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Case Study 2 : Tracking Object Under Clutter, Fast Motion and Scale Change

6.2 Comparison with SIR-PF and Bat Algorithm

6.2.2 Case Study 2 : Tracking Object Under Clutter, Fast Motion and Scale Change

Dres. Reina Valdés Armenteros y Gonzalo García López-Trigo

Facies

El macizo facial está formado armónicamente por varias estructuras; cada una de ellas tiene una caracte- rística individual que a su vez está influenciada o deter- minada por rasgos étnicos. La integración de estas va- riables individuales es lo que determina la apariencia o facies de un individuo. La exploración de la cara del neonato exige un examen detallado y por separado de cada estructura facial que precise los datos siguientes: 1. La forma, tamaño, posición y relación espacial en-

tre éstas.

2. Las alteraciones relacionadas con el trabajo del parto.

3. Las alteraciones congénitas y las adquiridas. La cara del neonato es redonda y las mejillas son prominentes debido al cúmulo de grasa que forman las almohadillas de succión. Éstas, lo mismo que sucede con el tubérculo del labio superior, desaparecen con el destete. El maxilar inferior se nota menos desarrollado que el superior, que está bien desarrollado y con fre- cuencia ligeramente prominente; la frente es alta y curvada.

Al igual que sucede en las otras partes del cuerpo, la cara sufre modificaciones, a veces importantes, se- gún el tipo y duración del parto; en la presentación de frente la deformidad frontal puede simular una esca- focefalia. Si la cabeza fetal se mantiene durante largo tiempo en lateroflexión con compresión del hombro con- tra el cuello se puede producir una asimetría facial dada por el desplazamiento del maxilar hacia el lado opuesto y una depresión en la parte posterior de la oreja moti- vado por la impresión que dejó el hombro en esa zona. Esta misma presión del hombro contra el cuello tam- bién puede producir deformidad de las orejas y hasta una parálisis facial unilateral periférica, por la compre- sión que recibe el nervio facial a su salida del agujero estilomastoideo. Esta asimetría facial es unilateral y debe diferenciarse de la parálisis facial simétrica y bila- teral que se encuentra en la agenesia o hipoplasia del núcleo del facial y en la que el niño presenta una facies inmóvil con afectación de otros nervios craneales.

En el examen general de la cara puede encontrarse alguna característica dismórfica simple; por ejemplo, presencia de epicantos, orejas anormales o mal implan- tadas, hipertelorismo y otras, en un neonato por lo de- más normal; generalmente se trata de una variante normal y en ocasiones son similares a las encontradas al examinar a los progenitores o a los hermanos. En otras ocasiones los hallazgos mencionados se asocian a determinados síndromes congénitos.

Las diferentes estructuras que dan la apariencia o facies son, fundamentalmente, los ojos, los oídos, las fo- sas nasales y la boca, y se describen en detalle en los capí- tulos que siguen, con excepción de lo referente a los ojos, que se incluye a continuación en el presente capítulo.

Ojos

Es interminable la lista de enfermedades sistémicas que durante su curso pueden producir afectación ocu- lar en el feto y recién nacido. Algunas de estas entida- des pueden evolucionar rápidamente con gran riesgo de disminución o pérdida de la visión si no se diagnostican y tratan en el tiempo oportuno. En determinados ca- sos, la afectación ocular por sí sola puede ser de gran ayuda para el diagnóstico de tal enfermedad en su eta- pa inicial (infección congénita, galactosemia, otras en- fermedades metabólicas, etc.). El pediatra que tiene la responsabilidad de la atención del neonato debe cono- cer las características del ojo normal y las principales enfermedades que pueden afectar al ojo neonatal. El conocimiento de estas enfermedades le brindan al neonatólogo la posibilidad de detectar a tiempo muchos signos oculares que favorecen la interconsulta con el oftalmólogo en el tiempo preciso, para evitar, con un diagnóstico temprano y un tratamiento oportuno, la ceguera en el niño.

El neonatólogo tropieza con grandes dificultades para la realización de una exploración rápida y comple- ta del aparato ocular del neonato, sobre todo en los primeros días de edad por las razones siguientes:

1. Dificultad en examinar los ojos del niño por el habi- tual edema palpebral presente y porque el niño tra- ta de mantener los ojos cerrados el mayor tiempo posible; cuando se intenta abrirle los ojos, responde

con una enérgica oclusión refleja de éstos.

2. La mayoría de los niños (con menos de 3 meses de edad) tienen marcada hipersensibilidad a la luz; les molesta la luz fuerte.

El médico también encuentra gran dificultad en la interpretación de los hallazgos clínicos obtenidos, debi- do a la presencia de algunos signos banales y transito- rios que pueden estar presente a esta edad y que exigen delimitar si corresponden, efectivamente, a variables de la normalidad o si representan verdaderas alteracio- nes estructurales importantes.

Teniendo en cuenta estas características, es impor- tante realizar un primer examen ocular al neonato des- pués del nacimiento con la finalidad de detectar anor- malidades congénitas, lesiones motivadas por el trau- ma del parto y la presencia de infección congénita. En días posteriores se impone un examen más completo y exhaustivo de todas las estructuras del ojo. Los aspec- tos más importantes del examen general ocular del neonato se describen a continuación.

1. Órbitas.

Las órbitas y su contenido deben tener simé- tricamente un tamaño y posición proporcional con el resto de las estructuras faciales. En ocasiones las rela- ciones interorbitarias son anormales debido a falta de crecimiento o crecimiento desproporcionado del cuerpo y del ala menor del esfenoide, de los senos etmoidales y/o de las apófisis maxilares.

Por ejemplo, en el hipertelorismo existe un aumen- to de la distancia interpupilar y en el hipotelorismo esta distancia está disminuida. Estos puntos de referen- cia son difíciles de precisar en el neonato; pero tanto la distancia intercantal interna como la externa se pueden determinar a esta edad con mayor facilidad (Tabla 6.1).

El hipertelorismo puede estar presente como un hecho aislado y representar una variante normal; en otras ocasiones puede corresponder a una deformidad primaria asociada a alguna anomalía del desarrollo como sucede: en el meningocele craneal o encefalocele fron- tal, en algunos tipos de craneostenosis (Apert, Crouzon), en la disostosis cleidocraneal o formando parte de de- terminadas cromosomopatías (trisomía 18 y 21).

2. Telecantus.

En el telecantus existe un aumento de la distancia intercantal interna y puede estar presente en ausencia de hipertelorismo como sucede en el síndrome de Waerdenburg tipo I. La distancia intercantal suele ser, aproximadamente, la mitad de la distancia interpupilar. También es necesario citar, que la presencia de aplana- miento del puente nasal y de pliegues epicantos pueden simular la creencia errónea de hipertelorismo.

El hipotelorismo puede corresponder a una varian- te morfogenética aislada o estar asociado al síndrome oculodentodigital o a otros tipos de craneostenosis y cromosomopatías (trisomía 13).

El tamaño de los globos oculares del neonato es relativamente mayor en relación con el resto del orga- nismo comparado con otras edades; su longitud axial es de unos 17 mm aproximadamente (en el adulto es de 24 mm). Al ser menor la longitud, hace que el ojo sea hipermétrope, defecto que es compensado en parte, por la esfericidad del cristalino neonatal, lo que hace que aumente su poder de refracción. La estimación del ta- maño del ojo puede obtenerse por la simple observación o con el auxilio de la palpación. En casos dudosos el ultrasonido puede ayudar a confirmar esa medida. La presencia de un ojo anormalmente grande en el período neonatal es en extremo rara y su presencia es muy importante relacionarla con el tamaño de la córnea (glaucoma y tumor).

3. Exoftalmos.

El exoftalmos (proptosis) es la prominencia anor- mal de los ojos. Este diagnóstico se confirma mucho mejor mirando los ojos y párpados desde arriba, por encima de la eminencia de las cejas y puede deberse a un aplanamiento de las órbitas causado por mal- formaciones craneofaciales; o ser secundarias a tumoración o hematomas que se forman dentro de la cavidad orbitaria y que al expandirse hacia delante desarrollan proptosis o exoftalmos. Dentro de estas masas tumorales pueden citarse: quistes dermoides, teratomas, hemangiomas cavernosos y otros. Tam- bién puede producir proptosis, por el mismo meca- nismo, el hematoma orbitario producido por el trau- ma del parto, en cuyo caso el derrame sanguíneo puede crecer durante las primeras horas de edad. Este diagnóstico se facilita por los antecedentes relacio-

Tabla 6.1. Medidas oculares más importantes en el recién nacido

Medidas Recién nacido a término Recién nacido pretérmino

(mm) (mm)

Distancia intercantal interna 18 a 22 12 a 16

Cantal media lateral 17 a 27 12 a 16

Anteroposterior del ojo 17 10 a 16

Horizontal de la córnea 9 a 10 5 a 8

Hendidura palpebral 17 a 27 -

nados con el parto y la presencia de equimosis de los párpados que puede aparecer junto con el exoftalmos 1 o 2 días después. Mucho más raramente, la proptosis es secundaria a una celulitis orbitaria que se presen- ta como complicación de un foco séptico cercano y que se caracteriza, además de la proptosis, por edema inflamatorio de la conjuntiva ocular y afectación de la motilidad ocular (Fig. 6.1).

El exoftalmos neonatal consecutivo a la enfermedad de Graves de la madre es bastante raro y el niño puede presentar signos de hipertiroidismo clásico. Estos niños nacen con los ojos muy abiertos con apariencia de exoftalmos; los signos de hipertiroidismo pueden apare- cer en 1 % de los hijos de madres con la enfermedad de Graves (Nelson, 1992).

4. Enoftalmos.

El enoftalmos es el hundimiento del globo ocular en la órbita; este signo puede formar parte del síndro- me de Horner, aunque puede estar asociado a fractura orbitaria o a la atrofia del tejido orbitario (muy raro); también puede apreciarse en la deshidratación severa y en el niño malnutrido por la pérdida de la grasa orbitaria.

Reflejos oculares