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Chapter 3023—State Historic Preservation Programs

vantes según su plan primitivo, con lo cual su escrito no pasaba de ser una obrita parecida en extensión y en finalidad a las que luego llamó novelas ejemplares», según opinión de Rodríguez Marín (I, 185, nota 7). Astrana Marín supone los comienzos del Quijote, como novela ejemplar de un loco al estilo de E l licenciado Vidriera, apo­ yándose en la suposición de José de Armas, que los capítulos V al V I I (que comprenden el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote) fue­ ron escritos, originalmente, después de la aventura de los molinos de viento y también después de la del Vizcaíno. Se atiene a una frase del capítulo I I referente a estos sucesos: «Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la de los molinos de viento: otros que la de Puerto Lápice» (V , 249, nota 1 y págs. 251, 440, 446 y 529), cuando ninguna de las dos aventuras ha tenido todavía lugar. A Clemencín le parece falta grave de cronología. Para Armas y para Astrana Marín, se trata de datos que explicarían que Cervantes cam­ bió su primer plan y prefirió dejar las dos aventuras mencionadas para cuando más tarde estuviera Sancho presente, y darles así el relieve del diálogo entre caballero y escudero. Hasta leer lo que los críticos dicen sobre este asunto, nunca me había llamado la aten­ ción el orden de acontecimientos como defecto sino como anticipa- ció de aventuras que el narrador conoce ya y va a narrar próxima­ mente en el orden en que él cree que acontecieron (Véase el capítu­ lo II, secs. IV -V I y nota 1, capítulo I I I ). José M aría Asensio, al refu­ tar la tesis de Pérez Pastor sobre la existencia de una primera edi­ ción del Quijote en 1604, origina la opinión de que existió una novela corta, tipo ejemplar, como la de E l Celoso extremeño o La española

minar lo que hoy es la primera parte del Quijote publicado en 1605. Además, las observaciones técnicas hechas por otros críticos sobre la estructura y cronología de los primeros ca­ pítulos apoyan, para Astrana Marín, la hipótesis del reenfo­ que de una novela corta para convertirla en larga (ver nota 20 y II, 5). Y así da por sentado que Cervantes cambió de intención y alargó la obra sin reescribir el principio.

Lo que Rodríguez Marín y Astrana Marín consideran «no­ velita corta» pudo ser la primera edición del Quijote, de corta tirada, publicada antes del mes de agosto de 1604, posi­ blemente en papel «basto y caduco 'de la tierra'», lo cual explicaría que no queden ejemplares hoy, habiendo sido tan traída y llevada de ansiosos lectores, como ha conjeturado Jaime Oliver Asín, para mí convincentemente, en su cuidado­ so trabajo titulado «El Quijote de 1604»21. La existencia de una edición en 1604 no excluye, por otra parte, ni la posibi­ lidad de una reorientación posterior en la que hoy es edición Príncipe (1605) ni la posibilidad de existir una previa novela corta sobre el mismo tema.

Tanto Rodríguez Marín como Astrana Marín consideran el comienzo de la novela desde el ángulo biográfico. Cervantes

2i En este artículo aporta Asín un nuevo documento, el del «m o­ risco Juan Pérez o Ibrahim Taibilí». Este morisco narra un episodio histórico, ocurrido en 1604 en la feria de Alcalá de Henares, es decir, el 24 de agosto de 1604, en que se alude al Quijote como a libro ya difundido en esa fecha (Boletín de la Real Academia Española, X X V I I I [1948], 90-126). N o pretendo resumir sus hallazgos, sólo utili­ zarlos para señalar que no sabemos qué cambios ni retoques se efec­ tuarían, tal vez, entre ambas ediciones, la de 1604 hoy desconocida y la llamada Príncipe, ni si reorientaría Cervantes entonces la narración como lo hace entre la primera y la segunda parte, lo cual explicaría las observaciones hechas sobre cambios efectuados en los primeros capítulos que sugieren una previa estructura distinta. V er nota ante­ rior. Astrana Marín, quien conoce el artículo de Jaime Oliver Asín (V , 529), no toma en cuenta la posibilidad de una edición previa a la Príncipe, e insiste en la «novela corta».

la comenzaría a escribir estando en la Cárcel Real de Sevilla y llegaría hasta la vuelta a casa del apaleado Don Quijote (capítulo V), según Rodríguez Marín, y hasta el encuentro con el Vizcaíno (capítulo V III), según Astrana Marín. Am­ bos toman al pie de la letra la frase del prólogo de la pri­ mera parte en que habla Cervantes de su «hijo seco, avella­ nado, antojadizo, y lleno de pensamientos varios y nunca jamás imaginados de otro alguno, bien como quien se engen­ dró en una cárcel..,» (I, 7) n,

Por tanto, el concepto de unidad de estructuración y ca­ racterización, o falta de ella, tan importante para algunos críticos en la determinación del grado de conciencia artís­ tica de Cervantes al comenzar a escribir y, por consiguiente, del sentido preciso que puso en el vocablo ingenioso, para Rodríguez Marín y Astrana Marín no existe como preocupa­ ción. El haberse ido percatando Cervantes de las posibili­ dades del tema que había tomado entre manos, con su cam­ bio de envergadura, justificaría las supuestas variaciones de caracterización y atestiguaría que Cervantes sabía lo que hacía.

Otros críticos no españoles conciben que el momento mis­ mo de formular el título es el de adquirir plena conciencia de la orientación que se lleva, y no antes, por lo cual, si Cer­ vantes no tuvo el título presente al comenzar a escribir, el sentido del ingenioso del título, puesto a posteriori, no co­ rrespondería a la caracterización del personaje en los pri­ meros capítulos (creerse Valdovinos o Abindarráez), sino a la caracterización hecha en los capítulos subsiguientes a la formulación del título.

22 RM, I, 17, nota 10; AM, V, 249. Sobre el posible sentido de esta frase, y sobre el impacto producido por la experiencia de la cárcel en la obra cervantina, véase el final de la sección V I I del capítulo V I I I relativo a las fuentes autobiográficas del episodio de la cueva .le Montesinos.

Harald Weinrich observa, después de los primeros capí­ tulos del Quijote, un cambio conceptual y estructural, indi­ cación, para él, de que Cervantes decidió convertir una paro­ dia de los libros de caballerías en un libro « serio» y variar la caracterización del personaje de acuerdo con el nuevo en­ foque. Considera que es hacia la mitad de la composición de la primera parte donde concibió Cervantes el título de la obra. Por lo cual concluye que el sentido del vocablo

ingenioso no es el patológico que parece exhibir al comien­

zo, sino el poético que corresponde a la caracterización pos­ terior de Don Quijote cuando sale por segunda vez con Sancho. Las tesis de Salillas e Iriarte, que conoce, no le convencen.

Otis H. Green, por el contrario, al comentar el libro de Weinrich, disiente de las conclusiones de este crítico, consi­ derando que Cervantes ya sabía desde el capítulo V I que su propósito era escribir una buena novela de caballerías. En cuanto al título, la descripción física de Don Quijote en el primer párrafo y su caracterización en el primer capítulo, le parecen concordes con la teoría de los humores de Huarte, y por lo mismo significativas para el sentido del ingenioso del título, lo cual prueba, para él, que Cervantes concibió claramente el título y su sentido desde el comienzo23.

Quienes dan importancia al momento mismo de conce­ bir el título afirman, o sugieren por implicación, la impor­ tancia de cumplir con uno de los requisitos primordiales de la preceptiva: la unidad de concepción y estructuración de­ rivada del enfoque premeditado de un autor. Por otra parte, no parecen percatarse de la omisión del nombre Don Quijote del privilegio ni de la tasa, o concederle importancia.

Pero resulta que el título no es de Cervantes, ni del pseudo-autor, Cide Hamete, sino del narrador, cuya carac­ terización y personalidad le distinguen de ambos. En el ca­ pítulo IX nos enteramos, de manera indirecta por el con­ texto, de que es el narrador quien pone el epíteto y nombre, «ingenioso hidalgo», enmendando el título que le puso a la obra su primer autor Cide Hamete Benengeli. La divergencia de títulos enire primer autor y narrador tiene que ver con el enfoque, visión de la vida e interpretación de la realidad de uno y otro. Cide Hamete Benengeli es historiador, y como tal, puso por título «Historia de Don Quijote de la Mancha», y no dijo que se tratara de un «ingenioso hidalgo». El na­ rrador, que desconfía del primer autor, Cide Hamete, porque, es moro, y atribuye su parquedad («cuando pudiera y debie­ ra estender la pluma en las alabanzas de tan buen caballe­ ro ») a mala voluntad hacia los cristianos, es el que le ha enmendado la plana poniendo por título El ingenioso hidalgo

Don Quijote de la Mancha y suprimiendo la palabra «histo­

ria». Aunque sospecha falta de puntualidad en Cide Hamete, es él quien falta a la puntualidad (la rigurosa histórica) ya que pone palabras interpretativas de su propia cosecha («ingenioso hidalgo») con sentido privado y con el motivo de ensalzar al héroe. El valor que el narrador pone en la pala­ bra ingenioso, a juzgar por la caracterización indirecta que de él hace Cervantes, es el de una exclamación admirativa. Cuanto piensa y hace el caballero manchego le entusiasma, como el ponerse nombre, improvisar celada, imaginarse una dama a quien servir. La meticulosidad del narrador cuando al principio investiga lo que otros autores dicen, cuando toma nota de sus divergencias («que en esto hay alguna di­ ferencia entre los autores que deste caso escriben», I, 24) o cuando consulta documentos oficiales para llegar a la ver­ dad («pero lo que yo he podido averiguar en este caso y lo

que he hallado escrito en los anales de la Mancha...», I, 31) no es meticulosidad de hombre objetivo sino de hombre apasionado, meticulosidad aplicada a exaltar al personaje cuya vida relata, como se nos revela plenamente en el capí­ tulo IX del que hablaré más extensamente. Lo que admira el narrador en Don Quijote es su ingeniosidad en transfor­ mar la realidad para que coincida con sus sueños idealistas. Nótese que su interpretación de ingenio es una variación de las interpretaciones de Cannavaggio, Madariaga y Weinrich: ingeniosidad de poner la realidad al servicio de la fantasía poética. El narrador lo entiende así porque él hace algo pare­ cido con los datos, los pone al servicio de su intención.

Recapitulando. Si en el capítulo IX se lee: Historia de

don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benen­ geli, historiador arábigo; si en la primera parte se lee: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, título del na­

rrador; ¿no podemos suponer que el título: E l ingenioso

caballero Don Quijote de la Mancha, que aparece en la se­

gunda parte, pudiera, tal vez, ser del traductor, quien no toma en cuenta la invalidez de un título adquirido por escar­ nio, como es el caso de Don Quijote armado caballero por un ventero socarrón, y a pesar de estar loco, otra invalidez según los códigos? En cuanto a Cervantes, ha puesto los tres títulos, donde los ha puesto, por razones artísticas de presentar con distinto criterio al protagonista, según la pers­ pectiva de autor, traductor y narrador.

Tal vez el título de Cide Hamete fuese el original. Tal vez el del narrador fuese el original. La cuestión es que la idea de una discrepancia en los títulos, para sugerir divergencia de concepto sobre la naturaleza misma de la obra en cues­ tión, se le ocurrió en el capítulo IX, posiblemente conside­ rando lo inadecuado de clasificar una obra de arte que pre­ tende indagar en la naturaleza humana, como libro de psi­

cología, libro de poesía, libro de información médica o clínica. Todo esto se ha dicho del Quijote y todo esto puede ser. Pero desde mi punto de vista, y del modo en que he percibido el libro, se trata de un sondeo crítico sobre el arte de novelar y de una reflexión infatigable sobre las teo­ rías literarias y artísticas de su época, puestas a prueba en la ejecución de representaciones verídicas de la realidad. ¿No podemos sospechar, por cuanto antecede, que Cervan­ tes ha concebido una estructura novelística nueva que no se ajusta a las ideas teóricas prevalecientes y que puede consistir, precisamente, en no tener un plan preconcebido sino en mantener consistencia interna a través de cambios de enfoque, de caracterización, y a través de contradiccio­ nes explicables desde ángulos psicológicos cuando no por correspondencias cronológicas?