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Students Perception Towards Using a Creativity Competition to Build-up Teamwork

La guerra subversiva consiste en una agresión psicológica llevada a cabo contra la población de un país, y destinada a hacer que dicha población sea hostil a su propio gobierno y a todas las estructuras sociales fundamentales que la sos­ tienen: poder espiritual, ejército, poder financiero, estruc­ tura familiar, etc. Esencialmente, busca realizar una trans­ ferencia psicológica colectiva, coger una población en un cierto estado de espíritu y, gradualmente, conducirla a otro estado de espíritu diferente.

Esta guerra subversiva constituye una táctica marxista- leninista, ya que opera dicha transferencia actuando en forma dialéctica. No obstante, hoy es utilizada por revolucionarios de todas clases, incluso por aquellos que, en la Iglesia Cató­ lica, se esfuerzan por apartar del Papa a los miembros del Pueblo de Dios. La guerra subversiva, en efecto, se apoya en dos actividades complementarias:

— Una propaganda destinada a atraer los espíritus a una ideología.

— Una propaganda destinada a destruir el esqueleto mo­ ral, social y administrativo del país o de la organización a conquistar.

Ambas propagandas se realizan simultáneamente. Dividen, por tanto, al país en dos partes. Al comienzo, la ideología conquistadora se presenta a una minoría que encuentra en ella un principio dinámico de acción. Al mismo tiempo, se ejerce la propaganda en el seno de la mayoría para apartarla del orden establecido, e inclinarla a despreciar las estruc­ turas que lo sostienen. A medida que la conquista de los es­ píritus se extiende, la mayoría se avergüenza de las estruc­ turas que la sostienen, y disminuye y se reduce a la nada, mientras que la minoría, orgullosa de ser la ideología as-

EL COMUNISMO FRENTE A DIOS

cendente, aumenta y tiende a predominar. Cuando las con­ diciones políticas son tales que esta inversión parece haberse ya realizado a los ojos de la propia opinión pública, la guerra subversiva resulta victoriosa. El gobierno y las estructuras establecidas no ejercen ya ningún control sobre la población.

Como vemos, la guerra subversiva, como tal, no aspira a hacerse cargo del poder. Esto la diferencia fundamental­ mente de la guerra revolucionaria. La guerra subversiva busca AISLAR a un gobierno de la población, con objeto de que ésta ejerza tal presión, que haga imposible a dicho go­ bierno llevar a cabo una política que sea eficazmente hostil a aquellos que conducen la guerra subversiva.

Como ejemplo, tenemos las campañas de descrédito, diri­ gidas y ordenadas por la URSS, contra las rampas de lan­ zamiento de cohetes atómicos, que, al ser realizadas en el mismo momento en que los comunistas pregonaban su triun­ fo al ver a Rusia poseer la bomba atómica, demostraron, hace poco, que el esfuerzo de la propaganda se hace en sentido contrario según los países a los cuales se aplica. Así, cuando estas rampas de lanzamiento sean un peligro para Rusia, las poblaciones deberán ser azuzadas contra su propio gobierno que, o bien las instala, o bien las acepta. Por el contrario, la bomba atómica será buena, deseable y no constituirá en absoluto ningún obstáculo para la paz, cuando permita a Rusia multiplicar las posibilidades de expansión del comunis­ mo por el mundo. Igualmente, cuando los nacionalistas ar­ gelinos practicaban el terrorismo metódicamente y en gran escala, sus acciones eran gloriosas y testimoniaban una re­ solución feroz y una inquebrantable voluntad de vencer. Si­ multáneamente, la campaña denigratoria, que pretendía iden­ tificar a todo el ejército francés con la práctica de torturas en Argelia, desempeñó su papel de apartar a la opinión pú­ blica francesa de su ejército, y de aislar a este ejército de su Patria.

Podríamos multiplicar los ejemplos y todos demostrarían que, en la guerra subversiva, se actúa sobre la psicología colectiva de un pueblo para marcar a los verdaderos puntos de apoyo de ese pueblo con una señal infamante, y para, al contrario, glorificar a aquellos que la traicionan y venden. Se actúa sutilmente sobre el amor propio de las muchedum­ bres. Se finge creer que los que aceptan las rampas de lan­ zamiento desean la guerra. Se finge creer que los que sostie­ nen al ejército francés desean que se practiquen las tortu­ ras... Para evitar aparecer como solidaria de los verdugos, la «masa» se disociará del ejército francés; para evitar apa­ recer como favorecedora de la guerra, participará en la pro­ paganda contra las rampas de lanzamiento, o en la propa-

ganda unilateral contra los «bombardeos americanos» en Vietnam.

No cabe duda que, en las actuales circunstancias, en todo el mundo se está librando la guerra subversiva. En Francia, particularmente, hemos visto cómo la dialéctica se introdujo en el seno de los problemas religiosos, nacionales y económi­ cos. En el seno de la Iglesia, hemos visto, durante casi trein­ ta años, desarrollarse un catolicismo de izquierdas que se opone a un catolicismo de derechas, favorece el crecimiento de la ideología socialista en los medios religiosos, y arroja el descrédito sobre la organización corporativa de reconci­ liación de las clases, en que consiste, precisamente, el verdade­ ro programa social de la Iglesia. En el plano nacional, hemos visto a irnos mismos hombres sostener explícita y ferozmente los movimientos nacionalistas de Argelia o de otros países de Africa, y, simultáneamente, afirmar que la patria francesa es una nación superada y que, para ellos, ya no evoca nada. En el seno de los problemas económicos, se han hecho sospechosas las empresas prósperas, al afirmarse que únicamente la ex­ plotación de los trabajadores puede explicar esa prosperi­ dad; pero, al mismo tiempo, las realizaciones económicas de Rusia y de China son presentadas como el resultado del ardor espontáneo de pueblos valerosos. Así son manipuladas, con técnicas de guerra subversiva, fracciones enteras de la opinión pública que, con asombrosa ausencia de espíritu crítico, ni por un instante sospechan que participan en un gigantesco plan de aniquilamiento de las células sociales fundamentales, tales como la familia, el Estado, la propiedad privada y la comunidad profesional.