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4. Findings

4.3 Case 3: Nokia Siemens

Documento anónimo interpreta conceptualmente la actitud “como la disposición

que se manifiesta ante una situación dada en la ejecución de un acto”, constituye por lo

tanto una elección, una toma de posición entre una y otra opción. Comportarse de un

modo u otro deriva de valores internalizados, de convicciones o creencias que el

individuo ha aprendido a lo largo de su historia a través de un proceso en el que

participan componentes intelectivos y afectivos, opina este documento. Tierno, B. (s/f,

citado en este documento anónimo), afirma que la perdurabilidad y la resistencia al

cambio son rasgos distintivos, pero reconoce que las actitudes son flexibles y

susceptibles de ser revisadas y modificadas mediante el mismo proceso que las

internaliza o se apropia de ellas, por ser dinámicas, operativas y flexibles.

Hay diversos estudios que tratan de entender la práctica educativa y

concretamente la actuación del docente, en ellos se analizan sus características,

expectativas, actitudes y creencias, centrándolos en educación tecnológica, en

introducción de nuevas tecnologías en el aula, etc.; las cuales han hecho notar la falta

de elementos de referencia que debiera manejar el docente para insertar estos medios

informáticos de manera puntual en el trabajo en el aula.

Estudios de las “teorías implícitas” han analizado las creencias de los maestros

en el intento de comprender lo mejor posible la práctica educativa, comprender e

interpretar las acciones de los maestros, De Wilt, Egan, Cook, Dstlund & Young (1998,

citados por Macotela, F. S., Flores, M. R., Seda, S. I., s/f), como guía para propiciar el

cambio. Breck y Fear (1995, citados por Macotela y otros, s/f), han estudiado las

creencias de los maestros en servicio.

“Las creencias acerca de la escuela y de la enseñanza se establecen muy

temprano en la vida de los individuos por medio de la experiencia misma de la

escolarización” (Knowles, 1994 y Pajeras, 1992, citados por Macotela y otros, s/f). De

ahí, la resistencia al cambio y sus viejas prácticas a pesar de su preparación normalista.

A través de los estudios de Fullan & Miles, 1992; Fullan & Stiegelbaver, 1991, y

Richardson (1990, citados por Macotela y otros, s/f), sobre procesos de cambio en los

docentes, concluyen que para que el cambio sea efectivo y repercuta en las prácticas

de enseñanza se tiene que partir de cómo el maestro concibe y se apropia de su

práctica; de llevarlo a un análisis crítico de la misma para que sea partícipe en la toma

de decisiones y en la implantación del cambio.

Silva, P. M. (s/f), afirma que hay una serie de rasgos que deben constituir la

formación de docentes; entre ellos, las actitudes de respeto hacia los miembros de la

comunidad educativa, de compromiso frente al perfeccionamiento personal, de

búsqueda y aceptación de su identidad como persona y educador; de reflexión y

análisis crítico de su quehacer; de coherencia entre el pensar, el sentir, el hacer y el

decir; de apertura hacia el quehacer profesional con otros; de innovación y aceptar

innovaciones de otros, etc.; de modo que logre un desarrollo personal en el sentido de

crecimiento como ser humano y, aunado a esto, una sólida base conceptual y de

profesionalización pedagógica que le facilite una práctica docente exitosa.

Ashton y Web, 1986; Guskey y Passaro (1994, citados por Woolfolk, A. E., 1999),

respecto de la eficacia del maestro afirman que su convicción de que puede llegar a los

estudiantes más difíciles y ayudarlos a aprender, es una de las características

personales de los educadores que se relacionan con el aprovechamiento de los

alumnos.

Opinan Fernández, M. F., Hinojo, L. F. y Aznar, D. I. (s/f), que urge formar a los

profesionales de la enseñanza en las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC)

ya que en la actualidad el aprendizaje de los alumnos está dominado por la tecnología

de la que disponen en sus hogares o a la que acceden en otros lugares y que usan de

un modo acrítico e irreflexivo.

Martínez, R., Astiz, M., Medina, P., Montero, Y. y Pedrosa, E. (s/f), investigaron

sobre la factibilidad de implementación de entornos interactivos de aprendizaje

apoyados por computadora mediante equipamiento escolar de hardware y software, el

grado de utilización, las actitudes de los docentes hacia la incorporación de la

informática a la actividad escolar. Encontraron que la encuesta había dado resultados

positivos, había que profundizar las indagaciones para determinar en qué medida los

maestros estaban en condiciones de utilizar la computadora como una herramienta de

apoyo para la construcción del conocimiento y el desarrollo de habilidades. Encontraron

que la ansiedad ante esta perspectiva, fue muy semejante entre maestros del medio

rural y urbano.

Rodríguez, M.F. (s/f), afirma que la preocupación por introducir las nuevas

tecnologías con fines pedagógicos en los centros escolares es preocupación de la

mayoría del profesorado; pero la prisa con que se llevó a cabo para encontrar una

respuesta sobre cómo usar la tecnología en las escuelas, impidió la sensibilización del

personal docente para aceptación de la misma. Opina también que es necesario hacer

un mayor esfuerzo de formación del profesorado, con proyectos globales que agrupen

todas las comunidades en los que se enseñe desde lo más simple para manejar el

Internet, la utilización de buscadores, imágenes, sonidos y otras herramientas, y hasta

cómo hacer el diseño educativo basado en ellas. Puesto que los profesores son los

actores más importantes, ningún cambio se producirá sin su apoyo y su compromiso;

entonces, la transformación y mejora de la educación va a depender de lo que ellos

decidan y hagan. Pero esto está subordinado a que los profesores tengan una

formación y capacitación adecuada para la incorporación de las nuevas tecnologías en

su práctica profesional, así como actitudes positivas o favorables hacia las mismas.

Cabero (1998, 200, citado por Rodríguez, M. F., s/f), afirma de manera enfática que el

profesor es un elemento determinante para introducir cualquier innovación tecnológica

en la escuela.

Chaupart, J. (s/f), sugiere se dé más difusión a los proyectos modestos a partir

de tecnología universal para atraer el interés de los demás docentes quienes podrán

verificar que se puede facilitar la comunicación entre maestro y estudiantes, estudiantes

– estudiantes, en pares, expertos entre sí, con materiales a distancia, y crear una

comunidad sin hacer uso de costosas plataformas.

Calderon, F. P. (2004), comenta que en investigaciones realizadas por L. Rosen

y M. Weil en 1990, a 2000 profesores de 54 centros escolares de California, observaron

que el 52% de los docentes contrarios al uso de la tecnología fueron de educación

primaria, y el 45% eran de secundaria; el grado de tecnofobia era mayor en los

profesores de humanidades que entre los de ciencias; además se encontró que a la

mayor parte de los profesores les creaba ansiedad los problemas técnicos, el poder

seleccionar el software y los cambios rápidos en los programas. Descubrieron que

algunos se sentían víctimas de la computadora, y que no existían diferencias

significativas en cuanto a las edades o al sexo de los docentes con tecnofobia; y a

pesar de que muchos habían realizado cursos de capacitación, sus actitudes no habían

mejorado después de dicha formación. Estos investigadores pudieron detectar aspectos

problemáticos en los docentes, tales como: resistencias al cambio, deficiencias de

formación en cuanto al uso de las tecnologías, problemas de autoestima y el grado de

frustración al tener la visión de la computadora como sustituto del profesor.

2.4.1 Cambios en los adolescentes

De acuerdo con la Guía Didáctica de Telesecundaria (2000), los cambios que

suceden en la adolescencia, y que el maestro ha de tomar en consideración en su

práctica para propiciar las actitudes adecuadas en los alumnos, se pueden clasificar en

biológicos, psicológicos y sociales.

2.4.1.1 Aspecto biológico.

Como resultado de la acción de las gónadas sexuales, se producen en el

organismo hormonas que estimulan el funcionamiento de los ovarios de la mujer y de

los testículos del hombre; éstos (ovarios y testículos) producirán a su vez hormonas

sexuales femenina y masculina (progesterona y testosterona, respectivamente), las que

al circular por el torrente sanguíneo provocarán la presencia de los caracteres sexuales

secundarios. Estos cambios se agudizan durante la adolescencia y provocan una

ruptura del equilibrio afectivo y emocional del individuo, por la rapidez y magnitud de los

mismos.

2.4.1.2 Aspecto psicológico.

Los cambios psicológicos más significativos son: la autoafirmación de la

personalidad; crecimiento rápido e incremento de la energía mental; manifestación de

emociones, en ocasiones confusas y desordenadas; aparición de ambiciones, anhelos y

egoísmo; principio de la introversión y desajuste de sus ocupaciones habituales;

determinación de su vocación y resolución de problemas con base en deducciones. En

los adolescentes predomina la imaginación y la sensibilidad creativa. La atención y

curiosidad son desmedidas. Respecto al desarrollo intelectual, en la adolescencia se

transita del conocimiento concreto al pensamiento formal o abstracto. Es capaz de

elaborar ideas abstractas y reflexionar con mayor libertad. En cuanto a su afectividad,

se presenta inestabilidad emocional que hace vivir al adolescente estados de ánimo

que van de la más intensa alegría a la más profunda tristeza; en la fijación de valores,

hay inestabilidad y confusión debido a que no logran establecerse con claridad las

diferencias. El egocentrismo alcanza su máxima expresión.

2.4.1.3 Aspecto social.

La interacción con sus iguales es muy importante: surgen clubes, bandas y

pandillas como alternativas propias de relación. En esta etapa se establecen las

primeras relaciones de pareja, como ejercicio de su sexualidad. En su concepción del

mundo y de las cosas sufre un reajuste que en un primer momento los lleva a buscar un

modelo al cual imitar, aunque no es difícil que sea aparten de él, si no llega a satisfacer

sus expectativas o si son defraudados por el mismo. Esta separación hace que los

adolescentes se determinen a sí mismos.

El Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE) opina que el

impacto de la tecnología sólo puede esperarse, en el terreno individual, cuando se

opera un cambio de actitud, acorde con el cambio social que implica la tecnología y que

afecta al individuo en su contexto. Entonces, no es suficiente la manifestación de una

actitud positiva general hacia la tecnología, sino que es necesario desarrollar una

disposición para adoptar las herramientas tecnológicas en el propio entorno. Esto es, se

necesita formar actitudes que llevan a la acción.