• No results found

Me interesa la propuesta que surge de la conexión entre tres fuerzas sociales que fueron activas en la redacción de la Constitución. No fueron las únicas

pero citarlas puede ser útil para entender la coalición de fuerzas sociales que formaron el Pacto de Unidad, indicaron constituyentes en las listas del MAS, redactaron la primer propuesta de Constitución, se movilizaron para aprobarla. Desde ya es oportuno aclarar que lo que la siguiente descripción, las diferencias entre organizaciones sociales, incluso los rótulos con que se piensa la política en Bolivia se encuentran continuamente en el contacto cotidiano donde lenguas, formas económicas e identidades se confunden. Las tres fuerzas son los campesinos aymaras y quechuas, con sus aliados de izquierda en las ciudades; las comunidades étnicas del altiplano (especialmente aymara); y los pueblos indígenas de las tierras bajas, con sus aliados de oenegés de apoyo técnico y jurídico.

En la presentación de fuerzas activas en la superficie y también flujos subterráneos de sociedad y política no se trata de decir que las formas coexisten en una sociedad multicultural, como en cualquier otra. Se trata de que estas fuerzas participan de la construcción de un nuevo Estado Plurinacional que busca ir más allá de lo liberal, de un multiculturalismo que tiene los derechos individuales y la lógica estatal como límite.

(a) De las tierras altas andinas, los campesinos y “colonizadores” de tierras, entre ellos los cocaleros.

Organizados en sindicatos, quechuas y aymaras en gran porcentaje migrantes a oriente o los valles, alcanzados por la reforma agraria que introdujo la propiedad individual y facilitó la incorporación a la economía de mercado. Son las bases de Evo Morales y desde la década del 90 decidieron disputar elecciones. Alcanzaron primero los municipios, después el congreso y finalmente el Estado central. El anti-imperialismo fortalecido en la lucha por la coca, cuando EEUU contribuía en las políticas de erradicación, acerca al gobierno del MAS a Cuba y Venezuela.

El proyecto político de este núcleo político es el la inclusión, de la participación y control social, de la lucha contra la pobreza y soberanía nacional sobre los recursos nacionales. Después de octubre de 2003 converge la fuerza nacional de mayorías también urbanas (migrantes de primera o segunda generación). Los campesinos también son, desde los 90 o antes, aliados con sectores de la izquierda marxista, y la izquierda nacional y popular. Es la Bolivia campesina, chola, pero también indígena como identidad que posibilita, como veremos, acercarse con las otras fuerzas. Este proyecto es compuesto y representa la gente que forma las mayorías bolivianas: ex mineros, ex trabajadores de

hacienda, ex comunarios andinos ahora en los valles, Santa Cruz, San Pablo, EUA, Argentina y España. El boliviano que representa a la mayoría de los bolivianos, y que encontró su líder en uno de ellos: Evo Morales.

En el proceso constituyente está representado por algunas organizaciones: Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas, Indígenas Originarias-Bartolina Sisa (CNMCIO-BS). El objetivo es la ocupación del Estado y las instituciones como legítimos representantes de un país hasta entonces excluido. El proyecto político que nace de este núcleo político ganó el voto de las ciudades andinas, de los migrantes del altiplano en Oriente, de las periferias.

La temporalidad que surge de esta fuerza política es la del progreso, de la ocupación de territorio virgen, de la acumulación política y económica, de la propuesta de “gran Salto Industrial”, electrificación, caminos, escuelas y tractores. Es la propuesta de descolonización entendida como país que avanza ahora en manos de sus verdaderos dueños: el pueblo. O un Estado que incluye, que tiene funcionarios de piel cobriza, y que representa a las mayorías, también impulsando su participación. Sin duda viene desde este vector gran parte de las políticas impulsadas por Evo Morales, incluyendo entre las más destacadas los bonos sociales, las nacionalizaciones de empresas, con aumento de los impuestos a la explotación de hidrocarburos. Se ve la necesidad de más Estado, ahora orientado hacia el pueblo y no a los intereses foráneos o de la oligarquía.

(b) Una segunda fuerza, también quechua y especialmente aymara, representada en la Constituyente por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ).

Se trata de comunidades no necesariamente muy diferentes que varias organizadas por los sindicatos campesinos, pero en “proceso de reconstitución territorial” y con el proyecto de reconstrucción del mapa del tawantinsuyu sur, con las parcialidades ancestrales y con un trabajo de recuperación de las formas tradicionales de organización política, en parte aún vigente. Rechazan las formas republicanas, estatales y modernas como el partido y el sindicato. Podría verse como una variante del nacionalismo aymara (otra que propuso un país de indios y la sublevación en los 90 estaba ausente en el proceso constituyente). Búsqueda de la democracia del ayllu (comunidad

local de ancestro común). Relación con oenegés, cooperación, historiadores, antropólogos e intelectuales pluralistas. Rechazan la industrialización, buscan autonomía. Política étnica antes que de clase. Es un trabajo de reconstrucción, y no algo que haya permanecido inalterado.

La temporalidad que surge de estas comunidades es distinta a la del Estado. Se busca reconstruir la rotación como modelo de mando, la complementariedad económica y política. Vemos aquí con más fuerza la presencia de otra temporalidad, ancestral, cíclica y no lineal, una historia, justicia y memoria no escrita, oral, con otro tiempo y espacio. La lengua aymara, hablada por 34% da población de Bolivia, trae innúmeras metáforas de esta diferencia que inspira proyectos políticos. La socióloga Silvia Rivera explica el concepto Chixxi, de origen visual, que expresa la posibilidad de una coexistencia de diferentes, sin síntesis (2010).

Otro concepto político-vital central es el de Pacha, que significa en aymara tiempo y espacio, es una entidad sagrada, presente en los rituales y determinante para los ciclos agricolas. El Pachakuti tuvo un uso en la política boliviana actual en referencia a la llegada de los indígenas como retorno entendido como reversión del tiempo, renovación, transformación del mundo, vuelta al punto inicial del ciclo. Otro concepto, el de Pacha Mama (Madre Tierra), uno de los que más persistencia muestra en los Andes y que siempre presente en la cotidianidad andina, urbana, campesina y indígena, entró en la Constitución. Por último la lengua aymara trae consigo una forma de concebir el tiempo por la cual el pasado queda adelante, porque se asocia a la vista, a lo que se puede ver, porque se vivió; y el futuro queda atrás, porque no se ha visto ni se puede ver, y viene alcanzándonos (APAZA, 2005).

(c) La tercera fuerza a la que me refiero acá para pensar el nuevo Estado Plurinacional viene de los pueblos indígenas de tierras bajas.

Minoritarios poblacionalmente, amazónicos culturalmente, asociados primero al trabajo de misioneros y después a oenegés. Impulsaron 8 marchas desde 1990, con éxito en la introducción de derechos de autodeterminación, reconocimiento colectivo de territorio (buscando más que la propiedad de tierra), y derechos especiales también colectivos y no individuales, en consonancia con el avance de la discusión sobre derechos indígenas de organismos internacionales (Grupo de ONU y convenio 169 OIT). La organización que los representa es la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB). No obtienen apoyo de la izquierda nacionalista, que

incluso los ve como presa fácil para la inserción de intereses extranjeros, a través de oenegés, pero sí de una izquierda pluralista y autonomista, crítica del Estado, y el ecologismo.

La última marcha, contra el proyecto de Evo Morales y sus bases cocaleras de construir una carretera por un parque nacional y territorio indígena, exitosa, mostró la solidaridad con que cuentan en las ciudades y la fuerza política que a pesar de su número les permitió frenar una carretera financiada, ganar resonancia internacional y, antes, durante la Asamblea Constituyente, introducir buena parte de sus reivindicaciones en la nueva Constitución. Lo que piden es respeto a sus formas, con autonomía y autodeterminación, a través de la consulta previa sobre toda intervención en su territorio.

En ese sentido son muchas veces una fuerza contraria al progreso del modo como es entendido por el Estado y el capital. Su temporalidad es anti productiva, anti lineal, anti estatal, nómade descentralizada y centrífuga (cf. VIVEIROS DE CASTRO 2011), al menos en potencia y espíritu, ya que hoy tienen imposibilitadas sus formas tradicionales de vida y participan marginalmente del mercado con la explotación de la selva y actividades que sirven de complemento a la caza, pesca y recolección. El contacto es reciente pero el etnocidio avanzó de forma notable. Pero se mantienen dinámicas colectivas, de tránsito y no aceptación a la territorialidad estatal, con su temporalidad.