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Short-term macro-economic indicators

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Ahora bien, volviendo sobre el origen de la noción de Gelassenheit en la obra heideggeriana, debemos recapitular la contundente crítica hecha al mundo técnico y su vinculación con el tipo de pensamiento y de disposición fundamentada en la dualidad sujeto- objeto. A continuación la cita expone los elementos pertinentes para entender el problema ante el cual Heidegger propone la Serenidad como alternativa. De esta forma estaremos profundizando en el estudio del concepto heideggeriano de Gelassenheit.

“(S)i decimos simultáneamente <<si>> y <<no>> a los objetos técnicos (…) dejamos entrar a los objetos técnicos en nuestro mundo cotidiano y, al mismo tiempo, los mantenemos fuera, o sea, los dejamos descansar en sí mismos como cosas que no son algo absoluto, sino que dependen ellas mismas de algo superior. Quisiera denominar esta actitud que dice simultáneamente <<si>> y <<no>> al mundo con una antigua palabra: la Serenidad (Gelassenheit) para con las cosas. (…) Sería necio arremeter ciegamente contra el mundo técnico. Sería miope querer condenar el mundo técnico como obra del diablo. Dependemos de los objetos técnicos; nos desafían incluso a su constante perfeccionamiento. Sin darnos cuenta, sin embargo, nos encontramos tan atados a los objetos técnicos, que caemos en relación de servidumbre con ellos. Pero también podemos hacer otra cosa. Podemos usar los objetos técnicos, servirnos de ellos de forma apropiada, pero manteniéndonos a la vez tan libres de ellos que en todo momento podamos desembarazarnos de ellos. Podemos usar los objetos tal como deben ser aceptados.

Pero podemos, al mismo tiempo, dejar que estos objetos descansen en sí, como algo que en lo más íntimo y propio de nosotros mismos no nos concierne. Podemos decir <<sí>> al inveitable uso de los objetos técnicos y podemos a la vez decirles <<no>> en la medida en que rehusamos que nos requieran de modo tan exclusivo, que dobleguen, confundan y, finalmente, devasten nuestra esencia” (Heidegger, Serenidad, 1988, p. 27).

La serenidad es, entonces, como dice Heidegger, una actitud que dice si y no ante el mundo técnico y sus cosas. En virtud de que se dice sí al entramado de la técnica y la industria, la serenidad es una forma de aceptar el mundo dado, de dejarlo ser en algún sentido, pero sin perder nuestra esencia en él, esto es, sin perder nuestra capacidad para pensar reflexivamente. Sin embargo no es que se diga sí al mundo técnico o a los objetos como tal. Se dice sí ante la prácticamente inevitable tendencia del ser humano hacia la escogencia del pensar calculador. Aunque ya el lector comprenderá la interpretación que le he dado a los conceptos heideggerianos y la puesta en diálogo con los postulados buberianos, no sobra resaltar que lo fundamental de la crítica al mundo de la técnica no es a los objetos como tal, ni a los medios de producción y ni si quiera al trato que el hombre le ha dado a la naturaleza. Es importante recordar el hecho de que lo que aquí critica Martin Heidegger es un tipo muy particular de pensamiento, el cual es una disposición ética ante la vida y la toma de decisiones que luego, por cuestions históricas, nos han conllevado a decidir vivir y organizarnos en sociedad de formas muy particulares. Valga la redundancia, estas no son sino consecuencias del más fundamental asunto del tipo de pensamiento. Por eso es que Heidegger plantea su dicotomía en cuanto a una bivalencia de pensamiento: el pensar calculador y el meditativo. Lo que pareciera indicar el “decirle sí” al

inveitable uso de los objetos técnicos es, de cierta forma, que no podemos prescindir de concebirnos –así sea de forma eventual- como sujeto enfrentados a un mundo objetivo; y no podemos prescindir de detentar en determinadas ocasiones una actitud instrumentalista y teleológica ante la naturaleza. Dadas las condiciones históricas del hombre, sería pretensioso pensar que la erradicación del pensar calculador es posible.

Ahora bien, la necesidad de este otro simultáneo decir no ante el mundo de la técnica adviene, como ya se adivinará, del peligro que supone la exclusividad a la que nos someten los objetos de la técnica y su fundamental pensar calculador. En la cita expuesta Heidegger plantea que quizás lo crítico de la situación identificada es el hecho de la servidumbre en la que termina el ser humano hacia el entramado técnico. Para ejemplificar podemos considerar una explicación del mismo Heidegger: el hombre quiso crear la máquina para que su vida fuera más fácil y llevadera. Sin embargo, la Modernidad y el posterior proceso de industrialización y globalización demostraron lo contrario en alguna medida, pues esta época nos llevó a una dependencia de la tecnología en la cual nosotros terminamos sirviendo. Es así como resultamos en servidumbre de quien se suponía nos serviría.

Ahora bien, por su lado Heidegger ostenta que el sujeto, –el Yo de índole autoreferencial- , ha de convertirse en esclavo de su mundo técnico, y de objetivizarse a sí mismo como un engranaje más dentro del sistema que él mismo creó, pues cae en relación de servidumbre con los objetos; como una serpiente que se muerde la cola. En términos buberianos el Yo de la relación Yo-Eso termina por convertirse él mismo en un Eso, siendo víctima de su propia actitud ante el mundo y los demás. Si se ponen los conceptos en comparación, la idea a la base de ambas

reflexiones es la misma. Este autor afirma no obstante que naturalmente estamos obligados a dicho movimiento; “el hombre no puede vivir sin el Ello. Pero quien sólo vive con el Ello no es un hombre” (Buber, Yo y Tú, 2013, p. 30). Como sugerimos anteriormente, la crítica va sobre la reducción del hombre a sujeto, y que equivale, a su vez, a la reducción de nuestra relacionalidad a la dualidad sujeto-objeto. Ésta deriva inevitablemente en la cosificación del humano como un objeto entre otros objetos, como ya se dijo. Más aún, aquí se podría trazar otra resonancia con Heidegger en el sentido de que lo que éste último más advierte como peligroso es justamente la posible resultante de que el ser humano reduzca su existencia a mero pensamiento calculador. Si justamente la serenidad para con las cosas está basada en un decirle sí y no al mundo de los objetos de la técnica, esto quiere decir que no puede haber una polarización al extremo de eliminar la facultad esencial del pensar meditativo y reflexivo del Dasein. No podemos, según Heidegger, permitir que el pensar calculador sea el único practicado y aceptado.

Dentro de estos términos Heidegger buscó la noción de un ethos ante el mundo y con el mundo dentro de la cual pudieramos desenvolvernos fenomenológicamente allende las coordenadas limitantes del pensar calculador. Por esta vía el autor alemán elaboró la noción de una actitud-relación o disposición ética con lo otro y con los otros a la cual llamó Serenidad. Con su concepto de serenidad (en alemán gGelassenheit, y a veces traducido al español como “dejar ser”) Heidegger quiso proponer una salida abierta a la libertad, lo cual en éste párrafo es un concepto nuevo para la presente disertación, más allá de las implicaciones a las que nos ha sometido históricamente nuestro propio pensamiento calculador.

Ante esa elucubración, Heidegger propuso que ser libre es dejar ser. Tal aseveración podría ser explicada bajo la consideración de que la Serenidad o el pensamiento meditativo

conllevan una cierta libertad intrínseca por cuanto implican un soltar y por tanto también un soltarse. En otras palabras, mediante la actitud del dejar ser acaece una disposición distinta que permite una forma de la relación, o una disposición ante la alteridad, que rebasa la limitante dicotomía epistemológica sujeto-objeto. Recordamos así el hecho de que el pensar calculador genera la reducción de nuestra relacionalidad a la dualidad sujeto-objeto, la cual deriva inevitablemente en la cosificación del humano como un objeto entre otros objetos. Como lo vimos previamente, en términos buberianos el Yo de la relación Yo-Eso termina por convertirse él mismo en un Eso, siendo víctima de su propia actitud ante el mundo y los demás.

Si además tenemos en cuenta también la servidumbre en la que termina el ser humano hacia el entramado técnico producto del pensamiento calculador de toda una época, entonces comprenderemos el panorama frente al que Heidegger ve la necesidad de explorar y consolidar una propuesta alternativa en pos del pensamiento reflexivo, que él vio como peligrosamente ausente en su tiempo. Al pensar sobre la relación de servidumbre del Dasein ante el mundo de la técnica, encuentra el autor que se puede invertir el tipo de pensamiento que está a la base de esa forma de vida o de ethos. De esta forma es que llega a afirmar que ser libre es dejar ser, trayendo a colación una visión ética de la libertad aunada a todo el esquema ontológico, fenomenológico y ético que ya hemos desarrollado, dentro de la cual en este fragmento de mi tesis el pensar meditativo es el protagonista. Tal noción de libertad se arraiga, por supuesto, en la disposición del ser humano que se fundamenta en el pensar meditativo. Sumando también las reflexiones fenomenológicas de Ser y tiempo expuestas en el marco teórico según Heidegger, la resultante ostenta un concepto de libertad completamente articulado con los ya expuestos modos de ser heideggerianos, más específicamente con la disposición llamada serenidad. Ser libre es dejar ser en tanto este dejar ser alude a un modo de pensar, que a su vez implica una disposición

ética frente al mundo que no es manipuladora ni instrumentalista. Tal forma de la relación, claro está, se puede identificar en la concepción buberiana del Yo-Tú. Esto será entendido más profundamente en la siguiente sección cuando abordemos directamente las resonancias entre el vínculo Yo-Tú de Buber y Gelassenheit, de Heidegger.

Más aún, como bien lo expone el autor, no se trata de satanizar el pensamiento calculador en tanto disposición ética o en tanto constructo histórico-social. Por el contrario, hay una apuesta muy interesante en términos éticos al postular la posibilidad de cierta actitud intermedia, orientada a defender a toda costa la existencia y la permanencia de un pensar reflexivo considerado como esencial, y por ende de una disposición ética construida desde un equilibrio de polaridades. No se trata de suprimir un tipo de pensamiento, sino de, como dijimos previamente, no permitir que el pensar calculador sea el único pensar vigente. Esto, siempre teniendo en cuenta el profundo vínculo entre el pensar y la disposición ética en tanto articuladores de la experiencia y la fenomenología. Cada acto refleja un tipo de pensar particular, y eso, en últimas, es la actualización de nuestra existencia mediante el accionar en el presente eligiendo un tipo particular de disposición ética.

2.9 Algunas observaciones importantes sobre el avance realizado con el aporte del concepto