Para establecer los objetivos de la planificación interpretativa hay que consultar, como se ha comentado, los contenidos del Plan de Uso Público del sitio, así como sus programas. Si bien los programas son los documentos que articulan el plan, el PUP establece la filosofía del conjunto de ellos. Es decir, es en los objetivos del PUP y de sus
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programas donde hay que buscar los del mapa, de modo y forma que se pueda elaborar para que contribuya a conseguirlos.
Los objetivos de gestión deben transponerse a objetivos interpretativos concretos del mapa, en los que, según Veverka (1994b) hay distintos niveles: objetivos educativos (lo que deberían conocer como resultado de la interpretación), objetivos emocionales (lo que deberían sentir) y objetivos conductuales (lo que deberían hacer).
Morales (2001b), realiza una interpretación similar a la de Veverka, proponiendo tres niveles de objetivos:
1) Generales: metas políticas (por ejemplo contribuir a una óptima utilización del espacio en el centro histórico).
2) Secundarios: que conducen a temas o conceptos (por ejemplo mostrar los aspectos más significativos de los cursos de agua en el parque natural).
3) Específicos: el efecto en concreto que se desea producir en el visitante (por ejemplo que los visitantes crucen el puente en silencio).
Los objetivos de tipo general son los que marcarán la dirección, el trasfondo de los contenidos del mapa (fig. 26). Los objetivos secundarios recuerdan mucho a aquellos que suele contener el programa de
comunicación y son derivados de los generales, de ellos pueden desprenderse las temáticas que tratará el mapa. Estos dos niveles de objetivos son los que se pueden extraer de los documentos PUP y sus programas, pero evidentemente, el siguiente nivel de objetivos, los específicos, son los que van a pautar las características del mapa, y serán los gestores quienes los establezcan.
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Figura 26. Correspondencia entre los objetivos del PUP y los contenidos del mapa. Fuente: elaboración propia a partir de Morales (2001b).
Los objetivos específicos contienen, en gran parte, objetivos conductuales de los visitantes que son los que interesa introducir directamente en el mapa, los que deben inspirar los mensajes que desarrolle el mapa. El nivel de objetivos específicos trata sobre el proceso que se ha analizado anteriormente, en el que mediante la secuencia “conocimiento, aprecio, protección”, las personas podemos llegar a actuar en favor de un espacio con patrimonio.
Hay una conversación con Gill Binks (exdirectora del Centre for
Environmental Interpretation, en Manchester), que cita Morales en uno de
sus artículos (Morales, 2001b), que es muy aclaradora en relación a los objetivos específicos paralelos al proceso que lleva a la acción:
“Si tienes decidido poner una señal de normas o cualquier cartel de paisaje aislado, debes plantearte qué quieres que el público sepa, qué quieres que sienta y qué quieres que haga cuando lea el texto y vea las ilustraciones”.
Este paralelismo entre la búsqueda de los objetivos específicos y el proceso de respuesta deseada en los visitantes lleva por tanto a determinar que, dependiendo del escalón del proceso que se trate, los objetivos específicos podrán ser, según lo expresa Morales (2001b): para el conocimiento, para la afectividad y/o para las actitudes y
comportamientos (fig. 27). En ejemplos prácticos:
Objetivos para el Conocimiento (¿qué queremos que la gente sepa?): “Que el 80% de los visitantes sea capaz de comentar que la razón del establecimiento de los nabateos en Petra fue su capacidad de manejar el agua y su ubicación estratégica” (y no
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“que sean capaces de comentar que los nabateos se
establecieron en Petra”, sino que en el objetivo debe estar la respuesta a la pregunta ¿qué factores influyeron?).
Objetivos para la afectividad (¿qué queremos que la gente sienta?): “Que la mayoría de la gente sonría tras la lectura del mapa en el punto del recorrido dedicado a ilustrar la vida cotidiana de la plaza”. Otras emociones que se pueden plantear son: sorpresa, sobrecogimiento, felicidad, etc. Para las actitudes y/o comportamientos (¿qué queremos que la
gente haga? o no haga, porque el “no hacer” también es un comportamiento): “Que los visitantes respeten el silencio del
lugar”.
Estos dos autores (Veverka y Morales) proporcionan enfoques para elaborar los objetivos interpretativos del mapa que, a su vez se corresponden con el proceso enunciado por Tilden, en el que los visitantes pueden conseguir actitudes proactivas en la protección del patrimonio, y en la figura 27 se muestran dichos enfoques paralelos.
Figura 27. Sinopsis mostrando los paralelismos entre los enfoques de los autores Tilden, Veverka y Morales para la interpretación y sus objetivos.
En cualquier caso, para asegurar que las cuestiones clave son abordadas, existe una serie de preguntas que deben plantearse en las fases iniciales (Moscardo et al., 2007) de diseño del mapa, y en este caso, lo que ayudará
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a mantener los objetivos alineados, es centrarse en aquello que se pretende en realidad, la gestión del uso público en un sitio con
patrimonio. Por ello que la pregunta es: ¿Cuáles son las cuestiones en relación
a la gestión de visitantes que hay que abordar?
Establecer los objetivos específicos resulta una tarea de síntesis y visión que vendrá inspirada por los objetivos generales y secundarios que señalan los órganos gestores en sus planes pero que supone un paso muy relevante que hay que abordar concienzudamente, y que es una tarea difícil. Como compensación a esta dificultad, se obtienen unos objetivos claros y concisos que avanzan mucho camino en la redacción de los temas y los mensajes a transmitir en el mapa.