Luego de definir las prioridades de la educación actual y proponer nuevas formas de estructurar currículos, planes de estudios y programas de clase para finalmente superar la enseñanza memorística de contenidos, ha habido multitudes de interpretaciones e iniciativas por parte de todos los sectores implicados en la educación. Estas acciones han tenido diferentes niveles de éxito, de los cuales es posible considerar sus resultados y extraer lecciones valiosas. El autor Barry K. Beyer (1984) analiza los esfuerzos actuales para enseñar efectivamente habilidades de pensamiento en el aula, señalando los principales obstáculos e indicando a continuación las prácticas apropiadas para superarlos.20
El autor observó cómo diferentes agentes de la educación; educadores, instituciones, editoriales y entes gubernamentales evidencian sus conocimientos acerca de las habilidades de pensamiento. En general, los educadores mostraron una gran diversidad en sus definiciones de ―habilidades de pensamiento‖ y su aplicación en el aula. Algunos las equiparan con lógica deductiva y argumentación, o se enfocan en la jerarquía planteada por Benjamin Bloom, otros deciden enfatizar en aspectos tales como resolución de problemas o indagación, y aun otros generan sus propias jerarquías institucionales. Lo mismo sucede con libros de texto, los cuales buscan presentar sus contenidos para desarrollar dichas habilidades, pero fallan al no unificar sus criterios de qué habilidades deben ser vistas, cómo se definen o si son las mismas que, bajo el mismo nombre, se anuncian en otros programas. Las pruebas desarrolladas por el estado buscan evaluar estas habilidades pero no comunican su concepción de las mismas, o las describen de forma difusa o ambigua. De esto el autor deduce que la falta de consenso profesional es un problema, ya que
Nuestra inhabilidad para ponernos de acuerdo en las habilidades de pensamiento que son esenciales para aprender y nuestra inhabilidad para alcanzar definiciones comunes de las habilidades que tratamos de enseñar son un obstáculo para el diálogo, investigación, enseñanza y evaluación en ésta área.21
Beyer indagó además la forma como los educadores preparan los contenidos de habilidades y los ofrecen a su clase. Al adolecer de definiciones precisas de las habilidades a
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Beyer, barry K. (1984) Teaching thinking skills- Defining the problem. Phi, Delta Kappan Volumen 65, 486 – 490
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Beyer, barry K. (1984) Teaching thinking skills- Defining the problem. Phi, Delta Kappan Volumen 65, 486 – 490 traducción dela autora
enseñar, no es posible identificar las operaciones cognitivas que se ven involucradas en ellas. Por lo mismo, los educadores ignoran los pasos a seguir al introducir una nueva habilidad y no están en capacidad de modelar el uso, identificar errores o evaluar la auténtica comprensión de sus estudiantes. Usualmente las habilidades de pensamiento se abordan desde la evaluación, es decir, los estudiantes son presentados una y otra vez con diferentes pruebas donde deben utilizar cierta habilidad a su máxima capacidad y los profesores esperan que, de algún modo, esta práctica les prepare automáticamente a ejecutar la habilidad. Se deduce entonces que la falta de un sistema ordenado para describir y caracterizar las distintas habilidades de pensamiento, no sólo afecta la discusión del conocimiento a nivel profesional, además impide la creación de un diseño de currículo lógico y minucioso para su enseñanza en las instituciones.
Luego de identificar las dificultades más importantes, el autor indica las acciones necesarias para cambiar esta tendencia. Para iniciar es necesario definir la base de habilidades de pensamiento que deben ser enseñadas, identificando de forma muy precisa los componentes que constituyen cada una de estas habilidades. Para Beyer la teoría más sólida, para ser utilizada como estructural, es la propuesta por Benjamín Bloom, la cual requiere ser alimentada con otros autores que puedan ampliar las descripciones de los componentes que constituyen cada habilidad. Ya que una descripción precisa de la habilidad equivale a una enseñanza precisa, Beyer propone que cada habilidad debe ser descrita por los siguientes componentes:
Primero, una habilidad de pensamiento consiste en un conjunto de procedimientos que se abordan para hacer operacional dicha habilidad. Segundo, consiste en el conocimiento de reglas que guían o dirigen el uso de estas operaciones. Y tercero, consiste en el conocimiento de indicadores o pistas que deben ser buscadas al emplear estas reglas.22
En otras palabras, cualquier intento responsable de llevar habilidades de pensamiento al aula debe dedicar un momento inicial a la recopilación de una teoría que organice y defina a satisfacción dichas habilidades de pensamiento porque la claridad de la instrucción depende en gran medida de una descripción juiciosa de las habilidades a ser trabajadas.
Después de determinar una estructura teórica satisfactoria de las habilidades de pensamiento, se establecen los parámetros bajo los cuales serán llevadas al aula. Estos son
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McGuinness, Carol.(1999) From thinking skills to thinking classrooms. School of psychology, Queen’s University, Belfast
divididos en dos: Cómo serán secuenciadas las habilidades a lo largo del currículo, y cómo se dará la instrucción de cada habilidad individual para maximizar las posibilidades de éxito. Respecto a lo primero, cada habilidad particular debe ser introducida de acuerdo con la madurez de los estudiantes y las habilidades previas que dominan. Así, en básica primaria deben ser introducidas habilidades básicas de pensamiento tales como clasificar, comparar o contrastar, trabajando pocas cada vez y usándolas transdisciplinariamente en lo posible. Iniciando básica secundaria se pueden introducir habilidades tales como análisis, síntesis y resolución de problemas. Es importante notar que las habilidades vistas en secundaria deben utilizar como base las habilidades aprendidas en primaria para lograr niveles adecuados de complejidad. En los grados superiores de secundaria es el momento de emprender la conceptualización y el pensamiento crítico, siempre teniendo en cuenta retomar las habilidades aprendidas anteriormente y demostrando como éstas conectan en los sistemas de las habilidades complejas. Con todo esto el autor demuestra la capital importancia que tiene formular un currículo donde las habilidades se inserten lógicamente en el momento y lugar más adecuado.
El segundo parámetro, la forma individual de desarrollar cada habilidad, ofrece algunos enfoques que han demostrado ser efectivos para enseñar con éxito una habilidad individual. Los estudiantes deben:
Ser conscientes de qué están haciendo y cómo lo hacen
No ser distraídos por otros contenidos compitiendo por su atención
Ver la habilidad modelada
Participar en prácticas frecuentes de la habilidad
Usar retroalimentación recibida durante la práctica para corregir el uso de la habilidad
Hablar acerca de qué hacen cuando abordan la habilidad
Recibir guía de cómo usar la habilidad en momentos que requieran completar un objetivo relacionado con los contenidos, y
Recibir oportunidades de practicar la habilidad en contextos diferentes al que originalmente fue introducida.23
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McGuinness, Carol.(1999) From thinking skills to thinking classrooms. School of psychology, Queen’s University, Belfast, página 3
Todos estos principios apuntan a que los educadores deben hacer énfasis en mostrar de forma explícita las actividades mentales necesarias para ejecutar la habilidad que está siendo enseñada, y que los estudiantes deben tomar parte activa en el aprendizaje al describir, comentar y cuestionarse acerca de su proceso personal de aprendizaje.
Los aportes de Beyer fueron hechos cuando aún eran incipientes los intentos por integrar teorías de habilidades del pensamiento al aula. Y aunque muchos de los planteamientos propuestos han tenido eco y respuesta en otros autores, no por eso se puede afirmar que los obstáculos mencionados en el texto citado hayan sido superados. En Colombia, gran parte del panorama educativo todavía responde al descrito por el autor hace treinta años en Estados Unidos. No hemos logrado un consenso sobre las habilidades de pensamiento, y aunque educadores y docentes por igual reconocen que es fundamental trabajar estas habilidades en las aulas, pocas instituciones públicas o privadas han logrado vincular dichas habilidades a su currículo escolar. En mi institución estas habilidades son mencionadas continuamente, pero pocos docentes pueden describir con seguridad de que se tratan, y son menos, si los hay, quienes han tratado de enseñarlas rigurosamente a sus estudiantes.
Para la investigación en curso las afirmaciones de Beyer señalan los pasos a seguir para diseñar un programa de clase basado en habilidades de pensamiento. Determinar la teoría base que estructure las habilidades, escoger de acuerdo con la población y el tiempo de ejecución qué habilidad es la más adecuada y describirla según los tres componentes mencionados por el autor. Al momento de diseñar las lecciones, se ha de tener en cuenta los enfoques para la enseñanza de habilidades individuales, organizar espacios para aplicar la habilidad aprendida fuera del contexto de las artes visuales y verificar que la evaluación se aplique de acuerdo a como se ha dado la instrucción, manteniendo los mismos criterios.