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4. Statistical Analyses for Reliability Predictions in Energy Pipelines

4.5. Case Study based on the Parametric Hybrid Methodology

factores explicativos de la violen- cia en contra delos migrantes

Los asesinatos de 72 migrantes, prove- nientes de Honduras, El Salvador, Gua- temala, Ecuador y Brasil, por parte del Grupo denominado Los Zetas, supues- tamente por negarse a enrolarse en

sus filas o no pagar dinero por su res- cate, y los 183 muertos encontrados en fosas comunes, de los cuales mu- chos eran migrantes o visitantes que tenían como destino el norte del país para cruzar, despertaron la indignación de la sociedad civil en general y de di- ferentes organizaciones no guberna- mentales dedicadas a la defensa de los migrantes, como serían: el Centro de Derechos humanos de los Migrantes de Nuevo Laredo y el Centro de Dere- chos humanos Fray Matías de Córdoba, A.C. con sede en Chiapas.

La muerte de los 72 migrantes fue pre- sentada como un fenómeno novedo- so, excepcional, sin vinculación alguna con la historicidad de Tamaulipas. Sin embargo, como lo hemos descrito an- teriormente, el cruce de migrantes y el no respeto de sus derechos no era algo novedoso sino que tenía al menos tres décadas de persistir en localidades ta-

maulipecas, como Matamoros y Reyno- sa, aunque no se le había concedido la atención necesaria.

Un análisis más fino muestra que si bien, Tamaulipas y su frontera han sido lugares tradicionales de cruce de migrantes, la entidad no se ha dis- tinguido por su preocupación en tor- no a los migrantes. De acuerdo con la Comisión de los Derechos humanos (CNDH), se estimó que entre septiem- bre de 2008 y febrero de 2009 habían sido secuestrados en Tamaulipas 912 migrantes,5 (Brito, 2011).

Asimismo para el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), los munici- pios de Reynosa y Nuevo Laredo están entre los 25 focos rojos detectados en el país en donde se cometen más deli- tos y abusos en contra de los migran- tes. Como se ha mencionado, desde los noventa, a raíz de endurecimiento

5 De acuerdo, a la Pastoral de la Movilidad Humana de la Iglesia católica, en un informe finalizado en octubre de 2009, señalaba que habían existido 9000 secuestros en tan solo siete meses de 2009, los resultados fueron minimizados y se dijo que “carecían de fundamento científico”. La misma Iglesia ha- bía señalo en el 2007 ante la Secretaría de Gobernación su preocupación por el secuestro de migran- tes, pero no se hizo caso (Asesinato, 2011).

de las políticas migratorias y el hostiga- miento de los migrantes en Matamoros, éstos se habían desplazado a Reynosa. De acuerdo con algunos analistas, en esta ciudad concluía una de las tres ru- tas de tráfico de migrantes que inician al sur del país en la frontera de Chiapas y Tabasco con Guatemala, por lo que es un punto importante por donde cruzan migrantes tanto de ida como regreso a Estados Unidos (Brito, 2011).

Tanto Reynosa y Matamoros se han acostumbrado a que los migrantes cru- cen por sus ciudades en condiciones precarias y riesgosas; lo mismo aconte- ce con los deportados, que son regresa- dos por sus fronteras a diferentes horas de la noche, los cuáles deambulan cer- ca de la central de autobuses buscando apoyo para regresar a sus lugares de origen o bien permanecen en las orillas del Río Bravo tratando de cruzar nueva- mente a Estados Unidos. Sin embargo, la realidad es distinta, y el Río Bravo, se convierte en otro peligro para llegar al otro lado, centenares de migrantes han muerto en este río.

Las páginas del periódico principal de Matamoros, El Bravo, han reportado desde hace décadas y hasta la fecha, de manera continua, noticias sobre perso- nas ahogadas en el Río Bravo, tanto de las mismas localidades fronterizas como de otras ciudades tamaulipecas y del in- terior del país. La muerte de personas en el Río Bravo es un problema preocupante al que poca atención se la ha puesto, de acuerdo a CEFPRODHAC, una organiza- ción de protección a los Derechos huma- nos, entre 1993 y 1995 se encontraron en las aguas del Río Bravo 362 cuerpos, de los cuáles 344 fueron hombres y 18 mujeres, para el primer semestre de 1996, ya se contaban 58 cuerpos encon- trados, 2 mujeres y el resto hombres, 45% fueron identificados y el resto se enterraron en fosas comunes, de los lo- calizados 16 eran la frontera tamaulipe- ca. La mayor parte de los muertos fue- ron nacionales, sólo tres extranjeros, (El Bravo, 5 de julio de 1996). Es decir, la violación que ahora confrontan los mi- grantes centroamericanos desde hace varias décadas había sido experimenta- da por los migrantes mexicanos.

A pesar de las muertes de los migrantes y de la cantidad que se va a fosas co- munes, no existió, ni existe, por parte de las autoridades locales una investi- gación profunda en torno a las causales de los muertos que aparecen en el Río Bravo, se asume de entrada que murió por querer cruzar el Río para llegar al otro lado, sin tener en cuenta que tam- bién pueden existir otros factores. Por ejemplo CEFPRODHAC en un informe mencionó que de los 58 cuerpos encon- trados en el primer semestre de 1996, 11 presentaban huellas de violencia, fueron golpeados, heridos e incluso un mutilados, Arturo Solís, dirigente de CEFPRODHAC, señalaba que: “en la frontera de Tamaulipas y Texas se re- gistra un alto número de muertes, mu- chos de los casos por accidentes, pero también por asesinatos cometidos tanto por narcotraficantes como por ladrones de indocumentados”, (El Bravo, 5 de ju- lio de 1996). La utilización del Río Bra- vo como depositario de actos delictivos no era novedosa, sino que ha aconteci- do desde hace décadas, al menos así lo dice la creencia popular:

“(Río Bravo)..si tus aguas habla- ran cuanto nos podrían decir de los muertos que aparecen flotando en ti, los mayoría son matados y te los echan a ti….mil criminales te acusan que al fin no sabes hablar…(tú) co- noces muchos secretos de robos y contrabando, conoces los asesinos de los que matan aquí…de algunos eres de la vida, de otros su perdición aunque no eres caudaloso, tampo- co limpio no estás, porque otros mueren cuando te quieren cruzar… aunque vivo en Matamoros…yo me mantengo alejado de ti…ahí mañana veo la prensa y a ver que cuenta de ti, (Corrido del Río Bravo, s.f.)

Considerar las muertes de migrantes en el Río Bravo como un hecho normal, y como una decisión individual, más que como un fenómeno social, muestra la escasa relevancia e importancia que tienen estas personas para la población local y las autoridades gubernamen- tales. Dado lo anterior, resulta impor- tante analizar el por qué acontece esta situación. Tres factores parecerían ex-

plicar esta situación: la persistencia de la violencia como forma de interacción en distintos ámbitos sociales, en lugar de conciliación o el diálogo; la otredad del migrante como factor de discrimi- nación, y la vulnerabilidad que le da su carácter migratoria, incrementado por carácter de ilegal.

Un primer elemento para entender la violencia en contra del migrante debe provenir de la comprensión del terri- torio en donde se escenifica. Estudios históricos permiten mostrar que la fron- tera matamorense y reynosense es re- sultado de una coexistencia entre lo lí- cito y lo ilícito desde el siglo XIX hasta la actualidad. Por la frontera matamo- rense cruzó el algodón estadounidense durante la Guerra de Secesión; también cruzaron las armas para los revolucio- narios mexicanos; por Matamoros y Re- ynosa, cruzo el turismo norteamericano para consumir el alcohol prohibido en Estados Unidos, por estas fronteras han cruzado enseres domésticos para los habitantes locales y buena parte de los autos denominados chocolates.

Estos cruces fueron posibles en virtud de la corrupción de distintas autorida- des en ambos lados de la frontera. En esta región se crearon usos, costum- bres, reglas no escritas de convivencia social en donde el respeto a las leyes parece no haber desempeñado un pa- pel central sino más bien la resolución de problemáticas y demandas muy par- ticulares de la localidad. Matamoros y Reynosa, también fueron escenarios de importantes caciquismos, cómo Agapito González en el primero y Reynaldo Gar- za Cantú, en el segundo, quienes fueron líderes sindicales por varias décadas. La existencia de hombres fuertes inhibió una democracia plena al interior de las organizaciones sindicales e incluso de las instancias políticas. Dentro de este panorama, la violencia desempeñó un papel central, dado que: “en la medida en que los grupos internalizan patro- nes de comportamiento que no obe- decen a las normas legales y sociales, la sociedad se expone cada vez más al uso de la violencia como una forma de resolver conflictos y obtener recursos”, (Arriagada, 2001, p. 2).

Las dificultades que las instituciones experimentan para aplicar las leyes; la ineficacia y corrupción de los gober- nantes para la aplicación de justicia pueden conducir a una mayor percep- ción de inseguridad, y sobre todo a la generalización de lo ilícito como forma de interacción social, más que la nego- ciación y la conciliación. Desde, estas consideraciones podríamos decir que la violencia actual en Matamoros y Reyno- sa es resultado de las permisibilidades y libertades, provenientes no sólo de la corrupción o mal funcionamiento de las autoridades locales sino por el olvido, la desatención y descuido del gobierno fe- deral hacia los problemas sociales que ha enfrentado la región. Los proyectos económicos descritos anteriormente, algodón, comercio, petróleo no estuvie- ron acompañados de políticas sociales que impulsaran la vivienda digna, los salarios justos, la educación, y otras medidas sociales que desembocaran en una mayor equidad social. Basten dos

ejemplos: primero, la extendida idea del bienestar de los trabajadores petroleros sólo fue para un porcentaje de ellos, una parte importante de los trabajadores de PEMEX se ha sustentado en el empleo de trabajadores transitorios, que con la esperanza de darles la base se les so- mete a toda clase de trabajo.

A pesar de los protesta de los trabaja- dores transitorios durante la década de los ochenta y parte de los noventa, poco se realizó por ellos.6 El segundo caso, se refiere a la ausencia de políticas so- ciales que acompañaran la inserción de cientos de mujeres en las maquilas. Hubo, y persiste, una ausencia de polí- ticas sociales que apoyen a las mujeres en el cuidado y educación de sus hijos. Cortés y Rubalcava (1993) encontraron que un porcentaje de jóvenes, hijos de mujeres que laboraban en la maquila, no trabajaban, ni estudiaban, en parte debido a la presado, escasa atención que recibía por poco de sus padres.

6 En torno a la importancia de los trabajadores transitorios en PEMEX-Reynosa, véase Datos: Angelina Alonso y Roberto López. El Sindicato de Trabajadores Petroleros y sus relaciones con PEMEX y el Esta- do 1970/1985, COLMEX, México. Para protesta de los trabajadores transitorios de PEMEX en Reynosa véase El Bravo, enero 1989.

La explicación no radicaba en la inser- ción de la mujer en la maquila, como se ha expresado, sino en la ausencia de una política social de atención, cui- dado y educación de niños y jóvenes de estas trabajadoras y en la persis- tencia de una cultura patriarcal que seguía visualizando a la mujer como la única responsable del cuidado de los hijos, sin involucrar en el mismo a los hombres. Los servicios de vivien- da y servicios básicos también presen- taban fuertes rezagos que no fueron resueltos debido a la ausencia de pre- supuesto para cubrirlo.

Las maquiladoras han otorgado los salarios y prestaciones básicas a los trabajadores de ambas ciudades, aun- que estos han variado de acuerdo a las negociaciones sindicales que hayan hecho los sindicatos de la localidad. Mientras que Matamoros, consiguió los mejores salarios y prestaciones, deri- vado del esplendor maquilador que vi- vió durante la década de los ochenta y parte de los noventa, en virtud de la instalación de maquiladoras pertene-

cientes a General Motors; por el con- trario, en Reynosa se le apostó a un modelo basado en los salarios bajos y las prestaciones mínimas, situación que se ha mantenido hasta la actualidad, estableciéndose un contraste el desa- rrollo industrial de la maquila y las con- diciones sociales de sus trabajadores. Si bien Matamoros, había conseguido los mejores salarios y prestaciones en sus maquiladoras, distintos aspectos como la presión empresarial, el apo- yo gubernamental y la CTM nacional hicieron que el Sindicato de Jornale- ros y Obreros Industriales (SJOIIM) y de la Industria Maquiladora, principal sindicato de la maquiladora, modera- da sus peticiones en materia salarial y de prestaciones, la creación de otro sindicato con peticiones salariales y prestaciones menores, consiguió tal demanda, abriéndose una brecha en los trabajadores contratados durante la década de los ochenta y parte de los noventa, quienes obtuvieron mejores salarios y prestaciones, como la jorna- da de 40 horas, y los que fueron con-

tratándose posteriormente con salarios ligeramente superior a los mínimos. Aún así la diferencia con Reynosa con- tinuó siendo acentuada en materia salarial, en donde la mayor parte de trabajadores siguió ganando el salario mínimo, independientemente de la fir- ma en la que trabajaran.

En el año 2003, en pleno esplendor de la maquila, se mencionaba que el sala- rio maquilador era en promedio de 70 pesos por día, en ese entonces alrede- dor de 6.50 horas diarios, 80 centavos de dólar la hora, cuando se estimaba, de acuerdo al Comité Fronterizo de Obreras, una organización de apoyo a los trabajadores, que se requerían 83 dólares por semana, es decir, casi el doble de lo recibido, para la sobrevi- vencia de una familia de cuatro perso- nas, (Broughton, 2003).

El deterioro de las de condiciones la- borales se acentuó con la crisis maqui- ladora del año 2000. En Matamoros, se incremento el desempleo, especial-

mente entre mujeres mayores, que fueron despedidas por maquiladoras antiguas en las que habían alcanzado una antigüedad mayor a los 20 años, y aspectos como los contratos tempora- les y la reducción de jornadas labora- les, con la subsecuente disminución de salarios, se generalizaron. La situación no fue mejor en Reynosa, aunque los empleos siguieron creciendo, persis- tieron los salarios bajos y prestaciones mínimas. La problemática se acentuó debido que a pesar de la crisis exis- tente en la maquila, si bien disminuyó la migración, ésta no ceso y siguió lle- gando a la frontera tamaulipeca.

El crecimiento de las ciudades con una población migrante alta, el de- sarrollo económico acelerado sin una contraparte social, propició que los migrantes fuesen asociados como los causantes de los problemas urbanos y sociales que confrontaban Matamo- ros y Reynosa, se estableció una ani- madversión en contra de ellos. La cuál podría explicarse por dos elementos: primero, por la otredad del migrante;

segundo, la vulnerabilidad que adquie- re al ser ajeno a la comunidad local. La otredad 7 referiría a la distinción que el fronterizo establece entre él y los migrantes del sur. En esta diferen- ciación, el fronterizo estigmatiza al mi- grante como lo ajeno, lo extraño, el que causa problemas, lo que altera su dinámica diaria y la de su ciudad. La expresión “hace años en Matamoros, dormíamos con la puerta abierta y no pasaba nada, pero desde que llegaron los del sur, las cosas cambiaron”, es de lo más común oírla entre la población de Matamoros y Reynosa, e incluso en algunos medios de comunicación. Es- tas consideraciones estigmatizan al mi- grante, creando un estereotipo sobre él, cargado de descripciones negativas, como lo enunció una declaración sobre el reclamo en cuanto a violación de los Derechos humanos de los migrantes, al considerar que:

7 El concepto otredad está retomado de Jorge Bustamante (2002) en el sentido del reconocimiento de lo propio del individuo en su comparación con el otro. Bustamante lo emplea para denominar a la percepción del fronterizo con respecto al estadounidense, es decir, la otredad sería lo que lo distingue, historia, fisonomía, etcétera, del estadounidense.

“Nos preocupa las acciones que lace- ran la dignidad humana, discriminan a las personas migrante y ubican su presencia con una amenaza a la comunidad receptora y de tránsito, tales como “ilegales”, “centroameri- canos mareros” “portadores de en- fermedades”, “delincuentes” entre otros. Esto, en lugar de promover una cultura de paz, de respeto y to- lerancia a la multiculturalidad, con- tribuye a que actos discriminación y violencia sean invisibilizados y nor- malizados por la sociedad mexicana en general”, (Parlamento Centro- americano, 2010, p. 2).

La cita menciona la estigmatización del migrante, y la asignación de una carga negativa, no reconociéndole el apoyo al mejoramiento de la localidad, por el contrario, en contraposición, el fronte- rizo se autoconsidera como bueno y no problemático. Se desconoce con ello, que la frontera y sus habitantes con-

frontaban fuertes problemas previos a la llegada de migrantes. Esta diferen- ciación entre el fronterizo y los del sur hace difícil la convivencia e interacción entre ambos, y se establece una ba- rrera difícil de borrar, lo cual impide a la integración de nativos y migrantes como parte de una misma sociedad. A pesar de esta discriminación, resulta interesante como una parte de los mi- grantes que arribaron a Matamoros o Reynosa, hace una o dos décadas, llegan a asumirse como matamorenses, y a re- petir el discurso de las negatividades que traen la gente del sur, aún cuando ellos son migrantes del sur.

El otro factor que propicia la violación, particularmente en el caso de los cen- troamericanos, es su vulnerabilidad, en- tendida como la exposición al riesgo o daño, de la integridad física o moral de un individuo derivado de su calidad de extranjero. Lo cuál se incrementa cuan- do éste es ilegal. Dado esta ilegalidad, se le niega y viola todos sus derechos bási- cos, mediante la argumentación de que ha infringido las leyes migratorias, como

aconteció a finales de los noventa con los migrantes que estaban cruzando por Ma- tamoros. Sin embargo, no sólo no se le respetan sus derechos, sino que los con- vierte en sujeto de cualquier vejación y violación durante su cruce por territorio nacional, dado que le coloca en una posi- ción de subordinación en comparación a la posición dominante que tiene el nacio- nal o el habitante local, violando con ello, sus derechos como ser humano.

Las problemáticas que había enfrentado el migrante mexicano, robos, extorsio- nes, violaciones, denunciadas por Jorge Bustamante desde los años setenta, se acrecientan en el caso de los migran- tes centroamericanos. En ese sentido, mientras que la otredad propicia la dis- criminación de los mexicanos del sur en el norte, la vulnerabilidad expone al mi- grante a toda clase de violaciones y ac- ciones criminales por parte de diversos sectores sociales tanto de parte de la so- ciedad como de las autoridades.

Esta vulnerabilidad se acentuó cuando el crimen organizado se infiltró más en

el secuestro, robo y asesinato de los mi- grantes. Muchos de estos crímenes, de acuerdo a organizaciones internaciona- les no han sido castigados debidamente a pesar de las denuncias,8 por lo que se percibe impunidad ante estos crímenes, por ello, la demanda continua al gobierno mexicano y autoridades estatales y mu- nicipales, especialmente a Tamaulipas, después del hallazgo de los 72 migrantes asesinados, ha sido:

“Reiterarle a las autoridades mexi- canas de impulsar una actuación in- mediata, integral y coordinada entre órganos de Estados, especialmente entre los cuerpos de seguridad y la procuración de justicia, para garan- tizar que se protejan los derechos