovisuales, los siguientes libros, entre otros: Jean de Milleret, Entrevistas con Jorge Luis Borges, 1971; María Esther Gilio, EmeiGentej, 1986; G . Barry Golson (comp.), Entrevistas de Playboy, [1981] 198Z; Guillermo Saavedra, La curiosidad impertinente, 1993; Graciela Speranza, Primera Persona, 1995; Confesiones de
escritores. (Narradores 2) Los reportajes de Tht París Revievi, [í9951 1996; Con/esiones de escritoras. Los reportajes de The París Rcvkuj, [1995] 1997; Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero (comps.),
“segunda vida” editorial, después de su primera publicación —generalmente en medios de prensa^, obedece a varias razones. La primera es justamente la ven taja de operar con una selección donde pesan ya parámetros valorativos, y por lo tanto, ofrece cierta tipicidad: la del medio donde fueron publicadas {la re vista Playboy, The París Review, grandes díanos...), la de los entrevistados (gran des personalidades, escritores, pensadores, intelectuales, artistas...), la de los entrevistadores (periodistas, críticos, académicos...), la del modelo utilizado, la del estilo de la época a que pertenecen. La segunda es la “representativídad” de dicho corpus para nuestras hipótesis, en virtud de las diferencias tempora les y al mismo tiempo, de la simultaneidad en la publicación de varios de estos libros —algunos de ellos, rápidamente agotados- que demuestra tanto un énfa sis editorial como un interés creciente del público hacia el género y sus perso najes, más allá del consumo rápido en la prensa diaria o periódica. Finalmente, es en este tipo de entrevistas, relativamente extensas y atentas a la relación entre vida y obra, donde aparecen con mayor nitidez y regularidad los rasgos que interesan a nuestro espacio biográfico.
Pero, ¿cómo aprehender la cualidad biográfica de la entrevista en la multipli cidad de sus ocurrencias? ¿Cómo leer, además, lo que aparece sintomáticamente aquí y allí, a menudo sin ser convocado? Si bien son precisamente los desplaza mientos metonímicos los que aquí cuentan, una primera respuesta, en cierta medida tranquilizadora, nos aproximaría a la idea bajtiniana del cronotopo, como correlación espacio-temporal y afectiva que hace posible -y reconocible- la in vestidura de sentidos en un género dado: la vida como camino, trayectoria, peri pecia, encrucijada, destino -y sus correlatos, la “lección”, el modelo, la expecta tiva, la “prueba”-. La vida como viaje temporal y sus estaciones obligad as: la
grandes entrevistas de ¡a historia argentina, 1998. Una somera descripción de las compilaciones de
entrevistadores múltiples remitiría, por un lado, al estilo mordaz, incisivo, de Playboy para realizar una inmersión lo más profunda posible en la personalidad del entrevistado -músicos, actores, escri tores, como Miles Davis, John Lennon, Marión Brando, Nabokov, o figuras públicas como Martin LutherKing), sin límites preconcebidos—; por el otro, a la modalidad interrogativa ya clásica de T/i£ Paris Review, sobre la articulación entre vida, obra y estilo de trabajo del escritor/a, agrupadas por género. El libro de Jean de Milleret cotí Borges reúne a entrevistador y entrevistado en varias sesiones, en un recorrido biográfico/intelectual casi obsesivo, más próximo de las “Conversacio nes”. Ei de María Esther C ilio como única periodista/entrevistadora presenta a diversos personajes, con primacía de escritores (Bioy Casares, Onetti, Neruda, García Márquez, Puig, Lispector, etc.). En la misma dirección, las compilaciones de entrevistas de Guillermo Saavedra y Graciela Speranza, ambos críticos especializados, ofrecen una buena perspectiva del campo de los escritores argentinos contemporáneos, tendencias, preocupaciones y estilos (Btoy Casares, Saer, Cohén, Tizón, Chejfec, Aíra, Piglia, Martini, Mercado, Fogwill, etc.). Finalmente, Grandes entrevistas se organiza como un panorama histórico que arranca en 1879. He consultado también asiduamente los suplementos culturales de los grandes diarios, especialmente Clarín, Págma}12, y La Nación, constituyendo muéstreos en distintos períodos entre 1995 y 1998.
infancia, la juventud, la madurez, la muerte. La vida como “herencia” familiar, generacional, histórica, que difícilmente escapa a la tentación causal. La vida como despliegue del personaje que se narra ante ese otro, el entrevistador —cuya mirada es determinante-, poniendo en juego diversos “biografemas” -o motivos estereotípicos—, en el viejo hábito de la conversación. Avalares de la experien cia, demostraciones, reflexiones, conclusiones: la vida como un saber sobre la vida. Desaciertos, infortunios, tropiezos, desengaños, la vida como un padecer. Pero también—y casi prioritariamente- los logros, éxitos, virtudes: la vida como cumplimiento, como realización. Como sucede con otros registros, lo que parece inabarcable podrá sintetizarse en ciertas líneas y modulaciones, en ciertos “to nos” predominantes. Al seguir con asiduidad los derroteros que trazan las pre guntas en las diversas superficies textuales, se van descubriendo los hilos de una trama mucho más regular de lo esperable. Casi no importará la relevancia del personaje en cuestión ni el estilo de la entrevista y del entrevistador: hay reco rridos prefijados y modos de andar bien conocidos. Y no es que la remisión a “la vida” imponga obligadamente estos recorridos, es más bien el género, la peculiar combinatoria de las voces, su vaivén, la marca conversacional, lo que definirá las formas del relato, su puesta en sentido.
A l acotar el terreno a lo biográfico, el objeto que me propongo construir focalizará sobre todo en el valor otorgado a la entrevista en cuanto al cono cimiento de la persona, en su papel configurativo respecto de las identidades, la modelización del mundo privado y de la intimidad, en el énfasis puesto en la función reguladora de los sentimientos, en su permeabilidad a diversas narra tivas —aun Acciónales--, sin desmedro del imaginario clásico de verdad y au tenticidad.8
Si nos atenemos a la distinción entre géneros discursivos primarios y secun darios efectuada por Bajtín, la entrevista es sin duda un género secundario, com
8 Aun cuando nuestro objetivo no es aquí propiamente lingüístico, es conveniente explicitar la concepción del lenguaje que sostiene nuestra reflexión. En primer lugar» cabe retomar ta filia' ción respecto del dialogismo de Bajtín (Voloshinov, [1929] 1992; Bajtín, 1982 y 1988), uno de los primeros en marcar la salida del “monologismo” como forma de abordar el funcionamiento emi nentemente social del lenguaje y de la comunicación. También los conceptos de performatividad y acto ¡locutorio de Austin ([1962] 1982) son capitales para pensar la acción lingüística en el horizonte de la comunicación mediática y en el marco de una teoría general de la acción. Estos referentes delinean una concepción no “representacionalista” del lenguaje, que acentúa el carác ter creador y transformador de éste en la vida social (Récanati, [1979] 1981).
Respecto de la dinámica del intercambio que caracteriza a la entrevista, remito al enfoque inreraccional (Orecchioni, 1990), que considera que todo discurso es una consrrucción colectiva; al trabajo de Goffman ([1959J 1971), y su definición del actor social como personaje que representa diversos roles, a los llamados “conversacionalistas" que estudian ta importancia del género en la consritución de la sociedad (Sacks> Schegloff, jefferson: 1974: 696^735; 1977: 361-382).
piejo, pero cuya dinámica intersubjetiva, en diversos contextos, opera en cierta semejanza con las formas cotidianas del diálogo, los intercambios familiares, la conversación, es decir, con los géneros primarios. Esta peculiar condición no es ajena a su funcionalidad, tanto en el plano de la comunicación mediática como en otros contextos institucionales (entrevistas de selección, laborales, psicológi cas, sociológicas, etc.). Pero si bien se trata de una instancia de competencias compartidas por los interlocutores, a diferencia de lo que sucede en la conversa ción cotidiana, aquí la facultad performativa de la interrogación9 -con sus dife rentes acentuaciones-, sera ejercida prioritariamente por quien está habilitado para ello, el entrevistador. Esta no reversibilidad de las posiciones enunciativas en términos del derecho a preguntar, que supone una diferenciación normativa de esas posiciones, es quizá, junto a una estandarización temática y de procedi mientos, lo que hace de la entrevista un género altamente ritualizado, pese a ser construida sobre los valores de fluidez y espontaneidad.
En el caso de la entrevista mediática, la interrogación es, por otra parte, constitutiva de la función social de la prensa: no sólo se estará autorizado sino hasta obligado a preguntar, tanto en lo que hace al imaginario político de visi bilidad y transparencia de la democracia, como en relación con las más diver sas temáticas y cuestiones. Precisamente, lo que nos interesa aquí en particu lar, es que la vida del personaje, que fuera uno de los rasgos destacados en el surgimiento del género, se ha tomado en una de las principales cuestiones.
Consecuente con esa heterogeneidad que Bajtín definiera como c o n s t i t U '
tiva de los géneros discursivos, la entrevista no sólo revelará las huellas de la conversación sino también las de otros géneros secundarios: el teatral, la no vela, el diálogo socrático, el informe científico, la arenga política y, por su puesto, todos los que se incluyen, canónicamente, entre los autobiográficos, pero no solamente como apuesta específica -lo que constituiría un tipo parti cular, la entrevista biográfica o íntima- sino también como una derivación
* La noción de “performativo” acuñada por Austin, eminente representante de la "filosofía del lenguaje ordinario” de Oxford, alude, en un primer momento, al tipo particular de acción que cumplen determinadas expresiones verbales, utilizadas en primera persona del singular del indi cativo, tales como “juro”,“prometo", “bautizo", etc. En un segundo momento, la indagación de Austin se amplía a otras expresiones, llegando a la conclusión de que tocio enunciado, más allá de “lo que dice” tiene un grado de performatividad, esto es, cumple un acto i locutorio por el hecho mismo de su enunciación, un hacer inherente al lenguaje: afirmar, proponer, objetar, opinar, inte rrogar, negar, aconsejar, etc. En este sentido, lejos de ser un mero reflejo de lo existente, produce modificaciones en la situación, generando nuevas relaciones (y obligaciones) entre los interlocuto res. Desde esta óptica, la entrevista se puede analizar como un ejemplo canónico de acto ilocurorio: se construye a partir del derecho a preguntar y por lo tanto espera respuesta inmediata, puede operar como un simple intercambio jático —la actualiiación del “quién está allí**— pero también como una instancia de verificación, de control o de denuncia, llegando inclusive a ejercer una violencia de La interrogación.
ocasional, que podrá tener lugar en cualquiera de sus incumbencias (informativas, políticas, de divulgación científica o artística, de entretenimiento, etcétera).
Pero este preguntar sobre la vida no es aleatorio: la entrevista opera una selección jerárquica de sus entrevistados, desplegando, en sus incontables re- gistros, todas las posiciones de autoridad de la sociedad -entendidas éstas en sentido muy amplio, desde la función político/institucional a b s trayectorias, vocacionales o profesionales, el star yystem, las figuras heroicas o arquetípicas, etc —, con lo cual, no sólo produce la visibilidad de estas posiciones como una operación semiótica necesaria al orden social sino también su reforzamiento, en tanto las confirma como tales, otorgándoles un sello de legitimidad. Y en tanto esas posiciones están “encamadas” por sujetos empíricos, que las han conquistado por merecimiento o virtud, las historias ofrecidas a la lectura se toman inmediatamente modelizadoras.
El espectro de las vidas narradas en la entrevista es muy amplio. N o sola mente aparecen como dimensión consustancial al conocimiento —tal el caso, por ejemplo, de las típicas entrevistas a científicos, artistas, escritores—, sino también —y a veces, sobre todo— como mera insistencia en el anecdotario,
gossip, repetición estereotípica de los sentidos más comunes, infracción de los
límites entre público y privado, entre lo decible y el umbral de la intrusión —movimiento al cual tampoco escapan los personajes más conspicuos—. En tan to, no es nuestro objetivo trazar una línea divisoria entre unas y otras manifesta ciones, ni postular una hipotética “pureza” del reino biográfico; la desemejanza de estas formas constituye justamente en nuestro enfoque un dato esencial.
Es que la posibilidad de derivar en algún tipo de narrativa personal, aun en los intercambios más formales, parecería estar siempre presente, alentada por la dinámica misma de la relación intersubjetiva, por esa idea de acontecimiento, algo que se produce aquí y ahora, en el momento de la enunciación y que, como anclaje en la temporalidad, guarda relación con la existencia. Así, el espacio biográfico en la entrevista se definirá menos como un territorio esta ble y acotado que como un conjunto de “momentos” autobiográficos —como lo advirtiera Paul de Man respecto de la autobiografía—, de variado carácter e intensidad, en los que asoman, llevados por la lógica de la personalización o el interés del entrevistador, destellos de la vida, recuerdos, aseveraciones, expe riencias. Momentos que, para ser entendidos como tales, requerirán por su puesto de la complicidad interpretativa del lector.
Sin embargo, la figura de la prosopopeya -que De Man identifica, como vimos, con la autobiografía—, ese “hacer hablar y actuar a una persona que uno evoca, un ausente, un muerto, un animal, una cosa personificada” (Petit Robert), no “trae" al discurso algo ya definido y existente, no restituye una supuesta integridad del yo, sino que viene justamente a poner rostro a un va
cío, a nombrar lo que no preexiste como tal. Sobre ese umbral sobre el vacío, aquello que tiene que adquirir forma aun como respuesta estereotípica, sobre ese abismo de los yoes -¿el “actual”, el “pasado”...?- trabaja el “momento” autobiográfico en la entrevista, como proceso especular de sustitución/identi ficación, que habla tanto de la incompletud del sujeto como, correlativamen te, de la imposibilidad de cierre de toda narrativa personal. Más solidaria con esa lógica que otros géneros que aspiran a una “coronación” del relato -de la vida—, el “cierre” que propone la entrevista es siempre transitorio, su suspen sión se aproxima al suspenso, deja siempre una zona en penumbra, que el ago tamiento de la palabra, la tiranía del tiempo —en la interacción, en la panta lla- o del espacio -en la escritura- transformarán en promesa de futuros en cuentros y tematizaciones. Ahora bien, ¿cómo se plasma esa figura especular de la lectura, en un intercambio mediado a su vez por el saber —y el poder— del entrevistador?
Esto nos lleva a una cuestión de importancia: en ese triángulo que for man el entrevistador, eí entrevistado y el destinatario final de esa interac ción -lector, público, audiencia-, ¿quién es el otro de la interlocución? Porque el entrevistador asume una posición institucional compleja, donde de alguna manera ya está prefigurado lo que puede y/o debe decirse, aunque esta prefiguración no agote el juego intersubjetivo ni alcance a determinar su rum bo. Posición que supone a su vez un desdoblamiento, entre los intereses del medio o soporte al cual se representa, el interés “propio” y la representación que el entrevistador asume, casi en términos políticos, de su destinatario: ese clásico mecanismo de “preguntar lo que aquél preguntaría, si pudiera”. Una lectura atenta permite descubrir las marcas de esta trama discursiva.
J. G. Ballard, entrevistado por Thomas Frick (ce: 29):1D
E: — A lg o raro que h e ad v ertid o co n resp ecto a las v a riad as respu estas q u e o c a sio n a su obra, es que alg u n as p erso n as p ien san que es e x trem ad am en te d iv erti d a, m ien tras que o tro s la leen d e u n a m an era ab so lu tam en te seria. S é q u e yo m ism o h e ten id o am bas respu estas an te ta m ism a obra, au n q u e h ab itu a lm en te en m om en tos diferen tes. ¿U sted qué p ien sa?
— Es una pregu n ta tram p osa. S iem p re me h an acu sad o de ser un escrito r sin sen tid o d el hum or. C rash m e resu lta m uy d iv ertid a, sólo leer un p árrafo en voz
10 Las siglas que utilizaremos para indicar la procedencia de las citas, en este ejemplo y los siguientes, corresponden a las compilaciones en libro de nuestro corpus: CI: La curiosidad imper tinente, PP: Primera Persona, CE: Con/esiones de escritores, C E A : Confesiones de escritoras, EP: Entrevistos de Playboy, E: EmerGentes, GE: Grandes entrevistos de la historia argentina. Ejemplos de otra proveniencia serán indicados con su pie de imprenta.
alta solía provocarme carcajadas, porque, en cierto modo, es muy ridículo. Y El
día eterno tiene fuertes elementos de un humor oculto de la misma clase. Pero
claro, la existencia misma es una clase de broma muy especial.
Simone de Beauvoir, entrevistada por Madeleine Gobeil (cea: 34):
E: —Algunos críticos y lectores han sentido que usted hablaba de la vejez de manera poco agradable.
—A mucha gente no le gustó lo que dije porque quieren creer que todos los períodos de las vida son deliciosos, que los niños son ¡nocentes, que todos los recién casados son felices, que los viejos son calmos. Yo me he rebelado conrra esas ideas durante toda mi vida [...] Por supuesto, en la Francia actual hty que decir que rodo está bien, que todo es maravilloso, incluyendo la muerre. Toda entrevista es entonces ejemplo paradigmático de esa apertura a la otredad que es el fundamento de la teoría bajtiniana. Otredad del lenguaje, habitado por voces ajenas, de la comunicación, como tensión hacia ese otro para y por el cual cada enunciado tiene lugar,11 y finalmente, del triángulo peculiar que confot' man entrevistador, entrevistado y público. Como en un juego de cajas chinas, las narrativas del yo en la entrevista, esos momentos en que el cronotopo de la vida relumbra en alguna de sus innúmeras facetas, se despliegan, en coautoría,