3. Structural Reliability Analyses for Predictions in Energy Pipelines
3.6 Numerical Application for the 2nd Case Study based on ECDA
3.6.1. Results and Discussions
Al término de la segunda guerra mun- dial Inglaterra, como otros países de
Europa, se enfrenta con las labores de reconstrucción y reparación de sus se- cuelas con vistas a reanimar la produc- ción industrial. Dentro de este macro universo, los estudios culturales enfo- carán su análisis hacia los fenómenos propios de las llamadas “clases popu- lares”, nominación carente de inocen- cia, en cuanto que produce el efecto de desplazamiento de su característi- ca proletaria.
La década de 1950 ve aparecer grupos de jóvenes provenientes de la clase tra- bajadora que actúan con cierto desafío y resistencia frente a la cultura hegemóni- ca: Bikers, Mods, Rockers, Skinheads y Teddy-boys rondan por los barrios londi- nenses y sus alrededores. Con excepción de los Mods (modernists) más interesa- dos en el jazz y en reconocerse como ciudadanos del mundo, el resto intenta articular cierta protesta que a veces ter- mina en actos delictivos.
Como sabemos los Cultural Studes na- cieron en el contexto de posguerra y guerra fría. Su punto de mira se con-
centra en desarrollar un instrumental teórico tomado de las fuentes a las que ya hemos aludido. Su propósito no es continuar con el desarrollo de las teorías sino aplicarlas para resca- tar, tal vez con cierto paternalismo, el valor de la “cultura popular”, que des- de su diagnóstico ya estaba casi per- dida, debido a la reciente invasión de la cultura de masas y los patrones de con- sumo exportados por Estados Unidos. A diferencia de Richard Hoggart, funda- dor del Centro para Estudios Culturales Contemporáneos, Raymond Williams y Edward Thompson sí tuvieron, aunque por corto tiempo, una participación en la militancia política de la izquierda bri- tánica. La comparación de Hoggart en- tre las formas de vida de la clase obrera antes de la segunda guerra mundial y las de la posguerra, está hecha a par- tir de la oposición entre “cultura po- pular” y “cultura de masas”, donde la cultura popular estaría dotada de cier- ta autenticidad y potencial para el cam- bio social en contra de la cosificación y parálisis de la cultura de masas. Hog-
gart hace de la oposición cultura popu- lar – cultura de masas el antagonismo fundamental, como sí esto fuera lo cen- tral. No se puede decir que la slow food sea lo opuesto a la fast food, porque en ambos casos el proceso de consumo se consuma de la misma forma.
Edward P. Thompson, quien había for- mado parte del Grupo de Cambridge que albergaba a historiadores del par- tido comunista como Eric Hobsbawn y Christopher Hill dice estar apegado al “materialismo histórico pero despoja- do de dogmatismo y ubica su socia- lismo humanista como cercano a las propuestas de Jean-Paul Sartre.
En la década de 1970, Stuart Hall asu- me el cargo de director del Centro de estudios culturales contemporáneos. De origen jamaiquino, se traslada a Inglaterra en 1948 (tenía 14 años de edad). Hall pertenece a la WIndrose generation que agrupa a la primera inmigración oficial al Reino Unido me- diante el otorgamiento gubernamental de la ciudadanía a todos los habitantes
del Commonwealth. Y al igual que Wi- lliams, es cofundador de la New Left Review (1959-1961). Para Hall, el fenómeno del que se trataba de dar cuenta era el de la movilidad social. En sus palabras, “un montón de gen- te que pertenecía a “las clases tradi- cionales” estaba en transición. Había gente de origen popular que estaba escolarizada por primera vez […] y que empezaba a tener acceso a em- pleos ejecutivos, a convertirse en pro- fesores. La nueva izquierda estaba en contacto con gente que se movía de una clase hacia otra” (D. Morley y Kuan Hsing Chen, 1996). Nuevamente aquí lo central se concentra en la oposi- ción popular/ilustrado, cuando la estruc- tura de las clases se mantenía intacta. Movilidad social no es lo mismo que fin de la lucha de clases.
El impulso crítico inicial de los estudios culturales, aún con sus interesantes in- cursiones, se vio mermado en parte, por un mecanismo eficiente, silencioso e invisible, paradójicamente implemen- tado desde el ámbito universitario. Así
como la slow food no es una alternativa real a la comida chatarra, tampoco la de- mocracia realmente existente ha sido una alternativa al dominio y la explotación.
4. ¿Dónde quedo la crítica?
No sería justo cargar el peso de la res- puesta exclusivamente a los repre- sentantes de los estudios culturales. El asunto es un poco más complejo. Des- pués de 1968 hemos sido testigos de un declinamiento generalizado de la crí- tica, porque como lo explican Luc Bols- tanski y Eve Chiapello “el capitalismo ha encontrado en sus críticas la manera de garantizar su supervivencia, (Bolstans- ky y Eve Chiapello, 2002, p. 49) tanto en la llamada crítica contracultural cen- trada en el desencanto, la denuncia de inautenticidad y la opresión; como en la crítica social que denuncia la mise- ria, el oportunismo egoísta y reciente- mente la falta de tolerancia a los otros y los daños ecológicos.
La conclusión a la que arriban Boltan- ski y Chiapello, como también lo hace
Chantal Moufe, es que en el paso del for- dismo al posfordismo, o en el paso de la sociedad sólida a la sociedad líquida con dice Bauman, las críticas contracultura- les “fueron utilizadas para promover las condiciones que requería el nuevo modo de regulación capitalista. Se advierte que una constante histórica de nuestra mo- dernidad con relación a la crítica es que ésta se ve siempre amenazada, robada y succionada por el túnel hegemónico que la absorbe, la transforma en su contrario y la devuelve a la sociedad como con- cesión y beneficio. La crítica desarmada, desmoronada o cínica engulle argumen- tos y razones, tendencias ya anunciadas por Adorno como propias del capitalismo en su resolución como mundo adminis- trado. A medida que la cultura se torna en pastime y entretainment, la crítica se vuelve excéntrica y marginal, sin capa- cidad de impacto. Gramsci hablaba de una hegemonía por neutralización para referirse a una situación en la que las demandas que desafían el orden hege- mónico son recuperadas por el sistema existente, satisfaciéndolas de un modo que neutraliza su potencial subversivo.
La filosofía en nuestro tiempo, en tanto que no ejerce ninguna función práctica, pierde su fuerza reduciendo su partici- pación a la educación y el consumo cultural, neutralizando su función de diagnóstico. Los excesos en la comunicación social, vía la estandarización de la palabra, crean por un lado la ilusión de que hoy las masas son más juiciosas, más parti- cipativas y más activas intelectualmen- te. Pero este exceso entraña una nueva forma de esclavitud, que amenaza con la repetición de aquella sentencia aris- totélica, según la cual a la democracia le sigue la tiranía.
La lección que obtenemos de la rela- ción mecánica entre la esfera cultural y la económica, mediada por la tarea del capitalismo de transformar al mundo en objeto, parece apuntar a la conclusión de que en la actualidad la crítica de la cultura ya no tiene objeto.
Bibliografía
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Otras fuentes
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Introducción
El combate al crimen organizado ha traído a la mesa de discusión el tema de la violencia contra los migrantes, es- pecialmente a partir del hallazgo de 72 cadáveres de migrantes centroameri- canos en San Fernando, Tamaulipas y de 183 cuerpos de personas; muchos de ellos migrantes o viajeros, en fo- sas clandestinas, muy cercano a la re- gión en donde fueron encontrados los primeros cuerpos. Tales hallazgos evi- denció un evento presente desde hace décadas pero que no se había querido reconocer: la violación en contra de los migrantes que viajan hacia el norte de México. Este trabajo busca contribuir al entendimiento en torno a cuáles son los factores que han propiciado, y si-
guen propiciando, la violencia en contra de los migrantes. Dos objetivos tiene: primero, visualizar a la violencia con- tra los migrantes como producto de una sociedad discriminatoria y en donde ha coexistido las actividades ilegales y le- gales sin problema alguno; y segundo, resaltar la importancia del concepto de otredad y vulnerabilidad como factores que pueden ayudarnos a entender y ex- plicar la violencia institucional y social que existe contra los migrantes.
La argumentación del texto está divi- dido en cuatro apartados: el primero, brinda algunas reflexiones en torno a cómo ha sido estudiada la migración en México, resaltando la poca importancia