6.3 Learning to Rank on a Network
6.3.2 Collective Inference
En la proximidad, en la relación cara-a-cara de Levinas, se escucha la voz del Otro que interpela y que reclama por su injusta reducción ontológica. El acto de revelación del Otro solo puede lograrse a partir del decir de su interpelación: mediante su palabra. Por eso, para Dussel el Otro no será visto, sino será oído. El Otro es sonido, es voz.
Para nuestro autor, el filósofo comprometido con la liberación debe estar preparado para saber oír la palabra del Otro. Esta es la condición para poder servir al Otro: «El filósofo ana-léctico debe descender de su oligarquía cultural académica y universitaria para
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Posición cuestionable en tanto que descalifica otras formas posibles de practicar la actividad filosófica, además de suponer que existe un método (que además es el único) filosófico ¿Quiere decir, acaso que la única forma de practicar la filosofía es adscribirse a la Filosofía de la liberación que él propone? En los diálogos Norte-Sur, el concepto de liberación de Dussel también puede ser comprendido desde el ámbito científico en el sentido de la superación de la negatividad de la teoría nueva frente a la comunidad científica hegemónica. Véase La razón del Otro. La interpelación como acto de habla en Ética del discurso y ética de la
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saber-oír la voz que viene de más allá, desde lo alto (aná-) desde la exterioridad de la dominación» (Dussel 1974: 184).
En la analéctica de Dussel existen dos momentos en los que se despliega. Al primero de esos momentos llamaré el momento ético y al segundo, el momento hermenéutico o de interpretación de la palabra del Otro.
En el primer momento, la palabra del Otro es concebida como verdadera, a pesar de que, cuando irrumpe en la totalidad, no es de ninguna manera interpretable, solo comprensible inadecuadamente. Aun no siendo verificada (por la incomprensión misma), aquella palabra es tomada como verdadera por la fe metafísica que se tiene en el Otro.
Dussel afirma que en un primer momento es necesario entender por semejanza o análogamente la palabra del Otro. «La palabra tenida por verdadera […] con el asentimiento del entendimiento en una confusa comprensión óntica inadecuada a partir de la «semejanza» de lo ya acontecido en la totalidad (como pro-vocación del otro) […] permite avanzar por la praxis liberadora, analéctica […]» (Dussel 1974: 193).
El momento ético es la base del momento hermenéutico: «Solo por el compromiso existencial, por la praxis liberadora en el riesgo, por un hacer propio discipularmente el mundo del otro, puede accederse a la interpretación, conceptualización y verificación de su revelación» (Dussel 1974: 192).
Esa primera revelación confusa, si es escuchada por el amor a la justicia, abre el sistema de la Totalidad y lo apertura metafísicamente al Otro. Una vez lograda esta apertura se podrá intentar el paso a una adecuada interpretación de su palabra: al segundo momento de la analéctica. ¿Cómo?, incorporando su palabra a la experiencia posterior conjunta del
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comprendido y de quien comprende; es decir, la correcta interpretación de la palabra del Otro se logra a partir de una corroboración histórica compartida. «Cuando se habita, por la ruptura ética del mundo antiguo, en el nuevo mundo puede ahora interpretarse dialécticamente la antigua palabra revelada en el mundo antiguo» (Dussel 1974: 192-193).
Para Dussel, existen distintos modos de proximidad al Otro. Como se vio, el autor entiende por proximidad el acortamiento de la distancia concreta en el cara-a-cara. Los modos de proximidad pueden ser erótico (relación hombre dominante – mujer dominada), pedagógico (relación maestro «padre» dominador – discípulo «hijo» dominado), político (relación hermano dominante – hermano dominado). La praxis liberadora puede llevarse en cada caso atendiendo a la petición específica del Otro en cada modo: desde la correcta interpretación de los distintos discursos de la mujer, del hijo, del discípulo o del hermano dominado que se puede llevar a cabo una auténtica praxis liberadora.
Ahora bien, Dussel encuentra que el primer momento ético es esencial en el método analéctico: «En el pasaje diacrónico desde oír la palabra del otro hasta la adecuada interpretación […], puede verse que el momento ético es esencial al método mismo» (Dussel 1974: 192). A pesar de ello, considero que no es sino hasta la correcta interpretación de la palabra del Otro en que se puede llevar a cabo la praxis liberadora.
El momento ético es básico para aperturarse al Otro, pero si no es posible la correcta interpretación de su palabra hecha discurso o si no se muestran las condiciones de posibilidad para el entendimiento del discurso del Otro más allá de la aceptación confusa y por fe de su palabra, no tendrá cabida ninguna praxis liberadora. La interpelación del Otro en el cara–a-cara puede generar una salida de la Totalidad y, en ese sentido, es provocación.
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Pero tener su palabra incomprendida por verdadera es solo el inicio. Quedarse aquí dejaría incompleto el proyecto liberador.
De ahí que no se puedan desligar los dos momentos de la analéctica en pos de la praxis liberadora del Otro. El primer momento ético abre la posibilidad al segundo momento discursivo (e interpretativo) donde se puede lograr un diálogo con él. Sin discurso con el Otro no hay praxis de la liberación; la apertura al Otro mediante la aceptación ética de su palabra incomprendida (el primer momento de la analéctica) es solo la primera fase de la praxis liberadora.
Lo relevante de la propuesta es que Dussel no está hablando de un principio interno de la interpretación en la comunicación: no habla de ninguna condición que, dada su naturaleza, la interpretación requiere para que ella misma sea posible17. Más bien, Dussel está refiriéndose a un principio externo al acto comunicativo mismo. Se refiere a un principio ético del reconocimiento del Otro anterior a la comunicación. En el tercer capítulo, se volverá sobre esto.