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Cognitive Moderators of Loss Aversion ExTENDED ABSTRACT

El cabello está compuesto por el tallo y la raíz. El tallo, que es la parte visible, está formado externamente por la cutícula, reflejo de la salud capilar, muy resistente a agresiones externas, bajo la cual se halla la corteza. La raíz del cabello, o parte interna, se encuentra inserta en el cuero cabelludo, donde se ubica el bulbo del folículo, en el cual se produce el crecimiento activo del cabello. En la base del bulbo encontramos los melanocitos, productores de melanina, responsables de la pigmentación del cabello. Bajo la piel y próximas al tallo se hallan las glándulas sebáceas, las cuales secretan un líquido aceitoso que lubrica y protege el cabello de la deshidratación. La disfunción de dichas glándulas originarán un cabello seco o graso (Lemmel, 2001).

La higiene corporal desempeña un papel relevante a nivel social. Los olores corporales, debidos a las bacterias cutáneas que actúan sobre las secreciones corporales y que propician el crecimiento de microorganismos, son generalmente poco agradables para las personas que interaccionan con ellos y son motivo de rechazo social (Pérez Ruiz, Muñoz París & Pérez Galdeano, 2002, p. 128).

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En este sentido, Sinclair (2007, p. 2) enuncia que “el cabello es un componente importante de la imagen corporal”. Su aspecto descuidado refleja a los demás carencias en higiene personal. Por tanto, la higiene del cabello, además de favorecer el mantenimiento de la salud capilar y cuero cabelludo, desempeña también un relevante papel a nivel socializador.

Pero además del papel que en las relaciones sociales desempeña la higiene y cuidado de la piel corporal, debemos contemplar su importancia en el mantenimiento de la salud. Como afirman Sánchez Oliva y Ruiz Palmero (2010, p. 256) “[se] deben adquirir buenos hábitos de higiene, no solo para sentirse bien y ser aceptado por los demás, sino para ayudar a mantenerse sano”.

Según López Luengo (2009, p. 56): “La finalidad de una buena higiene corporal es eliminar la suciedad que se acumula sobre la piel sin agredirla. No es sólo necesaria por motivos estéticos, sino también como medio imprescindible para mantener la salud de la piel”.

En la población infantil los problemas de salud ocasionados por el déficit higiénico pueden derivar en causa de estrés, como el rascado muy a menudo por prurito intenso, e interferir en el proceso de aprendizaje (Calderón-Arguedas, Solano & Sánchez, 2003, p. 180).

La piel corporal es la primera línea de defensa del organismo. Mantener la integridad y salud general de las células dérmicas favorecerá la protección de la piel frente agentes externos.

La insuficiente higiene del cabello, cuero cabelludo y piel corporal es un factor de riesgo para el desarrollo de distintas enfermedades como es la infestación por ectoparásitos. Las ectoparasitosis más frecuentes son la pediculosis (Pediculus humanus) y la escabiosis o sarna (Sarcoptes scabiei var hominis), ambos agentes hematófagos permanentes y específicos de la especie humana. Entre las variedades de pediculosis se distinguen: P. humanus var capitis, que afecta al cuero cabelludo; P. humanus var

corporis o vestimentis, que se localizan en la piel corporal y vestimentas; y Pthirus pubis

o ladilla que se encuentran en la región genito-abdominal, responsable de la ftirosis, considerada una infección de transmisión sexual (Ciftci, Karaca, Dogru, Cetinkaya & Kulac, 2006, p. 95; Moreno, 2011, p. 438). “La pediculosis corporis se limita a los países de clima frío y está prácticamente ausente en los trópicos” (Feldmeier & Heukelbach, 2009, p. 153).

La alta prevalencia de pediculosis “ha sido relacionada con la limitada disposición de agua y deficientes prácticas de aseo personal. En la cuarta y quinta década del siglo XX

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el mejoramiento global de los suministros de agua potable, las prácticas cada vez más frecuentes de baño corporal, el lavado de cabeza (…) minimizó significativamente la situación” (Schenone, Saavedra & Rojas, 1986, en Calderón-Arguedas et al., 2003, p. 177). También se ha observado que las comunidades de escasos recursos poseen una alta prevalencia e intensidad de ectoparasitosis, cuyos “factores responsables (…) son complejos y no han sido esclarecidos”.

Aunque la falta de higiene es señalada como uno de estos factores, algunos estudios sugieren como indicador principal el nivel socieconómico bajo (Feldmeier & Heukelbach, 2009, p. 154).

Ríos, Fernández, Rivas, Sáenz y Moncada (2008) estimaron la prevalencia de P. capitis y su asociación con las variables socioeconómicas, las prácticas de higiene y las características del cabello en 168 niños de entre 3 y 60 meses de edad del jardín infantil de la Universidad Nacional de Colombia. Entre sus resultados, sugieren una asociación positiva entre la pediculosis y lavarse la cabeza menos de 3 veces a la semana [razón de prevalencia (RP)=1,58; intervalo de confianza (IC) del 95%: 0,58-4,7], compartir implementos de aseo (RP=1,31; IC95% 0,38-4,46), tener una longitud del cabello mayor de 11,5 cm (RP=2,0; IC95% 0,82-4,8),y vivir más de 5 personas en la casa (RP=2,04; IC95% 0,8-5,06).

Un estudio llevado a cabo por Al-Maktari (2008) que evaluaba la prevalencia y factores humanos de riesgo asociados a la infestación por piojos en 860 niños de entre 6 y 14 años de edad, determinó que la pediculosis tuvo una asociación negativa con la frecuencia de lavado del cabello (p>0.01).

Una fuerte correlación inversa entre la higiene del cabello e infestación por P. capitis (P<0,001), se confirma también en un estudio llevado a cabo por Sim et al. (2011) en la República de Corea con 2210 estudiantes de 17 escuelas primarias de todo el país. Los menores fueron sometidos a inspección visual y un cuestionario con el objetivo de examinar las condiciones socioeconómicas y los factores personales que pueden influir en la infestación por P. capitis. Sim et al. (2011, p. 97) proponen que “la educación en higiene para los niños puede ser útil en la reducción de la infestación por P. capitis”. Igualmente la mejora de la higiene se señala como factor fundamental en la prevención y tratamiento de P. corporis (Nutanson, Steen & Schwartz, 2007; Raoult & Roux, 1999). Nutanson et al. (2007, p. 34) mantienen que la infestación por P. corporis “es poco probable que persista en cualquier persona que se ducha frecuentemente y tiene acceso a una vestimenta y ropa de cama lavadas recientemente”.

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La pediculosis además está socialmente estigmatizada por el hecho de que las personas lo asocian a malas condiciones higiénicas (Calderón-Arguedas et al., 2003, p. 180; Ríos et al., 2008, pp. 246-247; Sidoti et al., 2009, p. 141; Sim et al., 2011, p. 95). Este hecho supone que la infestación no se notifique por temor a ser discriminados, y por lo tanto dificulta su control (Ríos et al., 2008, pp. 246-247).

El déficit de higiene personal también se asocia a pulicosis y acarosis, parasitosis transitorias y relacionadas al contacto con animales infestados con estos parásitos. “Mantener medidas de higiene y evitar factores de riesgo constituyen un pilar fundamental para tratar y evitar nuevas infestaciones del paciente y su grupo familiar” (Moreno, 2011, p. 438).

Además, la inadecuada higiene personal ha sido asociada por diversos autores con distintos tipos de pitiriasis. Hay y Graham-Brown (1997, en Trüeb, 2007, p.360) indican que la inadecuada higiene personal y Malassezia spp. están involucradas en la patogénesis de la pitiriasis esteatoides. Ring y Kaplan (1993, en Trüeb, 2007, p. 361) afirman que la pitiriasis amiantacea “frecuentemente ocurre como una enfermedad idiopática en niñas, pero también puede estar relacionada con la carencia de higiene personal”. Asimismo la higiene deficiente es factor predisponente en la pitiriasis versicolor (Salahi-Moghaddam, Davoodian, Jafari & Nikoo, 2009), y pitiriasis alba (Blessmann et al., 2002; Jadotte & Janninger, 2011).

La higiene personal deficiente, además del hacinamiento y el bajo nivel socioeconómico, se considera como factor asociado a diversas dermatomicosis, siendo la tiña de la cabeza o tinea capitis la más frecuente en niños. Está causada por cualquier dermatofito patógeno excepto Epidermophyton floccosum y Trichophyton

concentricum. El contacto en la escuela es el factor independiente más probable en su

diseminación, siendo comunes las epidemias familiares. (Rebollo et al., 2008).

Winge, Chryssanthou y Wahlgren (2009), estudiaron las rutinas de limpieza y desinfección de los utensilios destinados al cuidado del cabello, como peines, cepillos o tijeras, en 10 familias con hijos menores de 16 años con diagnóstico previo de tinea capitis en los últimos 6 meses en el Departamento de dermatología del Hospital Universitario Karolinska Solna de Suecia. En 4 familias se obtuvieron cultivos positivos de dermatofitos en los utensilios capilares, no manteniendo ninguna de ellas rutinas de limpieza de los mismos, mientras que 5 de las 6 familias con cultivos negativos sí tenían este tipo de rutinas. Los autores consideran importante informar a las familias respecto a rutinas de limpieza de los utensilios de cuidado del cabello para prevenir el desarrollo y transmisión de dermatofitos sugiriendo limpieza mecánica y desinfección con cloro.

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Mantener unos hábitos de higiene corporal como es la ducha diaria, ayuda incluso a obtener mejores resultados en el tratamiento de la dermatitis atópica. Así se traduce de un estudio realizado por Mochizuki (2009), en el que se establece un programa de cuidado de la piel mediante ducha diaria, con agua corriente y sin uso de jabones, en 53 alumnos de primaria con dermatitis atópica. La ducha se efectuó en el descanso del colegio para el almuerzo. Todos los participantes mostraron una mejoría de su dermatitis atópica en 6 semanas de tratamiento.

2.2.5.5.2 Recomendaciones para la correcta higiene del cabello y piel corporal

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