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Chapter 7 Optimization

7.3.2 Borg Optimization Set-up

En esta sección se describe a grandes rasgos y de manera bastante resumida, cómo ha sido el comportamiento de la inflación en Chile durante gran parte del siglo XX, describiendo esencialmente cómo ésta ha variado de gobierno en gobierno, además de los esfuerzos que se hicieron para poder controlarla.

Muchos han sostenido que la inflación que padecía Chile, parecía una enfermedad crónica, en el sentido de que se han hecho muchos esfuerzos para eliminarla sin tener resultados claramente positivos. La inflación hasta antes de los 90s, se caracterizaba por ser en promedio muy alta pero además muy volátil. Por ejemplo, en 1955 la tasa de inflación excedió el 80 por ciento, mientras que en 1973 superó el 600 por ciento, lo que da cuenta de una inflación extremadamente volátil, como se aprecia en la Figura 1. Dada la alta volatilidad de la inflación y los costos que ésta trae consigo, no es de extrañar que durante gran parte del siglo XX, la economía chilena alcanzase un crecimiento económico bastante mediocre.

Entre 1945 y 1989 el país vivió un proceso de inflación motivada en gran medida por los trastornos internos y externos de la economía, especialmente las relacionadas con los sostenidos déficit fiscales que eran financiados por el Banco Central. Durante este periodo la inflación estuvo siempre por sobre el 5% anual. Como se aprecia en la Figura 1, posterior a los años 50s la inflación parece aumentar en su volatilidad. Como el proceso inflacionario parecía empeorar cada vez más, los distintos gobiernos buscaron contener la inflación mediante planes de estabilización, principalmente a través de fijaciones del tipo de cambio nominal, los cuales ante la incapacidad de los gobiernos para sostener un manejo disciplinado de sus finanzas junto con deterioros en los términos de intercambio, estos sólo tuvieron un éxito momentáneo.

Durante el gobierno de Carlos Ibañez del Campo, se vivió una de las tasas de inflación más altas, donde la tasa de inflación promedio anual fue de 62%, alcanzando su punto más alto en 1955 con 83,8%, la más alta tasa registrada en la historia de Chile hasta ese entonces. Pero estas elevadas tasas de inflación tienen su causa en los grandes déficit fiscales de la época, lo que se refleja en un sector monetario caracterizado por elevados aumentos en la oferta de dinero. Con tal de remediar esta situación, hacia fines de 1955 se implementan varias medidas que hacían frente a las fuentes de emisión monetaria, disminuyendo los gastos del gobierno, aumentando los impuestos, entre otras. Pero los resultados obtenidos de la serie de medidas no tuvieron mucho éxito, ya que las medidas fiscales no fueron coherentes, por lo que no se pudo contener el déficit ni se pudo controlar la gran expansión del crédito directo al sector privado11. Así, a finales de 1958, existía un

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saldo negativo de balanza de pagos, una desocupación cercana al 9%, un gran déficit fiscal mientras que la economía sufría un prolongado estancamiento.

En 1959, con Jorge Alessandri como presidente, se implemento un nuevo plan de estabilización. Este plan se centraba nuevamente en controlar el financiamiento del déficit fiscal mediante emisión monetaria junto con la implementación de un tipo de cambio fijo. El financiamiento del déficit fiscal era por medio de créditos externos en lugar de endeudamiento con el Banco Central. Estas medidas tuvieron un fuerte impacto en la tasa de inflación, la cual se redujo de 33% en 1959 a sólo 5,5% en 1960. Pero, a pesar del éxito que mostró este programa de estabilización, la falta de control sobre el déficit fiscal y la significativa caída del ritmo de entradas brutas de capitales durante 1961, pusieron en duda la sustentabilidad del programa. Algunos agentes empezaron a apostar a una devaluación y sacaron capitales del país, lo que provocó una serie de crisis de balanza de pagos que llevó al abandono de la paridad cambiaria uno a uno y a una seguidilla de devaluaciones. Luego sin la posibilidad de seguir financiando el déficit fiscal con créditos externos se forzó a recurrir nuevamente al endeudamiento con el Banco Central, con el consiguiente impacto en la tasa de expansión monetaria, lo que repercutió en la tasa de inflación nuevamente, situándola por sobre el 40% anual para 1964.

Para el periodo del siguiente gobierno, el de Eduardo Frei Montalva, se implementaron una serie de reformas estructurales, orientadas a mejorar el crecimiento económico, pero fundamentalmente en mejorar la mala distribución del ingreso, por lo que la estabilidad de los precios pasó a ser un objetivo secundario. Al final, la tasa de inflación mostró nuevamente una alta volatilidad, la cual se redujo desde 43% en 1964 a 19% a fines de 1966, para nuevamente subir en 1967 llegando a estar por sobre 35% anual. En Morandé y Noton (2004), se afirma que durante este periodo la política monetaria tuvo en promedio un fuerte sesgo expansivo, siendo las fuentes de emisión más importantes las operaciones de cambio (acumulación de reservas internacionales) y las operaciones con la banca comercial. Por otro lado, con tal de proteger a los más afectados por la inflación se introdujeron mecanismos de indexación a través de los impuestos y de los salarios, promoviendo reajustes salariales en base a la inflación pasada, así como también en varios instrumentos financieros. Las diversas maneras de indexación indujeron una enorme inercia en el proceso inflacionario.

La situación se volvió critica a comienzos de los 70s, durante el gobierno de Salvador Allende, época en la cual se llevaron a cabo expansiones fiscales agresivas financiadas mediante el Banco Central. Adicionalmente, como método para combatir la inflación, se implementaron fijaciones de precios. La actividad económica no tardo en verse perjudicada ante las enormes distorsiones de precios y falta de respeto al derecho de propiedad que caracterizaron al gobierno. El punto más álgido de la tasa de inflación en Chile se dio en 1973, donde ésta alcanza el impresionante nivel de 600%, junto con un

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déficit fiscal del 30% aproximadamente. En efecto, entre 1972 y 1976, la inflación promedió un 380% anual.

Dado el sombrío contexto económico en que se encontraba la economía chilena, el gobierno militar se impuso el objetivo de reducir la inflación y remover los principales mecanismos por los cuales la inflación se desencadenaba. Así fue como durante el gobierno militar se implementaron una serie de reformas estructurales, liberalizando la economía, integrándola al comercio internacional y dando bastante más espacio a la inversión privada. En un principio, se aplicó un enfoque antiinflacionario gradual, esto debido a los miedos que se tenían, en ese entonces, de implementar medidas más drásticas por los altos costos que éstas podrían traer. Desde el punto de vista fiscal, se lograron grandes avances, reduciendo el déficit desde un increíble 30%, hasta un 5,4% para 1974. Pero las medidas tomadas no lograban contener la inflación, mientras que las medidas fiscales deprimían fuertemente a la economía. Ante estos resultados se decidió por implementar una política más drástica, un plan de shock, el cual implicaba un severo ajuste tanto fiscal como monetario. Este nuevo ajuste fiscal permitió reducir el déficit del sector público no financiero al 2% para 1975, alcanzando finalmente un superávit el año siguiente. Este programa de estabilización no contemplaba el tipo de cambio como herramienta en la lucha contra la inflación. Por lo que se decidió mantener una paridad móvil, ajustada en función de la inflación pasada. El impacto sobre la inflación de este plan de shock fue de inmediato, cayendo de 69% al 26% en 1975, pero para el siguiente año, nuevamente escalaria hasta 47%. Para Edwards( ¿?) las expectativas inflacionarias y las devaluaciones nominales comenzaron a desempeñar un papel cada vez mas importante. A finales de 1977, la tasa de inflación alcanzaba el 84%, por lo que se decidió por implementar nuevas medidas, las cuales estaban fundadas en el nuevo contexto de la economía chilena, una economía abierta.

¿Por qué no cae la inflación?

La descripción previa de la inflación en Chile, da cuenta de una inflación altamente volátil y gatillada constantemente por los incontrolables déficit fiscales de los distintos gobiernos de turno. Los programas de estabilización de la época atacaron estos problemas conteniendo el gasto fiscal y el crecimiento del dinero. Sin embargo no parecía existir ganancias reales de los planes para contener la inflación. Si bien, los problemas de índole fiscal como causa de la inflación se habían removido, esto no derivó una caída sostenida en la tasa de inflación, ya que ésta permanecía aún muy alta.

Como ya se mencionó, a mediados de los 70s, el tema inflacionario estaba sobre la mesa de discusión. Para esos años se implementaron reformas estructurales que remediaban en gran medida las fuentes de emisión monetaria. En particular, el impedimento de financiar gasto público mediante el Banco Central fue un gran avance. Sin embargo, a pesar de tener superávit fiscal, el gobierno no lograba reducir la inflación. Sí se veían avances,

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como por ejemplo, a comienzos de los 80s, y gracias a la fijación del tipo de cambio realizada en 1979, la inflación se veía reducida llegando a 9,5% en 1981. Para esos años se vivió una importante entrada de capitales, que ayudaron a financiar el déficit en cuenta corriente. Sin embargo el cambio de enfoque que se dio en EEUU a su política monetaria, la cual indujo un fuerte aumento en las tasas de interés externas, generó en Chile una severa caída en la entrada de capitales, lo cual derivó en una crisis de balanza de pagos y una serie de devaluaciones del tipo de cambio. Ante esto la inflación volvió a subir.

Durante los siguientes años, el país se centro en tratar de salir de la profunda crisis económica que estaba enfrentando, sin necesariamente tratar de reducir la inflación, pero tampoco perdiendo el control de ella. Dado esto, las políticas macroeconómicas cambiaron su enfoque de reducir la inflación, a contener el saldo negativo de la cuenta corriente. Así, a partir de 1986 se inicia una recuperación fuerte y sostenida del producto, que deriva en un marco macroeconómico estable durante el resto de la década. En términos comerciales se observa una notoria mejoría a partir de 1984, atribuible más bien al manejo del tipo de cambio, la cual se basó en una serie de devaluaciones que se produjeron durante el periodo.

Además de la crisis de deuda externa que enfrentaba el país, adicionalmente surgía un nuevo problema para combatir la inflación, que había estado formándose en los años previos, la alta inercia inflacionaria. Ésta era producto de los mecanismos de indexación que se habían introducido, los cuales son perjudiciales para alcanzar la estabilización, dado los efectos que traen consigo sobre el proceso inflacionario (Edwards, 2000). En 1976, se adoptó un esquema de indexación salarial basado en la inflación pasada (Edwards y Edwards, 1991), que fue obligatorio luego de la implementación de nuevas leyes laborales en 1979-80. Mediante esto, se introdujo un alto grado de inercia en la inflación, la cual hizo prácticamente imposible su reducción durante toda la década de los 80s. Luego, la falta de un ancla nominal explicita y la gran inercia inflacionaria perecen ser los principales problemas que faltan por resolver entrando en la década de los 80s.