El concepto de verdad, que, como se ha dicho, se refiere a lo inmutable, se ha buscado filosóficamente en la pregunta por la causa: ¿cuál es el principio que hace que las cosas sean lo que son y no sean de otra manera? En algunos casos, no es tanto una pregunta especulativa, sino metafísica, entendiendo por metafísica en una acepción muy general el estudio de la causa que está más allá de lo visible y en cierto sentido espiritual14.
Sócrates debió ser uno de esos hombres movidos por la necesidad interior de alcanzar ese profundo sentido de la verdad espiritual de las cosas. Según algunos autores, las fuentes de Platón y Jenofonte, e incluso de Aristófanes, atestiguan que Sócrates mostró desde su juventud los instintos y la curiosidad de una filosofía especulativa al mismo tiempo que metafísica15. Sería desde esa necesidad interior que, buscando una respuesta, él se acercaría a las filosofías de su ciudad y de su tiempo.
Durante la infancia de Sócrates, Atenas pasó a ser una potencia en la confederación de Delos, no sólo por el incomparable poder político, sino también por que se convirtió en la ciudad más bella del mundo antiguo y en su metrópoli intelectual. En ese contexto, se presenta al joven Sócrates en busca de sí mismo, absorbido en la investigación, amante de la Verdad; un amor a la Verdad que le llevaría
14 El concepto metafísica es tratado ampliamente en el capítulo decimo primero dedicado a Aristóteles.
15 Cfr. FOUILLÉE, ALFRED; La Philosophie de Socrate. Libraire philosophique de Ladrange. Paris 1874, (2
a buscarla en las filosofías de su tiempo16. El retrato ofrecido por Festugière refleja su imagen, perfil que pone de manifiesto los temas de interés que, en pos de la verdad, le darían vida y que serían el centro de su filosofía:
“Hay hombres atormentados de un mal extraño que no los deja en reposo. Ellos caminan, los ojos puestos en un sueño. Nos los cruzamos, ellos no se percatan. Algunas veces los ves que se paran y se murmuran a ellos mismos. Cuando se les
aborda parece que los despiertas. De aquello que es pasto ordinario de otros
hombres, nada les toca. Si queréis encontrarlos no vayáis a casa de los cortesanos, a
las fiestas adornadas con flautistas. Ellos siguen su camino… si les habláis de leyes de
moral o de la sociedad, de la causa del ser, de nuestro destino, de Dios, […] recobran
vida. Pues aquí está el objeto de su amor, de su pasión única: la verdad”17.
4.1.1. La verdad revela el Espíritu
Sócrates buscando la verdad y cuestionándose ¿cuál es la causa?, demandó respuesta en las ciencias físicas. Parece haber fundamentos de que Sócrates hubiese tenido por maestro a Arquelao de Atenas, y bajo cuya enseñanza habría pasado su periodo “cosmológico”. Con esos filósofos se preguntó si la vida había surgido de la putrefacción del calor y el frio –doctrina de Arquelao-‐; si la tierra es plana– pensamiento de los jónicos-‐, o si es redonda –pensamiento de los pitagóricos-‐; se interesó en la relación entre sensación, creencia y conocimiento– problema expuesto por Alcmeón-‐; consideró si con lo que pensamos puede ser aire –doctrina de Diógenes-‐ o puede ser sangre –doctrina de Empédocles-‐18.
Especifica el Fedón platónico las palabras de Sócrates al respecto: “El caso es que yo, Cebes, cuando era joven estuve asombrosamente ansioso de ese saber que ahora llaman <<investigación de la naturaleza>>. Porque me parecía ser algo sublime
16 Bibliografía: TAYLOR, ALFRED EDWARD; El pensamiento de Sócrates. Trad. M. Hernández Barroso.
Fondo de Cultura Económica. México D.F. 1961, cap. II, “La juventud de Sócrates”; TOVAR, ANTONIO; Vida de Sócrates. Círculo de lectores. Barcelona 1992, cap. IV, “La filosofía entra en Atenas”.
17 FESTUGIÈRE, ANDRÉ JEAN; Socrate. Éditions du fuseau. Paris 1996, p. 71. El texto transcribe: “Il y a des
hommes tourmentés d´un mal étrange qui ne leur laisse point de repos. Ils marchent, les yeux fixés sur un songe. On les croise, ils ne le savent pas. Quelquefois, vous les voyez qui s´arrêtent, et se murmurent
à eux-‐mêmes. Qu´on les aborde, il semble que vous les éveilliez. De ce qui fait la pâture ordinaire des
autres hommes, rien ne les touche. Si vous voulez les atteindre, n´allez point chez les courtisanes, dans les festins ornés de joueuses de flûte. Ils suivent leur chemin… si vous leur parlez des lois de la morale ou de la société, de la cause des êtres, de notre destinée, de Dieu,… reprennent vie. Car c´est ici l´objet de leur amour, de leur passion unique: la vérité”.
conocer las causas de las cosas, por qué nace cada cosa y por qué perece y por qué es. Y muchas veces me devanaba la mente examinando por arriba y abajo, en primer lugar, cuestiones como éstas: <<¿Es acaso cuando lo caliente y lo frío admiten cierto
grado de putrefacción, según dicen algunos, cuando se desarrollan los seres vivos? ¿Y es la sangre con la que pensamos, o el aire, o el fuego? ¿O ninguno de estos factores, sino que el cerebro es quien presenta las sensaciones del oír, ver y oler, y a partir de ellas puede originarse la memoria y la opinión, y de la memoria y la opinión, al afirmarse, de acuerdo con ellas, se origina el conocimiento?” 19.
Sócrates quería saber la verdad, el porqué último que hace que las cosas sean lo que son y devengan lo que devienen: ¿de dónde surge que las cosas nazcan, que perezcan?, ¿de dónde viene el hecho de existir? Encontró que ninguna de las ciencias físicas en las cuales buscó respuestas le daba satisfacción. Ellas le decían el cómo, esto es, las condiciones, pero no el porqué y así, cada vez más confundido, llegaba a desaprender todo lo que él creía saber20.
Por su parte Jenofonte, en las primeras líneas de los Recuerdos de Sócrates hace una amplia enumeración de los distintos sistemas tanto cosmogónicos como cosmológicos a los que Sócrates se había acercado. Si quizá esas líneas exageran la aversión final de Sócrates por los estudios físicos, sí dejan entender que los había estudiado, criticado, y después abandonado21. Dice así: “Se sorprendía de que no vieran con claridad que los hombres no pueden solucionar tales enigmas, ya que incluso quienes más orgullosos están de su discurso sobre estos temas no tienen entre sí las mismas opiniones sino que se comportan entre ellos como los locos. Entre los locos, en efecto, unos no temen ni siquiera lo temible, otros temen incluso lo no temible, unos creen que ni siquiera en público es vergonzoso decir o hacer cualquier cosa, otros creen que ni siquiera pueden aparecer entre la gente, unos no respetan santuario, ni altar, ni ninguna cosa divina, mientras que otros veneran piedras, el primer trozo de madera que encuentran y los animales. Y en cuanto a los que cavilan
19 PLATÓN, Fedón, 96a-‐b. Señala Burnet la herencia pitagórica: en el Fedón, Platón muestra como
Sócrates esta discerniendo entre la doctrina jónica de Arquelao y Diógenes, y las itálicas doctrinas,
algunas de las cuales pertenecían a la escuela de Empedocles, mientras que las otras eran pitagóricas.
Sócrates debió aprender estas últimas directa o indirectamente de Filolao. Cfr. BURNET, JOHN; Greek
philosophy: Thales to Plato, o.c. p. 107.
20 Cfr. PLATÓN, Fedón, 96c.
sobre la naturaleza del universo, unos creen que el ser es uno solo, otros que es infinito en número, unos piensan que todo se mueve, otros que nada se mueve nunca, unos que todo nace y perece, otros que nada nace ni va a perecer”22.
Sócrates, más allá de un hecho concreto, cuestiona sobre el principio que produce dicho hecho. Para explicarlo pone el siguiente ejemplo: ¿por qué el hombre crece? Sin duda había creído él y casi todos, que se crece porque se come. Al comer, los alimentos se transforman, devienen piel, músculo o hueso, cada parte crece de elementos homogéneos, toda la masa aumenta por un proceso continuo. Pero, esta clase de argumentos, ¿respondían a su pregunta sobre la verdadera causa de por qué el hombre crece? Ciertamente no, todos esos mecanismos sólo eran medios para el crecimiento23. Aún si la causa, como decían las ciencias físicas, fuese el fuego, la tierra, el aire u otro elemento material que hacía posible el proceso, él quería saber la causa que, por encima de ellos, lo hacía verdaderamente posible.
Ninguna de esas ciencias le daba luz sobre esa cuestión que él ansiaba conocer. Según Platón, Sócrates perdió todo interés en la ciencia física debido a que la naturaleza de las cosas se busca desmembrando el universo e imaginando una causa mecánica que se mantiene al margen del porqué la cosa nace o perece o es según ese modo de proceder24.
La repulsa de Sócrates a esas ciencias en general, haría suponer que él les había preguntado acerca del secreto de las cosas, y que su curiosidad no quedó satisfecha, pero el hecho no debería entenderse en el sentido estricto de la palabra. Se conviene que en ellas no encontró lo que buscaba, pero de ellas aprendió y compartió determinados principios25.
22 JENOFONTE, Recuerdos de Sócrates, I, 1, 11-‐12.
23 Cfr. PLATÓN, Fedón, 96c-‐d.
24 Cfr. PLATÓN, Fedón, 97b.
25 En concreto en lo concierne a la doctrina pitagórica y no siendo el objetivo profundizar en la influencia
o discrepancia entre esa doctrina y la filosofía socrática, sólo señalar que de acuerdo con algunas opiniones, el pitagorismo de Sócrates se encuentra justificado: la condena de Sócrates movió a todas las escuelas filosóficas helénicas, entre las que se encontraban la pitagórica e incuestionablemente tuvieron una filosofía en común con Sócrates. Este hecho viene atestiguado en diferentes fuentes. La relación que ofrece el Fedón del círculo socrático que le acompañó en su muerte, incluye aparte de atenienses, a algunos extranjeros que eran conocidos por haber pertenecido a las escuelas itálicas de filosofía y a los que se les representa como venidos a Atenas con el expreso propósito de ver a Sócrates antes de su muerte. Los tres tebanos, Simmias, Febes y Phaidondas, eran pitagóricos y discípulos del exiliado Filolao.
Los que filosofaron acerca de la verdad de la Naturaleza, “son hombres, en expresión de Zubiri, que llevaron a cabo sus descubrimientos por la excepcional fuerza de su mente, capaz de concentrarse y abarcar con su mirada escrutadora (es lo que significa el vocablo griego theōría, contemplación) la totalidad del universo y de penetrar hasta su última raíz, comunicando así con lo divino”26. La diferencia estriba en que, para Sócrates, la verdad debía encontrarse no en una causa material sino en otro tipo de causa que explique más allá de la sustancia material, la esencia espiritual: el porqué, el fin.
Sirva para explicitarlo volver sobre el ejemplo de la causa del hecho de crecer: el crecimiento no puede ser debido a una causa material o a una combinación de causas materiales; más allá de esa causa debe haber alguna otra causa que no vuelva sobre la materia y que explique por qué verdaderamente el cuerpo crece, esto es, revele cuál es la esencia y fin del crecimiento.
Así, por el motivo fundamental de que esa ciencia en la explicación de la causa de las cosas volvía, al margen de la espiritualidad o finalidad, a los principios materiales a partir de los cuales llegan a ser las cosas, descartó seguir por la línea de esos estudios físicos, físicos en el sentido de causas materiales. En esos filósofos vio la imposibilidad de reducir a un criterio común su modo de plantear el problema (causa espiritual) y el de aquellos (causa material).
4.1.2. La verdad muestra el Bien
A esos primeros estudios mencionados, le sigue un periodo de madurez en el que Sócrates, buscando la Verdad, se eleva a la noción de una inteligencia ordenadora, y de ella, a una idea superior todavía, la de Bien27.
En el Critón (45 b) se dice que Simmias llevó una considerable suma de dinero para asistir a Sócrates en
su liberación. Jenofonte en los Recuerdos de Sócrates (I, 2, 48) también los menciona en su lista de los
verdaderos socráticos y, más adelante (III, 2, 17), hace saber que Sócrates los atrajo desde Tebas y nunca dejaron de estar a su lado. En ningún caso el análisis que se realiza en este capítulo supone una contradicción de los principios socráticos a la idea del principio de armonía pitagórica estudiada en capítulos precedentes. Las afirmaciones que aquí se llevan a cabo deben tomarse sólo en el sentido de que Sócrates fue el que por primera vez puso claramente las bases de la ciencia en la idea de Bien, idea, como se ha justificado, gestada en la armonía pitagórica. Además, la ciencia pitagórica se mantiene al margen e independiente de las denominadas ciencias de la Naturaleza.
26 ZUBIRI, XAVIER; Naturaleza, historia, Dios, o.c. p. 158.
¿Qué motiva su paso de la causa física a la noción de una causa intelectual? Con Anaxágoras había entrado en Atenas una filosofía hasta entonces inédita y que tanto había de influir en la elevación espiritual del medio ateniense. Éste había postulado la existencia de una inteligencia conferidora del primer impulso de movimiento y causa del orden natural de cada una de las partes del Universo. Un día, cuenta la tradición, un amigo, parece ser que Arquelao, relata a Sócrates la filosofía anaxagórica28. El hecho provocó una nueva dirección en sus estudios. En la Mente de Anaxágoras le pareció encontrar la verdad espiritual que buscaba.
Relata el Fedón, cómo se aferró a esa sugerencia de que el mundo era obra de una Inteligencia y cómo admitió que la verdadera causa no es física, sino intelectual. Dice así: “Pero oyendo en cierta ocasión a uno que leía de un libro, según dijo, de Anaxágoras, y que afirmaba que es la mente lo que lo ordena todo y es la causa de todo, me sentí muy contento con esa causa y me pareció que de algún modo estaba bien el que la mente fuera la causa de todo”29. Fue para Sócrates un descubrimiento y seguramente hubiese añadido las palabras que más tarde diría Aristóteles: “Debió parecer como quien está en sus cabales frente a las banalidades que decían los anteriores”30.
A Sócrates le pareció muy bello que el Espíritu fuese la causa de la belleza y del orden universal. La filosofía de Anaxágoras le sugería que el universo es encarnación de un plan racional coherente y puso la esperanza en que le explicaría el modo en que la Inteligencia constituía el orden de las cosas revelándole el porqué y el fin de ese orden. Imaginaba que le aclararía: ¿cómo esa causa se ocupaba de ordenar el universo en cada una de sus partes para el mejor de los fines?; ¿cómo la mente dispondría cada cosa de la manera que fuera mejor?31. Pues pensaba Sócrates, si la Inteligencia dicen que es la causa de todo el orden y la causa de la estructura del mundo, de la tierra y de todas las demás cosas del universo, ¿no deben tener todas ellas exactamente la forma,
28 En estudio de Gómez Robledo, tras haberse ido Anaxágoras de Atenas, su doctrina había dejado
huella en la filosofía y en la formación de por lo menos un discípulo, Arquelao, de tan directo influjo en la evolución espiritual de Sócrates. Cfr. GÓMEZ ROBLEDO, ANTONIO; Sócrates y el socratismo, o.c. p. 50.
29 PLATÓN, Fedón, 97c.
30 ARISTÓTELES, Metafísica, I, 3, 984b, 15-‐20.
posición y lugar que sea lo mejor para cada una? ¿O acaso la inteligencia dispondría el orden para otro fin que no fuese el bien?
La idea de “lo mejor” marca el paso adelante que Sócrates dará y señala el punto de inflexión en las filosofías que hasta el momento habían tenido lugar. Veamos cómo sucede:
“Reflexionando esto, creía muy contento que ya había encontrado un maestro de la causalidad respecto de lo existente de acuerdo con mi inteligencia, Anaxágoras; y que él me aclararía primero, si la tierra es plana o esférica, y luego de aclarármelo, me explicaría la causa y la necesidad, diciéndome lo mejor y por qué es mejor que la tierra sea de tal forma. Y si afirmaba que ella está en el centro, explicaría cómo le resulta mejor estar en el centro. Y si me demostraba esto, estaba dispuesto a no sentir ya ansias de otro tipo de causa. Y también estaba dispuesto a informarme acerca del sol, y de la luna y de los demás astros, acerca de sus velocidades respectivas, y sus movimientos y demás cambios, de qué modo le es mejor a cada uno hacer y
experimentar lo que experimenta”32.
Admitiendo con Anaxágoras que la verdadera causa no es física sino intelectual, se dedicó al estudio con el anhelo de haber encontrado un maestro que pondría fin a sus dudas. Pero, nuevamente encontró su decepción al notar que la Mente de Anaxágoras no se ocupaba de ordenar el Universo para el bien; no le atribuía una causalidad superior, un propósito, sino que sólo hacía uso de esa Inteligencia en relación a las acciones particulares y mecánicas y al margen de cualquier finalidad33.
Resume Gómez Robledo: “Después de haber escuchado “con alborozo” aquella sorprendente proposición de que el Espíritu es el ordenador y causa de todas las cosas, se dio cuenta de que al tratar de explicar después más en concreto el proceso de los entes, el Espíritu hacía figura de personaje inútil, pues todo volvía a caer nuevamente en el mecanicismo”34.
Sócrates no rechaza en su totalidad la doctrina de Anaxágoras. Le satisface por la teoría de la inteligencia y por su cualitivismo (impone orden); lo que rechaza es que, al no atribuirle ninguna causalidad, separa la inteligencia de la cualidad. De este modo,
32 PLATÓN, Fedón, 97d-‐98a.
33 Cfr. PLATÓN, Fedón, 98a-‐c.
la filosofía socrática atribuye a la inteligencia una causalidad, un porqué y este porqué es el Bien: Sócrates eleva la verdad al Bien.
Sócrates creía que nada era en vano. Con ese espíritu que lo caracteriza, Jenofonte muestra que lo que había buscado es el fin bueno y útil en virtud del cual todas las cosas han sido hechas siendo fruto de una inteligencia divina:
“En primer lugar, contaré la conversación que le oí mantener un día acerca de la divinidad con Aristodemo, al que apodaban “el enano”. Al enterarse de que éste no hacía sacrificios a los dioses ni consultaba la adivinación, sino que incluso se burlaba de quienes lo hacían, le dijo:
-‐ Dime, Aristodemo, ¿hay personas a las que tú admires por su sabiduría? -‐ Desde luego.
-‐ Dinos sus nombres.
-‐ En la poesía épica admiro sobre todo a Homero,…
-‐ ¿Y quienes te parecen más dignos de admiración, los que crean imágenes irracionales y sin movimiento, o los que hacen seres inteligentes y activos?