Short-term macro-economic indicators
Source 14: Own presentation The complete data can be found in the appendix F.3.2.
En cuanto al pensar calculador Martin Heidegger ha expresado la siguiente formulación, la cual será analizada para asentar una primera aproximación que nos permita avanzar en el derrotero del trabajo. “Su peculiaridad consiste en que cuando planificamos, investigamos, organizamos una empresa, contamos ya siempre con circunstancias dadas. Las tomamos en cuenta con la calculada intención de unas finalidades determinadas. Contamos de antemano con determinados resultados. Este cálculo caracteriza a todo pensar planificador e investigador. Semejante pensar sigue siendo cálculo aún cuando no opere con números ni ponga en movimiento máquinas de sumar ni calculadoras electónicas. El pensamiento que cuenta, calcula; calcula posibilidades continuamente nuevas (…) El pensamiento calculador no es un pensar
15 Debemos entender aquí el pensar en un sentido amplio, como un tipo de relación que entabla el Dasein con el otro y con lo otro. Hay diversos tipos de pensamiento, pero ciertamente debemos dejar en claro que sólo mediante el pensar el Dasein realiza su esencia. “El pensar lleva acabo la relación del ser con la esencia del hombre” (Heidegger, Carta sobre el humanismo, 2010, p.11). “El pensar es al mismo tiempo pensar del ser, en la medida en que, al pertenecer al ser, está a la escucha del ser. Como aquello que pertenece al ser, estando a su escucha, el pensar es aquello que es según su procedencia esencial.” (Heidegger, Carta sobre el humanismo, 2010, p.16 ). Por eso es tan central dicho concepto en este apartado de mi tesis, pero sobre esto profundizaremos más adelante.
16 Es importante que el lector tome nota atenta de lo siguiente: Gelassenheit, serenidad, dejar ser y pensar
meditativo; no es un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es” (Heidegger, Serenidad, 1988, p. 18). De la cita anterior podemos elaborar, entonces, que el pensar calculador tiene un talante marcadamente teleológico por cuanto se orienta a la consecución de un resultado determinado. Es un pensar que lleva a una acción ordenada para alcanzar un fin. Hay, entonces, una anticipación del futuro y una evaluación de posibilidades según una teleología, enmarcado dentro de un obrar basado en cálculos cuyo fin es obtener utilidad. Así las cosas, queda claro por lo pronto que el pensar calculador es ante todo pragmático y orientado a la consecución de un objetivo a cambio de las obras realizadas. Aunque estos temas serán abordados en amplitud más adelante, podríamos empezar a contemplar, por ejemplo, el hecho de que en el esquema buberiano el pensamiento calculador está claramente inscrito dentro de la relación Yo-Ello en tanto está condicionado por una postura instrumentalista de parte del sujeto. Con esto me refiero simplemente a que quien ejecuta tal pensamiento, inevitablemente toma como instrumento al objeto de su acción para alcanzar un resultado que habrá de venir posteriormente. Más aún, también resalta el autor el hecho de que este pensar no es reflexivo o meditativo, sino que es sumamente técnico. Tal pensamiento no permite la indagación sobre el sentido de ser por cuanto se fundamenta en el tecnicismo que nos lleve a uno u otro resultado, más que a la disposicion que se necesita para indagar en el sentido de ser. Empero más adelante profundizaremos sobre porqué este pensamiento no es acorde a pensar en pos del sentido que impera en todo cuanto es.
A lo largo de su disertación, Heidegger habla –una vez más- de la revolución de perspectiva epistémica que se llevó a cabo durante la época de la Modernidad en Europa. Su propósito al realizar esto, en la articulación conceptual del texto que estamos reseñando, es el de concatenar
la idea del pensar calculador a un paradigma epistemológico que funciona como soporte para dicho pensar. Entrar a ver la postura heideggeriana respecto a la dualidad sujeto-objeto es, entonces, fundamental para comprender su noción de pensamiento calculador. Esta postura, como ya será evidente, podría ser estudiada más ampliamente dentro de los postulados fenomenológicos de Heidegger. No obstante, en el presente trabajo nos concentraremos únicamente en los aportes hechos en Serenidad por cuestiones de enfoque, tiempo y espacio. Sus posibles afluentes o bifurcaciones a la luz de otras obras o ensayos podrán ser tratados en investigaciones posteriores al presente trabajo.
Así la cosas, consideremos primero que al respecto el autor fue incisivo en enfatizar las consecuencias sociales que implicó la implementación de la dualidad epistemológica durante la Modernidad. “Ahora el mundo aparece como un objeto al que el pensamiento calculador le dirige sus ataques y a los que ya nada debe poder resistir. La naturaleza se convierte así en una única estación gigantesca de gasolina, en fuente de energía para la técnica y la industria modernas. Esta relación fundamentalmente técnica del hombre para con el mundo como totalidad se desarrolló primeramente en el siglo XVII, y además en Europa y sólo en ella” (Heidegger, Serenidad, 1988, p. 23). Ahora, dentro de la lógica del pensar calculador la consecuencia que vemos es la instrumentalización de la naturaleza en aras de suplir los requerimientos de la sociedad técnica e industrializada, y por eso mismo es que se menciona que la sociedad tecnificada percibe la naturaleza como una “gigantesca estación de gasolina”. Esta visión de la naturaleza como objeto de conocimiento y de satisfacción de necesidades humanas, según el autor, obedece a un paradigma dentro del cual el sujeto es quien tiene la agencia y por tanto también la soberanía de la acción y la obtención de beneficio, mientras que el objeto no, y
por tanto hay una supremacía epistemológica en el sujeto o ser humano por sobre el mundo natural. El sujeto, al contar con una racionalidad lógica, es visto como el exclusivo portador del conocimiento y por tanto también como el merecedor de los beneficios del mismo. Lo anterior resulta claro al observar cómo la instrumentalización se vale de la supremacía epistemológica del sujeto para tomar la naturaleza como fuente de recursos, de acuerdo a lo planteado por Heidegger. En este orden de ideas, a todo pensamiento calculador subyace cierta actitud manipulativa e intrumental que se fundamenta en una supremacía epistemológica concentrada en el yo o el sujeto, fruto del paradigma dual sujeto-objeto. En una palabra, el pensamiento que busca resultados, que calcula posibilidades, que se orienta al resultado y no a la reflexión, tiene su origen en la concepción dual de sujeto-objeto. Esa es la relación conceptual entre el paradigma sujeto objeto y el pensar calculador, descrita por Heidegger en su obra Gelassenheit.