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5. DEVELOPMENT AND EVALUATION OF ONTOLOGIES
5.1 Selected ontology development methodology, tool and language
5.2.4 Classes and their hierarchy
Los indicadores relacionados con el desarrollo sostenible tienen, por ser indicadores, las características propias descritas en el aparatado anterior, pero con la particularidad de que deben permitir medir, evaluar y monitorear cambios e impactos en el estado y calidad de los recursos naturales y del ambiente (Bosque, 2000). No obstante, no existe tanta claridad en indicadores que midan la sostenibilidad de una situación como existe para indicadores económicos, por ejemplo, por ello se hace necesario establecer las características específicas de este tipo de indicador.
El desarrollo sostenible se apoya en tres pilares diferenciados, sociedad, medio ambiente y economía, por lo que, en un principio, se definen indicadores que midan el desarrollo sostenible relacionados con cualquiera de las tres vertientes, es decir, existen indicadores de sostenibilidad económica, como el Producto Interior Bruto, indicadores de carácter social, como la tasa de alfabetización, e indicadores sostenibles de perspectiva ambiental, como por ejemplo, las emisiones de óxido nitroso. Además se hace necesario establecer unos límites en la sostenibilidad, es decir, definir en qué umbral un sistema es o deja de ser sostenible.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es uno de los pioneros en el desarrollo de indicadores ambientales. El modelo impulsado por la misma se basa en el marco ordenador PER (Presión Estado Respuesta), es decir: las acciones humanas producen presiones sobre el medio (presión), que producen variaciones en la calidad y la cantidad de los recursos naturales (estado), estos cambios se observan mediante los efectos que tienen sobre la salud ambiental, ante ello la sociedad adopta una respuesta. El esquema de este modelo se refleja en la Figura 1.11:
Figura 1.11. Esquema del modelo PER (Presión Estado Respuesta). Fuente: Universidad de Alcalá (2000)
En la Agenda 21 se recomienda la implementación de Indicadores de Desarrollo Sostenible, avanzando en su conceptualización y desarrollo en una forma participativa, que incluya agencias de gobierno y de la sociedad civil. La Comisión de Desarrollo Sostenible, en su Programa de Trabajo, que se inició en 1995, produjo un listado de 134 Indicadores de Desarrollo Sostenible, y desarrolló metodologías que permitieran calcular estos indicadores. A raíz de la publicación de esta lista en el libro “Indicadores de Desarrollo Sostenible. Marco y metodologías” (ONU, 1998), se definen diferentes indicadores que generaron una recomendación implícita para el uso del marco ordenador, según se mida la presión, el estado, o la respuesta. Así, algunos indicadores que miden la “presión” son los Cambios en el Uso de la Tierra, la Intensidad de la Tala de Bosques y la Emisión de GEI. Entre los indicadores que miden el “estado” se encuentran el Índice de Vegetación, el Nivel de Desertificación, la Variación de Superficie de Bosques o la Superficie Cultivable por Habitante. Algunos indicadores que miden la “respuesta” son el Porcentaje de Bosques Regulados, el Porcentaje de Bosques Protegidos o el Porcentaje de Superficie Protegida. Otros ejemplos de indicadores de carácter sostenibles establecidos por la UE son: indicadores de contaminación atmosférica (emisiones de óxidos, emisiones de compuestos orgánicos, emisiones de partículas, de gasolina y gasoil…), indicadores de cambio climático (emisiones de CO2, emisiones de metano, de óxido nitroso, de clorofluorados, etc), agotamiento de la capa de ozono, agotamiento de recurso (consumo de agua per cápita, uso de la energía, aumento del territorio ocupado, producción de electricidad, etc.), cantidad de residuos o contaminación de agua. La debilidad de estos indicadores radica en que consideran aspectos de manera aislada, es decir, al considerar el grado de sostenibilidad de un sector determinado, estos indicadores permiten calcular hechos específicos, como por ejemplo la cantidad de metano emitido, de manera que, para tener una visión global sobre el efecto en el cambio climático, es necesario utilizar varios de estos indicadores y compararlos, lo que difumina el enfoque integrado.
La Huella de Carbono (HC) y la Huella Ecológica (HE) también son indicadores de la sostenibilidad. La HE es un indicador desarrollado a principios de los 90 por William Rees y Mathis Wackernagel (Wackernagel y Rees, 1996). El concepto relaciona las necesidades de capital natural de una economía con el área biológicamente productiva que le corresponde (Wackernagel et al., 1999), siendo diseñado como una herramienta de planificación para medir la sostenibilidad ecológica (Wackernagel et al., 1999, Wackernagel y Silverstein, 2000) con el propósito de estimar la magnitud del consumo humano que excede la capacidad de regeneración de la biosfera (Wackernagel, 1999). La HE es definida como “tierra y agua biológicamente productivas querequiere un individuo, población o actividad para producir todos los recursos que consume y para absorber los desechos que generan utilizando tecnología y prácticas de manejo de recursos prevalentes. Usualmente se mide la HE en hectáreas globales. Dado que el comercio es global, la huella de un individuo o un país incluye tierra o mar de todo el planeta” (GFN, 2012). Por su
parte, la HC es “la totalidad de GEI emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto” (UK Carbon Trust, 2008). La importancia de estos dos indicadores de sostenibilidad radica en que, en su cálculo, se tienen en cuenta aspectos como el consumo de combustibles, productos agrícolas, energía, usos de suelo, transporte y disposición final de desechos, relacionando todo ello con una cantidad de terreno disponible. Por tanto, unifican todos, o al menos la mayoría de aspectos posibles a tener en cuenta a la hora de calcular el grado de sostenibilidad de una región o de un sector determinado, no dando solo una idea de su impacto, sino proporcionando un dato concreto de cuánto y cómo afecta.
En conclusión, los indicadores sostenibles, deben servir como inductores hacia una mejora económica y ambiental, de manera que “se utilicen para suministrar información sintética que permita evaluar las dimensiones de los problemas ambientales, y que también sirvan para establecer objetivos a alcanzar y controlar el cumplimiento de estos objetivos” (Bermejo, 2001).