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1.3 The Research Design

1.3.3 Case selection and analysis

Como parte del recorrido que se realizó en este proyecto de investigación, tenemos como punto importante el reconocer la corporeidad de los niños y las niñas dadas sus dinámicas sociales y su contexto. Sin embargo, podemos resaltar como el concepto de corporeidad puede ser interpretado como un “mero accionar del cuerpo” o una “instrumentalización” del mismo, para lo cual veremos el planteamiento de algunos autores frente a este concepto.

Encontramos que el cuerpo es el que permite a la persona socializar. El cuerpo puede ser entendido no solamente como cuerpo –objeto, sino también como cuerpo –sujeto o cuerpo propio, enmarcado desde la antropología monista la cual comprende al cuerpo como sinónimo del ser humano en sí.

Así pues, bajo esta mirada se estudiará en este apartado la corporeidad desde tres perspectivas (artística, pedagógica y social), abordando en un primer momento a un autor que vincula en su tesis la corporeidad y el arte.

Encontramos al docente, bailarín, escritor e investigador de la literatura, las artes y de la creatividad artística y pedagógica: Víctor Fuenmayor quien afirma que la corporeidad, se expresa a través del arte y en cada obra de arte. En su obra pedagógica: “El cuerpo: síntesis de las artes, de la corporeidad a la razón sensible”, se hace visible cómo el autor no concibe ninguna de las bellas artes: (pintura, escultura, música, arquitectura, etc.) sin una raíz o cimiento en el cuerpo mismo del artista, en esta teoría donde el cuerpo es la fuente -por así decirlo- de inspiración, el autor precisa la corporeidad como la manera que cada uno de los humanos sentimos nuestro cuerpo, resaltando cómo el artista siempre imprime su corporeidad de manera consciente o inconsciente en su trabajo artístico y desde allí lo siente, significa, da sentido y lenguaje.

Para el autor la corporeidad es la que marca y traza la identidad de cada ser humano, tomando desde allí para nuestra investigación la importancia del cómo estos niños y niñas hijos e hijas de reclusos exploran, construyen y reconocen su corporeidad, la cual está enmarcada por unas relaciones personales y sociales, que construyen e influyen en la identidad de un sujeto de manera permanente.

Así pues, encontramos como Fuenmayor realiza un paralelo interesante cuando expone que al detenerse a pensar el cómo se reconoce a un artista sin necesidad que él se autorretrate, se indicaría que se le conoce por su técnica, su temática y su manera particular de hacer su trabajo (colores, trazos): por ejemplo ¿cómo conocemos a Van Gogh en sus obras sin que tengan que decirnos que es él el creador?, el autor plantea que el artista define una huella o marca que lo hace singular e irrepetible y que esa marca que puede ser su estilo, los materiales que usa o la ideología que trabaja en sus obras son las que permite reconocerlo del resto de artistas, de igual manera se pensaría que aunque a diferencia del arte, la corporeidad no se representa en una obra artística, explícitamente o implícitamente, se hace presente en cada acción humana, que nos define como una persona singular que tiene su propia manera de ver y vivir su vida a través de los años y de las interacciones sociales, culturales e históricas que ha experimentado en su estadía en el mundo:

“La corporeidad no es completamente cuerpo biológico, sino que proviene fundamentalmente de lo que ha organizado la materia biológica desde impresiones

sensibles fijadas a muy tempranas etapas de desarrollo que han determinado matrices perceptivas, energéticas, afectivas, mentales, con que el ser humano o el artista se expresa o marca sus modos de comunicar.” (Fuenmayor, Victor, 2017)

Se establece de esta manera que la corporeidad desde que estamos en el vientre de nuestra madre, está haciendo una labor de “humanización”1, con cada uno de nosotros, ya que cada historia de vida o cada contexto nos determinan y nos dan una visión del mundo, unas sensaciones particulares que nos permiten apropiarnos y darle un sentido. Es tan definitiva para el ser humano la comunicación con el mundo exterior casi desde que se nos concibe, ya que esta relación con el mundo externo es la que permite construir las propias visiones de mundo que interiorizaremos para luego exteriorizar.

De ahí, que es interesante el analizar desde esta investigación la construcción de corporeidad de los niños y niñas hijos e hijas de reclusos, reconociendo que desde esa particularidad familiar se marca una mirada de la realidad y una manera de relacionarse con el mundo exterior completamente peculiar. Es claro para nosotras que estas relaciones con el entorno permean niños y niñas, los constituyen como un sujeto singular en permanente construcción, que como lo menciona Fuenmayor es un juego relacional en donde la identidad converge en una interacción con sí mismo, con otro y con su mundo desde sus formas de ser, estar, sentir y expresar.

Es así como el autor plantea la corporeidad como una huella única o singular que identifica a cada sujeto, que se va constituyendo a partir de las primeras experiencias con el mundo externo (cultura, historia de familia, vivencias), interiorizándose en cada persona y dándole una perspectiva de mundo subjetivo. Subjetividad que le permite al sujeto configurar internamente todo ese mundo cultural y social que lo envuelve y a su vez lo forma como persona perteneciente a un grupo que tiene unas características sociales, culturales únicas que lo distinguen y lo sellan.

Para lograr una mayor identificación de lo anteriormente planteado el proyecto investigativo en su intervención da lugar a talleres direccionados al arte, diseñados como espacios en los cuales los niños y niñas expresen y reconozcan su corporeidad: lo que son, lo que sienten, lo que les

emociona, les preocupa, les inquieta, aunque podríamos decir que esto tiene cabida en otros campos de la vida humana, puesto que una persona en un trabajo o en su quehacer diario, también imprime su corporeidad o su manera de sentir, o de vivir su cuerpo como lo define Fuenmayor, todos los seres humanos a lo largo de la vida vamos forjando nuestra identidad, como seres únicos en el universo, no solo a nivel genético sino a nivel simbólico, debido a que nuestro pensamiento y manera de ser están determinados por la estimulación que hayamos tenido, esa estimulación social que nos permite acceder a toda una cultura y ser parte de ella:

“La corporeidad indica que el cuerpo biológico ya ha sido organizando orgánica, intuitiva, afectiva y mentalmente con el sentido que les ha dado a sus órganos que filtran y seleccionan las excitaciones del mundo exterior, con la conciencia que ha tenido un poco más o un poco menos de su propio cuerpo de existencia humana, con el dominio que fue adquiriendo de lo simbólico hasta el llegar a la representación primero de las cosas y luego de las palabras.” (Fuenmayor, Victor, 2017)

De lo anterior se comprende la corporeidad como la interiorización de todo un bagaje histórico- cultural que nos define como sujetos y que determina las acciones que realizamos consciente e inconscientemente, acciones que reflejan lo que hemos ido construyendo de nosotros mismos, la cual que no sería posible si no estamos contextualizados por lugares geográficos, por historias y experiencias que forjan huellas definitivas en las vidas de cada ser humano, por sujetos o situaciones que marcan de alguna manera el pensamiento personal, por percepciones sensoriales que dejan en nosotros recuerdos inquebrantables, esta mezcla de componentes se condensan en una sola entidad: lo que somos, lo que sentimos, pensamos y vivimos. Huella que se incorpora en el lenguaje y corporeidad que tiene que ver con la imagen inconsciente que tenemos del cuerpo y de cómo esta nos marca de forma decisiva al momento de situarnos e interactuar con el mundo exterior.

Después de considerar la perspectiva artística y situándola en el contexto escolar, a continuación se abordara cómo es vista la corporeidad desde lo pedagógico, poniendo en relación todas aquellas percepciones y concepciones que han aludido a la búsqueda de un significado para la palabra corporeidad; aquella que se ha venido transformando desde la misma concepción que se

le atribuye al cuerpo en distintas instancias, religiosas, filosóficas, sociales, políticas, etc., que comprenden y estiman un valor a este desde una construcción de espacio-tiempo, se presenta la idea o la definición propiamente dicha de corporeidad, entendiendo precisamente que es la reunión de varios elementos que sitúan la complejidad de darle un lugar en función o desde el ser humano. Por esta razón, se trata de retomar algunas ideas del texto “La palabra corporeidad en el diccionario de Educación Física” de la Licenciada en Actividad Física y Deportes Alicia Ester Grasso (2008), y del texto “Creatividad, identidad y corporeidad” de la Magister en creatividad, Inma Benedico Martínez (Benedico), quienes ubican el concepto en concordancia con la concepción de corporeidad que se ha venido mencionando a lo largo de este apartado.

En este sentido, vale la pena señalar como estas dos docentes retoman la concepción de corporeidad desde bases sociales y culturales; aquellas que se generan bajo la idea de creatividad, identidad, reconocimiento, lenguaje y comunicación, al ser estas un puente de conexión con aquello que se hace difícil de obviar en una lectura de relación e interacción con el otro, en la que indiscutiblemente se visibiliza la corporeidad como un conjunto de elementos que comprende,

“[…] la integración permanente de múltiples factores que constituyen una única entidad. Factores psíquico, físico, espiritual, motriz, afectivo, social e intelectual constituyentes de la entidad original, única, sorprendente y exclusiva que es el ser humano: Soy yo y todo aquello en lo que me corporizo, todo lo que me identifica.” (Grasso, 2008, pág. 8)

Dando lugar a la construcción de su ser social y cultural como ese mediador conceptual que se constituye básicamente en la interacción consigo mismo y con el otro. Y en este sentido al comprender esa “identidad” que nos enuncia Benedico en su texto y que nos alude Grasso en el anterior párrafo.

“cada persona expresa su singularidad en una forma distinta de caminar, respirar, tocar, danzar, al tiempo que inventa y se inventa desde esa forma singular de palpitar, abrazar, colorear, jugar… Esto tiene unas implicaciones educativas importantes ya que, por un lado, la corporeidad ha de ser considerada como fuente de conocimiento, sentido, cambio

y transformación personal y social y, por otro, la persona ha de aprender a aprender a crear su sentido en un contexto social y cultural determinado en el curso de una vida que es incierta, dinámica y cambiante.” (Benedico, pág. 2)

Y encontramos entonces que aquí el docente también tiene un importante rol. Puesto que se convierte en activador y constante constructor de medios para el reconocimiento de ese contexto que también nos habla y nos vincula como un ser social, el cual invita constantemente a un intercambio de saberes y experiencias cotidianas, es decir; una educación basada en un aprendizaje que se estimule a partir del reconocimiento de la identidad la cual no se concibe apartada de la corporeidad pues nos habla e interpela desde sus sentires, preceptos y construcciones.

En este orden de ideas la identidad, que nos menciona Benedico en su texto, se constituiría en ese reconocimiento de corporeidad al que queremos referirnos como investigadoras, apuntando al reconocimiento del sujeto integralmente, desde las construcciones e ideas de lo que lo rodea, del otro y de sí mismo las cuales se fundamentan en esa relación constante de dialogo o comunicación, de expresión y aprehensión sobre lo que percibe de su realidad inmediata. Un conjunto de elementos morales, éticos, culturales, políticos, intelectuales, que engloban al sujeto como ser social y activo en su medio.

De esta manera, es imposible no encontrarse con múltiples miradas y con la complejidad a la cual nos enfrentamos al situar la palabra corporeidad; aquella que se ve constituida en varios elementos que vinculan al ser humano como, un sujeto holístico y permeado por un contexto que habla y se relaciona a partir de patrones culturales y sociales. Una baraja compleja de posibilidades que aciertan en la mirada global que se hace necesaria para observar al sujeto, no desdibujando e ignorando la identidad con la que nos hablan sus acciones, expresiones y movimientos, que en definitiva fundamentan el lugar de la corporeidad en su actuar cotidiano; constituyéndose en un lenguaje inamovible de nuestro diario vivir.

Por otro lado se encuentra también que en lo que a corporeidad se refiere existen planteamientos desde la perspectiva social tales como los expuestos por Maurice (Merleau-

Ponty, Murice, 2017), filósofo fenomenólogo francés, quien dedicó gran parte de su trabajo a demostrar que la percepción no es el resultado de las sensaciones “atómicas”, él consideraba que la percepción tiene una dimensión activa en tanto que está representa una apertura importante al mundo de la vida, postura que distaba en lo absoluto del atomismo mencionado antes2. Así pues Merleau Ponty logra importantes conclusiones acudiendo no solo a la fenomenología3 sino apoyado también en el aporte de la teoría de Gestalt4 y todos los descubrimientos hechos en la época con respecto a las funciones psíquicas.

Teniendo en cuenta lo anterior, Merleau Ponty, en un punto de su trabajo llega a referirse a la corporeidad, y desde sus aportes con respecto al estudio de la percepción, reconoce que el cuerpo no es solo un elemento u objeto que la ciencia debe usar para estudiarlo, sino que también es visto como una condición permanente de la existencia, porque además “es constituyente tanto de la apertura perceptiva al mundo como de la "creación" de ese mundo. Existe por lo tanto una inherencia de la consciencia y del cuerpo que el análisis de la percepción debe tener en cuenta” (Merleau-Ponty, Murice, 2017). En su trabajo, reconoce no solo la corporalidad de la conciencia sino también la intencionalidad corporal.

Así mismo en esta investigación, se pretende que los niños y niñas reconozcan e identifiquen desde su corporeidad esa percepción, hagan con ella una lectura del mundo en el que están y su contexto. Que el cuerpo no sea solo ese instrumento que les facilita interactuar físicamente con el mundo, sino que comprendan que la corporeidad es un lenguaje que les permite reconocerse como sujetos y reconocer a los demás desde otra perspectiva.

Hasta el momento, teniéndose la creencia que se tenga con respecto al cuerpo, una idea común es que el cuerpo forma parte del mundo. Sin embargo, viendo más allá de la afirmación de este fenómeno, se puede decir “que nuestras acciones están comprometidas directamente con nuestra propia corporalidad, aunque entendamos esto como una mera limitación” Riobello (citado en

2 . El atomismo es un sistema filosófico que surgió en Grecia durante el siglo V a. C. y en la India hacia el año 200 a. C.- 100 a. C. (Kanada), aunque tal vez mucho antes (Mosco de Sidón), según el cual el universo está. constituido por combinaciones de pequeñas partículas indivisibles denominadas (Diccionario de psicología científica y filosófica - Índice)

3 entendida como el estudio lógico de las cosas tal cual aparecen

4 sostiene que la mente se encarga de configurar, mediante diversos principios, todos aquellos elementos pasan a formar parte de ella gracias a la acción de la percepción o al acervo de la memoria. (definición de.)

(Merleau-Ponty, Murice, 2017)), pues el cuerpo como expresión de movimiento y lenguaje nos instaura en un mundo de significados que en este caso consideramos importante, ya que desde esta investigación se acerca y envuelve a los niños y niñas en ese juego del cuerpo que finalmente es un canal que permite estar en relación con el mundo y lo que en el existe.

Merleau-Ponty hace una aseveración y dice: el cuerpo no es un objeto, explica pues que

“el cuerpo no es un objeto a la manera de partes superpuestas; no somos un alma que se pueda escindir de un cuerpo, un puro intelecto junto a un conjunto de músculos y huesos en el que “habitamos”. Es necesario encontrar la articulación entre los determinantes psíquicos y las condiciones psicológicas. Y es la perspectiva del ser-en-el mundo precisamente la que intenta responder a tal búsqueda […]. De manera que al fin y al cabo es la percepción de éste la que nos ofrece esa instancia de significación inminente, de saber implícito y poco claro que conocemos en tanto que lo vivimos. Esta percepción no es ya una operación de la conciencia reflexiva sino una modalidad intencional en virtud de nuestro cuerpo”. Costa citado en (Merleau-Ponty, Murice, 2017)

Así pues, el cuerpo posibilita el conocimiento puesto que nos permite entablar una relación de familiaridad con el mundo a través de la cual nos es posible ligarnos con la totalidad de los proyectos, y permite la realización de nuestro mundo personal. Como lo enuncia Merleau Ponty, el ser humano no es la suma de una mente y de un cuerpo, sino es conciencia corporizada, desde donde es ambigua la existencia de los individuos hasta que estos experimentan y vivencian su cuerpo.

Así pues y en concordancia con nuestro trabajo encontramos que esta corporeidad trasversaliza y encadena cada proceder dentro de la investigación , teniendo en cuenta que si bien cada niño y niña viene con una impronta cultural que se refleja justamente en esa corporeidad y se exterioriza a través de sus maneras de hablar, de comportarse, de expresarse y participar, esta misma les permite relacionarse y expresar esos sentires, afectos y deseos que vienen desde sus intereses, su ser y se ocultan tras ciertos comportamientos que pasamos desapercibidos por los mismos devenires del día.

Es así como al querer comprender las significaciones imaginarias que construyen estos niños y niñas acerca del lugar de permanencia de sus padres, no nos valemos solamente del relato sino que también hacemos una lectura entre líneas para desde allí poder identificar su corporeidad la cual -como ya lo hemos mencionado-incide y aporta en la construcción de sus maneras de actuar, pensar y ver el mundo y este tipo de elementos son los que construyen la identidad no solo de niños y niñas sino de todos los seres humanos. Ahora bien, es importante también señalar que la misma corporeidad tiene una alta dosis de su cultura, de su contexto; de aquello que llamaríamos lo instituido socialmente, desde donde quien está permeado por este poco a poco lo va interpretando e interiorizando (instituyendo) para así mismo ir construyendo esas significaciones imaginarias que convergen sus preceptos y construcciones acerca de lo que significa un determinado lugar (la cárcel) y lo que envuelve ese significado en su manera de comprender y dar sentido a su mundo. Con esa información que la cultura le ha dado, la interioriza para comprenderla acorde a sus capacidades (en ese caso nos referimos a la edad) y la externaliza a través de esta corporeidad, edificando su identidad.