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La «táctica» comunista, esencialmente, se reduce a la utilización metódica de la dialéctica, con miras a implantar la dictadura del proletariado mediante la violencia. Pero esta violencia no es necesaria, ni incluso principalmente física.

(3) Stalin: Principios del leninismo, p. 100 (ed. fr.).

¿QUE ES EL LENINISMO?

Tiene mucho más de violencia moral. A esta táctica la pu­ diéramos definir como la técnica de la violencia moral en la organización de conflictos.

Por eso, esencialmente, la táctica persigue dos objetivos: por una parte, su función es engañar a aquellos que sufren y que pertenecen a la clase antítesis del momento. Por la otra, su función es engañar a aquellos a quienes se designa como explotadores: la clase tesis del momento.

Volvamos sobre estos dos puntos sucesivamente.

a) La táctica engaña a la clase antítesis. Ya hemos visto que el partido hace pasar sus consignas a las masas mediante las «correas de transmisión». Pero Lenin sabe perfectamente que lo que, esencialmente, desean los asalariados no es, de ninguna manera, el advenimiento de la esclavitud comunista, sino, por el contrario, una sociedad más justa y más frater­ nal. Resulta, por tanto, absolutamente indispensable engañar a los asalariados para conseguir que éstos obedezcan a las consignas del partido.

El engaño consiste fundamentalmente en lo siguiente: el asalariado desea una mejora concreta y estable en su situa­ ción. Es, pues, espontáneamente «reformista». Lenin define la reforma como la modificación por vías legales del régimen capitalista en un sentido favorable a la clase obrera.

El partido comunista finge pedir mejoras concretas, au­ mentos de salarios, reducción de las horas de trabajo, des­ arrollo de las medidas de seguridad, etc. Por consiguiente, los asalariados se imaginarán que los comunistas se pre­ ocupan por mejorar su suerte. Ahora bien, no hay nada de eso. Las reivindicaciones, en manos de los comunistas, sólo son un medio de desarrollar la lucha de clases, de difundir el espíritu revolucionario y de arrastrar a las masas a la revolución. Así, por ejemplo, saben muy bien que los aumen­ tos generalizados de salarios, por los que gritan muy fuerte, serán ilusorios, a corto plazo, cuando pura y simplemente

corresponden a una inflación suplementaria. Saben también

que las huelgas iniciadas para obtener estos aumentos resul­ tan muy dolorasas para las familias obreras, a las que, a veces, hunden en la más negra miseria. Lo saben y no vaci­ lan, porque matando la moneda y agravando la miseria, ace­ leran el movimiento dialéctico de la Historia.

Esto, es Stalin quien lo ha dicho:

«Para el reformista, la reforma lo es todo...»

«Para el revolucionario, por el contrario, lo principal es el trabajo revolucionario y no la reforma; ésta, para él, sólo es él producto accesorio de la revolución. Por ello, en las condiciones de existencia del poder burgués, una reforma, con la táctica revolucionaria, se transforma, naturalmente, en un instrumento de disgregación de ese poder, en un ins-

EL COMUNISMO FRENTE A DIOS

frumento de refuerzo de la revolución, en un punto de apo­ yo para el desarrollo continuo del movimiento revolucio­ nario.»

«El revolucionario acepta la reforma para utilizarla como un cebo que le permita combinar la acción legal con la ilegal, y DISIMULAR el aumento del trabajo ilegal PARA LA PRE­ PARACION REVOLUCIONARIA DE LAS MASAS, con objeto de derrocar a la burguesía. En eso está la esencia de la utili­ zación revolucionaria de las reformas y de los acuerdos, en las condiciones del imperialismo.»

Esta labor de engaño de la clase antítesis, no se lleva a cabo solamente en los medios obreros, sino también entre los campesinos, en las organizaciones juveniles, femeninas...

b) La táctica engaña a la clase tesis. El partido condi­ ciona el pensamiento de los países o clases, a los cuales llama capitalistas, mediante declaraciones sensacionales y cambios espectaculares de política. También aquí parten de las as­ piraciones extendidas por las democracias individualistas. Estas aspiraciones, una y otra vez, consisten en desear que el comunismo juegue el juego democrático, y que acepte ser un partido más entre otros partidos y una tendencia más entre otras tendencias.

Desde este momento, el engaño, fundamentalmente, con­ siste en lo siguiente: las clases y naciones burguesas desean una evolución del comunismo que les proporcione seguridad de espíritu: los comunistas los comprometen en el camino de esta seguridad.

1. En primer lugar, los comunistas se esfuerzan por prac­ ticar esta política del compromiso con los «reformistas». Estos reformistas, que en la Rusia de Lenin fueron los men­ cheviques, son hoy los partidos socialistas del tipo SFIO. Pudiera suceder que el comunismo atacase violentamente a estas organizaciones. Por ejemplo, cuando Guy Mollet, en­ tonces presidente del Consejo francés, decidió enviar a Ar­ gelia a los soldados procedentes del servicio militar obliga­ torio, tuvo en contra suya a la propaganda comunista, ya que iba en dirección contraria a la evolución dialéctica. Pero, a la inversa, después de los acontecimientos del 13 de mayo, vimos a los comunistas ofrecer su alianza a los socialistas, con objeto de rehacer al «Frente Popular». También esto es una aplicación de la táctica leninista:

«Deberemos entender por unidad del frente proletario la unión de todos los trabajadores deseosos de combatir al ca­ pitalismo, lo que, en consecuencia, incluye a los obreros que siguen, aún, las directivas anarquistas y sindicalistas. Estos elementos pueden, en diversos países, cooperar útilmente a las acciones revolucionarias. Desde sus comienzos, la Inter­ nacional Comunista ha preconizado siempre una actitud

¿QUE ES EL LENINISMO?

amistosa hacia estos elementos obreros que, gradualmente, superan sus prejuicios y, poco a poco, se adhieren el co­ munismo.'» (4.° Congreso de la Internacional Comunista, te­

sis n.° 23.)

2. Después, los comunistas se esfuerzan por engañar a los pequeños labradores. Los consideran como una fracción de la pequeña burguesía que, por lo tanto, deberá ser liquidada. Pero, mientras las circunstancias así lo exijan, los pondrán buena cara y les dejarán creer que el comunismo defiende sus intereses.

3. Finalmente, en ciertas circunstancias, los comunistas practican la política de la «mano tendida» con los creyentes.

En particular, han hecho un esfuerzo enorme para des­ arrollar entre los cristianos una corriente de pensamiento hostil a la propiedad privada y favorable a la lucha de cla­ ses. Una publicación como La Quinzaine, que finalmente fue incluida en el Indice, hizo mucho para orientar a los espí­ ritus en este sentido. Hemos visto, anteriormente, cómo un cristiano, partiendo de ideas económicas, puede llegar a ser materialista. Lenin tenía perfecta conciencia de ello, como lo demuestra el texto siguiente:

«La propaganda del ateísmo (en caso de huelga, por ejem­

plo) puede ser inútil y perjudicial, no desde el punto de vista trivial de no asustar a las gentes atrasadas, de no perder un escaño en las elecciones, etc., sino, desde el punto de vista del PROGRESO REAL DE LA LUCHA DE CLASES, que, en la sociedad capitalista actual, LLEVARIA cien veces mejor a los obreros cristianos a la social-democracia y al ATEISMO que una propaganda abiertamente antirreligiosa... El marxismo deberá ser materialista, esto es, enemigo de la religión, pero materialista dialéctico» (4).

Este texto es de una importancia capital. Puede ayudar­ nos a comprender, especialmente en las presentes circuns­ tancias, que el objetivo actual de la propaganda comunista, no es CONVERTIRNOS EN COMUNISTAS, sino en hacernos sostener el punto de vista actual de la propaganda comunista. Lo que interesaba a los comunistas de 1957 no era que los cristianos de Francia apostatasen, sino que, en sus palabras o en sus escritos, difamasen al Ejército francés y le aisla­ sen moralmente. En 1958, el objetivo de los comunistas era reconstruir el frente popular. En 1959, era hacer adoptar la tesis comunista sobre Berlín... En mayo de 1968, era conser­ var el control de las «masas» francesas, y conseguir, a la vez, que los cristianos declarasen «positivo» al movimiento revolucionario. Ya habrá tiempo, cuando se haya estableci­ do la dictadura del proletariado, para afirmar que: «La liber-

(4) Lenin: Pages choisies, t. II, p. 315.

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tad para practicar el culto, y la libertad y LA PROPAGANDA ANTIRRELIGIOSA... SE RECONOCEN O TODOS LOS CIU DADANOS.» (Artículo 124 de la Constitución soviética.)

En resumen, las dos funciones de la táctica leninista son las siguientes: utilizar el engaño para exasperar a aquellos a quienes el comunismo pretende defender y utilizar el engaño para adormecer, en una falsa seguridad, a aquellos a quienes el comunismo tiene intención de hacer «liquidar» por los primeros.

CONCLUSION

Basta evocar los acontecimientos más notables que han acaecido, entre 1939 y 1960, para medir la fecundidad, en el mal, del genio de Lenin, interpretado y completado por Sta- lin hasta un grado difícil de medir. Desde 1939, dieciocho países han sido aplastados y reducidos a la esclavitud por la llamada dictadura del proletariado. Alrededor de un ter­ cio de la población y de las riquezas del mundo están bajo el poder del odio organizado y soportan la agresión contra Dios y contra su imagen en el hombre. Frente a esta agre­ sión, que además es cotidiana y permanente, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. No basta con tomar concien­ cia del peligro. Es necesario medir ese peligro. Este es in­ menso.

Hablemos claramente. El marxismo-lenismo es una in­ surrección de las fuerzas infernales en el transcurso de la Historia. El propio Papa Pío XI nos lo advirtió en su Encí­ clica contra el comunismo: «Cuando los apóstoles pregun­ taron al Salvador por qué no habían podido librar del es­ píritu maligno a un endemoniado, les respondió el Señor:

«Esta especie (de demonios) no puede ser lanzada sino por la oración y el ayuno.» «Tampoco podrá ser vencido el mal que hoy atormenta a la humanidad si no se acude a una santa e insistente cruzada universal de oración y penitencia.» (Di­ vini Redemptoris, n.° 62.)

Es evidente que, en estas condiciones, al comunismo no se le podrá quebrantar con una simple fuerza temporal, aun­ que estuviese psicológicamente adaptada para ello. En últi­ mo análisis, sólo lo puede conseguir la Iglesia del único Cris­ to, que es la que tiene las llaves de la Eternidad.

El leninismo es la exteriorización metódica de todos los conflictos, fundada en la organización del engaño y en la incitación a la envidia y al odio. El cristianismo es la acepta­ ción de la Cruz, de la luz de la Verdad y del perdón de las injurias. En cierto sentido, estamos en la víspera de la gran opción. Actualmente está en juego el destino del mundo. 8 6

Para rematar la toma de conciencia concreta del extraor­ dinario drama histórico, del cual no solamente somos especta­ dores, sino también actores, nos queda por ver cómo el leni­ nismo se ha aplicado concretamente, y cómo ha realizado, de forma casi invisible, la conquista de un tercio del mundo. Cuando hayamos acabado con esta toma de conciencia habrá llegado la hora de preguntarnos, bajo la mirada de Dios, si hemos estado a la altura de las circunstancias, si hemos sido dignos de nuestro bautismo y de nuestra confirmación, y si hemos comprendido y realizado todas las exigencias espi­ rituales de la lucha en la cual estamos empeñados, que es, sin duda, una lucha final, y en la que las únicas armas victo­ riosas son las armas espirituales.

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TERCERA PARTE