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A dos semanas del fallo, el hermetismo era total. El multimedios no recibía más señales ni mensajes de Lorenzetti. Empezaron a surgir fuertes rumores desde el Palacio de Justicia acerca de que la balanza se había inclinado hacia el gobierno.

Al arribar a la reunión del martes 22 de octubre de 2013, los ministros se saludaron con respeto, hicieron chistes y pidieron té con galletas de agua. Algunos optaron por café, algo que solían hacer de manera tan habitual como ceremoniosa. Cuando se aprestaban a tratar los temas previstos en el orden del día, Petracchi se adelantó y dijo que había que resolver la Ley de Medios ya, en ese mismo momento, y planteó su completa adhesión a la constitucionalidad de la norma. De esta manera, como si lo pusiera a prueba de parte del gobierno, acorraló a Lorenzetti quien, en su rol de presidente del cuerpo, era el encargado de buscar consenso. Petracchi, el antecesor de Lorenzetti en la presidencia de la Corte, no dudaba en enfrentarlo las veces que podía. No lo consideraba digno de ser supremo, recuerdan sus más cercanos colaboradores.

Lorenzetti ya contaba con cuatro votos para aprobar toda la ley, Zaffaroni, Highton de Nolasco, Petracchi y el suyo, pero sus colegas no lo sabían. Maqueda, Argibay y Fayt se negaron a sacarlo antes de las elecciones legislativas del 27 de octubre, para no influir en los resultados electorales. Además, ellos no estaban de acuerdo con “no reconocer los derechos adquiridos”, como cuestionaron. Hasta entonces, estos creían que Petracchi y Lorenzetti también convalidarían el plazo original de vigencia de las licencias. Sin embargo, con destreza y oficio de juez, Petracchi señaló que “no se cercenarían derechos al multimedios porque ante un daño patrimonial podía accionar judicialmente”. En su postura lo acompañó Raúl Zaffaroni. Maqueda intervino, confundido, y dijo: “Pero no tenemos la mayoría...”, que de siete jueces sería de cuatro.

“Podríamos tenerla”, le aclaró Lorenzetti casi sin gestos en la cara. Ante el asombro de sus pares, parecía haberse alineado junto a los que aprobarían toda la ley: Zaffaroni, Highton de Nolasco y Petracchi. Ya se percibía que serían cuatro contra tres: Fayt la rechazaba de plano. Maqueda y Argibay aprobaban el artículo 45, pero invalidaban el 161. Zannini se enteró de manera inmediata de lo sucedido.371

El ambiente de convulsión entre los magistrados disidentes fue total. Estaban asombrados de los recursos de Lorenzetti, recordaron los ministros consultados. “Te vas a sorprender”, le advirtió Zaffaroni a un juez amigo que le juraba que Lorenzetti votaría por la inconstitucionalidad y defendería la libertad de expresión. La actitud del presidente demostró lo que sospechaba Cristina Kirchner, que dejaría un canal abierto a Clarín para iniciar todos los planteos judiciales que consideraran y así entorpecer cada una de las decisiones del gobierno y del titular de la Afsca.

funcionarios y jueces se blindaron. El viernes anterior a las elecciones legislativas del domingo 27 de octubre, Zannini se comunicó con Lorenzetti porque ya avizoraba la derrota kirchnerista y le pidió “lealtad”, confiaron desde el kirchnerismo. En consecuencia, Lorenzetti ordenó al secretario general de la Corte, Cristian Abritta, que dispusiera la resolución para resolverla en el acuerdo del día martes 29 de octubre. Abritta trabajó a toda velocidad durante ese fin de semana y el lunes terminaron de pulir los detalles.372

Ante la rotunda victoria del intendente de Tigre, Sergio Massa, en la provincia de Buenos Aires, la Corte debía cambiar la agenda política y darle a la ex presidenta un “espaldarazo”. Se pretendía “frivolizar” el proceso electoral ante la derrota kirchnerista en los principales distritos.373

Había llegado la hora. Aquel 29 de octubre de 2013, Lorenzetti debía cumplir con su palabra. Fue así que tan solo minutos antes de ingresar a la Sala de Acuerdos, mandó el mensaje al Grupo Clarín: “No les puedo dar la inconstitucionalidad pero lean los obiter (aclaraciones finales)” y cortó la comunicación con el alto directivo.374 Sin más opciones, Lorenzetti, definió su voto por la constitucionalidad de la Ley de Medios. Highton de Nolasco, Zaffaroni y Petracchi también se inclinaron por la legalidad de la norma. Argibay y Maqueda lo hicieron por la inconstitucionalidad parcial y avalaron los derechos adquiridos de Clarín. Fayt optó por la inconstitucionalidad total de la norma.

“Se puede notar en el voto de Fayt, en relación al de los otros ministros, que no hay un diálogo ni objeciones entre ellos, se manejaron solos. Fayt estaba interesado en que se tratara de una sentencia clara, que no dejara dudas, ni habilitara interpretaciones. Se expresó por la inconstitucionalidad en cuanto a la manera de reglamentar, mantener las licencias, y dijo que no había forma de desnaturalizar un derecho otorgado, en claro aval al derecho de propiedad. Su preocupación se centró en la libertad de expresión y en el derecho de los consumidores, en esto último también lo acompañó Argibay”, destacó Hirschmann.

La mayoría de los ministros no compartían la necesidad de incluir aclaratorias en el texto por considerar que excedían la resolución. La idea propuesta por Lorenzetti sugería “la inaplicabilidad de la ley”. Le dio la razón política al gobierno, aunque quería congraciarse con la empresa, insistieron desde el alto tribunal. “Mirándola ahora de lejos, me pareció que la sentencia dejó muchas dudas”, de hecho “no hubieran sido necesarios los obiter o aclaratorias si se votaba como lo hizo Fayt”, concluyó Hirschmann.

Tras el acuerdo histórico en el que por mayoría de votos los ministros resolvieron la constitucionalidad de la Ley de Medios, Maqueda increpó a Lorenzetti con enojo mayúsculo ya que habían acordado otra cosa. Le había ocultado que la mayoría de los votos estaba constituida desde mucho antes. La pelea, en duros términos, los mantuvo distanciados durante un tiempo.375

también al holding que tanto odiaba el kirchnerismo.

La decisión, que en principio se esperaba para finales de noviembre, sorprendió. Fue un “golpe inmenso, un cimbronazo”, aseguraron desde el Grupo Clarín. Pese al hermetismo con que se manejaron en la Corte durante las últimas semanas, dos días antes de que saliera el fallo les había llegado cuál sería. Siempre les aseguró que a su favor, pero Clarín, dudaba, nunca confió del todo.

Mientras el editor responsable del diario, Ricardo Kirschbaum, se refería a Lorenzetti como “mesiánico”, el gobierno festejaba el triunfo.