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The development of a psychometric test aimed at aligning students to a range of

Ciertas técnicas han sido puestas a punto por los marxista- leninistas para ganar los espíritus y para, en vocabulario co­ munista, conquistar a las masas. No se trata de hacer el censo de todas ellas. Unicamente indicaremos algunas como muestra, y para hacer ver su intrínseca perversidad.

a) La utilización de los impulsos. Los psicólogos mate­

rialistas, como no consideran al espíritu humano más que como un producto de la materia, abordan el problema de la conquista de las masas en un plano fisiológico y neuroló- gico, y, con este punto de vista, reducen las motivaciones psíquicas del hombre a cuatro instintos fundamentales —o cuatro impulsos básicos—. Estos son: el impulso agresivo, el impulso alimenticio, el impulso sexual y el impulso fa­ miliar (2).

¿QUE ES EL MAOISMO?

(2) Chakotin: La violación de las masas, pp. 51 y ss. (ed. fr.).

La propaganda comunista y, en general, toda propaganda subversiva, se esforzará, pues, ante todo, por despertar esos impulsos y por hacer que jueguen en el sentido deseado por la propaganda.

En todo hombre existe un impulso agresivo, un instinto de dominio, eso que San Pablo, dentro de la perspectiva de las concupiscencias humanas, llama «orgullo de la vida». Para lograr que esta concupiscencia juegue en las masas, hay que hacer que se rebelen. Hay que mostrarles injusti­ cias que hacen que brote el escándalo en el alma. Según los casos, se denunciará a los blancos, a los extranjeros, al ejército o a la religión, acusándoles de los crímenes más abo­ minables, y apelando a la conciencia popular. Entonces, el impulso agresivo, habitualmente, actuará en sentido de la «justicia», es decir, en sentido hostil a la institución que se desea abatir.

El impulso alimenticio no es menos violento. Se identifica con el instinto de conservación individual, y, bajo otro as­ pecto, con lo que San Pablo llama la concupiscencia de los ojos. La propaganda, al igual que la publicidad, puede re­ currir a ella. Con ocasión de las elecciones de 1936, el slogan comunista se resumía en tres palabras: «pan, paz y libertad.» La primera excitaba de lleno la psicología de los apetitos. Cada vez que el transeúnte veía escrita la palabra pan, o cada vez que las multitudes entonaban los tres términos de este slogan, algo del placer de comer, una especie de anticipo sub­ consciente del artactivo de la comida, se identificaba orgáni­ camente con la profesión de fe comunista.

Por lo que respecta al impulso sexual, casi no hay nece­ sidad de insistir. Se identifica con el instinto de procreación, con la concupiscencia de la carne. La propaganda comunista no se priva de su utilización. No obstante, nos atrevemos a decir que lo hace con más moderación que la publicidad comercial de ciertas firmas del mundo libre. Bergson decía que la sociedad moderna se había transformado en una so­ ciedad afrodisíaca. No cabe duda que la llamada, más o menos hipócrita, a la anticipación imaginaria de los place­ res sexuales es uno de los medios psicológicos más frecuente­ mente empleados en el siglo xx.

Finalmente, los comunistas utilizan el impulso familiar. También aquí se trata de una inclinación natural que está en la línea del instinto de conservación de la especie, y que, además, está desarrollada de forma más precoz y más com­ pleta en la mujer que en el hombre. La propaganda por la «paz» (en sentido marxista), frecuentemente va acompañada de anuncios que muestran a niños abandonados cerca del cadáver de sus padres, muertos durante los bombardeos. Cuando por todo un país se hace una campaña de anuncios

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y folletos, y cuando a cada mirada que se dirija a cada car­ tel se manipule tal o cual impulso en el sentido de los fines perseguidos por el comunismo, es inevitable que cada cual, sin analizarlo claramente, experimente la sensación de una presión anterior, que para estar en regla con su conciencia, le invita a llegar a la conclusión de que los comunistas tie­ nen razón, pues éstos hacen que los impulsos jueguen en el sentido de fines sociales, en sí mismos buenos y loables; paz, prosperidad, libertad, pero, sin embargo, dando a estas palabras un sentido práctico que equivale, cuando obtienen la victoria, a guerra, miseria y esclavitud.

Además, es necesario mencionar aquí la utilización del miedo, de la angustia, del terror, base psicológica de la gue­ rra revolucionaria, que será estudiada detalladamente en el capítulo siguiente.

b) La utilización de los reflejos condicionados puede no

ser, en sí, contraria a la dignidad humana. La enseñanza de la tabla de multiplicar, del piano y, en general, todo lo que desarrolla el automatismo psicológico o nemotécnicoo se logra mediante el condicionamiento de los reflejos. Lo que caracteriza a la técnica subversiva no es la utilización de los reflejos condicionados, sino al establecerlos y hacerlos fun­ cionar contra natura. Este es el fin fundamental del método marxista-leninista. Consiste en actuar de forma compleja sobre los cuerpos y los apetitos para obtener un condiciona­ miento del pensamiento, que impida que la fuerza de la verdad obre sobre la inteligencia.

En el mundo actual, grupos enteros están así condiciona­ dos. Establecen, por ejemplo, una equivalencia inmediata y casi automática entre capitalismo y explotación, entre comunismo y paz, y entre conflictos y progreso. Se han he­ cho insensibles, más o menos perfectamente, a la experiencia universal que atestigua que el capitalismo, a pesar del libe­ ralismo económico que le ha desviado de su vocación, sin embargo, ha elevado el nivel de vida general más rápida­ mente que el comunismo, y sin estorbar, como él, la liber­ tad humana fundamental. Se han hecho insensibles, más o menos perfectamente, a la experiencia que constantemente atestigua que el comunismo, desde Moscú en 1917 a Buda­ pest en 1956 y Praga en 1968, hace correr ríos de sangre y, lejos de atenuar la explotación del hombre por el hombre, la hace, por el contrario, más atroz y más total. Lo esencial de la agresión psicológica llevada a cabo permanentemente contra nuestras sociedades —sin duda imperfectas, pero persuadidas de los derechos inherentes a la dignidad de la persona humana—, reside en los procesos mediante los cua­ les el comunismo sustituye la lógica natural de la inteligencia 99

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humana por una lógica artificial que, en cada problema, lleva

el comportamiento comunista del momento.

La enseñanza comunista, más clásica, utiliza una anéc­ dota que pone al descubierto cómo la técnica marxista-leni- nista hace que las pasiones y los apetitos jueguen, casi in­ evitablemente, en el sentido del error y de la mentira.

En las escuelas de formación comunista, como ejercicio, se formula la siguiente pregunta: «¿Cómo podremos lograr

que un gato coma pimienta?» La primera respuesta es man­

tener abierta la boca del gato por la fuerza: mala respuesta. Falta el consentimiento del gato. La segunda respuesta es disimular la pimienta en un pescado: respuesta también mala, pues el gato escupirá el pescado cuando descubra la pimienta.

Respuesta marxista-leninista: hay que esparcir la pimien­ ta sobre la alfombrilla que habitualmente utiliza el gato. Este, cuando se siente sobre la pimienta, se sentirá incómo­ do y notará escozor, por lo que comenzará a lamerse para aliviar la quemadura.

Resultado:

1. El gato come realmente 2. Por su completa iniciativa

3. Pero completamente condicionado

4. La pimienta a la que naturalmente aborrece. El gato no ha visto ni sentido, en forma alguna, que una voluntad externa le empujaba a realizar una acción con­ traria a su naturaleza. Y cuando ha sido condicionado, rea­ liza dicha acción natural y espontáneamente.

Este ejemplo es profundo, y el hecho de que concierna a un animal está completamente dentro del orden. Pues la acción psico-social del comunismo introduce una nueva ló­ gica del comportamiento, precisamente en el nivel de los cir­

cuitos nerviosos.

Así condicionados,

— por cristianismo, el cristianismo se opone al Papa, a los Obispos y a la unidad de la Iglesia;

— por civismo, el ciudadano se opone al bien común de su país;

— por deseo de progreso social, el militante se opone a las medidas «reformistas» de progreso.

Y así vemos a católicos que habitualmente aprueban los actos de aquellos que persiguen a la Iglesia; vemos a fran­ ceses que (hasta en la prensa) habitualmente aprueban las empresas de los enemigos de Francia; vemos a obreros que habitualmente aprueban el agravamiento sistemático de los conflictos sociales; vemos a estudiantes que «boicotean» sus propios exámenes y destruyen la universidad, en lugar de perfeccionarla; hemos visto a hombres que, por una pre­ ocupación de justicia social, rehúsan revelar y buscan es- 100

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conder la existencia de un universo concentracionario en la URSS. De este modo, «el gato se come la pimienta», y la guerra subversiva gana batalla tras batalla, sin que tenga­ mos conciencia de ello.

La acción psico-social del comunismo opera en el nivel individual (lavado de cerebro) (3) o en el colectivo (rumores, impulsos, podredumbres...). Emplea amenazas, terror, pro­ mesas, pero como un poderoso elemento auxiliar, y no como un elemento que constituya totalmente su método. Aún no «hemos penetrado en la verdadera naturaleza del comunis­ mo» si nos ofuscamos con los medios clásicos que también emplea, pero poniéndolos estrechamente al servicio de lo que caracteriza su originalidad.

Al final de la acción psico-social del comunismo, las ver­ dades morales fundamentales, particularmente aquellas que atañen al respeto de la persona, a la verdadera libertad, a los derechos naturales imprescriptibles, y a la piedad filial y nacional, llegan a ser ininteligibles, ridiculas e errisorias. La marcha natural de la inteligencia ha sido sustituida por una marcha artificial por medios psico-mecánicos, que cons­ tituyen el verdadero «descubrimiento» de la guerra subver­ siva y revolucionaria, conducida, en todas partes y perma­ nentemente, por el partido comunista con sus organizaciones anejas y sus auxiliares inconscientes.