Chapter 4: Research Methodology
4.6 Sampling Methodology for the Study
4.6.4 Collection and Processing of Spatial and Non-Spatial Data
giro de la cabeza o un ruido reiterados y salta la alarma: ¡el niño tiene un tic! ¿Es una enfermedad? ¿Lo hace para llamar la atención? ¿Esconde un problema psicológico? | El tic tiene una base orgánica: hay una estructura del cerebro diferente en las personas con tics | Es habitual que los tics v aríen en intensidad, frecuencia y forma de ex presarse
May te Rius
ES Estilos de v ida | 8 de m ay o de 2010
“No le hagáis ni caso ni comentéis el tema delante de él, como si no lo v ierais, y en unos meses se le habrá ido; porque si le dais importancia, si estáis
pendientes y le decís que no lo haga, lo hará más y se le fijará”. Esa fue la respuesta que recibieron los padres de Á lv aro cuando acudieron al pediatra preocupados porque el niño giraba insistentemente la cabeza como si se retirara el pelo de la cara.
Es frecuente considerar los tics una manía, una forma de llamar la atención del niño o una
ex presión de sus problemas emocionales. Y de ahí que muchos padres se alarmen y se preocupen por la salud psicológica de sus hijos cuando los
detectan, y que muchos otros los coaccionen para corregir una conducta que consideran inadecuada. “El problema fundamental de los tics para los padres es la desinformación”, asegura Emilio Fernández- Á lv arez, del serv icio de neuropediatría del hospital univ ersitario Sant Joan de Déu de Barcelona y que, según sus colegas, es quien más ha inv estigado y sabe sobre tics en todo el mundo.
“Los tics pueden ser una enfermedad o no en función de la grav edad y de lo acusado del
mov imiento y de la repercusión social que tengan, pero tienen una base orgánica y su origen no está en problemas psicológicos”, dice Fernández- Á lv arez para comenzar a deshacer entuertos. Francisco Carratalá, presidente de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica, precisa que lo que muchos entienden como una manía del niño es en realidad “un desequilibrio de los neurotrasmisores de los núcleos de la base, unas estructuras neuronales que
actúan coordinando la ejecución de los
mov imientos que se deciden en la corteza cerebral y que, al fallar, hacen que los mov imientos se
ejecuten de forma inadecuada o brusca”. Las inv estigaciones han constatado, además, que estas desregulaciones o desequilibrios en los circuitos cerebrales tienen una base genética, y por ello los gemelos univ itelinos presentan tics concordantes en el 90% de los casos. “Hay una estructura del cerebro diferente en las personas con tics y sin tics, y una producción de neurotransmisores distinta”, resume Fernández-Á lv arez.
Por ahora los inv estigadores no han conseguido identificar a qué obedecen esas alteraciones, pero sí tienen indicios de que también afectan a otras estructuras más complejas que tienen que v er con los problemas asociados al trastorno de Tourette, al déficit de atención o a los trastornos de conducta obsesiv o-compulsiv a. De ahí que muchos niños con tics padezcan también alguno de estos problemas, de may or trascendencia, que pueden requerir tratamiento por sí mismos.
Pero tampoco es cuestión de alarmarse. La may oría de los tics son benignos y se autolimitan o
desaparecen por sí solos, sin necesidad de tratamiento de ningún tipo ni de acudir a ningún especialista. Por eso el consejo habitual de los pediatras es no hacerles caso y esperar seis meses a v er cómo ev olucionan. Sólo si transcurrido ese tiempo el tic no desaparece o si se trata de
mov imientos muy acusados que causan molestias o que v an acompañados de otros síntomas que pueden hacer sospechar que hay otros trastornos neurológicos suele deriv arse al chav al afectado a un neurólogo, según ex plica Jorge Martínez Pérez, adjunto del serv icio de pediatría del hospital univ ersitario Niño Jesús de Madrid.
De todos modos, que no sea grav e no quiere decir que no sea una alteración frecuente. Los
especialistas calculan que uno de cada diez niños tiene algún mov imiento tipo tic y , aunque la may oría son banales, los pacientes con tic
representan entre un 2% y un 2,5% de las consultas neurológicas ex ternas de un hospital medio. Los hay que pasan desapercibidos, y otros más llamativ os y persistentes. Los más comunes son los de mov imiento y , en concreto, los faciales (nuev e de cada diez, según el doctor Martínez Pérez), sobre
todo parpadeos, guiños y muecas de la boca. Pero también son frecuentes el carraspeo, la ecolalia (repetir lo que acaban de decir) y la coprolalia (niños que profieren obscenidades y blasfemias de forma inv oluntaria). “Eso es lo más habitual, pero cada año v eo un tic diferente y , como recibo v ídeos de todo el mundo, he v isto casos muy insólitos, desde contracciones abdominales hasta saltos, pasando por mov imientos de las orejas o tics fónicos muy acusados”, indica Férnandez-Á lv arez. Los tics suelen aparecer entre los 5 y los 1 5 años –la edad promedio son los seis–, y afectan a tres niños por cada niña.
A unque no hay una clasificación precisa ni unánime entre los neurólogos, Fernández-Á lv arez establece en un año el límite para considerar un tic transitorio o crónico. Y cuando duran más de un año y además se combinan tics de mov imiento y tics fónicos, los diagnostica como síndrome de Tourette. “El
síndrome de Tourette es un grado diferente, pero en un elev ado porcentaje de niños, en torno al 7 0%, los síntomas desaparecen o dejan de apreciarse antes de los 1 7 años; lo que ocurre es que es imposible pronosticarlo de antemano”, apunta el
que las personas con tics pasen temporadas buenas y malas, que sus mov imientos fluctúen en
intensidad y frecuencia. También es frecuente que el tic cambie la forma de ex presarse, y que lo que era un parpadeo desaparezca y surja un mov imiento de cabeza que, en otra temporada, quizá pasa a ser un ruido.
De todos modos, los neuropediatras insisten en que no es el tipo, la frecuencia, ni el tener o no asociada la etiqueta de un síndrome lo que rev iste de may or o menor grav edad a un tic, sino el daño que pueda producir a quien lo padece o las desv entajas sociales que comporte. “Cuando pensamos en tics imaginamos parpadeos, guiños o pequeñas muecas, pero los hay que implican mov imientos v iolentos, bruscos, que prov ocan dolor o que implican riesgo porque pueden hacer que el niño pierda el
equilibrio y se caiga; y también hay muchos que consisten en ruidos, en gritos, que afectan a la v ida social del chav al porque, por ejemplo, le impiden seguir normalmente las clases”, ex plican los neuropediatras consultados.
Y es a los pacientes con este tipo de tics a los que aplican tratamientos basados en neurolépticos,
siempre a dosis personalizadas y con un estricto seguimiento, porque reducir los mov imientos conllev a aplacar todo el cerebro y puede afectar al aprendizaje. “El objetiv o del tratamiento
farmacológico nunca es que desaparezcan los tics, sino que el niño pueda conv iv ir con ellos y tener una v ida social adecuada”, puntualiza Fernández- Á lv arez.
Pero que la may oría de los tics no requiera tratamiento farmacológico no significa que hay a que ignorarlos. “No creo en la receta de que lo mejor para el niño con tics es no hacerle caso; lo bueno es v iv irlo con naturalidad, ex plicarle lo que le pasa y hablar de ello, porque quizá ese tic le crea problemas”, declara el especialista del hospital univ ersitario Sant Joan de Déu. El presidente de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica apunta que, aunque los tics tienen una causa biológica, con frecuencia ocurre que se desencadenan en el marco de algún conflicto emocional que hay que atender. “Si el niño se siente angustiado o con tensión emocional, se le dispara un mov imiento porque tiene una carencia orgánica”, justifica.
la autoestima del chav al, por lo que puede resultar conv eniente la ay uda psicológica. Y lo mismo ocurre cuando se trata de niños que además de tics presentan rasgos de trastorno obsesiv o-compulsiv o o de déficit de atención e hiperactiv idad. “Los psicólogos tienen mucho que hacer, pero partiendo de la base orgánica del proceso, sin buscar causas psicológicas al tic”, recalca el doctor Emilio Fernández-Á lv arez.