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Chapter 4: Research Methodology

4.5 Specific Research Methods Used in the Study

4.5.5 Participatory Mapping Aided by GIS

La riv alidad entre hermanos es tan natural como la v ida misma. Compiten por obtener más cosas, más priv ilegios y más atención de los padres. Discuten, se chinchan, se acusan mutuamente e, incluso, a v eces se pegan. Es normal, forma parte de su preparación para la v ida adulta. Pero todo tiene un límite, y este lo tienen que poner los padres | No hay que comparar; cada hijo debe sentir que es único para sus padres | Los niños ansían la atención de sus padres, aunque sean para reñirles

May te Rius

ES Estilos de v ida | 13 de diciem bre de 2008

“¿Cómo te sentirías si tu pareja trajera a otra persona a v iv ir en casa y te dijera que no te preocupes, que quiere mucho a esa persona y la tienes que tratar muy bien pero que eso no quiere decir que a ti te v ay a a querer menos?”. Los psicólogos recurren a esta reflex ión para hacer entender a los padres que los celos y la riv alidad

entre hermanos son una reacción natural, tan normal que lo que se considera ex traño es que un niño no sienta celos. De hecho, encontramos ejemplos de riv alidad fraternal en la naturaleza, donde los hermanos compiten por la comida y el primer aguilucho en nacer v a empujando fuera del nido a sus hermanos para garantizarse el alimento que irá tray endo la madre, igual que el embrión de tiburón de may or tamaño dev ora a sus hermanos para apoderarse de sus recursos alimenticios. En las familias de humanos el recurso limitado no es el alimento; es el tiempo, la atención y el cariño que los padres pueden dedicar a los hijos. Basta echar un v istazo a los álbumes familiares para comprobarlo: del nacimiento y primer año de v ida del

primogénito acostumbra a haber montones de fotos; del segundo hay bastantes menos, y si hay un tercero o más, cuesta encontrar retratos. De ahí que los hermanos sientan que deben competir entre ellos para ser los mejores y los más queridos, y para reclamar esa atención de los padres tan codiciada. Pero que sea natural que los hermanos riv alicen no quiere decir que los celos no prov oquen situaciones conflictiv as, difíciles y desesperanzadoras para muchas familias, ni que tengamos que transigir con

Caín y A bel en casa. Los padres tienen mucho que decir y hacer en este terreno. Lo primero, adv ierten los psicólogos, es aceptar que su hijo o hija tiene celos (muchas familias tienden a negarlo) y distinguir entre unos celos patológicos, que requieren tratamiento, y la riv alidad fraterna habitual. “Los padres han de tener en cuenta que cuando hablamos de riv alidad fraterna el niño tiene celos de su hermano pero se comporta con

normalidad en otros ámbitos: con sus primos, con otros niños; es decir, fuera de casa no trata de llamar la atención”, ex plica Benjamín Montenegro, del Equip Psicològic del Desenv olupament de l’Indiv idu. Las causas de esos celos pueden ser div ersas: desde que uno de los hermanos hay a desbancado al otro en su papel familiar (el clásico príncipe destronado cuando nace un bebé) hasta la inex periencia que llev a a alguno de los progenitores a mostrar más afinidad por uno u otro de sus hijos, pasando por dificultades de aprendizaje escolar, situaciones de estrés, inseguridades...

“La pauta que seguir debería ir en la dirección de transmitir a los niños el carácter incondicional del cariño de sus padres, que perciban que este no está en función de las habilidades, capacidades o

comportamientos de los hijos”, afirma Laura Roldán, psicóloga de la clínica univ ersitaria de Psicología de la Univ ersidad Complutense. También es importante fomentar la autoestima y la confianza en sí mismos y , sobre todo, tratarles a cada uno de modo indiv idualizado, atendiendo a sus cualidades y limitaciones, sin comparar entre ellos. “Los celos y la riv alidad surgen cuando la figura de la

autoridad hace diferencias o está comparando constantemente, aunque no sea de forma v erbal o no se diga delante de ellos; siempre lo perciben”, afirma Isabel Menéndez Benav ente, psicóloga especializada en niños y adolescentes.

Claro que a v eces los reproches constantes –“a mi hermano no le regañas”, “como él es el pequeño le dejas...”– no son más que intentos de manipulación o control por parte de los hijos. “No olv idemos que en muchas ocasiones este tipo de quejas responde a un intento de conseguir beneficios o de percibir control sobre el comportamiento de los padres”, adv ierte Laura Roldán. Por ello aconseja a los padres mantenerse firmes en sus actuaciones y ev itar sobreargumentar sus decisiones y entrar en una ex plicación ex cesiv a de todo lo que hacen o dejan de hacer. Benjamín Montenegro alerta del

error de justificar ante los hijos que a todos se les quiere por igual. “Dar a un niño ex plicaciones que debe entender como obv ias es crearle más inseguridad; ante los celos hay que actuar sin dar may ores ex plicaciones”, subray a.

Cristina Tortajada, psicóloga de ISEP Clínic, opina que una buena estrategia familiar frente a los conflictos fraternales es la prev ención. “Los padres podemos actuar poniendo las cosas fáciles: ev itando que el pequeño moleste al may or mientras hace los deberes o que coja los juegos que puede romper y no sabe usar; anticipando normas que resuelv an situaciones que pueden resultar conflictiv as, como los horarios de uso del ordenador o el programa de telev isión que se v erá cada día, y fijando las

obligaciones que debe cumplir cada miembro de la familia para que los niños sepan en cada momento qué tienen que hacer y cuáles serán las

consecuencias de sus actuaciones, tanto positiv as como negativ as”, ex plica.

Montenegro subray a que, como los hermanos celosos tienden a culpabilizarse uno al otro –sobre todo cuando son dos y con una diferencia de edad de dos o tres años–, una estrategia útil para los

padres es responsabilizarles en trabajos

cooperativ os. Su consejo es encargarles trabajos solidarios: “Hay que forzarles a que se tengan que ay udar para poner juntos la mesa o para que uno haga las camas y otro recoja la ropa sucia, y

comprometerles conjuntamente en el resultado con propuestas del tipo ‘o está resuelto el trabajo de los dos o el sábado no v amos al cine’; luego, que ellos resuelv an cómo se organizan, sin interv enir salv o que v eas que siempre hay uno que hace más que el otro, y entonces habrá que ser firmes en imponerle tareas ex tras”.

Otro recurso que los psicólogos consideran muy útil para reconducir los celos entre hermanos es dar priv ilegios según la edad. “El de ocho años igual se puede acostar 1 5 minutos más tarde, y el más pequeño quedarse un rato más jugando en la

bañera”, ejemplifica Montenegro. Se trata de ofrecer un trato indiv idualizado, atender a las necesidades de cada uno y permitir que cada hijo tenga un espacio propio en la familia. “Los hijos han de sentir que son únicos para sus padres, que hay tareas que se hacen compartidas pero que cada uno tiene su espacio”, enfatiza Isabel Menéndez Benav ente. Todo ello sin descuidar los espacios comunes familiares,

como cenar juntos, practicar juegos en familia... Laura Roldán adv ierte que no se pueden

sistematizar soluciones para los celos fraternales porque cada familia tiene un funcionamiento particular, pero apunta algunas pautas básicas de actuación para prev enir situaciones conflictiv as. La primera es ev itar las comparaciones entre hijos para no consolidar roles. Y la segunda, lo que los psicólogos denominan ex tinción: retirarles la atención cuando comienzan a compararse entre ellos, cuando intentan conseguir beneficios o cuando discuten. “No debemos olv idar que la atención de los padres hacia los hijos, y a sea para decir cosas agradables o para hacerles críticas y regañarles, es un refuerzo muy potente que ansían y reclaman de formas muy diferentes”, enfatiza. Y llama la atención sobre la frecuencia con que los padres conceden atención a los hijos cuando se portan mal y , en cambio, ni se percatan cuando tienen el comportamiento que esperaban. Por ello, aconseja prestar especial atención a los momentos en que los hijos sí se comportan de forma adecuada con sus hermanos para reconocérselo con frases de refuerzo, miradas, abrazos...

La riv alidad y los celos fraternales se dan a

cualquier edad, especialmente cuando los hermanos se llev an poca diferencia de edad, y se recrudecen en la pubertad y la adolescencia. “Hay una etapa odiosa, en que a v eces los hermanos ni se hablan, pero luego lo superan”, indica Isabel Menéndez. Benjamín Montenegro asegura que, en esa etapa, lo importante es ex igirles que se respeten. “A los adolescentes celosos hay que ex igirles respeto, no afecto; no les puedes decir que se tienen que querer porque son hermanos, les tienes que decir que te da igual si se caen bien o mal, pero que en tu casa se tienen que respetar”, apunta.

Y aunque resulten agotadores, sobre todo para los progenitores, los ex pertos recuerdan que los conflictos entre hermanos tienen un trasfondo positiv o: con ellos aprendes a competir y a compartir, a negociar, a ev itar la v iolencia, y practicas tolerancia, respeto, conv iv encia...