"La escritura es la pintura de la voz." Voltaire. La escritura se concibe como la forma más compleja de comunicación del ser humano y medio por el cual se hace un registro de la cultura, sus cambios y evolución. Las primeras técnicas de escritura surgieron en Egipto, Mesopotamia, China y se extendieron
rápidamente a los lugares cercanos dando origen a la mayoría de las escrituras del mundo. Antes las representaciones pasaban de una persona a otra, después se pasó a los dibujos en las cavernas que permanecían generación tras generación hasta nuestros días. Ahora el pensamiento era patrimonio de todos, a lo largo de esta evolución del homo erectus al homo
sapiens, se dieron grandes acontecimientos alrededor del lenguaje, entre los que se tienen el uso de signos gráficos y el desarrollo del habla en la comunicación; esto le permitió al hombre primitivo ampliar sus capacidades cognitivas, que hoy lo caracterizan como ser humano al interactuar con otros, para desarrollar habilidades comunicativas que le permiten actuar eficientemente en la sociedad.
Con el paso del lenguaje pictórico al logo gráfico, la transferencia del significado del signo hacia la palabra, la fonetización de la escritura, tomando como unidad la palabra y su significado, se dio paso a un sistema de comunicación estructurado que desencadeno en el surgimiento de la escritura que según Barbosa (citado por Braslavsky 2013) es concebida como “un sistema de intercomunicaciones humanas por medio de signos convencionales visibles” es más que dejar marcas en una hoja, tablero o pantalla en blanco. Es un proceso por medio del cual se elaboran textos escritos para representar significados que perduren a través del tiempo y el espacio.
Para profundizar en la escritura es necesario retomar algunos aportes conceptuales, Pérez (2010) dice “escribir es producir ideas propias y estar en condiciones de registrarlas a través de algún sistema de notación” (p.32) lo anterior permite identificar que la escritura se emplea como una forma de dar a conocer lo que se piensa.
Según Flórez (2013 ) “bajo la mirada de las ciencias cognitivas, la escritura se concibe como un acto cognitivo que implica mucho más que la representación del lenguaje oral en signos gráficos y se asimila desde una perspectiva que la considera un proceso
cognoscitivo, lingüístico, emocional y social complejo” (p.82)
Dicho lo anterior queda claro que la escritura va más allá del solo hecho de interpretar unos signos y símbolos, pero para hablar de este tema es necesario hacer referencia a otras autoras que han centrado sus investigaciones en la escritura: Emilia Ferreiro y Ana
Teberosky (1979) quienes explican este proceso y la manera como los niños aprenden a escribir tomando como punto de partida el conocimiento del sujeto cognoscente y del objeto a conocer. Las autoras plantean que la escritura evoluciona de manera procesual en donde se distinguen unos niveles para llegar a la escritura formal; aquí el niño se apropia
del sistema de la lengua escrita, a partir de su desarrollo cognitivo y de la interacción con el mundo de los textos.
Ferreiro (1988) en sus investigaciones reconoce que los niños tienen una historia escritural y clasifica las grafías en cuatro etapas:
1. Rayones: el niño realiza trazos indiscriminadamente atribuyendo un significado. 2. Garabatos: escribe trazos continuos semi-estructurados, que percibe en los textos. 3. Pseudoletras: se da cuando se toma conciencia de los textos culturales, son signos
diferentes entre sí, similares a las grafías convencionales. 4. Letras: realiza trazos de letras convencionales.
Por consiguiente el niño, descubre que al igual que el dibujo la escritura representa
directamente a los objetos y poco a poco construirá sus propias hipótesis, evolucionando así hacia la escritura alfabética. Para continuar con los aportes de estas autoras respecto a la construcción del sistema de escritura, se hará referencia a los cinco niveles planteados por ellas en su obra Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño (1979).
Nivel 1 Garabateo: En este nivel “escribir es reproducir los rasgos típicos del tipo de escritura que el niño identifica como la forma básica de escritura” (pág. 241) es decir que según el tipo de letra con el que está familiarizado (cursiva o script) realiza trazos curvos, rectos y combinados, sin que estos corresponden a las letras convencionales del alfabeto. El niño al realizar sus grafías, aunque se parezcan entre si le da un significado diferente según la intención, es decir que “cada uno puede interpretar su propia escritura pero no la de otros” (pág. 242).
Dentro de este mismo nivel se puede apreciar que los niños tratan de asignar una “correspondencia figurativa entre la escritura y el objeto referido”(pág. 243) lo que evidencia que la escritura realizada por el niño tiende a reflejar características del objeto, es decir a objetos grandes, escritura con mayor número de grafías, a objetos pequeños menor número de grafías.
Otra de las características de este nivel se refiere a la no diferenciación entre dibujo y escritura.
Nivel 2 Hipótesis pre- silábica: avanzando en los niveles encontramos que en este “para poder leer cosas diferentes, debe haber una diferencia objetiva en las escrituras” (pág. 249). Aquí los niños se plantean 2 hipótesis importantes: la hipótesis de cantidad que hace referencia a que se necesita un mínimo de grafías, alrededor de tres, para poder leer una palabra y la hipótesis de variedad que es en relación con las diferentes grafías que debe tener la palabra para poder ser leída.
Nivel 3 Hipótesis silábica: la importancia de este nivel reside en el intento por parte del niño de “dar un valor sonoro a cada una de las letras que componen una escritura” (pág. 255). En este nivel se destaca que el niño se enfrenta al problema cognitivo de pasar de una correspondencia global entre la palabra oral y la escrita a hacer corresponder a una parte sonora de la palabra una o más letras que la representan.
En este nivel cabe destacar la identificación de las consonantes dándoles un valor silábico en función del nombre al que pertenece.
Nivel 4 Hipótesis silábico-alfabética: son significativos los avances en este nivel ya que el niño empieza a descubrir que a su vez la silaba se puede partir en sonidos más elementales, y de igual manera representa silabas con algunas grafías y fonemas con otras, en palabras de Ferreiro y Teberosky (1979):
El niño ... descubre la necesidad de hacer un análisis que va más allá de la sílaba por el conflicto entre la hipótesis silábica y la exigencia de cantidad mínima de grafías ….y el conflicto entre las formas graficas que el medio le propone y la lectura de esas formas en términos de la hipótesis silábica (pág. 260).
Nivel 5 Hipótesis alfabética: en este nivel los niños logran la apropiación del código convencional, “han comprendido que cada uno de los caracteres de la escritura corresponde
a valores sonoros menores que la silaba y realiza sistemáticamente un análisis sonoro de los fonemas de las palabras que va a escribir” (pág. 266)
Para que el proceso anteriormente expuesto se desarrolle eficientemente y el niño pueda llegar a ser un escritor competente requiere de la interacción social, motivación,
estimulación del medio, también el acto de escribir privilegia procesos cognitivos y
lingüísticos. Cassany (1999) afirma “ aprender a escribir transforma la mente del sujeto; el uso escrito tiene algunas propiedades que facilitan el desarrollo de nuevas capacidades intelectuales, tales como el análisis, el razonamiento lógico, la distinción entre datos e interpretación o la adquisición del metalenguaje” (p. 47).
Por último se puede decir que la escritura es un instrumento que permite que el individuo exprese sus vivencias, sentimientos de manera libre y espontánea además de reflexionar sobre lo que piensa. De ahí la importancia de generar espacios para este tipo de prácticas en la escuela, Lerner (2001) propone “lo necesario es hacer de la escuela un ámbito donde la lectura y la escritura sean prácticas vivas y vitales, donde leer y escribir sean instrumentos poderosos” (p. 26).